LA SEMILLA ASIGNADA PARA TI


Puedes pensar que tus mejores días están en el pasado, pero el simple de que estés viva confirma que Dios quiere que vivas. Él todavía no ha acabado contigo. Tienes un compromiso. Los ángeles te van ha tener acá hasta que Dios quiera. Ningún arma forjada contra ti prosperará mientras Dios te quiera aquí.
Tu compromiso no terminará hasta que Dios diga que se acabó. Después de haber sufrido todo lo que sufrió por Caín y Abel, Eva todavía tenía una cita con Dios. A pesar de todo lo que había vivido, todo el dolor y el sufrimiento que había pasado, ella tenía que concretar una tarea específica “ Dios me ha dado otro hijo” dijo Eva.
Tenía un compromiso con ese hijo. Lo llamó Set. Dios tiene otra promesa que hacer con tu nombre. Él te ha dado otra semilla a pesar de haber pasado por todo lo que has pasado, todo tu sufrimiento, todas tus lágrimas, todos tus fracasos y errores, todos tus prejuicios y equivocaciones, todas tus pérdidas... a pesar de todo eso, Dios tiene otro “ bebé” para que des a luz. No te rindas. No te des por vencida. No huyas.
Dios tiene método para traerte a la bendición que ha preparado para que recibas. Cuando haces una cita, fijas el día y la hora en el presente para algo que va a suceder en el futuro. Eso es exactamente lo que Dios ha hecho al fijar un compromiso contigo. El destino señalado por Dios está prefijado. Él sabía por todo lo que ibas a pasar para llegar al lugar en el que te encuentras ahora.
A pesar de eso, Él tiene una cita contigo. Él no la ha cancelado. En el calendario de Dios todavía está pusto tu nombre.
El diablo sabe que Dios tiene planes para ti. Esa es la razón por la que se empeña tanto para sacarte del medio. Él no quiere que vivas lo suficientemente como para que cumplas el compromiso que Dios tiene para ti. Él sabía que había más delante y sabía que era bueno. Él sabía que tenía que ver con la vida, por eso fue que intentó darte un golpe para acabar contigo. Él mandó problemas, tribulaciones y situaciones dolorosas para destruirte. Si tu te negaste a ser destruida por fuera, intentó más intensamente para destruirte interiormente.
Empieza a mirar hacia delante. Se está aproximando el día en el calendario de Dios doonde está escrito tu nombre. Hay algo bueno justo en el horizonte de mañana que es para tu vida, tu matrimonio, tu familia, tu trabajo, tu ministerio. Por cada cosa que perdiste un la vida, Dios tiene otra semilla.
Por cada cosa que amaste y perdiste, Dios tiene otra semilla. Por cada cosa que perdiste y ya no puedes abrazar Dios tiene otra semilla. Cada vez que el diablo te diga que estás cayendo, que vas a morir, que te hundes, que ya no puedes esperar nada, dile: “ eres un mentiroso. Hay algo más. Tengo un compromiso con Dios. Él tiene para darme otra semilla para que yo dé a luz. Él me tiene reservado otro milagro”.

Dios te ha llamado con un propósito eterno. Donde te encuentras ahora no es a donde vas. Él todavía te tiene asignada una tarea para que concluyas
Dios tiene reservada una semilla para que tú des a luz.

EL PODER DE LAS PALABRAS



Lo que usted diga puede marcar la diferencia


Atención. ¿Las oye? Abra la puerta de su casa y salga al mundo. Abundan dondequiera y nos rodean por todos lados. Son pequeñas, pero causan un gran impacto.

Las hay grandes, amenazadoras y malinterpretadas. Impetuosas. Agitadas. Confusas. ¿Las oye? Son una de las fuerzas más poderosas de toda la creación: las palabras.

Cuando Dios creó al mundo y todo lo que hay en él, lo hizo con palabras. Él dijo: "Sea" y fue. Y, asombrosamente, cuando Dios creó al hombre a Su propia imagen, le dio también la poderosa herramienta del lenguaje. Con una simple palabra, podemos crear una sonrisa en el rostro desanimado de un hijo, o aligerar el peso en el corazón cargado de un esposo.

Nuestras palabras pueden avivar los sueños de una amiga, alentar a nuestros hermanos en la fe para que corran la carrera con paciencia, y traer el mensaje de esperanza y de sanidad en Cristo a un mundo que sufre. Las palabras son una de las fuerzas más poderosas del universo.

¿Cómo debemos usar este invalorable regalo? La Biblia nos dice: "La muerte y la vida están en poder de la lengua" (Pr. 18:21). No tenemos más que salir a la puerta de la casa para ver la diferencia que pueden hacer las palabras.

Las palabras tienen un gran impacto en los niños

Los muchachos estaban preparados en la línea de salida, esperando la señal para iniciar la carrera de un poco más de tres millas a través de un sendero del bosque. Los padres y los fanáticos estaban de pie a los lados de la ruta, para animar al grupo de jóvenes que se preparaban para el campeonato a campo traviesa. Entre los corredores de ese día estaba mi sobrino Esteban.

Tan pronto como su pie izquierdo dejó la posición de salida, su madre, Patricia, tomó el megáfono de 36 pulgadas y comenzó a gritar.

¡CORRE, ESTEBAN!, lo animó, no una sola vez, sino una y otra vez con intervalos de diez segundos. Cuando lo perdió de vista, fue corriendo a otro punto estratégico a lo largo del sendero por donde los corredores tendrían que pasar. Y aunque ya no se podía ver a los muchachos, Patricia seguía animándolo: "¡CORRE, ESTEBAN!"

En un momento que gritó una vez más "¡CORRE, ESTEBAN!", un hombre que estaba al otro lado del parque le gritó: "¡YA ÉL NO PUUEEDDEE OOOOIRIRLALA!"

"No sé si puede oírme o no", murmuró Patricia, "pero si existe la posibilidad de que pueda hacerlo, quiero que escuche mi voz animándolo". Así pues, durante 16 minutos esta diminuta y dinámica mujer estuvo enviando confianza y valor al corazón de su hijo.

Cuando terminó la carrera, le pregunté a Esteban:

— ¿Podías oír la voz de tu madre animándote, mientras corrías a través del bosque?

— Oh, sí—me respondió sonriendo— Pude oírla durante todo el trayecto.

Entonces le dije:

— ¿Qué efecto tuvo eso en ti?

— Hizo que no me rindiera—respondió— Cuando me dolían las piernas y me faltaba aire en los pulmones, y sentía como si fuera a desmayarme, escuchaba la voz de mamá, y eso hizo que no me rindiera.

Ése es el poder que tienen las palabras de una mujer en sus hijos, cuando ellos se lanzan a la gran carrera de la vida; es una imagen que he conservado conmigo a lo largo de los años. Me pregunto cuántos hijos abandonan sus sueños, porque no hubo nadie que los animara. También me pregunto cuántos hijos renunciaron a hacer realidad sus sueños, porque alguien en quien confiaban les dijo que no podrían lograrlos.

Desde el momento en que un niño sale de la seguridad del vientre, es formado, modelado, por las palabras de una madre. Con los ojos puestos en su bebé, la madre arrulla, consuela y estimula ese milagroso regalo de Dios, y ella se convierte para ese hijo en el espejo en que él se ve. Por un breve período de tiempo, tenemos el privilegio de formar y moldear un alma eterna. Y una de las principales maneras de hacerlo es por medio de las palabras que les decimos.

Ya sea que tengamos hijos propios o el privilegio de que en nuestras vidas haya hijos de otras personas, tenemos el potencial de impactarlos eternamente, para bien o para mal.

Las palabras pueden ser la fortuna o la ruina de un hombre

Así como tenemos la capacidad de alentar o desalentar a un hijo, también tenemos el poder de levantar o arruinar a un esposo. Una querida amiga fue testigo del poder constructivo o destructivo de sus palabras.

Carlos e Isabel eran una pareja maravillosa con un hermoso futuro. Cuando celebraron su primer aniversario de bodas, tenían carreras prometedoras, una nueva casa y todo lo que les permitiría lograr el sueño americano. Pero tres años después, Carlos comenzó un nuevo negocio, y al agotársele el dinero, tomaron una segunda hipoteca sobre la casa. Isabel cayó en una depresión, y comenzó a utilizar sus palabras como armas para castigar a Carlos por sus debilitadas finanzas. "Es que eres muy estúpido", le decía. "¿Qué pasa contigo, que no puedes hacer nada bien?" Palabra a palabra, Isabel destruyó su matrimonio y a su esposo. Ella pensó que, por ser él un cristiano, nunca la dejaría, pero estaba equivocada. Un buen día, Carlos se marchó, y el año siguiente el divorcio fue definitivo.

— Poco después de la partida de Carlos, escuché el silbido apacible de Dios—dijo Isabel. Parecía decirme: "¿Es esto lo que querías? ¿Querías un divorcio? ¿Querías estar sola?"—. Entonces clamé: "Dios mío, ¿qué hice?"

Aunque Carlos e Isabel estaban oficialmente divorciados, Dios comenzó a trabajar en el corazón de ella. Vio lo que habían hecho sus palabras y, con la ayuda de Dios, comenzó a cambiar. Prometió no volver a usar jamás palabras irrespetuosas. A partir de ese momento, resolvió utilizar sus palabras, no para dañar, sino para curar.

El corazón de Isabel anhelaba volver a unirse a Carlos, pero su mayor anhelo era convertirse en la mujer que Dios quería que fuera. A medida que se sumergía en el estudio de la Biblia y en la oración, comenzó a ver a Carlos a través de los ojos de Dios, y a usar sus palabras para edificar, en vez de destruir. Al comienzo, Carlos estaba escéptico, pero al final se enamoró de nuevo de Isabel, y volvieron a casarse un hermoso día de agosto.

Carlos me dijo después:

— Creo que nada afecta tanto la confianza de un hombre, como la falta de respeto, hablando constantemente de sus debilidades. Los hombres tenemos una lucha constantemente para tratar de vencer al mundo. El hombre necesita saber que su hogar es un lugar seguro.

En una encuesta realizada, le pregunté a cientos de hombres que era lo que más anhelaban de la mujer de sus sueños. Uno respondió:

— Yo he sido silenciado, acallado a gritos, criticado, menospreciado, ignorado y marginado. Sé que fui creado con algún propósito, y sé que ante los ojos de Dios soy valioso. Por eso, lo que quiero es que alguien crea en mí.

¿A dónde puede ir su esposo en busca de palabras de aliento? ¿A dónde podrá ir para que alguien lo anime y crea en él? Espero que sea a su hogar.

El poder y el potencial del cambio

¿No le alegra saber que el Señor es un Dios de transformación? Por tanto, anímese, amiga. Si usted está dispuesta a usar sus palabras como un instrumento de belleza, Dios es perfectamente capaz de darle el poder de hacerlo. Lo único que hace falta es oración y práctica.

Examine cuidadosamente sus palabras a la luz de Filipenses 4:8. Pregúntese: "¿Es lo que voy a decir: verdadero, honesto, justo, puro, amable y de buen nombre? ¿Las palabras que pienso decir servirán para edificar o destruir, para animar o desanimar, para alimentar o devorar?

En una oportunidad, cuando mi hijo tenía 11 años, lo llevé a un parque de diversiones. Cuando íbamos a descender a toda velocidad en la destartalada montaña rusa, me incliné hacia delante para recordarle la gran madre que él tenia, en caso de que lo hubiera olvidado. Pensé decirle: "Eres muy afortunado de tener una madre como yo, que te puede traer a un lugar como éste". Pero, antes de que salieran las palabras de mi boca, el Espíritu Santo me detuvo y me preguntó: ¿Es eso lo que quieres decir? ¿Se sentirá él afortunado?

Cambié, entonces, las palabras, y le dije a mi precioso hijo: "Francisco, soy muy afortunada de tener un hijo como tú, al que puedo traer a un lugar como éste". En sus mejillas se dibujaron dos hoyuelos cuando sonrió, y a mí me corrieron las lágrimas cuando le di gracias a Dios por Su poder para cambiarnos.

Ponga atención. ¿Las oye? Son pequeñas, pero impactan. Son una de las fuerzas más poderosas de toda la creación: las palabras.

Tomado de Sharon Jaynes

MUJERES PELIGROSAS

¿Qué estoy haciendo, Dios mío? No tengo nada que darle a esta chica. 

Mary Frances Bowley caminó hacia el apartamento recién alquilado para encontrarse con su invitada. La joven vestía unas zapatillas andrajosas y unos overoles holgados con agujeros en las rodillas; un viejo sombrero ocultaban unos ojos abatidos y una larga cabellera. Traía 12 bolsas de basura que contenían todo lo que ella poseía.

"Bienvenida a tu nuevo hogar, Melissa", dijo Mary Frances nerviosamente, mientras se acercaba para abrazar a la chica. Melissa comenzó a temblar, mientras las lágrimas le surcaban el rostro. Ella podría ser mi hija, pensó Mary Frances al envolverla en un abrazo. Y luego, lloró con ella.

Durante diez años, Mary Frances había sido la directora de ministerios dirigidos a las mujeres, en la Primera Iglesia Bautista de Peachtree City, Georgia, un suburbio de Atlanta relativamente próspero. Había crecido en la iglesia y seguido a Cristo durante toda su vida. "Pero había llegado a un punto en que me sentía vacía", recuerda. "Las otras mujeres de nuestra iglesia y yo amábamos a Dios, pero, ¿qué tan cerca podíamos estar de Su corazón si no tocábamos la vida de las personas que Jesús quería tocar: a ‘estos más pequeños’? Yo sentía que había algo más en mi relación con Dios, que lo que estaba teniendo".


En el curso de unos pocos meses, en un grupo de 40 mujeres de la iglesia se despertó una pasión común por alcanzar a strípers, drogadictas, prostitutas, todas ellas mujeres que sufrían, y que muchas veces son consideradas "peligrosas" por muchos círculos de la iglesia. El grupo llamó "Fuente de agua" al ministerio recién creado, por el agua viva de que habló Jesús a la mujer samaritana en Juan 4.

Ellas no sabían en lo que se estaban metiendo. Melissa, que había estado involucrada en las drogas, la prostitución y el ocultismo, fue su primera residente. Las que vinieron después fueron enviadas por otros ministerios, por comunicación verbal e incluso por sentencias de jueces. Casi todos ellas habían sido víctimas de abuso sexual o de violación en la niñez, y habían levantado muros de la desconfianza porque sus padres u otros adultos no habían sido capaces de protegerlas.

"La persona menos calificada para ser líder de algo como esto, soy yo", dice Mary Frances, una ex maestra de kínder. "Crecí en un ambiente muy protegido. No tenía ninguna experiencia similar a las que estas jóvenes han vivido. Pienso que muchas veces nos cruzamos de brazos y no vemos lo que Dios tiene para nosotras si nos involucramos, porque consideramos que tenemos que estar calificadas para el trabajo. Pero si Él nos llama para atender a alguien, Él nos equipará. Una y otra vez, el Señor me da un amor sobrenatural por estas mujeres que atraviesan nuestras puertas. Sólo Él puede hacer eso".

Después de varios intentos, de orar sin parar y de mucha colaboración y creatividad, el personal de Wellspring [Fuente de agua] aprendió cómo hacer el trabajo con las residentes. A cada chica se le asignó una "consejera" que vivía en la institución y que la acompañaba a través del proceso. Todos los días las chicas aprendían cómo vivir, cómo ser miembros útiles de la comunidad, y las clases personalizadas las ayudaban a luchar con sus traumas emocionales, uno a la vez.

"Para mi significó mucho las divertidas actividades que haciamos", dice Jessica, una de las primeras egresadas. "Yo nunca había sabido que una podía estar aseada y al mismo tiempo divertirse. El 14 de febrero [Día del Amor y la Amistad] vinieron algunas señoras para llevarnos a comer; decoraron con globos y unas notitas de amor sobre nuestra mesa. Cosas como esas fueron muy especiales para mí; porque puede sentir amor por medio de ese gesto. Incluso, tiempo después le pedí a mi esposo que me llevara nuevamente a ese mismo restaurante en el Día de San Valentín".


Hoy en día, las chicas están dando su contribución. Con frecuencia se ofrecen como voluntarias para ayudar en residencia de ancianos haciendo manicuras y pedicuras. "Es de lo más maravilloso oírlas reír con las personas que sirven", dice Mary Frances. "Sus vidas se han enriquecido no sólo por estar en esta casa, sino también por su conexión con la comunidad que las rodea". Cada una se ha convertido en un tipo diferente de mujer "peligrosa".

Lindsey, una reciente egresada, cree conocer el secreto de esta transformación: "Este ministerio está cubierto por las oraciones de grandes hombres y mujeres que creen que, definitivamente, somos "más que vencedoras" en Cristo. Por eso oraban por nosotras cuando no podíamos hacerlo por nosotras mismas. Se siente el amor de Dios cuando una atraviesa la puerta. Una sabe que, independientemente de las decisiones que hagamos, somos hijas del Rey. Una se siente libre para aceptar su identidad y su vida, en vez de seguir creyendo las mentiras que el Enemigo nos ha dicho".

Pero tal vez el mayor milagro es el crecimiento que Dios ha dado a las mujeres de su iglesia. Mary Frances, por lo menos, sabe que ella no es la misma mujer que una vez fue. "Creo que la autocondenación es un verdadero problema para estas mujeres heridas. Vivimos en un mundo que está aferrado a la apariencia exterior y al éxito. 

Por eso, a pesar de que somos cristianos, nos fijamos en las personas que no lo están haciendo tan bien, y por eso las menospreciamos. Lo sé, porque yo solía ser alguien muy condenatoria. Pero Dios me ayudó a darme cuenta de que estas mujeres son Sus hijas. Todas las personas tienen una historia, y si simplemente nos interesamos por conocerlas, no podremos seguir condenándolas".

Sonia: Ex prostituta; egresada de Wellspring
Actualmente trabaja con niños autistas y enfermos de Alzheimer

Crecí en una familia que era muy disfuncional. Cuando tenía cinco años, fui objeto de abuso sexual por uno de mis tíos, y esto continuó hasta que llegué a los 13, después de lo cual uno de mis hermanos mayores hacía lo mismo.

Me embaracé, de otro adolescente a los 15 y luego, a los 17, me fui de la casa de mis padres con un niño pequeño. Años más tarde, después de que me despidieron de mi trabajo como secretaria, terminé en la prostitución (con el eufemismo de "señorita de compañía") en un intento por tener con qué vivir mi hijo y yo. Eso duraría seis años.

Entonces me hablaron de un lugar donde mujeres como yo podían ir y reconstruir sus vidas. El vivir en Wellspring resultó ser el período más grandioso de mi vida. Recuerdo el día cuando llegué por primera vez, sentí que me inundaba una paz repentina. El tener a esas piadosas mujeres a mi alrededor en todo momento enseñándome el amor y la gracia de Dios, cambió completamente mi vida, porque nunca antes había sabido que Dios me amaba así.

Ashley: Ex drogadicta; esposa y madre de dos hijos
Actualmente está en su última fase en Wellspring

El corazón se me parte cuando observo a otras mujeres que piensan que necesitan verse de cierta manera para que los hombres se fijen ellas, o que tienen necesidad de drogarse para encontrar lo que buscan en la vida. Pero lo que yo sé es esto: que una nunca quedará satisfecha con las drogas o andando con hombres diferentes, ni yendo tras de las otras cosas que el mundo ofrece. Durante toda mi vida busqué lo que finalmente he hallado en Dios. 

Él es el único que puede llenar ese lugar que hay en nuestro corazón. Por tanto, no tienes que seguir teniendo una vida infeliz, como esclava de esas cosas, siempre en busca de una persona que te ame tal y como eres. Tú puede simplemente ser tú misma con Dios. Él está allí esperando que invoques Su nombre, y Él te responderá con toda seguridad. Dios me ha demostrado un amor incondicional. 

Jesús no vino este mundo para juzgar o condenar a nadie, sino para amarnos. Y Él quiere que tú yo podamos vivir en libertad, libres de la esclavitud. ¡No renuncies a la esperanza!

Lindsey: Ex alcohólica y ex drogadicta; egresada recientemente de Wellspring
Actualmente trabaja con personas sin techo o dedicadas a la prostitución en Atlanta.

Quiero decir esto a las mujeres que están bregando con la vida, como lo estuve yo una vez: Dios te ha amado con amor eterno, que te va a atraer a Él. Nada te podrá separar de Su amor –no lo hará lo que hayas hecho ni lo que los demás te hayan hecho. Por tanto, deja de huir; deja que Dios te busque. Y búscale tú también a Él, porque el Señor tiene grandes cosas reservadas para ti que pueden comenzar ahora mismo, si simplemente aceptas el regalo que Él tiene para ti. Es gratis –lo único que tienes que hacer es recibirlo.

Jonna: Ex bailarina y ex drogadicta; egresada de Wellspring
Actualmente es parte del personal de Wellspring

Yo había agotado todas las vías de escape, tratando de arreglar mi vida. Pero terminé trabajando en un club de estriptís, bebiendo mucho y drogándome. Trabajaba desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la noche una noche; hasta la medianoche el día siguiente; luego hasta las 2 de la madrugada y después, a veces, hasta el 4 de la mañana. Era muy, muy agotador, muy penoso. Había abuso físico, abuso mental y abuso emocional, a veces con riesgo para mi vida. Era un caos. Un caos y una presión. Recuerdo que deseaba tanto que alguien me ayudara, o incluso que me diera siquiera una sonrisa sincera. Apenas alguna forma recibir apoyo. Pero era muy triste, porque no fue así.

Jessica: Ex drogadicta; egresada de Wellspring, esposa y pronto a ser madre.
Actualmente trabaja para sacar su título en psicología

Mi padre se suicidó cuando yo tenía 13 años. Como le sucedería a cualquier persona de 13 años que pierde al héroe de su vida, yo estaba totalmente destrozada. A partir de ese momento, traté de encontrar amor en malas relaciones. Tenía una baja autoestima. No entendía lo que era el amor. Desde el noveno grado probé toda la droga que alguien pueda imaginar y acabé tres veces en la sala de emergencia por sobredosis. Trataba una y otra vez de dejar la droga, pero eso no funcionaba porque estaba tan acostumbrada a ellas que no sabía cómo vivir sin consumirlas.

Luego tuve un accidente automovilístico muy serio. Mi novio, algunos amigos y yo estábamos conduciendo por Blue Ridge Mountains, fumando marihuana. Caímos 12 pies por un barranco y nos estrellamos contra un muro de cemento. Me rompí la espalda, y la muñeca me quedó totalmente destrozada. Tuve todo el cuerpo enyesado durante tres meses, pero todos sobrevivimos, lo cual fue un milagro.

Después de eso, me volví una adicta de los analgésicos. Comencé a perder el juicio. Pero luego mi madre me leyó algo sobre Wellspring en la Internet. Ella estaba desesperada por encontrar ayuda para mí.

Cuando ingresé al programa, yo era muy orgullosa, pero sabía que necesitaba ayuda. Estaba cansada de la vida que llevaba; estaba cansada de buscar algo más.

Y aquí estaban todas esas mujeres que me amarían y que se preocuparían sinceramente por mí. Había tanto amor. Yo estaba aprendiendo tanto acerca de Dios; podía, literalmente, sentir el Espíritu de Cristo allí. Muchas veces, cuando leía la Biblia, sentía que Dios me inundaba con Su amor. Me enamoré de Él. En los primeros seis meses, Dios no sólo me estuvo limpiando y ayudando a entender Su amor, sino también pidiéndome que renunciara a cosas, incluyendo al hombre del que creía estar enamorada. Todo empezó a cambiar –todos mis deseos, mis sentimientos. Siempre les digo a las chicas que viven aquí en este momento, que mi matrimonio con el hombre más piadoso, uno que me ama incondicionalmente, es un testimonio de esto: Cuando Dios te dice que quiere quitarte algo, no importa lo doloroso que eso sea, te dará algo mucho mejor.

COMO ACTUA UNA RAIZ DE AMARGURA


La expresión de la carta apostólica es "raíz de amargura".
Si buscamos en el diccionario encontramos que "raíz" es el órgano del aparato vegetativo que crece en dirección opuesta al tallo.

Pero dice algo más: "es la parte de cualquier cosa de la cual, quedando oculta, procede lo que se ve."
Pensemos en una raíz…. La parte que no se ve, la que queda oculta, es la que alimenta lo que se ve.

Quiere decir que, según las raíces que tenemos en nuestro interior, va a ser lo que mostramos y lo que somos.
La raíz siempre está oculta, pero de ella procede todo lo que queda manifiesto.

Si juntamos estas ideas, podemos entender que, cuando hablamos de una raíz de amargura, estamos hablando de aquello que está oculto, pero de lo cual procede la amargura;… y como la raíz es la que nutre el crecimiento, así como en las plantas, esa raíz es la causa de lo que se ve.

Tenemos que llegar a saber cuál es la raíz que alimentó la amargura que se manifiesta en la vida de la persona amargada.
Pablo, en la Epístola a los Hebreos, capítulo 12, verso 15, nos advierte:

"Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura brote y cause dificultades y corrompa a muchos".

Esto significa que debemos ser precavidos y cuidadosos con respecto a este tema.

Sin lugar a dudas, las raíces amargas son sumamente peligrosas,….. tanto que pueden hacer perder la gracia de Dios.

¿Por qué?……. Porque las raíces que provocan amargura conducen a pecar,… a desagradar a Dios,…. a hacer lo que a Él no le gusta.

Una raíz de amargura nos puede llevar a insultar, nos puede llevar a maldecir,… nos puede llevar a odiar….. Por lo tanto,…. la raíz de amargura tiene que ser quitada para evitar que pequemos.

Por esto Pablo dice:…. "asegúrense de que no broten estas raíces, pues no solamente van a entorpecer sus vidas, sino que pueden dañar las de aquellos que están alrededor".

Solemos oír: "¡Uy, ahí viene el amargo!" Y, en verdad, nadie quiere estar con una persona así.
Tampoco nos gustaría ser rechazados por este motivo ni tener algún signo de amargura.
No obstante, es importante, señalar… que nadie es amargo para perjudicar a los demás ni por capricho.
La amargura es una actitud de sufrimiento, y frecuentemente, de opresión;… y nos habla de una persona que se encuentra en un estado anímico tal, que ha perdido el buen sabor de la vida.

Se trata de una persona que está sufriendo, que no está disfrutando. …La amargura estorba la vida personal y la vida de relación con los demás.

De la vida amargada se desprenden pensamientos y expresiones particulares como, por ejemplo,… la ironía.
¿Cómo se expresa la ironía?…. La ironía es algo similar a una broma,… es decir algo agresivo en un tono que parece gracioso o agradable.
Una persona irónica ve llegar en un auto nuevo a un hermano al que el Señor prosperó y, con ironía, diríamos, en broma,.. le dice: "¿A quién asaltaste?"

En realidad, no le está diciendo nada bueno.
Lo que dice es algo sutilmente ofensivo con un tono irónico.
La raíz de amargura hace que las personas afectadas usen habitualmente la ironía,…. y también la queja.
La raíz de amargura se nota, muchas veces, en personas que se quejan constantemente de todo lo que pasa en la vida……. "¡Qué vida ésta!.. ¡Yo no sé cuándo va a cambiar!… ¡Así no se puede vivir! ¡Cuánto trabajo que tengo!… ¡Qué poco trabajo, no hay trabajo!"
Se queja por todo y de todos.

Otro rasgo especial de las personas con raíces de amargura es el lamento.

Una cosa es la queja, otra cosa es el lamento.

Usted va a ver que el lamento siempre usa el verbo "hubiera."… "¡Si hubiera ido a tal lugar, no me habría pasado esto!" ……"¡Si no me hubiera casado, ahora no estaría sufriendo!….. ¡Si no te hubiera tenido, yo habría podido estudiar!

Las expresiones con este verbo "hubiera" resultan tontas y evidencian amargura: si hubiera, si hubiera.
Sí, pero no sucedió…. Esto es lo que pasó. Trabaje en esto…. Viva en esto que sí hizo.

El hubiera es necio porque no lo lleva a ningún lugar. Simplemente, no sucedió.

Las expresiones de la amargura son expresiones toscas….. Las expresiones de la amargura son expresiones desagradables…. Las expresiones de la amargura son expresiones rudas.
La amargura se expresa a través de una crítica permanente e implacable…. "¡Estás viviendo mal! Estás haciendo las cosas mal…. Eso no le agrada al Señor."
Crítica y más crítica, con juicios severos, con chisme.
El chisme también es producto de la amargura, así como la calumnia y la murmuración.

El Salmo 64, verso 3, habla de los que "afilan su lengua como espadas y lanzan como flechas palabras ponzoñosas".

La raíz de amargura tiene su origen en el pasado.
Para que exista, esta planta que se desarrolla, mientras la raíz crece en sentido contrario y alimenta lo que se ve, en alguna oportunidad, alguien tiene que haber plantado alguna cosa en nuestro corazón que se arraigó, echó brotes e hizo que esta raíz aparezca.

Hay algo del pasado que quedó en nuestro interior, pero la raíz de amargura, brota, y brota hoy;…… lo que se ve, se ve en el presente.
En algún momento alguien puso una semilla, alguien nos lastimó,… nos provocó una herida.
Pero lo que brota de aquella amargura inicial, brota hoy.
¿Qué quiere decir esto?…… Esto nos habla de un concepto de transferencia.
Transfiero al hoy, al aquí y ahora, lo que sigue activo aunque sea del pasado.
Un pasado que dejó marcas, heridas, resentimientos.
Pero a través de las expresiones, los pensamientos y las actitudes de hoy,…. podemos llegar a ese pasado.
Quiero remarcar este concepto de transferencia de lo pasado a la actualidad, porque muchas veces no nos damos cuenta de que estamos actuando bajo la presión de una raíz de amargura.

Cuando hay raíz de amargura, brotan en el presente viejos resentimientos.

Si hubo resentimientos con los padres, por ejemplo,… si quedaron resentimientos con un papá que trataba mal a la mamá, es factible que hoy, nos confundamos y pensemos que nuestro matrimonio va a terminar mal;…. o que pensemos que es necesario estar a la defensiva, porque este hombre puede ser malo conmigo y mejor tenerlo "cortito" de entrada…….. En este caso se está transfiriendo algo del pasado al presente.

Una amargura que yo creo que es de ahora, puede ser que me está envolviendo y afectando desde el pasado.
Viene de antes, pero brota hoy y contamina hoy.

Estas cosas que fui señalando acerca de las personas que tienen actitudes, gestos y conductas amargadas, son sumamente importantes, porque es a través de dichas conductas que se ponen de manifiesto hoy,…. que el Espíritu Santo nos puede hacer ver dónde están las raíces que las causaron.
Es decir, esto que veo en la actualidad como amargura es algo que está en mi ser interior, enterrado, y que fue plantado hace mucho tiempo.
Pero yo, a través de estas actitudes, puedo dejarme guiar en un recorrido por el Espíritu Santo y llegar a las causas, llegar a aquello específico que fue plantado y que me provocó la amargura.

Imagine cuántas heridas del pasado se llevan a los matrimonios.
Imagine cuántas heridas del pasado se llevan a la relación con los hijos.
A veces uno se encuentra diciendo cosas que no deberían decirse como:.. "¡Ya vas a ver cuando te pase lo mismo que a mí. …..Ya vas a ver cuando pases por lo que yo pasé!"

Dice en el Evangelio de Lucas 6.45: "De lo que abunda en el corazón habla la boca".
¿Qué dice tu boca?, pues eso abunda en tu corazón.
¿Qué declaras para tu vida y para la vida de tus seres queridos?,…. pues eso está en tu corazón.
¿Quién lo plantó? …..Alguien lo hizo ayer; pero brota hoy.
Si usted está dispuesto a que el Señor llegue hasta allí a quitar esa raíz,… aunque haya que hacer un esfuerzo,….. y aunque ese esfuerzo provoque dolor,….. es muy probable que en su corazón se plante otra abundancia,……. y ya no amargura.

No es malo recordar.
Debemos diferenciar bien ciertos conceptos para que no se malentiendan.
Una cosa es que el Señor diga: "me olvidaré de todas tus faltas",…. pero esto no implica que uno tenga también que olvidarse de todo,…. sufrir una especie de amnesia y ya no recordar más.
Si el Señor nos dio la memoria, como parte de nuestra estructura humana, por algo es.

En Apocalipsis 2:5 leemos: "¡Recuerda de dónde has caído! "
Lo que olvidamos cuando somos sanados por el Señor, son los rencores, los resentimientos o el odio que algo o alguien nos provocó en el pasado.
Pero recordar no es malo, y nos libra de un aspecto muy peligroso, como repetir viejos modelos, que nos fueron transmitidas erróneamente.
El estorbo lo trae un pasado, que aún sin darnos cuenta está activo en el presente.
Esto, con mucha frecuencia, nos hace confundir la situación actual con las del pasado.
Y estamos repitiendo, aunque no sea lo que deseamos, las ideas que hemos ido escuchando sobre la vida, sobre el matrimonio, sobre los hijos.
Además de escuchar y de incorporar esas ideas, las vamos poniendo en práctica.

No reparamos en que esas eran las ideas erróneas que escuchamos en casa o lo que nos decía esa tía amargada.
En relación con estos aspectos, recordar no es malo, en cambio, repetir historias y actuar en base a una falsa verdad, eso sí es peligroso.
Por eso, ciertas cosas tienen que ser arrancadas de raíz.

Me gusta el ejemplo de las muelas porque no hay nada más vívido para entender lo que es un dolor, que el dolor de muela.
A veces quedan las raíces que se infectan y que causan dolor, inflamación, contaminación…
Y si la infección no se trata, se puede seguir contaminando el resto de la boca.
Del mismo modo, una herida que está ahí, oculta, en mi vida, puede contaminar mi trabajo puede contaminar mi familia, puede contaminar mi matrimonio, puede contaminar mi relación con la Iglesia.
Pensemos que para el caso del dolor de muela se nos dice:… "hay que sacar la raíz".

Si usted no quita esa raíz va a seguir sufriendo, porque se puede volver a infectar con cualquier cosita que pase por ahí.
De la misma manera, si no sacamos esta raíz del alma que nos infecta la vida, todo pude ser contaminado.
Nadie puede vivir bien padeciendo un dolor de muelas; por ejemplo, no se pueden hacer las cosas que se hacen habitualmente.
No se vive la vida normal cuando se padece un dolor de ese tipo.
Tampoco se puede vivir bien con dolores en el alma,…. con raíces de amargura que no han sido sanadas….. Es exactamente igual.

Pero no hay que tener miedo de encontrarse con esa raíz infectada, si uno va de la mano del Espíritu Santo.
Él la va a arrancar, y tal vez duela, pero también el Señor mismo estará allí para mitigar el dolor que nos provoque extraer la raíz.
Muchos cuando descubren un episodio denigrante en sus familias,….. algo que quedó como raíz amarga, sienten vergüenza.

A veces es difícil tener que hablar de padres que tuvieron actitudes que nos avergüenzan o de circunstancias que nos hacen sentir agraviados.
Pero yendo de la mano del Espíritu, tenemos la garantía de poder pasar, ver ese dolor y salir restaurados.
Lo peor que se puede hacer es tapar el asunto.

USA LO QUE DIOS TE HA DADO


Dios merece lo mejor de ti. Él nos formó con un propósito y espera que explotes al máximo lo que te ha dado. Él no quiere que envidies ni te preocupes de las habilidades que no posees, sino que te enfoques y uses los talentos que te ha dado.

Cuando intentas servir a Dios de maneras para las que no estás formado, es como meter un cubo a la fuerza dentro de un círculo, es frustrante y produce resultados limitados. También es una pérdida de tu tiempo, de tu talento y de tu energía.

La mejor manera de vivir tu vida es sirviendo a Dios de acuerdo a tu forma, para lo cual debes descubrir tus dones, aprender a aceptarlos y a disfrutarlos de modo que puedas desarrollarlos a su máxima expresión.

Descubre tu forma

La Biblia dice: “No actúes desconsideradamente, sino trata de encontrar y hacer lo que sea que el Señor quiere que hagas” (Efesios 5:17, BAD). No dejes que otro día se te vaya. Comienza a encontrar y clarificar lo que Dios quiere que seas… y hazlo.

Comienza evaluando tus dones y recursos. Tómate un tiempo, mira honestamente en lo que eres bueno y en lo que no lo eres. Haz una lista. Pregúntales a otras personas su opinión sincera. Diles que estás buscando la verdad y no cumplidos.

Los dones espirituales y las habilidades naturales son siempre confirmados por otros. Si piensas que has sido dotado para ser maestro o cantante, y otra persona no está de acuerdo contigo, ¿qué crees? Si quieres saber si tienes el don de liderazgo, ¡pues mira sobre tus hombros! Si nadie te sigue, no eres un líder.

Haz preguntas como estas: ¿Dónde he visto frutos en mi vida que otras personas puedan confirmarlos? ¿En qué he visto que soy exitoso?

La evaluación de tus dones espirituales y los inventarios de tus habilidades pueden tener valor, pero son limitados en su utilidad. En primer lugar, están estandarizadas de manera que no cuentan dentro de tu singularidad. Segundo, no hay definición de los dones espirituales enlistados en la Biblia; de manera que cualquier definición es arbitraria y representa casi siempre un prejuicio denominacional.

“Por cuanto nosotros mismos hemos sido moldeados en todas estas partes, excelentemente formadas (...) sigamos adelante y seamos aquello para lo que fuimos creados” (Romanos 12:5, PAR).

La mejor manera de descubrir tus dones y habilidades es experimentando en las diferentes áreas de servicio. Yo pude haber tomado cientos de exámenes para determinar mis dones y habilidades cuando era joven, y nunca haber descubierto que recibí el don de la enseñanza ¡porque nunca enseñé! Sucedió solo después de que comencé a aceptar oportunidades para hablar que vi más resultados, recibí confirmación de otros, y me di cuenta de que “¡Dios me había dotado para que hiciera eso!”

Muchos libros llegan a descubrir este proceso al revés. Enseñan: “Descubre tu don espiritual para que conozcas qué ministerio se supone que tienes”.

Realmente esto opera de manera opuesta. Comienza sirviendo, experimenta en diferentes ministerios y descubrirás tus dones. Hasta que realmente no te involucres en el servicio, no sabrás para qué eres bueno.

Tienes docenas de habilidades y dones escondidos que no sabes que los tienes, porque nunca los has puesto a prueba. Así que te exhorto a que hagas cosas que nunca antes has hecho. No importa cuán viejo seas, te insto a que no dejes de experimentar.

He conocido muchas personas que han descubierto talentos escondidos a sus setenta y ochenta años. Conocí a una corredora de noventa años que ganó una carrera de diez kilómetros, sin descubrir que disfrutaba correr ¡hasta que llegó a los setenta y ochos años de edad!

No trates de encontrar tus dones antes de enrolarte a servir en algo. Simplemente, empieza a servir ya. Descubre tus dones involucrándote en el ministerio.

Intenta enseñar, dirigir, organizar, tocar un instrumento o trabajar con los jóvenes. Hasta que realmente no te involucres en el servicio, no sabrás para qué eres bueno. Si no funciona, llámalo “experimento”, no fracaso.

Eventualmente descubrirás para qué eres bueno. Considera las oportunidades y la personalidad. Pablo aconsejó: “Haz una exploración cuidadosa de quién eres y el trabajo que estás haciendo para que entonces te sumerjas en él” (Gálatas 6:4b, PAR). Otra vez, esto ayuda a recibir retroalimentación de quienes mejor te conocen.

Pregúntate a ti mismo: ¿Qué es lo que realmente disfruto hacer? ¿Cuándo me siento vivo completamente? ¿qué es lo que hago cuando pierdo la noción del tiempo? ¿Me gusta la rutina o la variedad? ¿Prefiero servir en equipo o por mí mismo? ¿Soy introvertido o extrovertido? ¿Soy más pensador que perceptivo? ¿En qué disfruto más, compitiendo o cooperando?

Examina tus antecedentes y extrae las lecciones que aprendiste. Revisa tu vida y piensa en cómo ha sido formada. Moisés les dijo a los israelitas: “Recuerden hoy lo que han aprendido acerca del Señor a través de sus experiencias con él” (Deuteronomio 11:2, PAR).

Raras veces vemos el buen propósito de Dios en el dolor, el fracaso o la vergüenza mientras lo vivimos. Cuando Jesús le lavó los pies a Pedro, le dijo: “Tú no sabes ahora lo que estoy haciendo, pero después lo entenderás” (Juan 13:7). Solo en retrospectiva entendemos cómo Dios usa los problemas para bien. Extraer las lecciones de tus experiencias toma tiempo.

Te recomiendo que tomes un fin de semana completo para un retiro, y hagas una revisión de tu vida, en la que puedas hacer un alto para que veas cómo Dios ha trabajado en momentos decisivos en tu vida y consideres cómo quiere que uses esas lecciones para ayudar a otros.

BIBLIA Y FINANZAS


«¡Vamos...vamos... no me venga a tirar con la Biblia en la cabeza! ¡Deje a Dios en la iglesia, hermano, que acá estamos hablando de negocios!»

¿Cuántas veces hemos escuchado expresiones como estas? ¿Se las dijeron alguna vez a usted? Para muchos de nosotros no es fácil establecer un puente directo entre la Palabra de Dios y nuestra vida financiera. Para muchos creyentes la única conexión entre la Biblia y su bolsillo se limita a la posibilidad de comparar la proporcionalidad del tamaño del primer elemento, con respecto al segundo!

Sin embargo, la Biblia tiene mucho que decir con respecto a nuestra vida financiera. Parafraseando a R.C. Sproul en su libro «In Search of Dignity»: «la forma en la que manejamos nuestras posesiones está determinada por nuestros valores sociales». Nuestros valores sociales se ven afectados por cómo entendemos el mundo que nos rodea, esa visión del mundo está moldeada por nuestros valores morales y ellos, a su vez, están relacionados con nuestra creencia en la existencia o no de Dios y Sus demandas para nuestra vida. Como vemos, entonces, sin lugar a dudas nuestra teología está íntimamente relacionada con nuestra billetera... ¡y nuestra Biblia es el manual financiero perfecto!

Es cierto que la Biblia no nos aconsejará si debemos invertir en una Cuenta de Ahorros o en el Mercado de Valores. Como cristianos, sin embargo, deberíamos buscar en las Sagradas Escrituras los principios divinos que han de guiar nuestro manejo financiero de cada día y nuestras inversiones a corto, mediano y largo plazo. Al final de cuentas, es la misma Palabra de Dios la que al principio de nuestra relación con Jesucristo nos confronta con lo que para muchos de nosotros es nuestra primera lucha de lealtades: «Ningún siervo puede servir a dos señores... No podéis servir a Dios y a las riquezas» (Lucas 16:13). Como vemos, la forma en la que manejamos nuestro dinero, es una de las maneras en las que demostramos dónde estamos parados espiritualmente.

Un buen ejemplo es el pasaje de Mateo 25:31ss, donde nuestro Señor usa el factor económico para poner en evidencia la realidad de la salvación en la vida de un grupo de hombres y mujeres religiosos. Es importante notar que ambos grupos, tanto ovejas como cabritos, estaban convencidos de que irían al Cielo. Sin embargo, su salvación verdadera (a pesar de que reafirmamos que es sólo por la fé y por la gracia de Dios), se demostró por la forma en la que se comportaron en un área secreta de sus vidas: la económica.

Aquí va un concepto financiero bíblico muy importante: La forma en la que manejamos nuestras posesiones (sean muchas o pocas), es una expresión externa de una condición espiritual interna.

En el pasaje de Mateo, Cristo les pregunta: «cuando tuve hambre, ¿gastaste de tu dinero para hacerme una comida o, por lo menos, comprarme una hamburguesa?; cuando tuve sed, ¿me diste algo de beber?; y cuando me vine a tu tierra como inmigrante, ¿me invitaste a pasar un par de días en tu casa mientras me encontraba un trabajito y un lugar donde alquilar?» El Señor continúa: «cuando me faltó ropa, ¿fuiste tú el que me la compraste? y cuando estuve enfermo o cuando cometí un crimen, ¿te atreviste a confrontar a tu jefe para pedir un día libre, o sacrificaste un día de tus vacaciones para venir a visitarme?»

Cada una de estas preguntas es una pregunta financiera. Todas, demuestran valores sociales, morales y espirituales que deberían ser el fruto de una vida cristiana que va madurando y va entendiendo más y más cómo vivir las Escrituras más allá del domingo.

La Biblia tiene mucho en común con nuestro bolsillo... pero esa relación va mucho más allá de su tamaño.

PALABRAS QUE HIEREN


El diálogo en la mañana de ese viernes era amargo.

De los espectadores:
- ¡Si eres el hijo de Dios bájate de la cruz!

De los líderes religiosos:
- A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar.

De los soldados:
- Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Palabras amargas. Ácido con sarcasmo. Odio. Irreverencia. ¿No era suficiente que Él estaba siendo crucificado? ¿No era suficiente que estaba siendo avergonzado como un criminal? ¿No eran suficientes los clavos? ¿Fue la corona de espinas demasiado suave? ¿Habían sido muy pobres los azotes? Para algunos, aparentemente sí.

Pedro, un escritor no dado normalmente a usar muchos verbos descriptivos, dice que quienes pasaban cerca insultos al Cristo crucificado. 1 Pedro 2:23
Ellos no sólo insultaban, hablaban o blasfemaban. piedras verbales. Tenían toda la intención de herir y lastimar.
“¡Hemos quebrantado el cuerpo, ahora rompamos el espíritu!”. De esa manera sus arcos con las flechas de su autojusticia y torturantes dardos de puro veneno.

De todas las escenas alrededor de la cruz, ésta es la que más me enoja. ¿Qué clase de personas –me pregunto- se burlará de un hombre agonizante? ¿Quién sería tan indolente como para poner sal en las heridas abiertas? ¿Cuán bajo y pervertido es hablar con desprecio a uno que está atado con dolor? ¿Quién se burlaría de una persona que está sentada en la silla eléctrica? ¿O quién señalaría con el dedo y se reiría de un criminal que tiene la cuerda de la horca alrededor del cuello? Puede estar seguro de que Satanás y sus demonios fueron la causa de tal inmundicia.

Y luego el criminal en la cruz número dos lanza su golpe:
- ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!
Las palabras lanzadas ese día tenían el propósito de herir. Y no hay nada más doloroso que las palabras que tienen el propósito de herir. Esa es la razón por la que Santiago llama a la lengua un fuego. Sus llamas son tan malignas y destructoras que destrozan como las de una gran antorcha.

Pero no les estoy diciendo nada nuevo. Sin lugar a dudas usted ha tenido que soportar palabras que hieren. Usted ha sentido la tortura de un escarnecimiento bien apuntado. Tal vez usted está sintiéndolo. Alguien que usted ama o respeta lo azota en el piso con un látigo o con el fuego de la lengua. Y allí yace usted; herido y sangrando. Tal vez las palabras fueron dirigidas para herirlo, tal vez no; pero eso no importa. La herida es profunda. Los daños son internos. Corazón quebrantado, orgullo herido, sentimientos lastimados.
O tal vez su herida es vieja. Aunque la flecha fuera extraída hace mucho tiempo, la punta aún permanece... escondida debajo de su piel. El viejo dolor aflora impredecible y decisivamente recordándole las lacerantes palabras aún no perdonadas.

Si usted ha sufrido –o está sufriendo- debido a las palabras de alguien, estará contento de saber que hay un bálsamo para esta laceración. Medite en las palabras de 1 Pedro 2:23: “Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”
¿Ve usted qué no hizo Jesús?. Él no se desquitó. Él no devolvió la ofensa. Él no dijo: <¡Ya verás!> <¡Ven acá y di eso mismo en mi cara!>, <¡Sólo espérate hasta después de la resurrección, bobo!> No, estas declaraciones no se encontraron en los labios de Cristo.

¿Vio lo que Jesús sí hizo? Él encomendó su causa al que juzga justamente. O dicho más simplemente, dejó el juicio a Dios. Él no se hizo cargo de la tarea de buscar revancha, Él no demandó explicaciones. Él no pagó a ningún emisario ni envió a nadie con ninguna propuesta. Él, al contrario de la reacción normal, asombrosamente, habló en defensa de ellos: Lucas 23:24
Si, el diálogo en esa mañana del viernes fue amargo.

Las piedras verbales fueron destinadas a atormentar y torturar. Cómo Jesús –con un cuerpo quebrantado por el dolor, los ojos cegados por su propia sangre, y los pulmones inflándose ansiosamente en busca de aire- pudo hablar a favor de malvados sin corazón, es algo que va más allá de mi comprensión. Nunca he visto tal amor.

Si alguna vez una persona mereció una buena oportunidad para la revancha, Jesús fue esa persona. Pero Él no la tomó. En vez de eso murió por sus adversarios. ¿Cómo pudo hacerlo? Yo no sé. Pero si sé que todas mis heridas parecen insignificantes. Mis rencores y duros sentimientos se vuelven repentinamente infantiles. Algunas veces me sorprendo al ver el amor de Cristo, no tanto por la gente que toleró como por el dolor que soportó.

¡Maravillosa Gracia!