SER COMO NIÑOS

Marcos 10:15 Nueva Traducción Viviente (NTV) 

Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él.

Hoy en México como en muchas partes del mundo se celebra el día del niño hoy y con ello festejamos a los pequeños entre nosotros y muchos de nosotros pretendemos ser niños de nuevo o al menos recordar esas bellas épocas, pero sabe, hoy es un día importante, porque si lo pensamos detenidamente, lejos de crear un mundo de fantasía y cosas lindas para nuestros pequeños, debemos de crear en ellos una expectativa en Dios y nosotros recuperarla también. 

Para poder entrar en el Reino de los Cielos, dice la palabra que necesitamos hacernos como niños y con ello entiendo que la palabra hace referencia a la inocencia y a la capacidad de asombro y no tanto enfocarnos en cosas lindas, si lo pensamos, los niños dejan de ser felices cuando sus expectativas que se convierten en demandas no se cumplen, y es en ese momento que comienzan los berrinches y los lloriqueos. Un niño pierde su inocencia cuando deja de asombrarse, cuando deja de disfrutar el no saber que va a pasar y cuando le pierde el respeto a sus mayores pues sabe exactamente lo que puede esperar de ellos y el alcance de sus demandas, pero, no es acaso eso mismo lo que hacemos nosotros como adultos con Dios?, no hay quienes incluso se atreven a enojarse con Dios porque no le trata como quiere o no le cumple todo lo que le pide? Creo que el peor de los errores que podemos cometer es el ponerle una medida a Dios y el pretender decir que le conocemos, pues entonces la soberbia nos habrá sobrepasado, ya que ni el universo mismo puede contener a Dios según la Biblia, mucho menos la mente y el corazón de un hombre, no lo cree? Mi Pastor repite constantemente que el hacerse como niño es vivir cada día como si fuera el primero, de manera que siempre estemos preparados para descubrir algo nuevo, para que nada de lo que hagamos o tengamos sea parte de una rutina, para que no pidamos a Dios y estemos expectantes de lo nuevo que hará en nosotros, de esa manera seremos siempre felices. 

El problema es que a las personas les da pereza orar porque han hecho de ello una rutina, se han acostumbrado a ir a pedir algo que quizás no recibirán, pero en pocas ocasiones oran con la intención o con el asombro necesario de recibir una respuesta, esto es, a entrar a la presencia de Dios a descubrir a Dios y no a pasar tiempo pretendiendo ser "buenos", le hace sentido? Hay personas que han dejado de leer la Biblia, o quienes ni siquiera se toman la molestia de leerla, porque tienen la idea que en ella encontrarán una limitante a su felicidad y a su libertad, en vez de leerla con la intención de descubrir a Dios y dejarse cautivar a un Dios polifacético e innovador que a su vez no cambia, que desafía a lo natural, pero lo usa para sus propósitos. 

Lo nota?, el problema radica en que perdimos nuestra inocencia, en que tenemos la idea de que "estamos bien con Dios" y que le conocemos, cuando en realidad nos estamos perdiendo de la mejor parte. Así como debemos de hacer que nuestros hijos no tomen el control de las situaciones y no terminen haciendo de nuestras vidas un infierno, porque están conscientes de sus alcances con nosotros, así debemos de aprender que cuando decimos que Dios tiene el control de nuestras vidas, tener en mente siempre de que habrá constantemente algo nuevo en Él para nosotros y que diariamente nos hará parte de ello y diariamente nos enseñará que no estamos mas que al comienzo de descubrirle por completo. En éste día del niño, le invito no solo a celebrar, sino a ir a la presencia de Dios y a descubrir de nuevo a Dios, cada día, una vez mas, para que podamos crecer como Él crece, pero permanecer inocentes, creyendo siempre en algo mas grande, en algo mejor, en algo mas bueno aún.

DESTELLOS DE SU GLORIA

“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, 3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. “
Juan 13:3-5
Me es difícil encontrar en los relatos bíblicos un episodio más revelador de la gloria de Dios en la vida de Jesucristo, fuera de la crucifixión misma, que el lavamiento de los pies a los discípulos.
Cada movimiento del Señor Jesús, al dejar su manto, tomar la toalla, levantar el lebrillo y poner el agua, en silencio y actitud de servicio, cada detalle me viene a la mente como un destello de la gloria de Dios manifestada en un hombre que sabía muy bien quién era, de dónde venía y hacia dónde iba, Dios mismo en la piel de un esclavo.
En la época de Jesús el lavar los pies del amo y de los invitados que llegaban a una casa era una tarea cotidiana reservada al esclavo de más bajo rango, era un signo tan marcado de esclavitud que este oficio, considerado de los más humillantes, estaba reservado sólo a esclavos no judíos.
Por lo general el anfitrión de un lugar se aseguraba de que el servicio de lavado de los pies fuera provisto, sin embargo, en el aposento alto en donde Jesús y los doce iban a tener su cena de Pascua, no había nadie designado para esta tarea.
Podemos especular que los discípulos llegaron al salón donde cenarían, vieron el agua, el lebrillo y las toallas, pero buscaron en vano al sirviente que lavaría sus pies para poder disponerse cómodamente alrededor de la mesa. De todos modos ocuparon sus puestos.
Sin lugar a dudas muchos de ellos, por no decir todos menos Judas el Iscariote, hubieran lavado con gusto los pies del Maestro. Pero hacerse cargo de ese servicio implicaría también lavar los pies del resto de sus pares. El ánimo de los discípulos no daba lugar a tal gesto de inferioridad, exponerse a ser considerado por debajo del resto no tenía cabida en un grupo que desde hacía un tiempo venía ocupando sus mentes y sus corazones con un interrogante para el que parece aún no habían encontrado respuesta satisfactoria: ¿Quién sería entre ellos, de entre los doce del círculo íntimo de Jesús, el más importante?
El evangelio de Lucas nos relata un altercado, una disputa que habían tenido los discípulos poco antes:
“24 Los discípulos tuvieron una discusión sobre cuál de ellos debía ser considerado el más importante. 25 Jesús les dijo: «Entre los paganos, los reyes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y a los jefes se les da el título de benefactores. 26 Pero ustedes no deben ser así. Al contrario, el más importante entre ustedes tiene que hacerse como el más joven, y el que manda tiene que hacerse como el que sirve. 27 Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa a comer o el que sirve? ¿Acaso no lo es el que se sienta a la mesa? En cambio yo estoy entre ustedes como el que sirve.” (Lucas 22:24-27)
Definitivamente este no era un buen momento para dejar el manto, tomar el lebrillo, la toalla y lavar los pies de nadie.
Me pregunto qué pensaría Juan el Bautista, que a sí mismo se había declarado indigno de desprender la correa de las sandalias del Hijo de Dios, de este grupo de hombres, afortunados como pocos por poder ser testigos presenciales del cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, privilegiados por recibir de primera mano las enseñanzas del Maestro, destinados a ser los portadores del mensaje de vida y los pilares de la Iglesia de Jesucristo. ¿Qué pasaba con estos hombres que no se estaban atropellando para tomar el lebrillo y ceñirse la toalla?
Muchas veces nos sucede a nosotros hoy en nuestras iglesias, en nuestros ministerios y en nuestras propias familias que nos perdemos el sumo honor de ser serviciales con nuestro Señor, postrarnos ante los pies del dador de la vida, desprender las sandalias de Aquél al que toda autoridad y poder han sido dados, y lavar los pies del Jesús que nos amó primero y que nos amó hasta fin, por no estar dispuestos en ese mismo acto a hacernos siervos de aquellos a los que no consideramos merecedores de nuestro favor.
Que el Señor nos ayude en su gracia infinita a comprender que lo uno va de la mano de lo otro, constituyen una unidad atómica que no puede dividirse. No podemos lavar dignamente los pies del Rey si no estamos dispuestos a lavar los pies del hermano que tenemos a nuestro lado.
El Señor conocía en detalle a sus doce, la inminente traición de Judas y la necesidad apremiante de anclar la humildad en los corazones de sus discípulos.
No los avergüenza, no los reprende, simplemente los ama, como solo sabe amar un Dios que no ha negado ni a su propio Hijo. Se levanta sin decir palabra, deja su manto, toma el lebrillo, ciñe la toalla y lava los pies de sus discípulos.
No hay corte celestial, ni coro de ángeles, ni majestuoso manto, ni cetro, ni corona que expongan de manera más sencilla y simple la gloria de Dios, que pongan más en evidencia los atributos divinos, que el Rey de Reyes, el creador de todas las cosas, el que es Alfa y Omega, postrado ante sus discípulos, lavando sus pies, dándoles ejemplo y amándoles hasta el fin.
“¿Entienden ustedes lo que les he hecho? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. 15 Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho. 16 Les aseguro que ningún servidor es más que su señor, y que ningún enviado es más que el que lo envía. 17 Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos.” (Juan 13:12-17)

LOS NUESTROS SE VAN A LEVANTAR

Cuando Jesús resucitó, no fue a aparecérsele a cualquier persona. La idea de resucitar no era hacer un espectáculo y presentarse frente a Pilato. Él se le presentó a gente que el mundo pensaban que era insignificante, como María, a quien se le presentó en la tumba.
Cristo fue, también, a buscar a Pedro, y sabía dónde encontrarlo. Dios siempre sabe dónde encontrarte. Él sabe a dónde vas cuando estás en problemas, Él sabe dónde te encuentras cada vez que entras en tu depresión, en tu tristeza. Él sabe dónde encontrarte, y sabe las palabras qué decir.
La primera vez que se encontró a Pedro pudo haber sido un encuentro casual, pero esta vez Cristo fue a buscarlo. El día que aceptas que Dios tiene algo más grande para ti que simplemente resolver un problema, el día que te atreves seguir a Cristo, desde ese día en adelante ese llamado te va a seguir por el resto de tus días. Cuando regreses al lugar de donde Él te sacó, irá a buscarte para a decirte las mismas palabras: No importa lo que ha pasado, hayas hecho o lo que haya ocurrido, yo he venido a decirte que lo que yo te prometí se va a cumplir.
Cuando no entendemos el poder de la resurrección, el problema no es tan solo que regresamos al lugar de donde Él nos sacó, sino que también nos llevamos a otros que no tienen que ver con eso. ¿A cuántas personas has llevado a la depresión, a la tristeza, a la barca vacía? ¿A cuántos has llevado al desánimo, a la frustración, a tus problemas, al lugar de donde Dios te sacó?
En Hechos 2, cuando la gente comienza a burlarse, la palabra dice que entonces Pedro se levantó con los once. No fue que se levantó solo para predicar y hablar; eran once hablando, declarando la palabra del Señor.
Cuando somos resucitados, cuando tú y yo nos levantamos, es necesario que con nosotros se levanten otros. El día que tú recibas revelación del Cristo resucitado diciéndote que hay propósito para tu vida, en ese mismo momento se levantarán al lado tuyo y se pondrán de pie aquellos que no se atrevían ponerse en pie.
Muchas veces te preguntas: ¿Por qué mi familia, mis hijos, mis vecinos no se levantan? No lo han hecho porque aún no te has puesto tú en pie. El día que entiendas que el Cristo resucitado vive en ti y te atrevas a levantarte, a caminar en fe, vas a ver cómo a tu lado se van a levantar aquellos que también estaban confundidos y en problemas; verás cómo se levantan los once.

PRISIONEROS DE LA REALIDAD

Juan 8:32 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 
 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 

Cuando observamos nuestras vidas, nos damos cuenta que tenemos una realidad que esta basada en nuestras situaciones, nuestras limitaciones, en lo que pasa a nuestro alrededor y las decisiones que tomamos minuto a minuto, si nos preguntaran a cada uno de nosotros, estoy seguro que tenemos una justificación de porqué vivimos de la manera que lo hacemos y siempre habrá alguna razón o una excusa de porqué no vivimos mejor o porqué no tenemos eso que anhelamos o eso que pareciéramos merecer, por el simple hecho de que estamos limitados a nuestra realidad. 

A diferencia de la realidad, la cual se va constituyendo día a día y es relativa, la verdad es absoluta y no necesita de ningún factor externo para ser, ni para justificarse, la verdad simplemente es y punto y curiosamente, es justo ahí en la verdad donde hemos sido llamados a vivir y donde nos resistimos hacerlo, ya que estamos muy cómodos en nuestra realidad por compleja y en ocasiones mediocre que esta parezca. Esto que le cuento es más sencillo de entender que nada, imagine que un marido un día pierde su empleo y su mujer en su afán por "ayudar", consigue un empleo para dar un tiempo al marido para "recuperarse", cuando menos lo piensan, los roles de su hogar se han invertido, ella es el proveedor de la casa y Él reclama todo el tiempo que no es respetado y tomado en cuenta como cabeza del hogar, siendo que ha dejado de funcionar como tal y esta lleno de excusas y pretextos que lo llevan a una realidad llena de problemas y malentendidos, siendo que hay una verdad bíblica, donde Dios no le da solamente la responsabilidad, sino la autoridad y capacidad de hacer todo por su familia y encabezarla desde lo económico, pasando por lo moral, lo sentimental y definitivamente lo espiritual, por tanto su verdad es absoluta y tiene una garantía, siempre y cuando este dispuesto a vivir de acuerdo a ella. 

O que hay de las madres, que por amor hacen cosas por sus hijos que no les tocan y terminan echándolos a perder, convirtiéndolos en delincuentes y aun estando sus hijos en la cárcel, les siguen solapando sus necedades y atendiéndoles, siendo que la palabra promete que tendremos hijos firmes y fieles si les educamos de acuerdo a la verdad (la palabra de Dios) Y no puedo ser yo quien diga quien esta bien o quien esta mal, ya que no es de eso de lo que se trata es devocional, ni lo que le quiero platicar, sino le quiero poner un par de ejemplos de como es que nos perdemos en la realidad y nos perdemos de la verdad y sin darnos cuenta, nos hacemos esclavos de nuestra ingenuidad, nuestra necedad, nuestra ignorancia e incluso de nuestras opiniones, ya que no usamos la verdad como referencia para nuestras vidas. Esto es como aquel que decidió no comer adecuadamente y no hacer ejercicio y después se encuentra prisionero de su cuerpo alterado y engordado, y siente que no puede hacer nada, pero si deja de vivir excusado y justificado por sus circunstancias, y orientado hacia la verdad en poco tiempo, casi de inmediato su manera de vivir va a cambiar y va a ser libre, aun cuando su cuerpo tarde un poco en ser transformado. Por último hay quienes dicen tener la capacidad, incluso el derecho de tener una relación con Dios a su manera, y se vuelven esclavos de su alternativa de fe, y dicen amar a un Dios al que no conocen, y bajo un constante "si Dios quiere" o un "Dios por algo hace las cosas", siendo que Dios lo primero que promete y hace es mostrarnos el futuro y los motivos de su corazón de porqué hace cada cosa en nosotros. 

Lo primero que Dios nos enseña es que no podemos solos, ya que si lo queremos hacer de esa manera seremos irremediablemente prisioneros de nuestra realidad, la verdad nos enseña que le necesitamos como nuestro Señor y nuestro salvador todo el tiempo y que en Él están todas nuestras soluciones, no a corto, mediano o largo plazo, sino para la eternidad, Dios no hace cosas temporales, siempre hace cosas eternas, y es la mejor manera de entender su intervención en nuestras vidas. Por tanto tenemos que hacer un alto y reconocer que si decimos amar a Dios tenemos que tomar en cuenta su palabra que es la verdad para vivir una vida gloriosa y grandiosa, cada vez que nuestra vida no sea de esa manera, debemos de regresar a la verdad, para vivir en plena libertad.

DIOS SABE DONDE ENCONTRARTE

En Juan 21, se nos narra el momento en que Jesús aparece a sus discípulos por tercera vez, luego de haber resucitado. Pedro y otros 6 discípulos estaban pescando. Pedro había regresado a las barcas, al lugar de donde Jesús lo había sacado; regreso a lo cotidiano, a lo que era normal, lo natural para él.
Muchas veces, las circunstancias a nuestro alrededor quieren provocar que regresemos al lugar de donde Dios nos sacó, al lugar de donde Dios nos llamó para hacer algo grande con cada uno de nosotros. Lo triste es que Pedro se lleva a otros con él.
Lamentablemente, cuando una persona pierde de perspectiva la visión de lo que Dios lo ha mandado a hacer, se lleva consigo a un grupo de personas a un lugar de pocos resultados.
¿A cuánta gente tú has estado acompañando a la barca que está vacía? O peor aún, ¿a cuánta gente tú has llevado a una barca que está vacía?
Pero gloria a Dios que la primera vez tan solo se encontraron en aquel lugar, en las barcas; pero, en esta ocasión, Cristo fue a buscarlo. Cristo fue a buscarlo, al lugar en donde él sabía que iba a estar.
A Dios no se le ha perdido tu dirección. Dios sabe dónde buscarte.
Cuando le entregaste tu vida al Señor, aquello fue un encuentro. Pero ahora, ha pasado el tiempo y, aunque el Señor se te haya aparecido ya en varias ocasiones, y has querido regresar al lugar de donde él te sacó, esta vez no va a ser un encuentro casual, no es que Cristo va a estar pasando frente a tu barca, sino que esta vez Cristo va a ir a buscarte, porque lo que él dijo que él iba a hacer contigo, lo va a hacer.
Aunque no salgas de una para meterte en otra, Dios te ha seguido persiguiendo. Porque esta vez no se trata de un encuentro casual, sino de que Cristo va a buscar a aquel a quien él le había dicho: Tengo algo más grande para tu vida.
Dios ha estado buscándote mañana, tarde y noche, para decirte: Lo que yo dije que iba a hacer contigo, lo voy a hacer y, aunque tú hayas querido regresar y te hayas llevado a otros contigo, yo vengo a buscarte para que sepas que sigo siendo el mismo, que tengo la misma palabra, el mismo llamado, para que sepas que no importa lo que hayas hecho, no importa que me hayas negado, lo que yo dije que iba a hacer contigo, lo voy a hacer, y ya no se trata de ti, se trata de que, cuando te llamé, yo empeñé mi palabra, y yo de ti voy a sacar algo grande.
De esta no te escapas. Dios te va a perseguir, hasta que saque de ti lo que él dijo que iba a sacar. Desde el día que decidiste servirle, tu vida jamás será la misma. Por el resto de tu vida, él sabrá dónde encontrarte. Él sabe que, cuando te deprimes, vuelves a la barca, al mismo sitio. Allí se te va a aparecer, y te va a decir: Pude haber ido a buscar a otro, pero vengo a buscar al mismo que un día me encontré, para decirte que voy a hacer contigo lo que te prometí.

UNA GOTA DE AGUA SUCIA BASTA...

1 Corintios 5:6 Nueva Traducción Viviente (NTV) 
Es terrible que se jacten sobre dicho asunto. ¿No se dan cuenta de que ese pecado es como un poco de levadura que impregna toda la masa? 

Es interesante observar como las personas solemos identificar el pecado perfectamente cuando sucede en la vida de otras personas, pero suelen justificarlo cuando sucede en la propia. Por alguna extraña razón siempre quien comete alguna falta o peca, tiene siempre una justificación, una excusa o una salida de porqué hace lo que hace y trata de justificar su inocencia al respecto, sin tomar en cuenta que Dios desde un principio y aún más e nuestra época post-Cristo nos dio no solamente el perdón para cada uno de nuestros pecados, además de la herramienta del dominio propio para que podamos crecer constantemente y aspirar a la medida del varón perfecto es decir Yeshúa (Jesús). 

La falta de humildad y reconocer que somos irremediablemente pecadores, nos hace llenarnos de orgullo y pensar que podemos remediar las cosas por nosotros mismos, por tanto, lejos de confesar nuestro pecado como Dios nos sugiere en su palabra, ocultamos nuestro pecado, lo callamos, pretendemos que nada pasa y dejamos que la culpa empiece a hacer su efecto en nosotros y nos carcoma todo el tiempo. Y aun sabiendo y entendiendo esto, pretendemos que el fruto que damos sea bueno, agradable y nutritivo para los que nos rodean ya que en teoría somos "buenos", ya que sabemos (más bien tenemos la esperanza) que Dios no nos va a delatar, y como no lo hace, insistimos en vivir de la misma manera. 

En ocasiones pretendemos que nuestras buenas acciones visibles compensen nuestro pecado y pareciera que internamente hiciéramos un constante intercambio entre lo que hacemos bien y el pecado, pero si lo pensamos bien, podríamos tener un garrafón de 20 litros de agua pura y nadie se atrevería a darle un trago si le agregáramos tan solo una gota de agua de cloaca, no lo cree? El Apóstol Pablo entendía esto perfectamente, y fue precisamente por eso que lo dejó muy claro en la cita del día de hoy, tan solo un poco de pecado es suficiente para contaminar todo lo que hacemos y por pequeño e inocente que parezca e incluso si nadie sabe nada acerca de lo que hicimos o lo que pensamos siquiera. 

La verdad es que no importa que tan grande o que tan terrible sea nuestro pecado, como tampoco que tan pequeño o que tan inocente sea, la sangre de Yeshúa (Jesús) fue derramada por todos y cada uno de nuestros pecados, sin importar su dimensión sino poniendo enfoque en nuestra santidad, la cual no tiene que ver con la ausencia de pecado, sino con el enfoque absoluto que pongamos en Dios (que obvio, si hay pecado en nosotros no podemos tener), pero eso es lo asombroso del asunto!, así como la más mínima señal de pecado contamina todo lo que hacemos y nuestro entorno, la sangre de Yeshúa (Jesús) tiene el efecto de no solo perdonarnos y reconciliarnos con Dios, sino de activar su poder en nosotros para que hagamos grandes obras, prodigios y señales en su nombre para engrandecer su Reino y ser parte activa de lo que planeó para nosotros desde y para la eternidad. 

Por tanto tiene usted la alternativa de vivir bajo el engaño constante de que un poco de pecado no le afectará y poner en riesgo el fruto que dé, o bien puede asegurar el éxito constante en todo lo que haga y tener la garantía del sello de excelencia de Dios en todo lo que emprenda, para que pueda ser un digno representante del Reino de los cielos y un inmejorable Hijo y heredero del Reino eterno de Dios, que prefiere?

QUE NADIE TE DETENGA

Dice la Biblia que, cuando Jesús resucitó, hubo personas que pagaron mucho dinero para que mintieran, diciendo que el cuerpo había sido robado, y no que había resucitado.  Cuando el enemigo, el mundo, no puede apagar lo que Dios ha hecho contigo diciendo mentiras, el segundo intento es burlarse de ti.
En libro de Hechos, capítulo 2, se nos relata el momento que hoy conocemos como el día de Pentecostés. Ese día, un grupo de personas fue lleno del Espíritu Santo y comenzaron hablar en otras lenguas.  Al ver esto, unos quedaron atónitos, perplejos, maravillados; pero hubo otro grupo que, burlándose, decía que estaban borrachos.
Cuando Dios comienza hacer una obra transformadora en tu vida, unos se quedan atónitos y maravillados, pero otros van a burlarse de ti y te llamarán loco.  ¿Cuántos hemos experimentado la burla del mundo?  Y todo porque antes eras como Pedro, un simple pescador, y ahora dices que eres pescador de hombres.  Ahora le comentas a tus amistades y al grupo que te rodea que tú fuiste llamado para algo más grande y poderoso.  El mundo como no entiende, se confunde y comienza a burlarse del propósito de Dios en tu vida.
Luego, continúa diciendo en Hechos 2 que, cuando se burlaban, entonces Pedro se levantó y dio su primer mensaje.  El Pedro que estuvo confundido, oculto, con miedo, el Pedro que negó a Jesús tres veces, ese mismo Pedro, el Espíritu Santo le dio las fuerzas y se paró firme con valentía y comenzó a predicar a los que se burlaban.  Les decía: La razón por la cual se están burlando, esa es la razón por la cual un día le seguí: Él es el Cristo resucitado.
Es fácil cuando el mundo se maravilla de lo que Dios ha hecho contigo,  pero es difícil cuando te llaman loco y borracho por hablar lo que él hizo contigo.  Pero los que hemos sido resucitados, ante la burla, nos paramos firmes y hablamos de sus maravillas.
Cuando Pedro terminó de predicar, 3 mil personas aceptaron al Señor como su Salvador.
La razón por la cual tú comenzaste a seguir a Cristo comenzará a cumplirse cuando te atrevas a pararte firme y con valentía a hablarles a aquellos que se burlan de ti.  No fuiste llamado para vivir una vida cotidiana, fuiste llamado para que lleves la vocación del supremo llamamiento por el cual un día decidiste seguir a Cristo.
No te atemorices, no te escondas, no te quedes callado ante la burla.  Levántate firme, con valentía y háblales.  Pero, recuerda que esto no se trata de ti, sino de Él.  No es hablarles de ti, es hablarles del que se levantó de entre los muertos, del Cristo resucitado.  Diles: Díganme loco, borracho, arrebatado y búrlense todo lo que quieran; pero, cuando nadie daba un centavo por mí, él me llamó, me amó y pagó un gran precio por mí.  Dio su vida, para que hoy tú tengas vida.
Levántate y habla con valentía ante los que se burlan de ti, y verás como comenzará a cumplirse el propósito de Dios en tu vida.