LEY Y GRACIA

El libro de Hebreos en el capítulo 10 en el versículo 16 nos dice que Dios decidió poner en nuestro corazón una copia de su palabra, eso quiere decir que desde antes de nacer tenemos una capacidad natural de distinguir y decidir entre el bien y el mal, ya que para eso tenemos la palabra y podemos cumplirla y ser justos desde el principio. 

Este hecho nos explica como un bebe puede saber cuando hizo mal, aun cuando nadie se lo enseñó, lo había pensado?, por tanto esto Dios lo puso para que siempre podamos tener acceso a la verdad (su palabra es verdad a pesar de nuestras circunstancias) para poder tomar decisiones adecuadas y ser libres, tal como lo promete en la Biblia. Por tanto, al leer la Biblia buscando conocer a Dios, ésta en automático empieza a hacer sentido, porque concuerda perfectamente con lo que Dios sembró en nuestro interior, lo ha pensado? 

De esta manera, podemos decidir entre 2 opciones, hacer lo correcto, o simplemente ignorar lo que Dios pretendió hacer y hacer lo que nos venga en ganas, con una simple consecuencia, la famosa y bien conocida culpa. Que quiere decir esto?, sencillo, en nuestro interior está la capacidad de decidir correctamente, o de no hacerlo, pero la verdad que está en nosotros de acuerdo a la cita del libro de Hebreos, siempre nos recordará lo correcto y Satanás sabe esto, de manera que siempre que actuamos mal, automáticamente somos acosados por la culpa que nuestros actos generan. Por tanto, aquellas personas que quieren escudarse detrás de la gracia para incumplir la ley de Dios, se están condenando a sí mismas a ser prisioneras de la culpa, porque todos sabemos cuando hicimos mal, y el mismo sentimiento nos persigue siempre a todos, el remordimiento, la incertidumbre, el pesar, la culpa, todo eso se anida en nuestros corazones y tenemos que cargarlo a todos lados que vamos. 

Quienes no han tomado el tiempo de leer la Biblia, tienen la sospecha de que la ley es enfadosa y difícil de cumplir, esto a causa de sus propias imaginaciones y a la carga de culpa que vienen arrastrando por años, pero cuando nos damos cuenta que la ley no es complicada, la ley solo nos previene de equivocarnos, la ley es una carta de amor de Dios para nosotros para que vivamos en constante libertad y que nuestras opiniones no nos hagan más difícil el camino y no nos confundan. 

Piénselo de esta manera, Dios no pretende que cumplamos con los rituales judíos, Dios pretende que cumplamos sus mandamientos, que pudieran ser 10, o 2 (de acuerdo al nuevo testamento), pero que vivíamos con ellos en nuestro diario actuar y conscientes de quienes somos y qué es lo que hacemos, de esto no podemos librarnos, ya que son el pase a la libertad constante y eterna la cual podemos disfrutar desde ahorita y hasta que veamos a Cristo de nuevo, para que comprobemos que si se puede y no ser simplemente del montón, no lo cree?

VIVE PLENAMENTE

A veces perdemos de vista que hay ciertos pensamientos, actitudes que comienzan a entrar en el corazón y detienen el potencial de amar a Dios con el afecto e intensidad necesarios.  Entonces, se endurece el corazón y no podemos amar a Dios con pasión y vivir al máximo.
Hay personas que han pecado, no tan solo contra Dios, sino contra ellos mismos y, por no reconocer el error y arrepentirse, continúan llevando la culpa y, sin darse cuenta, su corazón se va llenando de ira.
También hay personas que han tomado malas decisiones por ignorancia.  Entonces, viven con temor de tomar nuevas decisiones, se encierran en sí mismos y sus corazones se van llenando de ira.    
Otros viven traumatizados por situaciones difíciles, no porque hayan pecado, ni por ignorancia, sino porque alguien más fue quien tomó una mala decisión que les afectó.  Comienzan a vivir como que todo está bien, pero sus corazones están endurecidos y no pueden amar con pasión a Dios y al prójimo. 
Para el pecado hay perdón y para la ignorancia hay sabiduría de lo alto y, si hay un trauma, la biblia dice que a los que aman a Dios todo les ayuda para bien.  Dios se va a encargar de ordenar los pasos y cambiar todas las cosas. 
Dios está contigo, vive con intensidad, cree con intensidad, ama con intensidad.
Sé libre.  Que el error del ayer no te detenga de amar y vivir la vida al máximo.  Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.  Seguro que vendrán situaciones difíciles y otras que ni habrá explicación de por qué sucederán, pero no debes permitir que dañen tu corazón y te cohíban de amar con todas tus fuerzas.
1 Pedro 1 dice que, aunque haya problemas y dificultades, te alegres porque Jesucristo se va a manifestar en tu vida como se le manifestó a los discípulos, aun en medio de la tormenta.  Regocíjate, aun en medio de las dificultades; que nada dañe tu corazón porque Jesucristo se va a manifestar y recibirás salvación. 
Ama con intensidad, no te rindas porque vas a ver el fin de tu fe y lo mejor es que no vas a perder tu alma.  Porque, ¿de qué te serviría alcanzar algo, pero estar tan frustrado que no pudieras disfrutarlo y que perdieras tu salvación?
Ningún problema es suficientemente importante para que pierdas tu corazón y tu mente. Resiste y celebra.  No endurezcas tu corazón.  Jesús se te va a manifestar en milagros, en provisión y tus circunstancias cambiarán.   Recibe gozo en el nombre de Jesús.  Ama con intensidad y vive a plenitud. 

PON TU MIRADA EN LAS COSAS DE ARRIBA

Pablo hace la aclaración, en Colosenses 3:1, acerca de la necesidad que tiene el hombre de poner su afecto en las cosas correctas.  Lo que hace que las cosas sean las correctas para poder poner nuestro afecto es su localización.  Pablo dice que hay cosas de abajo y cosas de arriba, y que son las cosas de arriba las que debemos buscar. 
Nuestro afecto debe ser por las cosas de arriba. 
Todo creyente comienza con la búsqueda de las cosas de arriba.  Los que permanecen son los que establecen su mente en las cosas de arriba.  El verdadero nivel de vida se alcanza, no solamente por buscar las cosas de arriba, sino también por establecer tu mente en estas cosas. 
Muchos buscan alcanzar ciertas cosas que únicamente se logran cuando las estableces permanentemente en tu vida.  Muchos practican el ser cristiano, pero una cosa es practicar y otra es vivir como cristiano.  Se vive como creyente, cuando has puesto tu afecto, tu mente, tu ser en las cosas correctas, en las de arriba.  Esto es, cuando las cosas naturales ya no te satisfacen, sino que has entendido cual es el lugar y la persona que has determinado ser. 
Una de las cosas que debes establecer en tu vida es que ya Dios te ama por encima de todas las cosas.  Debes establecer que dejarás todo lo que tengas que dejar para alcanzar lo que tengas que alcanzar con Dios. 
Cuando tú establezcas, en tu corazón, que lo que Dios quiere para ti es una prioridad en tu vida, va a costar esfuerzo, trabajo, sacrificios.  Pero es la única manera de verdaderamente amar como Dios ama.  Por esto, la palabra dice, por ejemplo, que cada hombre debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia, que dio su vida por ella.  Dar la vida es entregar tu libertad, entregar tu tiempo, hacer sacrificios.  Cuando te enfocas en lo que es importante, y estableces tu vida en eso, entonces experimentas la verdadera intensidad de amor y pasión en ti.  Y es la única manera de experimentar la verdadera naturaleza de quién tú eres como hijo de Dios.
Cuando amas como Dios ama, no se trata de desear algo, sino de enfocarme y mantenerme en lo que quieres y decidir vivir el resto de tus días para eso.   Hasta que no veas las cosas de esta manera, hasta que no haya ese enfoque en tu vida, no podrás experimentar la verdadera plenitud de Dios en ti. 
A través de toda la biblia, podemos ver cómo Dios siempre ha buscado personas que tengan este nivel de afecto hacia él.  En Hebreos 11, podemos ver a los héroes de la fe, que no alcanzaron todo lo que querían, pero siempre vivieron por fe, entendiendo que Dios tenía algo mejor para sus vidas.  Lo más impresionante es que Dios dice, en ese mismo capítulo, que no se avergüenza de llamarse Dios de ellos.  Porque, para el mundo, esto es vergüenza, pero Dios no se avergüenza.
Seguramente, anhelas una mejor vida y, muy probablemente, has dejado las cosas del pasado y seguido hacia adelante buscando algo mejor.  Y, quizás, muchos te han dicho: Tanto que amas y le crees a Dios, y mira que muchas dificultades tienes. Y es que muchos tratan de minar nuestra fe y ponernos en contra de Dios.  Pero, los que hemos puesto nuestra mirada en las cosas de arriba, lo hacemos porque sabemos que hay algo mejor, sabemos que él tiene algo preparado para nosotros y sabemos que tenemos el total respaldo y toda admiración del Dios Todopoderoso que no se avergüenza de nosotros.  

LIBRE O ESCLAVO?

Romanos 6:14 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 
Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 

Entender a Dios y las maneras en las que Él actúa es una de las cosas más emocionantes que podemos hacer, ya que es precisamente cuando lo empezamos a entender que empezamos a vivir esa famosa vida de Reino de la que tanto se habla por ahí. Antes que nada, debemos de tener claro que Dios no nos pone trampas, ni está constantemente poniéndonos a prueba para ver si nos bendice, al contrario, Él habló ya toda bendición y somos nosotros quienes podemos tener acceso a ella por medio del conocimiento de quien es Dios, a pesar de lo que la gente suele decir y las historias que se suele inventar acerca de lo misterioso y enredado que puede ser Dios, las cosas son simples y son directas. 

 Y las cosas de Dios las podemos entender de 2 maneras, a la manera de Dios y a la manera de los hombres, la diferencia radica en que si entendemos las cosas a la manera de Dios, obtendremos los beneficios de Dios, pero si las entendemos a la manera de los hombres, estamos sujetos a las limitaciones de la tierra. Una de esas verdades bíblicas que les cuesta mucho trabajo de entender a las personas es la cita de hoy, ya que es muy sencillo el confundirse si la leemos irresponsablemente, pero permítame comentar un poco acerca de ella. Muchas personas tienen la idea de que la gracia está ahí para eximirnos de tener que cumplir con la ley, y lo hacen basados solo en esta cita, pero en realidad no se percatan de la profundidad que la misma tiene, ya que lejos de evitarnos pasar por la ley, nos pone por encima de ella por medio de su cumplimiento. 

Dios no es un Dios que diga algo y luego se arrepienta de decirlo, por el contrario, a lo único que Dios le es fiel es a su palabra, es decir si lo dijo, lo cumple y punto, no hay vuelta de hoja, tanto para las promesas como para cada una de las reglas que estableció en la ley. Quienes creen que la gracia los exime de pasar por la ley, solo están buscando una excusa para pecar y no pagar las consecuencias, pero olvidan que la Biblia asegura que la paga del pecado es muerte, acaso quiere decir que la gracia nos libra de la muerte?, entonces?, para qué fue la sangre de Jesús?, para qué la necesitamos, si tenemos la gracia?!?!?! La gracia no tiene nada que ver con la ley, el hecho de que sean mencionados en una sola frase, no quiere decir que estén relacionados, simplemente lo que nos dice la cita de hoy es lo siguiente: 

La ley nos ata a la tierra, es decir, nos permite experimentar a Dios aquí en la tierra, pero no nos libra de ella, por tanto la gracia, nos permite no solo experimentar a Dios, sino los beneficios de ser considerados hijos de Dios y por tanto vivir como verdaderos herederos y en la misma dimensión que Jesús lo hizo al vivir entre nosotros. Por tanto aquel quiere evadir la ley por medio de la gracia no hace otra cosa que esclavizarse a la tierra por estar sujeto al pecado, pero aquel que vive bajo la gracia sin dejar de observar la ley y amarla, tal como Jesús lo hizo, vivirá una vida sin límites (espiritualmente hablando), en la que experimentará el poder y el amor de Dios en todo lo que hace y será un reflejo de Jesús para darle gloria y honra en la tierra. Por tanto está en usted el decidir, que prefiere?, tener en la gracia una excusa para pecar, o una llave para desatar el poder del Reino de los Cielos en su vida?

EL MEJOR TIIPO DE ALABANZA

Dios busca una alabanza que nazca de los tiempos de adversidad o aflicción. Algunas veces Él nos lleva a experiencias desagradables, difíciles o incluso dolorosas. Su Palabra dice que Él nos prueba en horno de aflicción (Isaías 48:10). No sé por qué, pero hay veces en que Dios nos permite a cada uno pasar por un horno de aflicción. Hay un sonido particular de adoración que solamente puede surgir cuando uno ha pasado a través de pruebas. Posiblemente haya un horno ardiente en su salud, su matrimonio o con respecto a un familiar. 

Esa pitón, Satanás, desea enrollarse en su situación y distorsionar los propósitos de Dios para hacerlo sentirse abandonado y olvidado. Él sabe que cuando perdemos la esperanza, perdemos la alabanza. No sea engañado por el mentiroso. Enfoque su corazón en Dios que es fiel, que lo ama, que lo ha llamado y equipado para vencer. El corazón que le complace a Dios busca un camino para alabarlo, incluso al calor de la prueba. Si usted tiene aliento, puede alabar al Señor. Posiblemente no tenga empleo, pero tiene aliento. Posiblemente no tenga coche, pero tiene aliento. Como dije anteriormente en este capítulo, hay muchas maneras de adorar al Señor: con manos levantadas, pies que danzan y el cuerpo inclinado. Pero hay una alabanza que no necesita nada más que nuestro aliento. Es una alabanza que se levanta del horno donde lo hemos perdido todo excepto nuestro aliento. Es una alabanza que no está ligada a las posesiones materiales o a sucesos específicos. Es una alabanza que surge cuando alabamos a Dios a pesar de todo. Cuando pasamos por el fuego, podemos ver lo que realmente hay en nuestro interior. Determine que mientras tenga aliento, usted lo adorará. 

Hace un tiempo leí una historia acerca de un incendio que comenzó en South Bend, Indiana, en una tienda de computadoras. El departamento local de bomberos fue el primero en llegar a la escena. Ellos echaron agua en el exterior del edificio, pero eso estaba afectando muy poco el fuego interior. A medida que el fuego continuaba extendiéndose y haciéndose más intenso, llamaron a otras agrupaciones de bomberos. Uno de los departamentos más pequeños del condado aledaño, se apresuró para ayudar. Ellos tenían un presupuesto reducido y su camión de bomberos era viejo. Cuando llegaron a toda velocidad, pasaron por encima de la acera, cruzaron el patio y atravesaron el muro del edificio directamente hacia al incendio. Al estar ahí, sacaron sus mangueras y se pusieron a trabajar. Se las arreglaron para apagar el fuego que no había podido ser controlado antes. Pudieron hacer más desde adentro que lo que la otra agrupación de bomberos pudo hacer desde afuera. Al día siguiente, el dueño de la empresa de computadoras le ofreció a esa pequeña agrupación de bomberos un cheque por diez mil dólares, en agradecimiento por la valentía que mostraron al dirigirse al centro del incendio. Cuando la prensa le preguntó al jefe de bomberos para qué utilizaría el dinero, dijo que ¡lo primero que harían sería comprarle frenos nuevos a su camión! Aquellos bomberos nunca planearon ir directo en medio del fuego. 

Posiblemente usted no planeó estar donde está ahora. Dios desea que sepa que Él lo tiene ahí porque hay cosas que puede hacer desde el interior de la feroz situación, mejor de lo que lo puede hacer desde afuera. Usted no puede saber cuan fuerte es su fe hasta que ha estado en el interior del fuego. Dios desea que suelte su alabanza. Esa puede ser su respuesta sin importar lo que enfrente. 

Siempre hay alguien que es elegido último, alguien que no parece calificado para estar en el equipo. Dios dice: “Lo que lo califica para estar en mi equipo es el horno”. Si usted está en un horno, ese es un indicio de que Dios tiene una tarea para usted. 

David fue elegido de en medio del fuego. Él dijo que tendríamos problemas, pero que Dios nos libraría de todos ellos (Salmos 34:19). David no negó que hubiera problemas en la vida, pero sabía que Dios era el liberador, sin importar lo que sucediera. 

Job fue elegido de en medio del fuego. Estaba determinado a servir a Dios sin importar lo que pasara: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15). Job perdió a sus hijos, su sustento, su riqueza y su salud: todo. No le quedaba nada más que su aliento. En medio de todo, Job alabó a Dios. Es por ello que Dios lo eligió. A pesar de todo lo que soportó, Job pudo decir firmemente: “Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10). 

José fue elegido de en medio del fuego. Fue despreciado por su propia familia, rechazado, tentado, engañado, acusado falsamente y castigado por un delito que no cometió. Sin embargo, al final, José supo que lo que los hombres hacían para mal, Dios lo usaría para bien. Dios lo eligió de en medio del fuego, lo puso en el palacio y lo usó para salvar a una generación. 

Finalmente, el horno de la adversidad no nos hace; nos revela. El fuego muestra lo que realmente somos en el interior. Podemos perder nuestra alabanza o encontrarla durante la prueba ardiente.

EL PERDON ES UNA ELECCION

La confianza debe construirse en base al amor y el respeto mutuo. Cuando una relación florece, comenzamos a apreciar las fortaleza de la persona y a conocer sus debilidades. Ocurre a menudo en el ministerio, que la gente comienza a ver alguna debilidad carnal o de actitud en alguien, y por eso le pierden el respeto y comienzan a asociar esa debilidad con hipocresía. Algunos de los más grandes hombres y mujeres de Dios han tenido problemas de temperamento. Alguien puede airarse y aun así no pecar (Efesios 4:26). 

Cristo se airó al ver las mesas de los mercaderes en el templo, consciente de que la intención original del templo era ser una “casa de oración” (Mateo 21:13). En este caso, su ira estaba justificada, pues un lugar sagrado estaba siendo corrompido para obtener ganancias personales. Como un ejemplo opuesto, tenemos al rey Uzías, quien se atrevió a usurpar el lugar del sumo sacerdote en el templo para quemar incienso en el altar. Solo el sacerdote seleccionado podía llevar a cabo esa tarea. La Biblia dice: “Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso” (2 Crónicas 26:16). En vez de arrepentirse, leemos: “Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso. Y le miró el sumo sacerdote Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido”. (2 Crónicas 26:19–20). Uzías quiso hacer algo bueno de la manera equivocada. Para que las oraciones del pueblo ascendieran al cielo, se requería que se quemara incienso (Éxodo 30:7–8; Salmo 141:2). Como consecuencia de su accionar, Uzías se volvió leproso. Fue depuesto como rey, y vivió en una “casa apartada” hasta el día de su muerte (2 Crónicas 26:21). 

El problema con la ira es que cuando esta se manifiesta, tiene un efecto separador y aislante. Cuando a Moisés se le pidió que le hablara a la roca, pero en medio de su frustración con el pueblo se airó y la golpeó, perdió en ese momento su herencia al prohibirle Dios entrar a la tierra prometida (Números 20:8–12). Cuando Caín mató a Abel por envidia, fue enviado al a tierra de Nod, una palabra que significa errante (Génesis 4:16). La razón por la que la ira, especialmente un temperamento desenfrenado, es tan destructiva, es porque nadie quiere estar alrededor de alguien que esté todo el tiempo molesto. 

Se ha descubierto que cuando una persona se molesta demasiado, no solo aumenta su pulso cardíaco, su presión arterial y su respiración, sino que su sistema inmunológico puede neutralizarse durante un período de cerca de seis horas.  Salomón dice: “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma”. (Proverbios 22:24–25) Se toman más decisiones equivocadas cuando se hacen con ira. Israel estaba persiguiendo a los filisteos, cuando el rey Saúl dijo en medio de la batalla: “Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan” (1 Samuel 14:24). Cuando los soldados están bajo la presión de la guerra deben comer para mantenerse fuertes, y esta decisión fue tomada porque había confusión entre los israelitas y los hombres estaban “en apuros” (1 Samuel 14:19, 24). La Biblia dice que el pueblo “desfallecía” (v. 28). Cuando finalizó la batalla, los hombres estaban tan hambrientos que degollaron animales en el terreno y se los comieron con sangre, algo que era prohibido por la ley de Moisés (Levítico 7:26; 1 Samuel 14:33). Las decisiones equivocadas que usted tome, afectarán siempre a los que están cerca de usted. 

Así como las insensatas palabras de Saúl hicieron que el pueblo terminara comiendo algo indebido, sus palabras negativas pronunciadas con ira causarán que las bocas de otros produzcan sangre, no por la muerte de animales, sino por las palabras cortantes como cuchillos que harán sangrar a otros en sus mentes y corazones. Uno de los golpes más duros a la confianza ocurre cuando uno de los cónyuges le es infiel al otro a través del adulterio. Esta es la peor forma de traición y es sumamente difícil restablecer la confianza cuando ocurre. El perdón es el único camino hacia la restauración. He sabido de parejas en las que uno ha sido infiel, y la pareja inocente decide no perdonar y divorciarse, pero años después confiesa: “Actué movido por la rabia, y cometí un error al no perdonar y permitir la sanación”. Otros deciden recibir consejería y perdonan, y en muchos casos terminan teniendo una relación más fuerte, salvando a su familia en el proceso. El perdón es la clave para restaurar la confianza, pero el perdón es una elección. 

LA ARMADURA DE LA ORACION

En el último capítulo de Efesios, Pablo nos instruye acerca de que necesitamos ir a orar por otros como si estuviéramos entrando en una batalla. Tenemos que vestirnos con la armadura de la fe. Nos dice: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10–11, 13). Luego continúa describiendo cada uno de los componentes de esa armadura: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:14–18). 

Cuando nos dedicamos a la oración, la verdad es lo que nos reviste y lo que sostiene las piezas de nuestra armadura en su lugar. La verdad de que somos justos delante de Dios por medio del sacrificio expiatorio de Jesucristo es lo que protege nuestros corazones de la duda y la indecisión. A dondequiera que vayamos, tenemos que recordar que nuestro propósito es la paz shalom que Dios escogió como su propio nombre. La fe es lo que nos protege de los contraataques del enemigo y detrás de la que nos recargamos a la vista del temor. La espada que empuñamos es las promesas de la Palabra de Dios, ya que ellas son las leyes y los preceptos del reino de los cielos por medio de los cuales decimos en la corte del cielo que tenemos el derecho de recibir aquello que estamos pidiendo. Revestidos así, estamos listos para enfrentar cualquier batalla y pedir que la luz del cielo produzca cambios. 

Y, a medida que nos revestimos de estas cosas, empezamos a convertirnos en aquellas personas que Dios pretendía que fuéramos cuando nos puso en esta tierra: sus representantes en la tierra, reflejos de su Hijo en palabras y hechos. En este pasaje en Efesios, Pablo incluso usa una cita del libro de Isaías que se refería al Mesías que habría de venir, Jesús: Y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho. Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia. Pues de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo como de manto. “Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob”, dice Jehová. (Isaías 59:15–17, 20). Por lo general, subestimamos tremendamente el poder de nuestras oraciones por otros. Dios nos llama a la aventura y al diálogo de la intercesión porque está buscando compañeros en la tierra que acudan y salven a aquellos a los que ama en la tierra, parándose entre ellos y la catástrofe. Quiere hijos e hijas en la tierra que sean semejantes al Cristo encarnado. Jesús, después de todo, “vive siempre para interceder” (Hebreos 7:25). Si nos esforzamos por ser como Él, ¿acaso no debemos también estar intercediendo? Cuando de veras nos “revestimos de Cristo” (Gálatas 3:27), también debemos vestirnos de intercesión, porque eso es lo que Él hace día y noche. 

Es, en resumen, el poder fundamental para traer un cambio por medio del espíritu en nuestro mundo físico. Es el trabajo de cada creyente. Es la clave para la expansión del reino de Dios. Y es el fundamento de una vida que vale la pena vivir. No solo eso, sino que es imposible que haga tales peticiones al cielo sin determinación y sin que esa determinación lo cambie a usted. En su libro en la escuela de la oración Andrew Murray llamó a la oración intercesora “la escuela de entrenamiento de la fe”. Continúa diciendo: Allí se prueba nuestra amistad con Dios y con los hombres. Allí se ve si mi amistad con el necesitado es tan real, como para que dedique tiempo y sacrifique mi descanso, vaya incluso a la medianoche y no cese hasta que haya obtenido lo que necesito para ellos. Allí se ve si mi amistad con Dios es tan clara, de modo que puedo depender del hecho de que no me defraudará y, por tanto, orar hasta que Él dé. Oh qué misterio celestial tan profundo es el de la oración perseverante. El Dios que ha prometido, que anhela, cuyo propósito firme es dar la bendición, la retiene. Para Él es un asunto de tal importancia que sus amigos en la tierra conozcan y confíen plenamente en su Amigo rico en el cielo, que los entrena, en la escuela de la respuesta demorada, a ver cómo su perseverancia realmente importa, y qué asombroso poder pueden ejercer en el cielo, si tan solo se empeñan en ello. Hay una fe que ve la promesa, y la abraza, y sin embargo no la recibe (Hebreos 11:13, 39). Es cuando la respuesta a la oración no viene, y la promesa en la que parecemos estar confiando con mayor firmeza aparentemente no tiene ningún efecto, que la prueba de la fe, más preciosa que el oro, tiene lugar. Es en esta prueba que la fe que ha abrazado la promesa se purifica y se fortalece y se prepara en una comunión personal y santa con el Dios viviente, para ver la gloria de Dios. La toma y se agarra de la promesa hasta que ha recibido el cumplimiento de lo que había reclamado en una verdad viviente en el Dios invisible pero viviente. Este no es un asunto trivial. Incluso si comenzamos a interceder en el mismo instante en que escuchamos la necesidad de otro, tenemos que adoptar el modo de pensar de fe que dice que nuestras palabras harán algo más que solo producir vibraciones en el aire. 

Tenemos que reconocer que tenemos un lugar delante del trono de Dios y el derecho de estar allí. Tenemos que reconocer que hay promesas de Dios que se aplican, leyes espirituales en las que se puede confiar para proporcionar ayuda en tiempos de necesidad. Y, tal como lo hizo Ester, usted tiene que venir con la convicción de que no será rechazado, después de todo, sabe que lo dice la Palabra de Dios.