EL PRIVILEGIO DE SER PADRES



”Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. Sl.139:13-16


Una de las mayores maravillas de Dios es darnos el privilegio de ser padres. Tomar parte de este milagro, un hijo a quien guiar a lo largo del camino, para que pueda cumplir los propósitos de Dios en su vida. Prov.22:6

Este bello privilegio nos da también responsabilidades que debemos considerar:

Ser un a madre/padre creyente

Conocer en forma personal a Cristo como nuestro Salvador. Ser un padre redimido por Su Gracia y que busque en Cristo el puerto en el cual se renueva nuestra fortaleza espiritual.

Ser una madre/padre consagrado Romanos 12:1

Rendir primeramente mi vida a Dios para que sea Él quién reine y dirija mi vida. De esta manera, podré ser también:

 Una madre/padre que eduque: En principios de conducta y morales. En el camino de la vida y sus peligros, en la disciplina con amor: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” Prov. 13:24

 Una madre/padre que enseñe : El amor de Dios ( la salvación, Juan 3:16) y el amor a Dios y a Su Palabra ( Salmos 119).

 Una madre/padre que escuche : Aprender a tener el tiempo para escuchar a nuestros hijos. Ellos son nuestro especi al tesoro.

 Una madre/padre que entregue : Su vida a diario en las manos del Creador en oración y sus caminos para buscar los Suyos a través de la Palabra.

Ser una madre/padre bendecida

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.” Sl. 127:3-5

 Una madre/padre con herencia sl.127:3

 Una madre/padre con cosecha Eclesiastés 3:1-2 Con el tiempo de cosechar lo plantado en la vida de mis hijos.

 Una madre bienaventurada “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;° Prov. 31:28 a


Quiero compartirles parte de una poesía que leí: “ Dios dame sabiduría Hoy, para darme cuenta que no hay momentos sin importancia en la vida de mis hijos, que no hay otra carrera más preciosa, ningún trabajo mejor remunerado, ni otra tarea más urgente que mis hijos. Porque el tiempo es corto, mi tiempo es HOY porque los hijos no pueden esperar” "He aquí, herencia de Jehová son los hijos"

EL RAPTO

QUE ES KOSHER


Qué es kosher? Kosher significa apto y representa tanto la unidad de leyes dietéticas que se encuentran en la Biblia y en el Talmud como la pretensión de una actitud sensible frente a esas leyes.

El rabino Nilton Bonder sostiene que el kosher simboliza un tipo de conducta cuyo valor más importante es influir en el destino de nuestras vidas. Existen 10 principios alimentarios establecidos en la Biblia, cuyo objetivo no es justificar la higiene sino aproximar santidad a la vida, con la visión de aportar algo de la era mesiánica a nuestros días:

1) Existe en el judaísmo una tendencia vegetariana. El profeta Isaías sostiene que los seres humanos se alimentarán de hierbas en los días mesiánicos. Pero conociendo su carácter cazador, la Biblia estableció limitaciones al consumo de carne.

2) La prohibición de ingestión de carne de un animal que haya muerto de vejez o enfermedad, o víctima de las bestias de rapiña.

3) Se prohíbe la ingestión de carne arrancada de un ser viviente.

4) Se prohíbe beber sangre. El judaísmo considera a la sangre el símbolo de la vida.

5) No se debe mezclar carne con leche. Esta regla se infiere del versículo: "No cocinarás el cabrito en la leche de su madre".

6) Las verduras, hortalizas y frutas pueden comerse tanto con carne como con leche.

7) El animal que se ingiere debe tener la pezuña hendida y el estómago rumiante. Este pequeño grupo de animales, a su vez, ingiere hierbas, y no se alimenta de otros animales.

8) Hay restricciones al consumo de algunas partes de los animales permitidos.

9) Los roedores, cerdos, caballos, primates, bestias y aves de rapiña y reptiles son prohibidos.

10) Los peces que pueden ser consumidos son solamente aquellos que poseen escamas y aletas.

EL AMOR A DIOS, EL AMOR AL PROJIMO


¿Cómo se expresa o demuestra?
¿Es un sentimiento?
¿Una emoción?

En la 1ª. Carta a los Corintios 13:4-8 , el apóstol Pablo exhorta sobre la calidad del amor que debe existir en un cristiano en relación a su prójimo. “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser;…”
Algunos de los efectos del amor se estipulan aquí para que sepamos si tenemos esta gracia; y si no la tenemos, no descansemos hasta tenerla. Este amor es una prueba clara de la regeneración y es la piedra de toque de nuestra fe profesada en Cristo. Se quiere mostrar a los corintios con esta bella descripción de la naturaleza y los efectos del amor que, en muchos aspectos, su conducta era un claro contraste con aquel. (Comentario Matthew Henry)
Ahora, ¿tenemos que amar a Dios como debemos hacerlo con nuestro prójimo? Con respecto de nuestro amor a Dios, La Biblia nos expresa que le debemos amar por sobre todas las cosas. El Evangelio de Marcos 12:29-30, por ejemplo, dice: “Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento…” El apóstol Juan en su Evangelio repite lo que Jesús mismo define como el amor a Dios: Juan 14:23 “Le contestó Jesús: -El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra v ivienda en él.” NVI Estos versículos, entre otros, nos dejan de manifiesto que el Mandamiento de Dios: amar a Dios y al prójimo, no es un sentimiento basado en emociones, sino una decisión concreta y personal a amar como Dios manda. ¿Es posible hacerlo? Sí, con la ayuda del Espíritu Santo. El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos alude a una promesa para los que aman a Dios, es decir, para los que deciden obedecer y vivir de acuerdo a Su Palabra. Romanos 8:28 (en varias versiones para una mayor comprensión) Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (Reina Valera 1960) Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. (Nueva Versión Internacional) Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que l e aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo con su plan. (Biblia Lenguaje Sencillo) Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio. (Biblia Jerusalén) ¿No entiendo como Dios puede permitir que me acontezca esto? Es la pregunta que muchos nos hemos hecho en algún momento, por no decir varios momentos, de nuestra vida. Un día pedí consejo al pastor de la iglesia porque no entendía que pasaba conmigo. Espiritualmente estaba viviendo una etapa muy especial y maravillosa con Dios. En cambio en lo material (trabajo) la situación iba de mal en peor y muchas veces reclamé a Dios en mis oraciones y similar a Job dije: ¿Señor acaso no te das cuenta que te amo y te sirvo? Sabiamente el pastor me hizo entender que no existe ninguna relación proporcional en la Biblia que diga: a más bendición espiritual, más bendición material. Y añadió: ¿te has preguntado qué es lo que Dios desea o pretende con tu vida? El resultado de esa prueba, fue que Dios desbarató toda mi vida para que me diera cuenta que a Él no le sirvo, si lo seguía haciendo según mi propio criterio. Toda persona que ha prometido sinceramente servir a Dios, ha sido llevada por el Señor a situaciones, a veces extremas, que han transformado su manera de pensar, de vivir el Evangelio y sobretodo su carácter. La promesa en Romanos 8:28, es que todo lo que Dios permita nos acontezca es para nuestro bien y para que definitivamente aprendamos a confiar en Él.
La segunda parte de Juan 14:23 termina diciendo: “…y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él.” Dios habita en corazones acondicionados, “amoblados”, por El. Para ello, El ejecuta una labor de limpieza, renovación y restauración completa a Su necesidad, pues desea sentirse cómodo y libre para actuar y vivir. Todo aquel que decide ama r a Dios, decide juntamente obedecerle. Pero, debes saber que Dios te transformará de acuerdo a Su propósito. El Señor nos ha llamado a ser sal y luz al mundo Mateo 5:14. Para que la sal y la luz surtan el efecto que Dios espera deben cumplirse también en nosotros, las condiciones mencionadas en los bienaventurados (Mateo 5:3-11).
Eso requiere cambios radicales en todos los ámbitos de nuestra vida. Sobretodo lo que respecta a nuestra dependencia de Nuestro Señor; “…porque separados de mi, nada podéis hacer” (Juan 15:5)
Por lo mismo, mi consejo es que admitas la necesidad de cambios en tu vida, pues no es otra cosa que el reflejo del amor del Padre por ti (Juan 14:23). Esto, su Amor, provocará en ti a amarle (obedecerle) con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Además, aprenderás a amar a tu prójimo como se describe en 1ª. Carta a los Corintios 13:4-8.

TUS ACTOS SON TAN GRANDES COMO TU AMOR


¿Porqué echó ella más que todos? Jesús lo dice: porque dio todo lo que tenía, lo cual le demandó un gran sacrificio, un sacrificio que sólo quien ama sin reservas puede hacer. (Nota 2) Lo que determina el valor de lo que uno hace es el amor con que lo hace. El amor da valor a nuestros actos. El acto más pequeño, más insignificante y más rutinario, hecho por amor a Dios o al prójimo, tiene un valor inmenso.

La acción más heroica hecha por amor de la gloria pero sin verdadero amor, vale muy poco en comparación. El que tiene todo dando de lo que le sobra, da con indiferencia porque no le cuesta dar. Aquel a quien le cuesta dar porque le falta aun lo indispensable, sólo puede dar u obligado o por amor. Hay pues aquí una regla: el amor da valor a nuestras acciones; la indiferencia quita valor aún a nuestras mejores acciones. (Nota 3).

Esta es la misma doctrina que enuncia Pablo en 1Cor 13: "si entregase mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor, de nada me sirve." (vers.3). En otro lugar volverá Pablo sobre el tema cuando dice que "Dios ama al dador alegre" ("2Cor 9:7); esto es, a quien, aunque le cueste separarse de su única moneda, le alegra devolver a Dios una parte de lo mucho que ha recibido de Él ¡Cómo pudiéramos dar nosotros de lo nuestro con el desprendimiento y amor que mostró esta viuda! (Nota 4). La pobreza, da libertad en lo espiritual, pero la quita en lo material. Escojamos el dominio en que queremos ser libres. Es una gran verdad que las posesiones nos impiden amar a Dios; Atan nuestro corazón. En cambio el que no tiene nada puede amar a Dios con todo su corazón, porque su corazón está libre y no está apegado a lo que posee. Ese es el motivo por el cual Francisco de Asís valoraba tanto a la "hermana pobreza" y la exigía de sus seguidores. No por la pobreza misma, sino porque ella libera el corazón del hombre. (Nota 5).

¡Cuán cierta es la frase de Jesús: "Donde está tu tesoro está tu corazón"! (Lc 12:34). No hemos comprendido toda su profundidad. El que tiene un gran tesoro tiene su corazón acaparado totalmente por él, al punto que no puede amar otra cosa que no sea su dinero. El dinero se vuelve como un agujero negro que absorbe todas sus energías y las atrae a su núcleo en un remolino voraz. En cambio el que tiene poco, tiene poco de qué preocuparse "Dulce es el sueño del trabajador,-dice el Eclesiastés- coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia". (5:12). El que va ligero de equipaje, y esa es una buena imagen de la ausencia de posesiones, viaja más libremente y puede moverse con más libertad.

El que lleva mucho equipaje tiene mucho en qué pensar y mucho que cuidar y por eso camina dificultosamente. Sin embargo, se dice, que la pobreza es una carga pesada y que quita libertad al que la sufre. Y es cierto. ¡Qué limitado está el pobre en sus deseos y en la satisfacción de sus necesidades! En cambio el rico todo lo puede. Se da lujos sin pensar que con lo que malgasta salvaría a muchos de la miseria. Decide, manda e impone sus caprichos porque con su dinero compra las voluntades. Pero todo depende del color del cristal con que se mire, según reza el dicho. El dinero da libertad en lo material, pero la quita en lo espiritual. La pobreza es al revés, da libertad en lo espiritual, pero la quita en lo material. Escojamos el dominio en que queremos ser libres.

La mayoría de los hombres escogerá un sano término medio: "…no me des pobreza ni riqueza; manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga ¿Quién es el Señor? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios" (Pr.30:8,9). O como dice el apóstol: "Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto." (1ª Tm.6:8). Pero hay quienes niegan esta doctrina, que es la más bíblica de todas las referentes al dinero, y predican lo contrario (Nota 6).

¡Ella encierra tanta verdad en lo que se refiere a la eficacia de la predicación! Jesús la tuvo en cuenta cuando mandó a los doce a predicar de dos en dos: "no toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas." (Lc.9:3, véase también Mt.10:9,10). Juan Bautista, Jesús, Pablo ¿llevaban puestos vestidos costosos y se desplazaban en carruajes? Si así fuera ¿quién los hubiera escuchado? ¿Se puede predicar a Cristo llevando un anillo de oro engastado con brillantes en el dedo?

Se ha criticado la época en que los prelados eclesiásticos llevaban al pecho cruces con piedras preciosas, y vivían en palacios ostentosos; tiempos en que la iglesia ya no podía decir como Pedro: "oro y plata no tengo" porque de ambas cosas estaban repletas sus arcas. Pero tampoco podía decir: "levántate y anda", porque carecía del poder para sanar enfermos (Hch.3:6). Aunque no se daba cuenta, era pobre de solemnidad en lo espiritual: "Porque tú dices yo soy rico, y me he enriquecido,, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo." (Ap.3:17).

Ahora los que criticaban con buen motivo a esa iglesia del pasado quieren imitarla. Anhelan poseer sus defectos como si fueran virtudes. El amor da valor a nuestras acciones; la indiferencia quita valor aún a nuestras mejores acciones. Este pasaje nos muestra también cómo Dios observa todos los acontecimientos humanos; penetra en el corazón del pobre y del rico "y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hb 4:12). Nuestros actos más triviales pueden tener para Él gran importancia, y los que consideramos relevantes, ninguna.

Lo que el pobre hace desde su miseria, y que nadie nota, puede ser para Dios de mucha mayor trascendencia que el acontecimiento que destacan los titulares de los diarios. La posición actual que ocupa el hombre en la sociedad y en el mundo es incierto indicio de la que ocupará en la otra vida. O, más bien, nos permite adivinar cuál será, en contraste con la presente, porque "los últimos serán los primeros y los primeros, últimos" (Lc 13:30)

También cabe preguntarse ¿por qué se fijó Jesús en la viuda? No sólo por su desprendimiento, creo yo, sino también porque padecía necesidad. Todo el que sufre o pasa hambre atrae la mirada de Dios mucho más que el que está satisfecho. Pero entonces se preguntará ¿por qué Dios no acude a solucionar sus angustias y permite que continúe su miseria? Nosotros no podemos comprender cómo Dios actúa. Su tiempo y su perspectiva es muy distinta y mucho más vasta que la nuestra (Is 55:8,9).

Pero en su momento todo dará su fruto. Los hechos ocultos aparecerán en todo su esplendor ignoto, y las que parecían proezas gloriosas las dispersará el viento como hojarasca. El pobre y el rico cosecharán lo que sembraron ("Los que sembraron con lágrimas con regocijo segarán", Sal 126:5). Mirarán atrás y verán cómo su vida fue un suspiro que pasó raudo como el viento. Y que lo que sufrieron o gozaron es poco comparado con lo que ahora les espera, porque la verdadera vida recién empieza (Nota 7).

Notas al pie

(2) En el pasaje paralelo, Mr 12:41-44, se dice que antes de hablarles de la viuda, Jesús llamó a sí a sus discípulos, que posiblemente se habían dispersado por el atrio donde se desarrolla el episodio. Si los llama es porque tiene algo importante que enseñarles.

(3) A todos nos agrada más el servicio que nos brindan con cariño que el servicio hecho con frialdad. Por eso algunas tiendas enseñan a sus empleados a sonreír a sus clientes y a estar atentos a sus deseos.

(4) A muchos extranjeros que viajan por los pueblos de nuestra sierra les choca la pobreza en que vive la gente, pero les llama también mucho la atención lo generosos que son al mismo tiempo. Se desviven por atender con lo poco que tienen a su huésped que lo tiene todo. Su grandeza de alma (porque la generosidad es grandeza) brota de su pobreza. En cambio hay muchos ricos que cuanto más tienen más tacaños son. Su dinero ha invadido su corazón y lo ha petrificado. Su riqueza los empobrece.

(5) Hace unos días regresaba de la Feria del Libro llevando unos preciosos libros que había comprado a buen precio, y me había propuesto ponerme a orar al llegar a casa. Al trasponer la puerta sentí como si el Señor me dijera: Ahora no me puedes amar porque tienes el corazón ocupado por tus libros. Y es verdad: El apego que tenemos por las cosas nos impide allegarnos a Dios. Por eso Dios a veces nos quita las cosas; es decir, permite que nos las roben o que se pierdan, para que pensemos más en Él.

(6) Soy conciente, sin embargo, que en nuestro país hay una cultura de la pobreza que limita las iniciativas y oprime a la gente, y que es bueno enseñar a la gente que con la ayuda de Dios es posible superarla y alcanzar una sana prosperidad así como prospera su alma (3Jn 2).

(7) ¡Qué contraste entre esta viuda y la viuda que presenta sus demandas al juez! (Lc 18:1-8). Mientras que la primera va humilde a depositar su ofrenda, la otra insiste tercamente en sus derechos hasta obtener lo que desea. No que estuviera mal lo que ella hizo. Al contrario, Jesús la pone como ejemplo de perseverancia en la oración. Pero la viuda pobre nos atrae más porque era humilde. Notemos también que, al desprenderse de todo que tenía para su sustento, ella hace un gran acto de fe en Dios confiando en que Él puede proveer lo necesario ¿Podemos imaginar el gozo y la paz que sintió ella cuando retornaba a su hogar? No hay nadie de quien Dios se agrade que no experimente un reflejo del gozo que proporciona a su Señor.

FIDELIDAD EN LAS FINANZAS


Parece mentira, pero entre más dinero recibimos menos tenemos. Por lo visto, tenemos poca resistencia a la tentación de gastar todo lo que nos llega a la mano y que, cuanto mayor es nuestra ganancia, más razones tenemos para gastarla. Es indudable que la administración del dinero es un gran desafío para todas nosotras. Los gastos familiares son cada vez más altos; con los hijos crecen las exigencias, y la presión de la cultura consumista se hace cada vez más fuerte.El sano crecimiento viene de la disciplina y la sensatez a la hora de llevar la mano a la cartera. Pensamos que solamente mediante un evento «milagroso», como la llegada de una herencia inesperada o la adquisición de un mejor trabajo, podremos salir de los problemas financieros y del endeudamiento excesivo.

Por doquier vemos los estragos que puede causar una mala administración de los bienes y el dinero. Personas que, poco a poco, se hunden en un mar de deudas y de compromisos que ellos mismos se imponen. Lo más triste es que estos no necesariamente están ligados a las necesidades básicas. En el peor de los casos hasta acaban con su vida por la desesperación que una terrible situación financiera les causa.

Por supuesto, cada caso es diferente. Pecaríamos de inocentes si creyéramos que todos los casos de desajuste financiero se producen por mala administración. Debemos reconocer que en nuestro continente muchas familias no reciben lo necesario para suplir ni sus necesidades más básicas y urgentes. Sin embargo, no debemos caer en el engaño de creer que planificar y administrar es solo para aquellos que tienen muchos bienes y que los que tienen menos posibilidades económicas solo pueden limitarse a gastar en lo urgente sin hacer consideraciones de prioridad.

Si no establecemos un buen sistema que regule y controle nuestros gastos, que incluya un presupuesto y la evaluación permanente de nuestros criterios, no hay dinero que sea suficiente para sostenernos. El crecimiento y los buenos resultados vienen de la disciplina y la sensatez a la hora de llevar la mano a la cartera (en nuestro caso).

El Señor está interesado en bendecirnos en todas las áreas de nuestra vida. Este deseo incluye, por supuesto, nuestra vida financiera; mas espera de nuestra parte fidelidad a sus principios sólo el libro de proverbios tiene un sinnúmero de recomendaciones sobre el manejo del dinero y los bienes y una clara conciencia de lo que agrada a Dios en cada circunstancia particular.

Hay quienes piensan que con dar el diezmo están cumpliendo todas sus responsabilidades financieras con Dios y su Obra. La realidad es que todo lo que poseemos pertenece al Señor y el 90% que utilizamos para cubrir nuestros gastos también proviene de su mano amorosa. Por esta razón, debe ser invertido con orden y prudencia.

No creo que Dios se agrade de una vida llena de deudas innecesarias y enredos financieros nacidos de deseos equivocados o inoportunos. La sabiduría y buen juicio de una persona bien puede evaluarse por la forma en que invierte su dinero.

La parábola de los talentos hace alusión a la administración de unos bienes que un señor había dejado a sus siervos. Dos de ellos, según su capacidad, hicieron buenas inversiones y, por respeto a su señor, los devolvieron multiplicados. El tercer siervo según él, por temor no trabajó, ni pensó en formas de hacer crecer ese capital que se le había encomendado. Ya son de conocimiento general las duras palabras que el señor le dirigió a este hombre.La sabiduría y buen juicio de una persona bien puede evaluarse por la forma en que invierte su dinero. Al exaltar la acción de sus otros dos siervos, resalta la fidelidad dentro del límite del encargo y expresa su satisfacción con el cumplimiento de la tarea. El «bien, buen siervo y fiel sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré…» expresado con gratitud por el señor, sigue siendo una expresión que deseamos que el Señor de Señores nos dirija a nosotras. ¡Invirtamos con gratitud y sabiduría lo que Dios nos permite tener, sin importar lo poco o lo mucho que sea!

CUESTION DE ACTITUD

Si alguien me pidiera que nombrara las enseñanzas más significativas de mi vida, sin duda incluiría en el listado al tema de las actitudes. Cuando entendí el significado de las actitudes como factores claves de la conducta humana, pude experimentar un cambio muy significativo en mi trato con los demás. Esto se evidenció especialmente en una mayor facilidad para sortear con soltura algunas de las dificultades que son naturales en la vida de relación. 

Nuestra actitud puede definirse como positiva o negativa y, según los psicólogos, somos negativos ¡en un 80 a 90% del tiempo! Frente a las distintas circunstancias de la vida que debemos encarar, expresamos estas actitudes en un «sí, puedo» o en un «no puedo».

Quizá sea en el área de nuestras relaciones con los demás en donde más influyan nuestras actitudes. El diccionario define a la palabra actitud como «postura del cuerpo», y en un sentido figurado, como «disposición de ánimo manifestada exteriormente». En otras palabras, es la evidencia física (exterior) observable en nuestros ademanes, gestos y postura, de nuestro sentir (interior). Dicho de otra manera: lo que sentimos en nuestro corazón se verá reflejado, de alguna manera, en nuestra conducta. Quizá sea en el área de nuestras relaciones con los demás en donde más influyan nuestras actitudes. Instintivamente, al estar frente a una persona, la empezamos a evaluar, tomando primeramente en cuenta su apariencia, y fijándonos después en lo que dice y hace. También tenemos en cuenta la forma en que se expresa y la manera en que hace las cosas. 

Evaluamos a las personas según lo que podríamos llamar las Cinco Áreas de Apreciación, las cuales son cómo luce, qué dice, qué hace, cómo lo dice, cómo lo hace. Aún antes de haber iniciado una conversación con alguien tomamos en cuenta su vestimenta, facciones, estatura, semblante, expresión de rostro, y todos los detalles por los cuales «luce» como persona, poniéndolos en la «balanza» de nuestra evaluación y, según la «pesada» de lo que nos agrada o desagrada, decidimos si la persona merece nuestra aprobación. Según el sentir resultante, nuestra actitud hacia esa persona será positiva o negativa. Si fuere negativa, por más cuidado que pongamos en lo que decimos, nuestro sentir trascenderá y, por ende, se resentirá la relación. 
 
Si nuestra apreciación de cómo luce la persona genera en nosotros una actitud positiva hacia ella iniciaremos una conversación influida por esa actitud, hasta que, quizás algo de lo que diga, o cómo lo diga nos produzca rechazo, con el consiguiente cambio hacia una actitud negativa. La misma reacción puede ser producida de entrada por algo que la persona haga, o el cómo lo haga. ¿Cuántas veces, por ejemplo el solo hecho de que una persona esté fumando nos vuelve negativos hacia ella, debido a nuestro sentimiento de desaprobación? Lo que la persona hace influye en nuestra actitud. Una persona puede estar comiendo, cosa que no desaprobamos en sí misma, pero sí rechazamos cómo come; nuestra actitud es afectada nuevamente como consecuencia. 

De manera que valuamos constantemente a las personas a través de estas cinco áreas en nuestra vida de relación. Sin embargo, debemos tener muy en cuenta que, así como nosotros juzgamos a los demás a través de estas cinco áreas, ellos nos juzgan a nosotros. Esto significa que, en nuestro trato con los demás, tanto nuestra actitud como la de aquel que tengamos delante de nosotros serán claves en cualquier conversación que entablemos. Una de las evidencias más claras de una actitud negativa en el trato con los demás es la que se manifiesta en la crítica o en la queja; la tendencia natural a ver lo que está mal y no apreciar lo que está bien. 


Cuando un niño llega de la escuela con su boletín de calificaciones y se lo presenta a uno de sus padres, ¿qué es lo Primero que éste comenta? ¡Así es! ¡La calificación baja! Lo hace porque esa mala nota apela a esa actitud negativa de ver lo que está mal. Pero, ¿cómo responde el hijo? ¿Coincide con el padre respecto de su mala conducta? Lo más probable es que no lo haga. Muy por el contrario, él también se pondrá en una actitud negativa justificándose con un sin número de argumentos que, con toda creatividad, irá presentando en defensa de su posición, dificultándole al padre la solución del problema por no reconocer su error. En cambio, si el padre empezara por comentar lo que está bien (y siempre hay algo bueno cuando lo buscamos con la correspondiente actitud
positiva), partiría de una base positiva sobre la cual podría edificar junto con su hijo. Podríamos ilustrar esto de la siguiente manera: 

Enfoque Negativo Padre: «¿Pero cómo? ¿Otra vez un 3 en Historia? ¡ Siempre el mismo inútil! ¿No te da vergüenza? ¡Con todo el sacrificio que hacemos para mandarte a la escuela!» (etc., etc.). Hijo: «Pero papá, ¿no ves que tengo muchos deberes para hacer, que no tengo tiempo de estudiar todo, que la maestra no nos sabe enseñar, que el compañero de banco siempre me distrae, que estuve enfermo el día de la prueba y que etc., etc.,. etc.?» Padre: No sé..... No sé... Ya no sé qué hacer contigo para que estudies 

Enfoque Positivo Padre: Veo que te sacaste un 8 en Aritmética. ¡Muy bien hijo! ¡Te felicito! ¡Estoy orgulloso de tu logro! ¿Cómo hiciste para sacarte una nota tan buena? Hijo: Y papá, imagínate. Me esforcé mucho, estudié todos los días, hice todos los deberes, me dediqué mucho. Padre: ¡Qué bien, hijo! ¡Así es como se progresa! Ahora, aquí veo que en Historia no te ha ido tan bien. ¿Qué fue lo que pasó? 

NOTA: Habiendo establecido una base positiva al comentar y señalar lo que está bien, el padre apela a lo positivo en su hijo. Al partir de esa base, es muy probable que el hijo le responda positivamente, y colabore con el padre para resolver juntos el problema. Hay una ley física que dice que a cada acción le corresponde una reacción opuesta de igual intensidad. ¡Cuán cierta es esta verdad en nuestro trato con los demás! Si nos acercamos a una persona con una actitud negativa, lo más probable es que reaccione negativamente. 

En cambio, si iniciamos una conversación con una persistente actitud positiva, aun cuando la otra persona esté negativa, terminará con una actitud positiva por la influencia de nuestra acción. Volviendo a la ilustración del niño escolar, tengamos en cuenta que ya se ha condenado a sí mismo por esa mala nota al presentarle el boletín a su padre. Con toda seguridad, su mayor deseo sería cambiarla o solucionar el problema de alguna forma, si le fuera posible. Pero si de entrada su padre lo encara con un reproche, el niño reaccionará negativamente, defendiéndose. Pero si lo encara positivamente, partiendo de una base positiva, el padre demostrará ser un líder que tiene sus ojos puestos en la solución y no en el problema.

Si debemos amar a nuestro prójimo «como a nosotros mismos», la actitud que tiene Dios para con nosotros debería trascender hacia los demás. La enseñanza es, entonces, que debemos tener muy en cuenta que las actitudes definen el resultado del trato con las personas y que, por lo tanto, para tener éxito en nuestras conversaciones con los demás debemos:
  1. Examinar nuestra propia actitud hacia la situación o la persona, y determinar si es positiva o negativa.
  2. Si nuestra actitud fuere negativa, deberemos transformarla en positiva, mirando a la otra persona desde la perspectiva de Dios, con su amor y misericordia.
  3. Debemos tener en cuenta cuál es la actitud de la persona con la cual vamos a tratar.
  4. Acercarnos a la persona de acuerdo con la actitud que manifieste. Si fuere negativa, proponernos transformarla en positiva.
El versículo citado al comienzo de este artículo resume el pasaje que comienza en el versículo 5, y que habla sobre las actitudes del viejo hombre, las que el cristiano debe dejar (v. 8) y las del nuevo hombre, de las cuales se debe vestir (v. 12). En ese pasaje se nos exhorta a «vestimos» como escogidos de Dios, santos y amados (v. 12). Si para Dios somos «escogidos, santos y amados», ciertamente esto debería afectar nuestra actitud hacia nosotros mismos en la gracia de Dios. Si debemos amar a nuestro prójimo «como a nosotros mismos», la actitud que tiene Dios para con nosotros debería trascender hacia los demás. Las actitudes mencionadas en el pasaje son: entrañable misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándonos y perdonándonos unos a otros teniendo en cuenta lo mucho que Cristo nos ha perdonado. Si tenemos este sentir, influiremos, para el Señor, en las actitudes de los demás.