PONTE LA ARMADURA DE DIOS

La guerra espiritual no consiste sólo en enfrentarse a grandes demonios y espíritus del mal, sino también a pequeñas flechas que el enemigo te lanza a cada momento de tu vida. 


Son flechas encendidas que pueden hacer que tu ser entero se incendie en un fuego del mal: duda, desánimo, mentira, mirar cosas que dañan tu mente, preocupación, pensamientos negativos, tomar lo que no es tuyo, mal carácter, palabras que dañan y mucho más. Son las tentaciones.

Esas tentaciones son las primeras a vencer antes de enfrentamientos con las potestades y gobernadores de las tinieblas. Por eso Dios nos recomienda ponernos siempre la armadura de Dios para el cristiano, sólo de esa manera podremos resistir todos los ataques del enemigo. Esta armadura consiste en lo siguiente: Efesios 6:14-18


> El casco de la salvación para proteger tu mente de los pensamientos negativos (culpa, condenación, ataduras).


> La coraza de justicia para proteger tu corazón contra toda tendencia a la maldad. Justicia quiere decir rectitud, honestidad, integridad.


> El cinturón de la verdad para hablar y vivir en la verdad de Cristo.


> Los zapatos del evangelio de la paz para salir a difundir las nuevas de salvación a los que no la conocen.


> El escudo de la fe protege las promesas que Dios te ha dado, se opone a la duda y a la incredulidad.


> La espada de la Palabra de Dios es el arma mortal que evitará que el enemigo se acerque mucho a ti. Basta con que le digas: “Escrito está:” Por eso es importante leerla, meditarla, memorizarla y creerla. Cuando declaras la Palabra de Dios el enemigo huye.


Es muy importante orar siempre... leer, obedecer y aplicar la Palabra de Dios en todas las circunstancias de nuestra vida... acompañar la oración con ayuno como disciplina para someter la carne y fortalecer el espíritu.


Te aseguro que el enemigo va a pensárselo muy bien antes de acercarse a ti. Serás libre de toda persecución del mal, miedo se irá de tu vida y disfrutarás la llenura de la presencia de Dios. ¡Hay victoria en Cristo Jesús!

FE MUERTA

14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?

17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? 26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

¿Fe? ¿Obras? ¿O fe y obras?

¿Qué es una fe falsa? Una fe falsa es aquella que no da fruto, aquella que no evoluciona, que no cambia, que no se desarrolla. Aquella que se guarda para sí misma el regalo de la salvación y lo entierra en la tierra sin sacarle ningún rédito.

La fe es la doctrina clave de la vida cristiana. El pecador es salvo por fe (Efesios 2:8-9) y el creyente debe caminar por fe (2 Corintios 5:7). Sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6) y cualquier cosa que hagamos fuera de la fe es pecado (Hebreos 11:6)-

Alguien dijo que la fe no es creer a pesar de la evidencia, sino obedecer a pesar de las consecuencias. Cuando leemos Hebreos 11 nos encontramos con hombres y mujeres que actuaron a partir de la Palabra de Dios. La fe no es algo abstracto y nebuloso. Es la confianza en que la Palabra de Dios es verdad y que obrar en todo momento de acuerdo a esa convicción traerá bendición a nuestra vida.

En este fragmento, Santiago habla sobre la relación entre la fe y las obras. ¿Somos salvos solo por la fe? ¿Somos salvos por la fe y las obras? ¿Sólo por las obras? A veces nos confundimos con este tema.

Como he dicho antes, el pecador se salva por fe. Nada más. Solo por fe.

Efesios 2:8-9

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Las obras deben venir como consecuencia de esa fe.

Efesios 2:10

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Una vez que somos salvas, nuestra vida cristiana debe componerse de una obra tras otra. Dios ha preparado esas obras para nosotras ¡están ahí! Tan solo debemos caminar en ellas, remangarnos y ponernos manos a la obra.

Fe muerta

Incluso en la iglesia primitiva había personas que decían ser salvas pero que no lo eran. Jesús decía: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21)

Las personas con fe muerta conocen el vocabulario cristiano para orar o para dar testimonio. Incluso pueden citar versículos, pero su forma de vivir no está a la altura de sus palabras. Piensan que lo que dicen es suficiente, pero no es así. Las obras son la verdadera marca del creyente.

Santiago da la ilustración del pobre que llega sin ropa y con hambre. La persona con fe muerta se da cuenta y le dice “Id en paz, calentaos y saciaos” pero no hace nada por suplir su necesidad, aun pudiendo hacerlo.

Como creyentes, tenemos la obligación de ayudar a suplir la necesidad de otros, sea la que sea –

Gálatas 6:10

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.”


Ayudar a una persona que tiene una necesidad es una expresión de amor. Y la fe obra por amor (Gálatas 5:6). A lo mismo se refiere el apóstol Juan en 1 Juan 3:17-18 o la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37).

Cualquier declaración de fe que no resulta en una vida cambiada y en buenas obras es una fe falsa. Esa persona tiene una experiencia intelectual de la fe, conoce la doctrina, pero nunca se ha sometido a Dios.


Fe Viva

La fe viva es una fe real, una fe que tiene como resultado una vida cambiada. Es una fe que está basada en la Palabra de Dios.

Santiago utiliza la ilustración de Abraham y Rahab para ejemplificar la fe viva, una fe que tiene, como objeto, la persona de Cristo. La fe viva siempre está basada en la obra de Jesús en favor nuestro.

La fe verdadera afecta a la mente, al corazón y a la voluntad. Estas personas en Hebreos 11 eran hombres y mujeres de acción: Dios habló y ellos obedecieron. La fe verdadera siempre guía a la acción, al cambio, a la regeneración del creyente, a las obras, al servicio.

Tito 3:8

“Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.”

Según Warren Wiersbe, Santiago 2 enfatiza que el cristiano maduro practica la verdad. No se queda solo en las palabras y en las doctrinas, sino que lleva lo que conoce de Dios y Su Palabra a la práctica. Su fe es la fe dinámica de Abraham y Rahab, una fe que cambia la vida y hace obras para Dios.

Es importante que cada creyente examine su propio corazón y su vida y se asegure de que su fe sea viva:

2 Corintios 13:5a

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.”

EL EL DEBIDO TIEMPO

"Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo". Salmo 145:15
El tiempo de Dios, no es el tiempo del hombre. Lamentablemente, a los ojos de los humanos. Felizmente, en la opinión de Dios. Para entender esto, la criatura necesita atravesar el valle del dolor y de la frustración a donde su obcecación la lleva.
En el versículo de hoy, el salmista menciona la expectativa humana. "Los ojos de todos", dice él. Aquí está incluida la humanidad toda. Todos somos así. Apurados e inmediatistas. Queremos que las cosas sucedan, aquí y ahora. Tal vez porque la vida es corta para realizar tantos sueños y proyectos.
Las personas descritas por el salmista no esperan lujo, ni extravagancias. Apenas alimento. Nada más básico para la sobrevivencia. ¿Es mucho esperar por el pan de cada día? ¿Qué clase de Dios es ese que parece insensible ante las necesidades básicas de sus hijos?
El salmista toma la metáfora de la naturaleza. La naturaleza enseña a entender la vida.
¿Alguna vez observaste cómo alimentan los pajaritos a sus polluelos? Es una banda de hambrientos, llorando, y disputándose el alimento que la madre trae. Cada uno lucha por la sobrevivencia y trata de sacar el alimento del otro. Darwin diría que en esas circunstancias sobrevive el más fuerte. No es verdad. La madre pájaro es instintivamente sabia y alimenta a cada polluelo, a su debido tiempo. Ella no ignora la necesidad de cada uno, ni se conmueve con la impaciencia, ni con los gritos. El tiempo de los polluelos no es el tiempo de la madre.
Si tú confías en Dios y sales a la batalla y, a pesar de eso, las cosas no salgan como quieres, ten paciencia, coloca los ojos en Jesús y espera tu tiempo. Él vendrá. En el momento preciso. Ni antes, para que no te deslumbres; ni después, para que tus enemigos no se burlen de tu fe. El éxito no es una meta que tienes que alcanzar. Es un proceso que incluye confianza en Dios, lucha, esfuerzo, lágrimas, aparentes derrotas y, por sobre todo, paciencia.
Busca hoy a los seres a quienes amas. Diles cuán valiosos son para ti. Anímalos y dales valor. Las personas son como un espejo. Si tú sonríes, ellas sonríen; si tú frunces el rostro, recibes la misma imagen.
Antes de salir ahora para enfrentar los desafíos de hoy, di como el salmista: “los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo".

5 MANERAS DE LIBRARSE DEL ESTRÉS

Una vez que notamos que el estrés está tratando de evitar que experimentemos lo mejor de Dios en nuestras vidas, podemos empezar a realizar algunas elecciones para cambiar las cosas. Aquí le presento algunos pasos rápidos que puede dar el día de hoy para iniciarse en la lucha contra el estrés:
1. Busque apoyo social
Los estudios han demostrado que el aislamiento lleva a padecer niveles de estrés elevados. Como seres sociales, pasar tiempo con otras personas es una de las mejores maneras de aumentar nuestra perspectiva. Hay varios recursos sociales que trabajan de forma diferente, según el individuo. Aquí le sugiero algunos:
• La familia: pase tiempo con los miembros de su familia que le amen y lo apoyen. No los subestime.
• La iglesia: la iglesia local es donde se reúne la familia de Dios para adorarlo, aprender su Palabra y animarse unos a otros. Si no es miembro de una iglesia estable, basada en la Biblia, le animo a unirse a una a la cual pueda asistir.
• Grupos y clubes. Los grupos sociales de todo tipo: clubes literarios, de ejercicios, de estudios bíblicos, incluso los grupos de amigos que simplemente se reúnen para cenar una vez a la semana. Todos ayudan a reducir el estrés.
• Terapia: si no tiene nadie con quien hablar, dejar fluir sus emociones con la ayuda de un terapeuta puede ser de gran ayuda para reducir el estrés e incrementar la salud emocional en general. Le sugiero que se asegure de que se trata de una persona que conozca muy bien la Palabra de Dios, para que el Espíritu Santo, que es “el Consejero” dirija los consejos de esta persona hacia usted.
2. Practique la “terapia de dejar pasar”.
Algunas cosas en la vida las podemos controlar: el trabajo que escogemos, los amigos con los que compartimos, la cantidad de café que ingerimos, y la hora en que nos vamos a dormir. Pero otras cosas no las podemos controlar: lo que digan o hagan los demás, las fluctuaciones en la economía, el conductor grosero en la autopista.
La forma como reaccionemos ante las cosas que no podemos controlar muchas veces determinan nuestro nivel de estrés. Las personas que se alteran con frecuencia por cosas insignificantes se frustran fácilmente y se llenan de mucho estrés. Quienes dejan pasar esas cosas son mucho más felices.
Dejar pasar no significa que debemos ser indiferentes o que no nos debe importar lo que pase a nuestro alrededor, sino simplemente que reconocemos que no hay nada que podamos hacer en ese momento para cambiar la situación. Lo mejor que podemos hacer cuando las cosas están más allá de nuestro control es dejarlo pasar y confiar en que Dios hará que todas las cosas trabajen para nuestro bien (ver Ro. 8:28).
3. Encuentre su zona de comodidad… y quédese ahí.
Estoy convencida de que habría mucha más felicidad y menos estrés en el mundo si la gente se tomara el tiempo de conocerse a sí misma y su zona de confort, y permaneciera allí. Esto va más allá del sitio de trabajo. Si hay algo en su vida que le está robando el gozo o la salud, esa no es su zona de confort, salga de allí lo más rápido que pueda. Eliminar de su agenda todas las cosas que no están trayendo buenos frutos reducirá en gran medida su nivel de estrés y le permitirá disfrutar de las cosas en la que usted elija concentrarse.
4. Nutrición, suplementos probados, dieta saludable y ejercicio.
Lo que ponemos en nuestro cuerpo tiene un enorme impacto en nuestros niveles de estrés. La nutrición adecuada, los suplementos probados, y una dieta saludable en general, influyen enormemente en la forma como nos sentimos cada día. Lo animo a que de forma consciente realice una combinación bien balanceada de alimentos nutritivos y saludables, suplementos probados y vitaminas, que lo ayuden a combatir el estrés diario.
No puedo repetir lo suficiente la importancia que tiene hacer ejercicios de forma regular. Muchos creen que no tienen tiempo de ejercitarse, pero la verdad es que si no se toman el tiempo de hacerlo ahora, es probable que pierdan más tiempo visitando doctores y teniendo que permanecer inactivos e improductivos porque se sienten mal. ¡El ejercicio es una de las fuentes de energía más importantes que existen!
5. Programe tiempo para relajarse
Relajarse no es un acto egoísta o de gente floja. No es holgazanear. Es una manera de recargar las baterías desde el punto de vista físico, emocional y espiritual, lo que nos permite regresar al combate con las fuerzas renovadas. Logrará más y vivirá más tiempo y con mejor salud si se toma el tiempo de tratarse mejor.
Hay miles de formas de relajarse. Sea desconectándose con música, leyendo un buen libro, tomando un baño tibio a la luz de las velas, saliendo a caminar o realizando un deporte que nos guste, sabemos qué se siente estar relajados, y sabemos cuándo nos está ocurriendo. Lo animo a que haga de la relajación una parte de su vida diaria.
Si se ha sentido robado o engañado últimamente, si se ha preguntado ¿esto es lo que hay?, recuerde que una vida en Cristo se pone cada vez mejor. Proverbios 4:18 dice que “la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento (en brillo y claridad) hasta que el día es perfecto” (negritas añadidas).
¡Eso significa que Dios tiene grandes cosas para su vida! No importa cuán irritante, frustrante o estresante sea la situación que enfrenta el día de hoy, no permita que le roben su esperanza, o le disminuyan su gozo. Si confiamos en Dios y aprendemos a dejar ir todo el estrés que está tratando de refrenarnos, nos sorprenderemos de lo cuán mejor puede ser la vida.

DIOS CUMPLE SUS PROMESAS

En la Biblia, hubo personas que hicieron votos. Pablo lo hizo; el mismo Jesús lo hizo. Y, en Hebreos 6, dice que, cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo.
En Mateo 5, Jesús no estaba condenando el acto de jurar como tal, sino que estaba estableciendo la importancia de que conozcas qué es lo que conlleva el voto. La mala intención de los escribas y de los fariseos era amarrar a los demás, pero ellos no estar comprometidos. Con un juramento, te hacen creer algo, para hacerte responsable de tu parte, pero sin la intención del corazón de cumplir. Lo que Jesús estaba diciendo es que, cuando tú vas a hacer un voto, no es la otra parte la que tiene que cumplir. Delante de Dios, eres tú quien tiene que cumplir, eres tú quien te estás amarrando, quien te estás comprometiendo; eres tú quien tiene que cambiar y ajustar su vida.
En Génesis 28, Jacob sale de casa de su padre. En el camino, Dios le habló a través de un sueño, diciéndole que le iba a bendecir. Dios le prometió aquella tierra para él y su descendencia, le prometió una descendencia incontable, le prometió expansión, protección. Y la reacción de Jacob ante aquellas promesas de Dios fue hacer un voto. Jacob dijo: De todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
Una de las cosas más poderosas que, como creyentes, debemos aprender a hacer es honrar a Dios con nuestras finanzas. Muchos están en desacuerdo con que se exhorte a hacer voto a Dios; no están de acuerdo en que prometas a Dios que vas diezmar, si él te da la bendición que ha dicho que te va a dar, porque piensan que es poner en duda la palabra de Dios. Pero, en realidad, este es un voto legítimo; eso fue lo que hizo Jacob, y Dios aceptó ese voto.
Quizás alguno pudiera interpretar aquel voto de Jacob como un intento de atar a Dios. Pudieran pensar que Jacob lo que estaba era poniéndole una condición a Dios para que hiciera algo. Pero, en los versos anteriores, Dios no necesitó de aquel voto de Jacob para decirle que iba a hacer todo lo que dijo que haría con él. Dios dijo que haría todo aquello, porque él se lo había jurado a Abraham, y él cumpliría su palabra. Dios dijo: No te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Así que, con su voto, Jacob no podía comprometer a Dios, más de lo que ya Dios estaba comprometido. Cuando Jacob hace esa promesa, se compromete a sí mismo con Dios. Hasta aquel punto, Jacob se había valido de engaños para llegar hasta donde él quería llegar. Pero, por los próximos veinte años, por causa del voto que hizo a Dios, su carácter cambió. Jacob dijo que iba a trabajar siete años por la mujer que amaba, y cumplió. Lo engañaron, y le dieron Lea, por lo que tuvo que trabajar siete años más por Raquel. Dijo que lo haría, y cumplió. Así que, con aquel voto, Jacob lo que hizo fue comprometerse él a vivir de manera tal que permitiera que, entonces, Dios cumpliera su palabra sobre su vida.
Un voto no se trata de que pretendas atar a Dios, porque entonces estás dudando que él pueda hacer lo que él te ha prometido que él va a hacer. No hay tal cosa como hacer un voto para obligar a Dios a prosperarte. Ya él juró que te va a prosperar. El voto se trata de que establezcas que, mientras veas a Dios en tu camino, tú te vas a comprometer. No se trata de usar artimañas para buscar la prosperidad, sino de comprometerte a vivir de acuerdo a lo que Dios ha dicho que va a hacer contigo.
Veinte años más tarde, Jacob regresa a aquel mismo lugar, con dos campamentos. El hombre que hizo un voto sobre una piedrecita, regresa y hace un altar gigantesco. Regresó hecho un hombre próspero, bendecido. Su familia, ahora, creía en él. Hayas llegado como hayas llegado hasta donde estás hoy, entiende que Dios te ha dado una palabra. Cree en lo que él te ha dicho, a tal grado que te determines a cambiar tu vida. No uses más las viejas tácticas del pasado para obtener las cosas. Cada palabra que des, cúmplela.
¿Por qué para Dios es tan importante el voto? Porque Dios toma un voto, como si fuera la transacción completa. Cuando haces un voto a Dios, él te cree. Haz voto a Dios, comprometiéndote a que vas a hacer todo lo requerido, y créele al Dios Todopoderoso que él va a cumplir su palabra sobre tu vida.
Cuando Jacob hizo aquel voto, su vida cambió para siempre. Jamás fue el mismo. Esa es la diferencia de los votos. Tú no puedes amarrar a Dios, a lo que él se ha amarrado ya. Tú no puedes obligar a Dios, a lo que él ya se obligó. Él se obligó a perdonarte, a salvarte, a liberarte. No hay nada que tú puedas hacer para obligarlo a él, porque él ya se obligó. Él le dijo a Jacob que no le dejaría hasta hacer lo que le había dicho. En otras palabras: No se trata de ti, sino de que yo voy a cumplir mi palabra. La pregunta es si tú eres capaz de vivir la vida que le permita a Dios hacer lo que él prometió hacer. Por eso es que tu palabra es tan importante. Que tu sí, sea sí; y tu no, no. Vive bajo un estándar diferente al que vive el resto del mundo, para que tú puedas dar testimonio de que ha sido Dios quien te ha prosperado y te ha bendecido.  

ORANDO PARA TOMAR DECISIONES

Cada día tomamos decisiones. Desde cosas pequeñas como qué desayunar o qué ponernos a cosas más grandes como si aceptar un trabajo o no o mudarnos.

Hay decisiones que son fáciles de tomar, que están muy claras, y otras que… no tanto. ¿Qué hacemos entonces cuando debemos tomar una decisión que, de una manera u otra, nos afecta y no sabemos qué hacer?

Oramos.

El problema es que, a veces, estamos tan confundidas, que ni siquiera sabemos cómo orar.

Así que hoy te dejo 10 maneras de orar basadas en la Escritura para pedir a Dios que te dirija, guíe tus pasos y te ayude a tomar una decisión correcta.

1. Dile a Dios que confías en Él con todo tu corazón y que no quieres descansar en tu propia prudencia. Comprométete a reconocerle en todos tus caminos y déjale saber que confías en que Él enderezará tus veredas (Proverbios 3:5-6)

2. Clama la promesa de Dios en el Salmo 32:8 de que te hará entender, te enseñará el camino por el que debes andar y fijará Sus ojos sobre ti para poder guiarte.

3.  Pídele a Dios que te muestre tus errores y aquellas cosas que entorpecen que tomes una decisión conforme a Su voluntad. Pídele que te ayude a ver cuál es Su opinión en cuanto al asunto sobre el que tienes que decidir y que no te cierres a ver solamente qué es lo que opinas Tú (Proverbios 16:2)

4. Hazle saber a Dios que, simplemente, quieres para ti lo mismo que Él quiere para tu vida y que te ayude a comprender Sus tiempos y Su voluntad (Juan 5:30)

5. Repite las palabras del salmista: “Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por dónde ande, porque a ti he elevado mi alma” (Salmo 143:8)

6. Déjale saber a Dios que estás pidiendo Su guía, buscando Su voluntad, y llamando a la puerta del cielo. Clama Su promesa de dar al que pide, revelar al que busca y abrir al que llama (Mateo 7:7-8)

7. Pídele a Dios que forme en ti un espíritu humilde y de mansedumbre. Recuérdale Su promesa de encaminar a los humildes y enseñar el camino a los mansos (Salmo 25:9)

8. Ora las palabras del salmista: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad y enséñame, porque Tú eres el Dios de mi salvación; en Ti he esperado todo el día” (Salmo 25:4-5)

9. Alaba a Dios por ser tu roca y tu castillo, tu refugio y fortaleza. Clama Su promesa de guiarte y encaminarte (Salmo 31:3)

10. Pídele a Dios que enseñe Su camino y que te ayude a caminar en Su verdad. Ruega para que afirme tu corazón en cada paso que des y puedas conducirte con temor de Él (Salmo 86:11)


Y después de que hayas orado…escucha. Dios quiere guiarte. Dios quiere que conozcas Su voluntad para tu vida. Pero también quiere que puedas detenerte a escuchar Su voz y a obedecer lo que Él tiene para ti aunque no coincida exactamente con lo que tenías pensado.

LA RESURRECCIÓN COMO BASE DE NUESTRA FÉ

La resurrección de Jesús es la prueba más importante de la veracidad de la fe cristiana. La resurrección apoya la inspiración divina y la confiabilidad de las Escrituras, y no a la inversa. He visto personas que han caído en una crisis de fe al descubrir una dificultad que las Escrituras no puedan explicar. La lista de dificultades que los críticos pueden inventar es bastante larga. Aunque la mayoría de ellas se puede resolver aplicando paciente y objetivamente la ley de la no contradicción, o simplemente recurriendo al uso de la ley del sentido común, nuestra fe no se puede poner en pausa hasta que dichos problemas sean resueltos. El cristianismo creció porque los apóstoles predicaron que Cristo había sido levantado de entre los muertos, en cumplimiento de lo dicho por los profetas hebreos. Su muerte satisfizo las demandas de justicia cuando se rompe la Ley de Dios, y la vida perfecta de Jesús lo calificó para ser el Cordero de Dios, el sacrificio sin mancha ni mácula. Los evangelios del Nuevo Testamento y las cartas de Pablo no se escribirían por casi dos décadas, sin embargo, la iglesia creció rápida y dramáticamente durante ese lapso de tiempo. El núcleo central de su mensaje fue la veracidad de la resurrección. Aunque defender la autoridad de las Escrituras que es una tarea noble y necesaria, no debemos ir más allá de lo que las mismas Escrituras dicen acerca del contenido de la presentación central del evangelio.
Son muchas las historias que he escuchado acerca de cómo la resurrección salvó la fe de la gente. A los diecinueve años, el Dr. George Wood luchaba con el dilema de querer creer que su fe era racional, pero teniendo dificultades para hallar las bases que necesitaba. Fue cuando oyó una clase sobre las bases históricas de la resurrección que pudo encontrar una base sólida. “Entonces vine a entender que podía confiar en la voz de Jesús porque, según la historia, Él había sido levantado de entre los muertos”.  Hoy es el líder de las Asambleas de Dios, una agrupación de unas trescientas mil iglesias, presente en más de doscientos países.
Los historiadores nunca habrían puesto en duda la confiabilidad de los evangelios si a estos se les hubiera aplicado consistentemente los mismos estándares que se les aplicaron a otros textos antiguos. La razón principal por la que se niega la confiabilidad de los evangelios es el rechazo a cualquier hipótesis sobrenatural, en particular, la resurrección de Jesús. Necesitan creer que los discípulos se encontraban tan confundidos por lo que había pasado que comenzaron a esparcir fábulas delirantes por toda la primera iglesia. Sin embargo, si Jesús en verdad se levantó de entre los muertos, Él realmente representó la presencia de Dios en la tierra, y los relatos de los discípulos fueron certeros.
Comprender esto implica varias cosas. Primero, Jesús habría profetizado su muerte y resurrección, por lo que habría preparado a sus discípulos para transmitir verazmente sus enseñanzas a las futuras generaciones. Además, los autores y recopiladores de las Escrituras en el futuro habrían sido guiados por el Espíritu Santo, para garantizar que la información fuera preservada fielmente. Difícilmente nos podemos imaginar a Dios observando pasivamente desde el cielo, mientras el mensaje de Jesús se corrompe poco a poco. Particularmente cuando el mismo Jesús prometió a los apóstoles que el Espíritu Santo les recordaría todas sus enseñanzas, y que Él les mostraría todo lo demás que ellos necesitaran entender (Jn. 14:26).
 Jesús les encargó a sus discípulos difundir su mensaje a todas las naciones, y Él prometió que estaría con ellos hasta el final (Mt. 28:18-20). Por lo tanto, podemos tener la seguridad de que ellos transmitieron su mensaje fielmente y lo repitieron continuamente durante décadas.
También prepararon a futuros líderes para transmitir la información a las futuras generaciones. Y esos líderes transmitieron la misma tradición a la siguiente generación. Éste proceso se siguió repitiendo mucho después de que los evangelios fueran transcritos y copiados a lo largo del mundo conocido. Clemente, sucesor de Pedro en Roma, escribió: “Los apóstoles recibieron el evangelio del Señor Jesucristo, y Jesucristo fue enviado por Dios. Cristo, por lo tanto, es y viene de Dios, y los apóstoles son y vienen de Cristo. Ambos eventos, entonces, ocurrieron por la voluntad de Dios. Recibiendo sus instrucciones y llenos de confianza en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y confirmados en la fe por la palabra de Dios, salieron con la convicción total en el Espíritu Santo, predicando las buenas nuevas de que el advenimiento del reino de Dios está por llegar. Predicaron en la ciudad y en el campo; y nombraron a sus primeros conversos, probándolos en el Espíritu, como obispos y diáconos de los futuros creyentes”.
Una acusación frecuente de los escépticos es que los cristianos creen en la resurrección solo porque la Biblia dice que ocurrió. Si tal afirmación fuese cierta, la lógica debería fluir como sigue a continuación:
La Biblia es la Palabra de Dios.
La Biblia dice que Jesús fue levantado de entre los muertos.
Por lo tanto, Jesús fue levantado de entre los muertos, porque la Biblia lo dice.
Tal argumentación sería un razonamiento circular, y lógicamente inválido.
En realidad, el argumento no comienza ni termina con la afirmación de que la Biblia es cierta. El argumento dice:
Según la historia, Jesús fue crucificado y levantado de entre los muertos.
Su resurrección validó su identidad como Hijo de Dios.
Los escritos del Nuevo Testamento son históricamente fiables y son testimonio de estos hechos.
Por lo tanto ambos, la historia y las Escrituras, confirman que Jesucristo de Nazaret fue levantado de entre los muertos, tres días después de ser crucificado.
Este es un argumento lineal y no circular. La premisa inicial es que Jesús existió y que su crucifixión por parte el líder romano Poncio Pilatos forma parte de los registros históricos. Por lo tanto, su resurrección es la mejor explicación para los hechos históricos que aún los más escépticos reconocen cómo verdaderos. Los escritos del Nuevo Testamento son documentos históricos confiables y apoyan la hipótesis de que la crucifixión y la resurrección fueron acontecimientos reales. Estos también explican que este último evento sobrenatural confirma la identidad de Jesús como el Hijo de Dios. La conclusión, por lo tanto, fluye desde un hecho histórico, no de una aseveración al azar proveniente de un libro religioso, como a los escépticos les gusta retratarlo.
El director del departamento de filosofía de la Universidad Liberty, Gary Habermas, ilustra el significado de esta diferencia en sus charlas sobre la veracidad de la resurrección. Levanta una Biblia en alto y dice: “Si esta Biblia es la palabra infalible de Dios, Jesús fue levantado de entre los muertos. Si esta Biblia no es infalible, pero aún es confiable, Jesús todavía fue levantado de entre los muertos”.
Esta es una verdad vital a la cual debemos aferrarnos al enfrentarnos al bombardeo de los escépticos sobre los creyentes de Jesús en la sociedad contemporánea.
Históricamente, la resurrección es la hipótesis que mejor explica todos los hechos, pero esto no nos explica por completo su significado. Al escudriñar las Escrituras, obtenemos una sabiduría valiosa sobre lo que realmente significa.
“Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para anunciar el evangelio de Dios, que por medio de sus profetas ya había prometido en las sagradas Escrituras. Este evangelio habla de su Hijo, que según la naturaleza humana era descendiente de David, pero que según el Espíritu de santidad fue designado con poder Hijo de Dios por la resurrección. Él es Jesucristo nuestro Señor” (Ro. 1:1-4).
La resurrección puso en evidencia que Jesús era, ciertamente, el Hijo de Dios. Con tantas personas afirmando hablar en nombre de Dios, o aun ser el Mesías, necesitamos urgentemente que la certeza de la identidad de Cristo sea confirmada por Dios.
Este hecho me recuerda la importancia de verificar la identidad. Nuestra identidad se debe establecer más allá de nuestro propio testimonio. No llegamos a un aeropuerto esperando ser admitidos en un área de seguridad sin que antes se confirme quienes somos. La resurrección confirmó quien es Él. En un mundo donde abundan los robos de identidades y los engaños, podemos poner nuestra confianza en Jesucristo. Porque Jesús fue levantado de entre los muertos, podemos confiar en que sus Palabras fueron reales y dignas de confianza.