QUE DIOS SEA TU PRIORIDAD

En medio de la sequía, tú puedes recibir un milagro; en tu casa, puede haber provisión, en medio de la crisis.  Pero esto no le sucede a cualquier persona, sino a aquellos que son capaces de recibir órdenes.  
La Biblia nos narra el encuentro entre Elías y la viuda de Sarepta.  Dios le dice al profeta: Ve, porque he dado orden a una mujer viuda que te sustente.  Esta viuda fue obediente a la voz de Dios y fue a la puerta de la ciudad para encontrarse con el profeta.  Por aquella puerta, entra el profeta, que seguramente pensaría que era una viuda rica la que le sostendría. 
Las puertas de la ciudad son los lugares donde se reúne la comunidad, donde se hace cultura.  En las puertas hay que cuidarse de los estereotipos porque pueden cancelar el milagro de Dios en nuestras vidas.  Estando en las puertas, hay que tener ojo profético para esperar el milagro de la persona que menos nos imaginamos.
La conexión de estas dos personas, el profeta y la viuda, era lo que iba a provocar que se diera el milagro.  Los dos tuvieron que vencer la percepción de cómo debiera ser la persona a la cual Dios les había conectado.  Lo más seguro, el profeta Elías esperaría que fuera una viuda rica, y se encontró con una viuda recogiendo leñas.  La viuda, lo más seguro, esperaría que el profeta le supliera, y lo primero que dijo Elías fue: Dame un vaso de agua.
En medio de la crisis, hay que entender que la solución vendrá del lugar que menos la gente lo espera, pero que Dios ha establecido estratégicamente para bendecirte.
Camina a las puertas y te darás cuenta que la provisión a tu vida vendrá de un lugar inesperado, de una persona a la que ya Dios le ha dado una orden.  Tú que no tienes trabajo y vives con temor, no toques a las puertas que siempre has tocado.  Camina en fe y obedece porque tu ayuda viene de los lugares más inusuales.  No permitas que tu mente,  tu percepción, te saque del milagro que Dios tiene preparado para ti.
Tanto el profeta como la viuda tenían una orden de parte de Dios.  Dios le dijo a Elías que había dado orden a una viuda de que le sustentara, y Elías tenía orden de llegar hasta la puerta a encontrarse con aquella mujer.
Pero el profeta no llego a aquel lugar haciendo primeramente una declaración de bendición, sino que lo hace luego que la mujer demuestra su disposición a obedecer.  Muchos dan su ofrenda para que los bendigan; pero el milagro de la mujer estaba en poner prioridades, en medio de la crisis.  La orden que recibió aquella mujer fue: Dame a mí primero.  En otras palabras, lo que pensabas hacer por ti primero, lo harás por la palabra de Dios, lo harás porque Dios lo dijo, lo harás en obediencia.
El cambio de prioridad establecía en dónde estaba la fe de la viuda.  Un diagnóstico de muerte se cambia en uno de vida y de bendición, simplemente por poner las prioridades correctas en medio de las necesidades.
Dios te trae a una puerta para que corrijas tus prioridades.  Dios te da la orden de ir a la puerta, para que puedas ver el orden correcto y se desate la multiplicación de Dios en tu vida.  Si, llegado el día de gran necesidad, pones a Dios primero, por encima de lo que el mundo diga, lo poquito que tienes, Dios lo multiplicará.
El milagro llega a tu vida, por varios factores: Tener una necesidad, y poner a Dios primero.  ¿Perdiste el trabajo?  En vez de quejarte y encerrarte, corre a la casa de Dios para darle el primer lugar.  Si recibes un diagnostico médico no alentador, corre a la casa de Dios primero.
La viuda tenía un diagnóstico de muerte, pero no dejó que el mundo estableciera cuáles eran sus prioridades, sino que puso a Dios primero.  Por esto, la viuda comió por muchos días.
No le tengas temor a las malas noticias, a la mala economía, a la sequía.  Hay muchos saliendo del país, pero tú, pon tu confianza en Dios y ponlo en primer lugar.   De lo poco, Dios puede comenzar a bendecirte y llevarte a un nuevo nivel.  Él no tiene que cambiar un país entero y todo el mercado para bendecirte a ti.  Simplemente, pon a Dios primero, y habrá multiplicación en tu hogar. 

PERMANECE

Cuando estudiamos los evangelios, y estudiamos las cosas que Cristo decía, cómo las decía, los momentos en los que las decía, notamos la tranquilidad con la que él decía cosas que eran verdaderamente significativas, cosas que cambiaban la tradición, cosas que cambiaban lo que creían los fariseos.
Cuando uno trata de ganarse a una persona, uno trata de ser más simpático, le deja pasar algunas cosas. Sin embargo, cuando estudiamos la palabra del Señor, vemos que, a pesar de que Cristo, en muchos momentos, hacía esto mismo, cuando se trataba de los fariseos, él decía lo que tenía que decir, cuando tenía que decirlo, como lo tenía que decir. Él no tenía ningún problema con decirles las cosas de frente a estos hombres que se acercaban tan solo para retar la teología de nuestro Señor.
En Juan 6:59, en adelante, encontramos a algunos de ellos diciendo que la palabra que Cristo estaba hablando era dura de entender. Cuando, en el verso 60, dice que muchos de sus discípulos dijeron que aquella palabra era dura, se refiere a la gente que le seguía, y no como tal a los doce discípulos que conocemos. Los doce discípulos habían tenido la oportunidad de recibir la palabra de parte del Señor más de cerca, y Cristo había podido explicarles las parábolas, les había podido enseñar con más detalles.
Cuando estudiamos lo que Cristo estaba diciendo en los versos anteriores, la palabra a la que sus seguidores se refirieron como “dura”, realmente no eran cosas difíciles de entender, no eran palabras tan duras como ellos las percibían. Cristo hablaba en parábolas porque, aunque el mensaje fuera profundo, Cristo quería llegarles a las personas, para que pudieran recibirlo en su espíritu. Aquella palabra no era difícil de entender, sino difícil de aceptar, porque estaba compitiendo con toda la tradición, con el legalismo, con todo aquello que ya estaba cimentado en la mente y el corazón de los que escuchaban.
Podemos entender por qué existía cierta resistencia, si prestamos atención a las cosas que Cristo les decía. Por ejemplo, les dijo que él había bajado del cielo. ¿Qué clase de teología es esa? Hoy podemos entenderlo, y nos parece sencillo, pero, en aquel momento, aquella era una teología controversial que chocaba con lo que ellos habían estado creyendo. Un poco antes, les dijo que ellos tenían que comerse su cuerpo, que tenían que beberse su sangre. Hoy entendemos a lo que Cristo se refería, pero, en aquel momento, aquellas expresiones les chocaban a aquellos hombres.
En este pasaje, Cristo tiene el atrevimiento de decirles que por qué se sorprendían, si ellos mismos lo verían ascender al cielo, de donde él vino en primer lugar.
El tiempo del ministerio de Cristo, fue uno de los momentos donde más división había, y donde más seguidores se perdieron porque, después de este pasaje, muchos de ellos dejaron de seguirle, porque estas palabras les chocaban.
Muchas veces queremos que la palabra el Señor sea suave, que pueda llegarle a todo el mundo; y gloria a Dios por aquellas ocasiones en que tenemos la oportunidad de llevar mensajes con los cuales muchas personas se puedan identificar, pero gloria a Dios cuando también el Señor da revelación a nuestro espíritu, y podemos llevar mensajes que rompen con las tradiciones, con el legalismo de muchas mentes que ya están cimentadas en ciertos conocimientos. Hay personas que quisieran que se baje la línea del mensaje, pero no hay que bajar la línea del mensaje, porque, aun a Cristo le sucedía y, aunque había gente que se iba, había gente que se quedaba y recibía la bendición.
No importa si el nivel del mensaje está bien alto, o si se baja para tratar de llegar a la mayor cantidad de personas, Dios siempre tiene una cosecha de almas, Dios siempre tiene un grupo escogido para recibir revelación específica, en un momento específico.
No seas tú de los que escuchan la palabra y se van porque les parece dura. Recibe la palabra que Dios tiene para tu vida, recibe la revelación, y permanece. 

NO RENUNCIES A TU COSECHA

Una de las cosas más grandes que debemos aprender como cristianos es no permitir que la acción del enemigo dañe la cosecha de la semilla que hemos sembrado.  Quizás, en algún momento de la vida, personas que están a tu alrededor te cuestionan si fue buena la semilla que sembraste; dado que, después de tanto esfuerzo, no ven los resultados que ellos esperan.  Ciertamente tener que lidiar con la gente negativa no es tarea fácil, pero cuando son tus allegados, la tarea es aun más difícil.
En Mateo 13:24, en adelante, Jesús comparte la parábola del trigo y la cizaña, en la que compara el reino de los cielos con un campo sembrado de trigo en el que el enemigo sembró cizaña. Los siervos del hombre que había sembrado la cizaña le cuestionaron si había sembrado buena semilla. Le preguntaron también si quería que arrancaran la cizaña, pero el señor les dijo que no, no fuera que arrancaran también el trigo.
“30Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”Mateo 13:30
En tu vida, tendrás cosechas de lo que sembraste, pero también, de la semilla que otros sembraron. Hay personas que esperan un resultado y luego se enfocan en la cizaña en vez de la cosecha. Luego cuestionan si realmente era buena la semilla que sembraste. Si permites que ese cuestionamiento entre en tu interior, lograrán que te enfoques en la cizaña y renuncies a la buena cosecha.
El problema con permitir que nuestro enfoque se dirija a lo negativo es que empieza el cuestionamiento y la culpa; dudas de lo que hiciste, si fue bueno o malo. Escuchas a los que están a tu alrededor cuestionando qué fue lo que hiciste mal, y puede que llegue un momento que lo creas; entonces, pierdes de perspectiva lo bueno.  Tienes que desarrollar la capacidad de ver las cosas buenas que crecen en medio de las cosas malas.  Tienes que ver que es más importante la semilla que has sembrado y la cosecha que Dios está a punto de darte, que la cizaña que sembró el enemigo.
Debes saber que no todo lo malo que te sucede es causado por ti mismo. Lo que los religiosos y el mundo quieren hacerte creer es que lo malo que te pueda estar pasando es porque estás en pecado, o porque hay algo que estás haciendo mal. La parábola nos enseña que vino el enemigo a sembrar la cizaña en medio de la buena semilla. La realidad es que todos tenemos un enemigo, pero ninguno debe hacerte renunciar a la buena cosecha que Dios tiene para tu vida. Quizás hay cizaña que se ha levantado en tu matrimonio, hijos, empresa o trabajo, y lo peor que puede ocurrir es que te entristezcas y renuncies a ello.  Sigue creyendo y peleando la buena batalla.
Esta parábola nos enseña que tenemos un enemigo, así que quita toda culpa y condenación; también nos enseña que tengamos paciencia. Que la desesperación no te haga arrancar la cizaña y juntamente arranques la buena cosecha. Tu trabajo no es arrancar la cizaña, sino es tener paciencia y aprender a caminar sabiendo que llegará el tiempo de la buena cosecha de Dios para tu vida y él arrancará la cizaña.
Resultado de imagen para COSECHA DE ALMASMás adelante, en el verso 36, Jesús explica a sus discípulos la parábola de la cizaña, y deja claro que el sembrador representa al Hijo del Hombre, la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. Así como Dios envía gente buena a bendecir, el enemigo envía gente, que aparentan ser buenos, a sembrar cizaña en la vida de los demás. Tenemos que estar conscientes que hay personas que parecen buenas, pero realmente vienen con malas intensiones, y tendrás que aprender a vivir con eso por un tiempo. La parábola también nos enseña que los segadores son los ángeles, y ellos juntamente al Hijo del Hombre recogerán a los hijos del reino y los llevarán consigo. No te toca arrancar la cizaña; tu trabajo es sembrar la buena semilla. Los religiosos piensan que ellos son los encargados de juzgar quién está bien y quién está mal, pero la palabra de Dios nos muestra que ese no es nuestro trabajo, que lo que debemos hacer es seguir haciendo las cosas correctas y enfocarnos en la buena cosecha.
Dios arrancará la cizaña de tu vida. Así como el enemigo ha enviado mala semilla, Dios tiene emisarios y ángeles a tu favor. Ten la seguridad que toda buena semilla tiene buena cosecha. Atrévete a vivir con la cizaña, con los que no desean tu bien, Dios los arrancará de tu lado. ¡No renuncies a tu cosecha! 

DIOS ESCUCHA TU ORACIÓN

Cada vez que dejas pasar oportunidades que Dios pone delante de ti, viene a tu vida sentido de frustración, porque cada vez que dejas pasar una oportunidad divina, dejas pasar la vida que Dios quiere para ti. Entonces, comienzan el lamento, la tristeza y la desesperación, pero no son nuestras lágrimas y lamentos lo que mueven el corazón de Dios, sino nuestra fe.
En 2 Reyes 20, se nos narra el momento en que Ezequías enfermó de muerte. El profeta Isaías trajo a su vida palabra de Jehová, diciendo que ordenara su casa porque moriría.
“2Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo: 3Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. 6Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.” 2 Reyes 20:2-6
Es mejor orar que lamentarse. Aun si la palabra final de Dios para Ezequías hubiera sido que iba a morir, era mejor que muriera orando que lamentándose. Ante todas las cosas que te puedan estar ocurriendo que te hagan pensar que no hay posibilidad de alcanzar lo que Dios te ha prometido, debes pararte firme y comenzar a orar, creyéndole a Dios por otra oportunidad. Tú no necesitas personas que se sienten a escuchar tus lamentos, necesitas hablar con Dios y pedirle más tiempo para alcanzar lo que tengas que alcanzar. Las personas que están a tu alrededor dirán que no sirve de nada que ores si estás como estás, pero mantente firme porque es mejor que estés orando a que mueras lamentándote.
Ezequías lloró, pero no lo hizo quejándose ni lamentándose.  Él lloró, después de haber clamado al Señor por su vida.  Dios no reacciona ante las lágrimas solamente.  El que ora y llora no se está lamentando, sino que es un espíritu que tiene fe para orar, a pesar de las circunstancias y el dolor.  Cuando Dios ve esa combinación de que, a pesar del dolor y el llanto, te atreves a creer y orar, él contesta tu oración.  Dios le extendió quince años más de vida a Ezequiel.  No sabemos cuánto tiempo de vida te quede a ti, pero debes aprovechar cada día para hacer lo que Dios tiene para tu vida.
Todos recibimos palabras que intentan cancelar nuestras oportunidades, pero lo que tienes que pedirle a Dios es que te dé una oportunidad más.  Tu testimonio no es contarle a la gente tus fracasos; testimonio es contar que, a pesar de los fracasos, has podido recuperarte y entrar en el nuevo tiempo de Dios.  Quizás las circunstancias de la vida te han puesto entre la espada y la pared, y hoy tienes dos opciones: te quejas, u oras.  Intercede por tu vida, y recibirás tu milagro.  Mientras las cosas se ponen difíciles, tu oración debe ser que Dios te dé más tiempo para acabar en victoria.  Tal vez ha venido un cobrador a decirte que tienes que entregar tu casa, quizás tu pareja te dio carta de divorcio, o tus hijos no quieren saber de ti, y has estado quejándote; levántate y ora al Señor que te dé otra oportunidad para arreglar el problema que está agobiando tu vida.
Hoy es el día en que debes decir: Señor, la próxima vez que reciba una mala noticia, no me voy a quejar; yo voy a orar.  Dios contestó la oración a Ezequías; él oyó su oración, y vio sus lágrimas; porque lágrimas, sin oración, son solo lamento.  Al cristiano, en medio del problema, su espíritu le da fuerzas para orar.  Aunque tu mente no lo entienda, y llores, entiende que no es lo mismo llorar diciendo: Señor, todos me han dejado, me han traicionado, me va muy mal…, que orar: Señor, sé que todos me han dejado, pero confío en que tú estás conmigo y nunca me dejarás. 
Dios escucha tus oraciones, y ve tus lágrimas.  Ora, y él hará.
Ante todo lo que pueda estar ocurriendo en tu vida, no debes estar lamentándote y llorando.  Ora a Dios y declara la palabra, creyendo que no vas a morir.  Ora, diciendo: Dame otra oportunidad, un poco más de tiempo, para hacer lo que dijiste que iba a hacer.
Si las circunstancias de la vida te han puesto contra la espada y la pared, no te paralices ni vivas quejándote y lamentándote.  Como Ezequías, sigue orando, creyendo y declarando que Dios te da la oportunidad una vez más.  Y, cuando llegue la oportunidad, levántate en fe y cumple el propósito de Dios en tu vida.  Vive creyendo y sé de testimonio al mundo de que nuestro Dios es un Dios de oportunidades. 

PALABRA QUE CARGA VIDA

En Santiago 3, dice la palabra del Señor, que todos ofendemos muchas veces y que, si alguno no lo hiciera, sería perfecto.
Si fuéramos perfectos, quizás, si hubiésemos sido uno de los que encontró a aquella mujer en el mismo acto del adulterio, hubiéramos permanecido ahí, con la piedra en la mano. Pero, mientras Jesús escribía en el suelo, la conciencia de cada uno de aquellos hombres le comenzó a decir que quizás no estaban aptos para hacer lo que estaban a punto de hacer y, la Biblia dice que, uno por uno pusieron las piedras en el piso y se retiraron.
La escritura en Santiago 3 continúa diciendo que, si alguno no ofendiera, sería perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo. Y es que, el que tiene control de sus palabras, tiene control de todo su cuerpo. El que tiene control de lo que dice, el que tiene la revelación de que lo que dice tiene espíritu y tiene vida, ese tiene el control de todo su cuerpo y de todo lo que hace.
Este es un pasaje que hemos escuchado en muchas ocasiones, pero tiene tres ilustraciones bien específicas que representan el poder que tiene aquello que sale de nuestra boca, el poder de las palabras que hablamos.
Lo primero que lo representa es el freno que se encuentra en la boca de los caballos. Lo quiere decir esta ilustración es que, con tan solo un pequeño movimiento en la boca, el hombre puede cambiar su dirección completamente.
Con tan solo declarar que estamos sanos, nuestra salud toma un giro completamente diferente. Con tan solo decir: Yo y mi casa serviremos a Jehová; el destino de tu casa ha tomado un giro completamente diferente, porque, de la misma manera que, con tan solo ese pequeño freno en la boca de un caballo, cambiamos la dirección, le hacemos detenerse o acelerar, con tan solo tú poner freno a aquello que tú estás diciendo, y tener la conciencia de que, lo que sale de tu boca tiene espíritu y tiene vida, puede cambiar tu vida completamente.
Lo segundo con lo que se compara el poder que tiene lo que declaramos es con el timón de un barco. El barco representa las circunstancias a nuestro alrededor. Cuando tiramos del freno de un caballo, automáticamente el caballo se mueve o se detiene. Pero, cuando tomamos el timón de un barco, se está moviendo, aunque no sintamos la diferencia. En un momento, llegaremos a ver el barco en una dirección completamente diferente, pero no es algo que surge al instante.
Cuando hablas la palabra, cuando empiezas a confesar acerca de las cosas que están a tu alrededor, aunque tú no lo puedas ver inmediatamente, existe un cambio que comienza a suceder y, sin darte cuenta, varios días o meses más tarde, cuando vienes a ver, puedes notar que las circunstancias, la situación, aquello que te rodeaba, está completamente diferente, porque las palabras, aquello que decimos, aquello que sale de nuestra boca, carga vida, carga espíritu, y carga poder.
Lo tercero con lo que esta escritura compara el poder de lo que sale de tu boca es con un pequeño fuego. Un fuego puede comenzar bien pequeño, pero se puede convertir en algo bien grande.
Muchas veces fallamos, porque no le damos importancia a todo lo que sale de nuestra boca, porque pensamos que es un fuego pequeño, porque pensamos que es algo que no tiene valor. Podemos pedir disculpas, y Dios puede restaurar cualquier situación, porque Dios da nuevas oportunidades, pero tenemos que entender que lo que sale de nuestra boca, puede comenzar como un fuego pequeño, pero se convierte en algo más grande.
Fuimos creados a la imagen de Dios, y Dios todo lo creó, a través de la palabra. Cuando estudiamos Génesis 1, vemos que, para Dios crear el mundo, él no reunió materiales para crear los cielos y la tierra, no reunió materiales para crear los animales, no reunió todo lo verde que encontrara en aquella tierra desordenada para crear las plantas, porque para la creación del mundo Dios no necesitó materia, sino que todo lo que necesitó fue verbo, fue palabra. Todo lo que Dios necesitó fue que saliera una palabra de su boca.
Cuando Dios habla, las cosas suceden, y tú fuiste hecho a la imagen de Dios. Cuando tú hablas las cosas suceden, y tú no necesitas materia para confesar la palabra de Dios. Tú lo que necesitas es tener una palabra en tu boca que vaya de acuerdo a la palabra que Dios ha revelado en tu corazón porque, cuando tú dices esa palabra, aunque no haya materia, están la vida y el espíritu que carga esa palabra y, aunque sea moviendo el barco poco a poco, tu barco va a tomar un rumbo diferente. Tu barco va a llegar al puerto que tú estás esperando, porque Dios ha puesto dentro de ti el espíritu y la vida, que te van a llevar a producir los resultados que tú estás esperando. 

SI NO ES DE DIOS, DÉJALO IR

En Mateo 6, Jesús está hablando a la multitud, y le decía que los tesoros de la tierra son atacados por varios elementos: La polilla, el orín – o el moho – y los ladrones. El problema en Mateo capítulo 6 es que lo terrenal no perdura; su problema era de durabilidad.
Cuando vamos al Génesis, vemos que Dios resuelve los problemas de la tierra, y los resuelve con cosas materiales, pero con una diferencia: Esas cosas materiales que Dios creó sí tienen durabilidad. Todavía hoy hay peces, existen los mares, existe la tierra, existen los animales, existe el hombre, hay semillas, hay plantas.
En Génesis, Dios resolvió los problemas de la tierra con elementos materiales, pero con durabilidad. Pero el capítulo 6 del libro de Mateo se ha utilizado para exaltar la pobreza, para glorificar la falta de recursos, se ha utilizado como excusa para que no haya acumulación, para que no haya prosperidad en nuestra vida, para que no pidamos cosas materiales al Señor.
El mensaje del Señor va en contra de esos principios que han sido dañados, que han sido adulterados, y que han sido la razón por la cual hay tanta gente en las iglesias con mentalidad de pobreza. Una tercera parte de la Biblia está dedicada a hablar de las riquezas, está dedicada a hablar de las cosas que la gente define como terrenales, como que no sirven, como que no deben tener valor en nuestra vida. Una tercera parte de la Biblia habla acerca de tu dinero, de la prosperidad material.
Mateo no dice: Una casa es un tesoro terrenal, y un hogar es un tesoro en el cielo. La diferencia que nos hace la escritura entre un tesoro y el otro es acerca de la durabilidad. Y hay tesoros que tenemos en nuestra vida que, para determinar si son de Dios o no, la diferencia es su durabilidad. No lo que es, sino cuánto dura.
Mateo capítulo 6 nos está hablando de tesoros en la tierra, pero con características de cielo.
Independientemente de que hablemos de casa, carro, negocios, dinero; las cosas que tenemos en la tierra, sí, por definición, son materiales, porque ocupan espacio, pero lo importante es que tus tesoros no tengan características de tierra, sino que tengan características de cielo.
En la tierra, podemos tener tesoros, con características de cielo.
Y, ¿cuáles son esos tesoros? Esos tesoros son aquellos que tienen durabilidad, y que son creados como fue creado todo lo material que se creó en Génesis capítulo 1. Todo lo que se creó en Génesis 1 fue material, fue creado para la tierra, y tiene durabilidad, y esa durabilidad se debe a que no fue creado con instrumentos de hombre, sino que fue creado con la palabra de Dios.
Una cosas es tener una casa, y otra cosa es tener la casa que Dios te dio. Una cosa es tener un negocio, y otra cosa es tener el negocio que Dios te dio. Porque un negocio puede ser un tesoro en la tierra, como puede ser un tesoro en el cielo. Cuando es creado con la palabra de Dios, va a tener la durabilidad que te va a decir que ese negocio es un tesoro para el cielo, porque ese negocio es de Dios.
Ha llegado el tiempo en que la iglesia, la gente de Dios, pueda acumular riquezas, sin sentirse culpable. De seguro, por tus manos han pasado riquezas, y muchas no han perdurado porque no eran tesoros para el cielo, pero Dios te ha estado preparando para entregarte tesoros que van a tener durabilidad.
Deja de llorar aquello que ya no está en tu vida. La casa que perdiste, deja de llorarla; si no la tienes hoy, es porque no era de Dios, no tuvo durabilidad. El carro que el banco vino a quitarte, deja de llorarlo; trabajaste y lo compraste, lo alcanzaste, lo conseguiste como cualquier persona consigue en el mundo, pero tú tienes que aprender a asegurarte de que las cosas materiales, naturales, que recibas en este mundo, no vengan con características de tierra porque, cuando vienen con características de tierra, tienen fecha de expiración, no tienen durabilidad. Quizás te da mucho trabajo comprar una casa, y después no la tienes ni un mes, o un año, porque no viene con características de cielo. Cuando viene con características de cielo, viene con durabilidad, y viene apoyado por la palabra del Señor.
Lo que tú sostienes con la palabra del Señor tiene durabilidad.
Hay relaciones en tu vida que se han perdido, y ha sido porque no eran de Dios. De lo contrario, todavía estarían en tu vida, la polilla no se los hubiese comido, el moho no se los hubiese comido, y el ladrón no se los hubiese llevado. Si la polilla se lo comió, si el moho se lo comió, si el ladrón se lo llevó, no era de Dios, no tuvo durabilidad, no está apoyado por la palabra del Señor; déjalo ir. 

LO QUE SALE DE TU BOCA

Debemos tener cuidado de las palabras que escogemos al hablar. En la connotación negativa, la boca puede ser utilizada para los chismes, destrucción; puede provocar heridas y otras maldades.
En el libro de 1 Corintios, el apóstol Pablo dice que hablaba como niño, pensaba como niño y juzgaba como tal, pero una vez fue hombre, dejó lo de niño. Los niños primeramente hablan, luego piensan, y juzgan por último. Un adulto maduro primero piensa, luego juzga y habla por último. Cuando hablamos de juzgar, nos referimos a que buscamos la prudencia; analizamos la situación, las emociones y toda la circunstancia. El adulto aprende a controlar las emociones, y no permite que estas le controlen; luego, piensa la forma en que va a contestar, y busca las palabras correctas para hacerlo. Después de todo ese proceso, entonces, habla.
Hablar es algo que constantemente hacemos. Esa continuidad nos lleva a no darle la importancia que merece. Debemos usar el poder de las palabras para construir y levantar, en vez de permitirle a las emociones que tomen control del momento y de la boca.
En el libro de Mateo, capítulo 15, Jesús y sus discípulos son acusados por los escribas, de romper la tradición de lavarse las manos antes de comer; pero, cuando él mira quiénes les acusan, les responde citándoles otro mandamiento que ellos no cumplían: Honra a tu padre y a tu madre. Más adelante, los versos 7-9 dicen: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.
Jesús no acusaba a los pecadores, mas a aquellos que enseñaban mal los mandamientos, y actuaban contrario a los estándares que ponían, los reprendía en público. Los fariseos buscaban que Jesús dijera lo incorrecto y así tener oportunidad de acusarlo frente a la multitud; pero él se aseguraba de hablarles a los fariseos, y que la multitud entendiera el mensaje.
En los versos 10-20, vemos que Jesús se voltea a la multitud y les explica que lo que sale de boca del hombre es lo que realmente lo contamina, y no lo que entra. Esto no es excusa para comer cualquier cosa, pero el punto que establece Jesús esque, de la boca sale un listado de atentados contra otros hombres, porque la boca habla lo que hay en el corazón. La comida puede durar dentro del cuerpo unas cuantas horas, y luego es depositado en la letrina, pero una mala declaración puede durar toda una vida.
El poder de las palabras no es temporero. Ellas tienen poder en la eternidad. Lo que declares hoy tiene poder en lo que vas a vivir en los próximos años.  Por eso, es mejor no decir nada y tener autoridad sobre tu coraje, antes que tener que vivir con las consecuencias de lo que dijiste.
Tú puedes decidir no dejarte llevar por las emociones, no solo por las consecuencias que estas traen, sino también por las personas que puedan estar escuchando. Ciertamente, nuestras palabras son capaces de transformar nuestra vida o de detenernos. Es importante que estés consiente de ese poder, para que no lo uses en contra de ti mismo y de los demás, sino que lo uses para bendición y transformación.