LA LLAVE DE TU BENDICION

La Biblia dice que lo más importante que debemos guardar en nuestra vida es el corazón.  Debemos siempre de cuidar nuestro corazón.  Dios mira que nuestro corazón este en orden y mira que tengamos las intenciones correctas.  Tener el corazón correcto es importante porque entonces se tiene las actitudes correctas.  Debemos aprender a tomar las acciones correctas por las razones correctas.  Hay quienes toman acciones correctas, pero por razones incorrectas, y por esto hay que guardar el corazón y tener intenciones correctas.
Tener el corazón correcto es lo primero que debemos procurar y es lo más importante, pero para ser agentes de transformación necesitamos mucho más.  Necesitamos tener el deseo que al tener el corazón, podamos exhibir las muestras de éxito, de sanidad, de vida correcta y de bendición ante el mundo.
Con la actitud correcta y corazón correcto, de seguro tenemos el favor de Dios.
Tener el corazón correcto no es el objetivo final.  El corazón correcto es la llave que abre la puerta para entrar en las bendiciones y en la prosperidad que Dios tiene para nosotros.  Esto permite que, sobre tu vida, se desaten los milagros, la prosperidad, las buenas conexiones; que se abran puertas y que Dios te lleve de gloria en gloria y de triunfo en triunfo.  Sin el corazón correcto, por más que luches, no vas a lograr las bendiciones de Dios.
No somos perfectos ni vivimos en un mundo perfecto, pero cuando tenemos el corazón correcto, nuestro Dios Todopoderoso, el que tiene toda autoridad, se encarga de lo que hacemos.  Aun cuando el mundo diga que no se puede y que las cosas están difíciles, si tienes corazón correcto, ten la seguridad en tu espíritu que Dios seguirá abriendo puertas a tu favor.
Para ser agente de transformación, tienes que tener el deseo de tener éxito para Dios.  Si tienes el corazón correcto, cuando logras las bendiciones, reconoces que es Dios en tu vida.  Esto es lo que busca Dios; corazones correctos para exhibir Su gloria.
No le tengas miedo al éxito.  Con tu éxito y el corazón correcto, el único que recibe honra y gloria es nuestro Señor Jesús.  Dios no está buscando corazones perfectos, sino corazones útiles que quieran exhibir Su gloria.

VENIALES Y CAPITALES?

Colosenses 2:13 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 

Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados. 


La Biblia nos enseña que la paga del pecado es la muerte, y si lo nota, no hace diferenciación de pecados, no los categoriza y no los pone unos por encima de los otros, ni nos dice que hay unos peores que los otros, simplemente el pecado nos pone en riesgo de morir eternamente. 

Es un hecho que conocemos que hay 7 pecados capitales o pecados mortales, pero eso no está fundamentado en la Biblia, fueron decretados por el Papa Gregorio Magno en el siglo sexto, ya que la humanidad se encontraba hundida en el oscurantismo y la ignorancia total, las personas actuaban sin conciencia sin saber que todo lo que hacían era deleitarse en los placeres carnales y arriesgar su vida eterna, mas no podemos decir que son estos 7 pecados sean los únicos que nos pongan en riesgo de morir. 

Debemos ver el enfoque de su efecto final, la muerte, eso nos lleva a entender que para Dios un mentiroso es igual que un asesino y que todos tenemos la necesidad de Jesús para poder ser limpios ya sea de una mentira o del mas cruel de los asesinatos, pero sabe, el perdón de Dios tampoco tiene medidas, eso quiere decir que así como nosotros no podemos defender nuestro pecado y decir que es menor que el de otros, Dios tampoco se jacta de haber perdonado a unos mas que a otros, Él simplemente dio a su Unigénito para salvarnos a todos aquellos que le recibamos como nuestro Señor y Salvador y pongamos concientemente nuestro pecado delante de Él. 

La Biblia nos enseña que nacemos muertos en espíritu y nos enseña que adicionalmente nuestro pecado cotidiano nos mantiene en esa condición, nos mantiene atados a la tierra por medio de nuestra carne y esto no se refiere a los pecados que tengan que ver directamente con ella, sino a nuestra naturaleza humana que nace y muere en la tierra y nunca la dejará. 

Pero piénselo de esta manera, Dios siempre nos ha enseñado que en su presencia las cosas son mejores, de hecho la Biblia declara que en su presencia hay plenitud de gozo, y por tal oraciones como le famoso Padre Nuestro, empiezan reconociendo el lugar donde Dios habita y nos anima a subir a la presencia de Dios donde todo es perfecto en vez de atraerlo entre nosotros en medio de la inmundicia en la que vivimos y para ello necesitamos suplir con la condición del Reino de los Cielos, la santidad.

ÉXITO

En nosotros tiene que haber deseo de tener éxito. Hay personas que uno escucha hablando y te hacen pensar dónde está su deseo de tener éxito. Las iglesias se han encargado de predicar pensamientos de derrota, de frustración, mensajes que alteraron la mente de los cristianos. Como iglesia, debemos erradicar los pensamientos de derrota y levantar el entendimiento de lo que dice la palabra acerca de las bendiciones, los beneficios de la prosperidad y la sanidad que Dios tiene para nosotros.
En nosotros tiene que haber deseo de éxito, de prosperar, de bendición. Si una persona está enferma y no tiene el deseo de sanarse, Dios no puede hacer nada por esa vida. Una persona que tiene talentos y no tiene el deseo de sacar el mejor provecho de ellos, nada sucederá en su vida.
El mundo sigue adelante y deslumbra por la gente que tiene éxito. Muchos pagan cientos de dólares por ir a ver un espectáculo de un artista de televisor, porque se presenta con éxito. Vemos las premiaciones a los artistas destacados y pasamos horas frente al televisor viendo su éxito. Nos deslumbramos por sus historias de éxito, por la apariencia de éxito.
Los cristianos tenemos que aprender que el éxito tiene que ser visible. Cuando quieres ser una persona de éxito para Dios, tienes que dejar de ser tímido y salir del anonimato. Las personas pueden distinguir cuando a alguien le van las cosas bien y cuando le van mal. Todos conocemos personas que creemos están bien, pero los escuchamos decir o hacer cosas que nos dejan saber que están mal. En la calle podemos distinguir a una persona exitosa, por como se conduce, como se ve y como habla.
Tenemos que entender que tu éxito no solamente se tiene que ver, sino que Dios lo quiere mostrar. Dios quiere mostrarte ante el mundo, sano, bendecido, con una mente clara, con un propósito definido y con autoridad.
¿Sabes que hace falta para que tus familiares se salven? Que te muestres ante ellos con éxito. ¿Sabes lo que necesitas para que en el trabajo no te vean como el cristianito que siempre está diciendo cosas de la Biblia? Que te presentes ante ellos con éxito. Dios quiere que tengas una vida visible de éxito y si quieres ser un agente de transformación en ti tiene que estar el deseo de prosperar.
Hay muchos jóvenes que tienen más talento que los famosos de hoy en día, pero el que tiene influencia sobre ellos es aquel que está en los medios, el que vende millones de discos. Estos famosos son agentes de transformación y de esa manera Dios quiere que seas agente de transformación.
Esto no significa que ahora tienes que tener éxito como los del mundo, pero sí tienes que entender que lo que Dios quiere hacer contigo es algo visible. Dios hizo visible a todos los hombres y mujeres que  levantó. Por ejemplo José, tenía el carácter necesario, era firme en sus decisiones, firme en sus convicciones y vivía con fe, aun en medio de las peores circunstancias. Sabemos que por estas características el final de José sería exitoso y sería una exhibición de lo que Dios había hecho con su vida.
Dios y el mundo miden el éxito de manera diferente. El mundo mide el éxito por el dinero, las posesiones, los logros, el acceso, mide el éxito únicamente por lo que se ve. Hoy sabemos que ese éxito, no lo es todo.  Así como el Señor le dijo a Samuel en, 1 Samuel 16:7, Dios no mira el éxito por la apariencia del hombre, sino por su corazón.

BUSCANDO....

Me ha pasado en varias oportunidades el releer un pasaje y que adquiera un nuevo significado para mi vida. Probablemente las veces anteriores no estuve muy demasiado atenta, quizás porque he ido a la Palabra con liviandad, como quien lee un diario de noticias.

Esa misma actitud liviana se repite en el resto de nuestra vida cristiana, porque estamos ocupados, apurados, atariados, cansados.

Pero cuando los problemas son mayores o la desesperación ya nos ha ganado, vamos en búsqueda de la respuesta de Dios y queremos que nos ayude con nuestras particularidades.

Así me sucedió cuando me asaltó una angustia vieja y un pasaje del libro de Deuteronomio me recordó aquello que sé pero que olvido frente a los problemas del diario vivir.

El mensaje principal es claro y contundente: si buscamos al Señor, lo hallaremos. Tan simple y rotundo como eso… y tan difícil que se nos hace! Pero si desmenuzamos este pasaje, podemos encontrar detalles nos muestran la manera de hacerlo.

El pasaje comienza diciendo “Mas si desde allí..”. Examinemos donde estamos parados. Esto se refiere a cualquier posición: quizás nos toca vivir en un lugar lejos de nuestra familia, o estemos atravesando una situación económica difícil. Quizás nuestro esposo/a no comparte la fe, o la enfermedad nos aqueja hoy o desde hace ya mucho tiempo… Cualquier circunstancia, cualquier tormenta o desde la confortable comodidad del ser tibios. Pensemos en nuestra posición y Desde allí, debemos buscar al Señor para que Él se convierta realmente en el Rey sobre toda circunstancia. Para que Él sea plenamente el Rey en nuestra vida.

Si desde allí lo buscamos, lo hallaremos… pero esa búsqueda debe ser con todo nuestro corazón y nuestra alma! Desde las entrañas y con las mismas ganas que empeñamos en aquello que nos gusta, que anhelamos. Si invirtiéramos en nuestra comunión con el Señor el mismo tiempo que invertimos en nuestro celular, internet, televisión, futbol, etc, la relación sería otra. Buscarlo sedientos y hambrientos. Buscarlo primeramente. Buscarlo, buscarlo y buscarlo.

¿Queremos encontrarnos con Dios? Allí, donde estemos parados, debemos empeñar nuestro corazón y nuestra alma en ello. Debemos dejar de pensar en la circunstancia y quizás apagar el celular o la tele y arrodillarnos. Cuando nos acerquemos al Padre, seguramente Él estará con los brazos abiertos y nos dirá “te estaba esperando”.

CAMBIOS EN LA FAMILIA

Aunque el debate acerca de los cambios que se están produciendo en la familia y en los valores de las personas parezca alejado del tema de la globalización, lo cierto es que no lo está.

La familia tradicional evoluciona rápidamente como consecuencia del nuevo papel que la mujer ha empezado a desempeñar en la sociedad. La exigencia de una mayor igualdad entre los sexos es una característica actual que contrasta con todas las anteriores sociedades registradas a lo largo la historia de la humanidad. Esta revolución femenina global no sólo afecta a la familia sino también a la vida social en general, desde el mundo laboral hasta el ámbito de la política. Actualmente la mujer sólo es reprimida en aquellos países controlados por gobiernos autoritarios o por grupos religiosos fundamentalistas. En todos los demás se está dando un intenso debate sobre la igualdad sexual y el futuro de la familia.

Durante la Edad Media en Europa el matrimonio no solía realizarse en base al amor que existía entre la pareja sino para transmitir adecuadamente las propiedades de los padres. Ni siquiera se consideraba que el amor sincero era necesario en la vida matrimonial. La mujer se concebía siempre como una propiedad o un vasallo más del marido o del padre. Esta desigualdad en el trato entre hombres y mujeres se extendía también a la vida sexual. La sociedad medieval veía con buenos ojos que el varón tuviera sus aventuras amorosas con otras mujeres, pero no toleraba la misma actitud de parte de la esposa. 

El doble rasero sexual respondía a la necesidad de continuar el linaje a través de los hijos propios y asegurar así la herencia familiar. De ahí que la exigencia de castidad y fidelidad sólo se impusiera al sexo femenino. Como en esta familia tradicional la sexualidad se entendía sólo en función de la reproducción, era frecuente que las mujeres tuvieran alrededor de diez embarazos durante su vida. Todas estas costumbres familiares se prolongaron hasta bien entrado el siglo XX.

No obstante, durante las últimas décadas estamos asistiendo a un cambio decisivo en la familia y en la vida sexual del mundo occidental. Hoy la sexualidad se ha separado de la reproducción; la familia ha dejado de ser una unidad económica, mientras que el amor se ha convertido en el principal vínculo de unión entre el hombre y la mujer. En algunos países más del 30% de los nacimientos ocurren fuera del matrimonio. Muchas parejas habitan juntas sin estar casadas y, a la vez, aumenta el número de personas que viven solas. Es verdad que la gente se sigue casando, aunque también es cierto que el divorcio es cada vez más frecuente. Antes los niños representaban un soporte económico para la familia, hoy constituyen un gasto importante para la economía del hogar. Según se afirma, la familia actual se habría convertido en una “institución concha” que por fuera tiene el mismo aspecto que en el pasado pero, por dentro, habría cambiado notablemente, volviéndose inadecuada para la tarea que hoy está llamada a cumplir:

“Hemos de reconocer la gran transición que supone esto.  Emparejarse y desparejarse  son ahora una mejor descripción de la situación de la vida personal que  el matrimonio y la familia . Es más importante para nosotros la pregunta “¿tienes una relación?” que “¿estás casado?”. La idea de una relación es también sorprendentemente reciente. En la década de los sesenta nadie hablaba de  relaciones ” (Giddens, A.,  Un mundo desbocado,  Taurus, Madrid, 2000: 72).

La realidad que se nos plantea hoy a los cristianos que seguimos creyendo en la familia, tal y como ésta se entiende a la luz de la Palabra de Dios, es que tanto la llamada “familia tradicional” como las recientes y efímeras “relaciones de pareja”, no están inspiradas en los principios bíblicos. Aquellas relaciones de familia que no se fundamentan en el amor, el respeto, la igualdad, el compañerismo y la obediencia a la voluntad de Dios expresada en el Nuevo Testamento, constituyen proyectos totalmente ajenos a la idea de familia cristiana. Desde la perspectiva de la fe no es posible admitir la discriminación por razón del sexo en el seno de la vida familiar. Delante de Dios no hay varón ni mujer sino que todos somos iguales. La fidelidad matrimonial es entendida en el Evangelio como una exigencia para ambos cónyuges por igual. ¡No sólo para la mujer!

La reciente alternativa de las llamadas “familias de hecho” de carácter homosexual, tanto si se trata de parejas masculinas como femeninas, no posee ningún apoyo bíblico; más bien al contrario, se trata de relaciones claramente condenadas en la perspectiva cristiana. No se deben confundir ese tipo de parejas con el concepto bíblico de matrimonio ya que se trata de dos cosas absolutamente diferentes. La presión social y mediática ejercida actualmente por los grupos homosexuales ha contribuido a crear la idea de que todo lo relacionado con el sexo está envuelto por una aureola de amoralidad. Nada se considera negativo y lo más correcto parece que sea la permisividad social. Esto ha contribuido a crear el sentimiento de que todo tipo de prácticas sexuales son algo normal que debe ser aceptado por la sociedad.

Aunque muchos sociólogos opinen que durante la globalización la familia esté condenada a desaparecer o al menos este concepto clásico deba ampliarse a otros tipos de convivencia, lo cierto es que una cosa es la familia formada a partir del matrimonio heterosexual, entre un hombre y una mujer unidos por el vínculo del amor, y otra cosa distinta es la relación que se da en las uniones homosexuales. No hay que confundir los términos. Tampoco creo que la familia clásica vaya a desaparecer de nuestro mundo, aunque eso sí, seguramente tendrá que subsistir al lado de otros modos de convivencia.

Ante semejante realidad, las familias cristianas que viven su fe y educan hijos para la gloria del Señor, están contribuyendo de forma decisiva a la extensión del reino de Dios en la Tierra. El testimonio de la vida en el hogar cristiano, de la unión estable del matrimonio y del cuidado de los hijos seguirá siendo en el mundo global como un faro que iluminará las vidas de muchas personas para conducirlas a los pies de Jesús.

Algunos autores han señalado que después de la “sociedad industrial” y de la “sociedad del ocio” en los países occidentales, este mundo parece haber entrado en una nueva fase a la que se ha denominado la “sociedad depresiva” (Anatrella, T.,  Contra la sociedad depresiva,  Sal Terrae, Santander, 1995). Esta última sociedad se caracterizaría por el aumento de las enfermedades depresivas y por el consumo de ansiolíticos. En pleno proceso globalizador, muchas personas parecen haber puesto toda su confianza en la ciencia y la tecnología, a la vez que han procurado librarse de Dios. Esto ha provocado la aparición de diversas ideologías alienantes que han eliminado toda esperanza en el ser humano.

Sin embargo, en la actualidad el atractivo del progreso parece haberse desvanecido arrastrando al hombre a una profunda crisis moral. Hay gente que se da cuenta hoy de que ya no posee razones para seguir viviendo. Personas a las que nada les satisface y no encuentran complacencia en vincularse a ninguna institución social, política o religiosa. No quieren saber nada de familia, de matrimonio, de iglesia o de cualquier otra asociación. Proliferan los individuos aislados que llevan una vida atomizada. Viven para sí mismos en la búsqueda de una libertad narcisista que les conduce con frecuencia a la depresión. 

Tal situación refleja una profunda crisis moral que sería una consecuencia más de la pérdida de fe del hombre contemporáneo, de su profundo empobrecimiento interior. Cuando se intenta eliminar a Dios de la propia existencia, también se vienen abajo el respeto al otro, el interés por la verdad, la búsqueda del bien común y el amor al prójimo. Este es el drama principal de la actual sociedad depresiva. En el momento en que lo que realmente da sentido al hombre, como la fe y la moral, se borran o se circunscriben a la esfera de lo privado, la persona pierde confianza en sí misma y se inicia un descenso por la pendiente de la depresión.

Por eso crece la melancolía en nuestras ciudades y prolifera la búsqueda ansiosa de todo tipo de terapias pseudorreligiosas. Si no se tienen ideales ni creencias, la vida psíquica de las personas carece de una base sólida en la que apoyarse para vivir en sociedad. La duda existencial puede llevar también a la depresión y ésta es capaz de hundir a la persona en la inactividad o puede provocar conductas de desafío o de desesperación. De ahí la relevancia actual y la necesidad del cristianismo que fomenta la riqueza y el diálogo interior. La oración del creyente no sólo es comunicación con Dios sino también con uno mismo. Esta práctica refuerza la personalidad proporcionando dinamismo y, sobre todo, enriqueciendo espiritualmente la vida humana.

AMIGOS DE DIOS

Isaías 61:1-4 Reina-Valera 1960 (RVR1960) 

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. 

A veces me abruma el pensar que el único tema de conversación entre Dios y nosotros, somos nosotros mismos, y aún así nos decimos amigos de Dios y nos consideramos íntimos con Él, siendo que no le conocemos y no sabríamos de qué otro tema hablar con Él si nos encontráramos cara a cara, lo ha pensado? Y esto no se lo digo con el afán de hacerle sentir mal o cuestionar su fe, solo se lo comento pues es el punto de partida que tengo que tomar para poder llegar a hacerle reflexionar acerca de la cita del día de hoy. 

Otra de las cosas que nos suceden, es que normalmente solemos entablar monólogos con Dios, donde nosotros hablamos y se supone que Él escucha y lejos de responder tiene que callar y hacer, pero no hablar y mucho menos opinar, y sucede que las personas tienen un problema con escuchar su voz, pues no tienen idea de qué es lo que Dios les hablaría, no se imaginan el motivo o la razón por la cual habría de hacerlo, fuera de "si", "no", y "tengo algo mejor para ti", pero de nueva cuenta todo girando alrededor de nosotros. Y aclaro, Dios hizo todo por nosotros, para que vivamos para Él, es decir, en Él encontramos nuestro propósito y cuando lo entendamos y lo empecemos a llevar acabo (el propósito) es cuando empezaremos a recibir no solo lo que queremos, sino todo lo que necesitamos para llevar una vida gloriosa. Pero esto no va a suceder por medio de pequeñas oraciones pensadas en las que solo pedimos y solo pensamos en lo que queremos, en lo que nos acomoda o en lo que nos hace sentir cómodos, por el contrario, esto sucede cuando nosotros nos disponemos primeramente a escuchar la voz de Dios y luego a obedecerla, para que por medio de ello, nos convirtamos en esa respuesta que las personas están esperando. 

Es decir, Dios nos puede hablar audiblemente, nos puede hablar por medio de pensamientos, definitivamente nos hablará por medio de la Biblia, pero siempre y creo que mas importante que todo, nos hablará por medio de otras personas que vengan a dar respuestas concretas a situaciones específicas que solo Él y esas personas saben y que pareciera un acto de magia que puedan venir a resolver. Se me eriza la piel de emoción al leer la cita de hoy, vea como todo lo que les puede suceder a las personas está incluido en ella y como todo lo que tenemos que entender como hijos de Dios es que Él está sobre nosotros, nos habla y nos lleva a actuar para ser esa respuesta que el mundo necesita, aquellos que no conocen a Dios y que nunca han tenido esa relación estrecha, personal y cara a cara con Él. 

Dios se manifiesta por medido de sus hijos y somos aquellos que hemos declarado y confesado que somos sus hijos, los instrumentos para gobernar la tierra, para ser el medio por el cual Dios hable respuestas específicas a cada persona y luego en nuestra forma de vivir mostremos su gloria, pues cuando estemos dispuestos a mostrar su gloria, será cuando esta sea manifestada en nosotros, no solo en abundancia física, sino en todo don espiritual y toda acción que nos lleve a reflejarle a Él y que las demás personas sobre la tierra queden maravilladas con la luz de Dios y todo lo que muestra por medio nuestro. 

Por tanto, si usted espera respuestas de Dios, si usted espera manifestaciones de poder de parte de Él, si usted espera su favor, lo primero que tiene que hacer es estar dispuesto a manifestar su gloria por medio de lo que esta cita nos invita, para que una vez dispuesto, sea su voz (la de Dios) la que le hable constantemente y le lleve a servir a otros de acuerdo a nuestro diseño y reciba todo lo que anhela y mas, simplemente por gobernar y funcionar de acuerdo al Reino de Dios y el plan que previamente trazó para usted y para mi, que le parece?

AUTORIDAD Y RESPONSABILIDAD

Dios quiere que tú seas un agente de transformación.
Tenemos que aprender a tener orgullo por lo que hacemos, orgullo por nuestro trabajo. Dios puede utilizar nuestro trabajo para su gloria y honra. Dios puede usar a cualquier persona para cualquier propósito, él puede hacer algo grande con cualquier persona.
Dios sí quiere usarte, y quiere hacer algo grande contigo.
Desde nuestra posición, desde donde estemos, Dios nos puede prosperar sobrenaturalmente.
A nivel mundial, vemos lo que está sucediendo en la economía; pero los que hemos creído en el Señor, tenemos una fe diferente. Estamos cimentados, no en la economía del mundo, sino en la palabra de Dios, y en los principios espirituales que no dejan de funcionar cuando se trata de nuestras finanzas.
No menosprecies lo que haces, ni el lugar donde estás, porque es con eso que Dios puede hacer su diferencia.
Es necesario que erradiquemos la deuda y la pobreza de nuestras vidas. Los pensamientos de pobreza, por lo general, son inculcados en nosotros en nuestra niñez, en nuestro crecimiento.
Tenemos que aprender a tener autoridad, que va de la mano con la responsabilidad. Si no quieres tener la responsabilidad de tener autoridad, desde ahora debes saber que estás descalificado para ser un agente de transformación. Es necesario que tengamos autoridad; autoridad de la palabra, autoridad sobre nuestras decisiones, sobre nuestros pensamientos, sobre lo que hacemos y sobre lo que no hacemos.
Cuando nos conducimos con la autoridad que Dios ha puesto en nuestra vida, esto hace la diferencia en nuestra vida.
Es necesario que hables la palabra de Dios con autoridad. Que, cuando veas una noticia negativa, puedas pararte con autoridad y decir: La palabra de Dios dice… Que cuando alguien te diga algo negativo de tu familia, tú puedas decir: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa. Que, cuando el médico te dé un mal diagnóstico, puedas decir con autoridad: Poned las manos sobre los enfermos y sanarán; y poner tus manos sobre ti mismo y declarar sanidad en oración.