¿AMOS O ESCLAVO DEL DINERO?

¿HA OÍDO hablar del mal del dinero? Según se informa, afecta a buena parte de la población mundial. ¿De qué se trata?

El doctor Roger Henderson, especialista en salud mental del Reino Unido, acuñó hace poco la expresión “mal del dinero” para designar los síntomas físicos y psicológicos que presentan las personas agobiadas por su situación económica. Entre los síntomas figuran dificultades respiratorias, dolor de cabeza, náuseas, irritación de la piel, falta de apetito, arrebatos de ira injustificados, nerviosismo y pensamientos negativos. De hecho, el doctor Henderson afirma que “las preocupaciones económicas constituyen una importante causa de estrés”.

No es de extrañar que en los pasados meses una creciente cantidad de personas haya sufrido los efectos de los problemas económicos. La crisis financiera por la que hoy atraviesan muchos países ha ocasionado la pérdida a gran escala de empleos, casas y ahorros personales. Importantes entidades financieras han quebrado y hasta las naciones más ricas han adoptado medidas urgentes para impedir el colapso. Además, el alza de los productos básicos es otro motivo de gran preocupación para los países en desarrollo.

Dinero

Sin embargo, aun en tiempos de bonanza, como en años anteriores, mucha gente sufre a causa del dinero. Por ejemplo, el diario sudafricanoThe Witness informó que en África se había extendido “una plaga social de mercantilismo, consumismo y materialismo desenfrenado”. El periódico señaló que sus víctimas tendían a “despilfarrar, trabajar horas extras, endeudarse, tener sentimientos de privación y envidia, y padecer estrés y depresión”. Con razón se culpó al dinero del deterioro de la calidad de vida en el continente africano.

Antes de la actual crisis financiera, la India experimentó un período de crecimiento económico. La revista India Today International señaló que en el año 2007 se alcanzaron en el país “cotas de consumo nunca antes vistas”. Las autoridades temían que ese auge provocara disturbios generalizados.

Por esas mismas fechas, entre los adultos jóvenes de Estados Unidos estaba de moda despilfarrar sus ingresos en artículos de lujo. Con todo, su poder adquisitivo no los hacía felices, pues los expertos indicaron que tal prosperidad constituía una de las principales causas de alcoholismo, depresión y suicidio. Una encuesta reveló que “ni siquiera 1 de cada 3 estadounidenses” se consideraba feliz a pesar de nadar en la abundancia.

La otra cara de la moneda

Por otro lado, tanto en épocas de vacas flacas como de vacas gordas ha habido ricos y pobres viviendo relativamente libres de la angustia que generan el dinero y las posesiones. Veamos lo que marca la diferencia.

Los autores de un informe titulado The Meaning of Money(Lo que el dinero significa) señalan que la vida de algunas personas “gira en torno al dinero, lo cual puede causarles tensión nerviosa y neurosis”. Pero subrayan que “quienes administran con cuidado sus ingresos llevan las riendas de su vida y gozan de autoestima. No son esclavos del dinero, sino sus amos”. Además, “sufren menos presiones y, por lo tanto, disfrutan de mayor tranquilidad”.

Ahora bien, ¿cuál es nuestra actitud hacia el dinero? ¿Somos sus amos, o sus esclavos? ¿Cómo nos afecta la inestabilidad financiera del mundo? Aun sin padecer el mal del dinero, todos los bolsillos, ricos o pobres, se resienten por la crisis. A continuación veremos cómo algunos cambios en el manejo del presupuesto pueden reportarnos mayor paz mental y felicidad familiar.

Cómo saber si uno es esclavo del dinero

Pareja analizando la economía familiar
  • Evita el tema del presupuesto familiar porque lo estresa
  • Las discusiones familiares a menudo giran en torno al dinero
  • No para de gastar
  • Vive preocupado por las facturas
  • No sabe exactamente cuánto gana
  • No sabe exactamente cuánto gasta
  • No sabe exactamente cuánto debe
  • Sus gastos por lo regular superan sus cálculos
  • Suele atrasarse en el pago de las facturas
  • Solo paga el mínimo de las tarjetas de crédito
  • Paga las facturas con dinero que había destinado a otros fines
  • Hace horas extras para pagar las facturas
  • Pide préstamos a fin de saldar préstamos anteriores
  • Saca de los ahorros para cubrir gastos periódicos
  • Se le hace casi imposible llegar a fin de mes
  • Cree que necesita acumular grandes sumas de dinero
  • Sufre alteraciones físicas o psicológicas

LA ACTITUD DE DIOS HACIA LA MUJER


¿Cómo podemos hacernos un cuadro completo de lo que opina Dios de las mujeres? Una manera es examinando la actitud y la manera de tratarlas de Jesucristo, que es “la imagen del Dios invisible” y la persona que refleja a la perfección el punto de vista divino (Colosenses 1:15). El modo como trató Jesús a las mujeres indica que tanto él como su Padre las respetan y que de ninguna manera aprueban la tiranía a la que se ven sometidas con tanta frecuencia en muchos países.

Analicemos la ocasión en que Jesús habló con una mujer en un pozo. El Evangelio de Juan nos cuenta que “llegó una mujer de Samaria a sacar agua” y que “Jesús le dijo: ‘Dame de beber’”. Él estuvo dispuesto a conversar con una samaritana en público, aun cuando los judíos en general no se trataban con los samaritanos. Según The International Standard Bible Encyclopedia, para los judíos, “conversar con una mujer en público era particularmente escandaloso”. No obstante, Jesús se mostró respetuoso y considerado con las mujeres y nunca albergó prejuicios raciales ni sexistas. De hecho, aquella samaritana fue la primera persona a quien le reveló que él era el Mesías (Juan 4:7-9, 25, 26).

En otra ocasión se acercó a Jesús una mujer que por doce años había sufrido de flujo de sangre, una enfermedad que la avergonzaba y le restaba energías. Cuando ella lo tocó, se sanó al instante. “Jesús se volvió y, al observarla, dijo: ‘Ten ánimo, hija; tu fe te ha devuelto la salud’.” (Mateo 9:22.) La Ley de Moisés estipulaba que una mujer en su estado no podía mezclarse con la gente, ni mucho menos tocar a nadie. Pero Jesús no la regañó, sino que la confortó con compasión y hasta la llamó “hija”. ¡Cuánto tuvo que tranquilizarla oír aquellas palabras! ¡Y qué feliz debió de sentirse Jesús al curarla!

Después de resucitar, Jesús se apareció en primer lugar a María Magdalena y a otra de sus discípulas, a quien la Biblia llama “la otra María”. Aunque pudo haberse aparecido primero a Pedro, a Juan o a algún otro de sus seguidores varones, dignificó a las mujeres permitiendo que los primeros testigos de su resurrección fueran ellas. Un ángel les ordenó que contaran a los discípulos aquel acontecimiento inaudito. Luego, Jesús les dijo: “Vayan, informen a mis hermanos” (Mateo 28:1, 5-10). Él no se dejó influenciar en lo más mínimo por los prejuicios que en su tiempo reinaban en la comunidad judía, como el de que las mujeres no podían servir de testigos en un juicio.

De modo que lejos de tener un punto de vista prejuiciado de las mujeres o aprobar de algún modo los comportamientos machistas, Jesús demostró que las respetaba y valoraba. Sus enseñanzas iban completamente en contra de la violencia hacia las mujeres, y podemos estar seguros de que su actitud fue un reflejo perfecto del punto de vista de su Padre, Jehová.
Mujeres bajo el cuidado divino

“En ningún lugar del antiguo Mediterráneo o el Oriente Próximo se concedía a la mujer la libertad de la que disfruta en la moderna sociedad de Occidente. La tónica general era la de subordinación al hombre, tal como los esclavos estaban subordinados a las personas libres, y los jóvenes, a los mayores. [...] Se tenía en mayor estima a los hijos que a las hijas, y a veces se dejaba a las niñas expuestas a las inclemencias del tiempo para que murieran.” Así describe un diccionario bíblico la actitud predominante hacia las mujeres en la antigüedad. En muchos casos, su situación era casi equiparable a la de los esclavos.

La Biblia fue escrita en un tiempo en que esta actitud se palpaba en las costumbres de la gente. Sin embargo, las leyes de Dios contenidas en ella manifestaban gran estima por la mujer, lo cual era diametralmente opuesto al concepto de muchas culturas.

Sara

DIOS protegió a Sara dos veces

El interés de Jehová por el bienestar femenino se hace patente en las múltiples ocasiones en que él actuó a favor de sus siervas. Por ejemplo, dos veces impidió que violaran a Sara, la bella esposa de Abrahán (Génesis 12:14-20; 20:1-7). 

Mostró favor a Lea, la esposa menos amada de Jacob, “abri[éndole] la matriz” para que engendrara un hijo (Génesis 29:31, 32). A dos parteras israelitas piadosas que arriesgaron la vida en Egipto para salvar a los niños hebreos de la muerte, las recompensó concediéndoles hijos (Éxodo 1:17, 20, 21). También respondió a la fervorosa súplica de Ana (1 Samuel 1:10, 20). Y cuando la viuda de un profeta estaba a punto de perder a sus dos hijos, a quienes un acreedor iba a llevarse como esclavos en pago de una deuda, Jehová no la abandonó a su suerte. Amorosamente utilizó al profeta Eliseo para multiplicarle el suministro de aceite a fin de que pagara la deuda y tuviera de sobra para su uso doméstico. Gracias a esto, ella conservó su familia y su dignidad (Éxodo 22:22, 23; 2 Reyes 4:1-7).

Los profetas condenaron reiteradamente la explotación de las mujeres y el uso de la fuerza contra ellas. Jeremías mandó a los israelitas en nombre de Jehová: “Hagan derecho y justicia, y libren de la mano del defraudador a la víctima del robo; y no maltraten a ningún residente forastero, huérfano de padre ni viuda. No les hagan violencia. Y no derramen sangre inocente en este lugar” (Jeremías 22:2, 3). Antes otro profeta había censurado a los ricos y poderosos de Israel por haberles quitado a las mujeres sus casas y haber maltratado a sus hijos (Miqueas 2:9). El Dios de justicia ve y condena tales actos, que tanto sufrimiento causan a las mujeres y a sus hijos.
La “esposa capaz”

El escritor del libro de Proverbios ofrece una descripción adecuada de la mujer virtuosa. Y puesto que está incluida en la Palabra de Dios, podemos estar seguros de que él aprueba esta bella descripción del papel y la posición que ocupa la mujer. A ella no se la oprime ni se la considera inferior; todo lo contrario, se la aprecia, se la respeta y se le tiene confianza.

La “esposa capaz” del capítulo 31 de Proverbios es enérgica y hacendosa. Trabaja con esmero en lo que es “el deleite de sus manos”. Hasta compra y vende propiedades; por ejemplo, ve un campo y lo compra. Comercia con prendas de vestir que ella misma confecciona, y además suministra cinturones a los mercaderes. No es perezosa. Por otro lado, sus palabras destilan sabiduría y bondad, y se valoran muchísimo. De ahí que su marido, sus hijos y, más importante aún, Jehová, la tengan en tan alta estima.

Las mujeres casadas no deberían ser las víctimas de hombres que se aprovechen de ellas, que las maltraten o que las sometan a abusos; más bien, han de ser el feliz y virtuoso “complemento” de sus esposos (Génesis 2:18).

Dignas de honra

Cuando el apóstol Pedro escribió a los casados sobre cómo debían tratar a sus esposas, los exhortó a imitar a Jehová y Jesucristo diciéndoles: “Ustedes, esposos, continúen [...] asignándoles honra” (1 Pedro 3:7). Honrar a una persona implica valorarla y respetarla en sumo grado. De modo que el hombre que honra a su esposa no la h
umilla ni la degrada ni la maltrata, sino que demuestra de palabra y obra, en público y en privado, que la cuida y la quiere.

Honrar así a la mujer contribuye positivamente a la felicidad de la pareja.


Desde que la humanidad cayó en el pecado, las mujeres han sido privadas de su dignidad en muchas culturas. Han soportado abuso físico, mental y sexual. Pero no es así como Jehová espera que las traten los hombres. La Biblia estipula que, por encima de los conceptos de cualquier cultura, todas las mujeres merecen honra y respeto. Este es un derecho que Dios les ha concedido.

¿APRUEBA DIOS LOS MATRIMONIOS HOMOSEXUALES?




DURANTE la ceremonia eclesiástica, un famoso obispo episcopaliano tiene frente a él a dos hombres que, de pie y tomados de la mano, formulan un “pacto [...] ante Dios y la Iglesia”. El prelado, que luce vestiduras blancas con ornamentos dorados, bendice públicamente la unión. Al final, los contrayentes se besan y abrazan, al tiempo que los concurrentes se levantan y los ovacionan. Según el obispo, tales relaciones homosexuales “son santas y merecen que se bendigan, [...] merecen que se reconozca su carácter sagrado”.

Sin embargo, otros dirigentes religiosos se oponen rotundamente a dichos enlaces. “Nos perturba sobremanera la decisión [del obispo]”, señaló Cynthia Brust, portavoz del Concilio Anglicano Americano, integrado por episcopalianos conservadores. “Bendecir uniones homosexuales —añadió— contradice las claras doctrinas bíblicas sobre el matrimonio y la sexualidad, [...] [la cual] debe limitarse al hombre y la mujer unidos en santo matrimonio.”

La apasionada polémica sobre este particular no se circunscribe al ámbito religioso. Por todo el mundo se escuchan acalorados debates políticos, ya que están en juego importantísimas cuestiones sociales, políticas y económicas que abarcan aspectos tales como pensiones, cobertura médica del cónyuge e impuestos.

Los asuntos que implican derechos civiles y reconocimientos legales suelen ser muy complejos y tienden a dividir a la opinión pública. Además, los cristianos verdaderos evitan con mucho cuidado las discusiones políticas, pues desean mantenerse neutrales (Juan 17:16).* Ahora bien, hay personas que, si bien respetan la Biblia, no saben qué opinar acerca de la homosexualidad y los casamientos entre personas del mismo sexo. ¿Qué piensa usted sobre los matrimonios homosexuales? ¿Cuál es el criterio divino acerca de la unión marital? ¿Cómo puede influir la actitud de uno en su relación con Dios?

El Creador establece la norma

Mucho antes de que los gobiernos decidieran promulgar leyes que regularan el matrimonio, nuestro Creador ya las había establecido. Dice el primer libro de la Biblia: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne” (Génesis 2:24). Con respecto a la palabra hebrea traducida como “esposa”, el Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo,de W. E. Vine, explica que “señala a cualquier persona del sexo femenino”. Más tarde, Jesús confirmó que los cónyuges tienen que ser “macho y hembra” (Mateo 19:4).

Por consiguiente, Dios estipuló que el matrimonio fuese una unión íntima de carácter permanente entre hombre y mujer. Ambos seres están diseñados para complementarse a fin de satisfacer mutuamente sus necesidades y deseos de orden emocional, espiritual y sexual.

La conocida historia bíblica de Sodoma y Gomorra revela el criterio divino acerca de la homosexualidad. Dios declaró: “El clamor de queja acerca de Sodoma y Gomorra es ciertamente fuerte, y su pecado es ciertamente muy grave” (Génesis 18:20). El grado de depravación al que habían llegado estas ciudades se manifestó cuando el justo Lot recibió a dos visitantes. “Los hombres de Sodoma [...] cercaron la casa, desde el muchacho hasta el viejo, toda la gente en una chusma. Y siguieron llamando a Lot y diciéndole: ‘¿Dónde están los hombres que entraron contigo esta noche? Sácanoslos para que tengamos ayuntamiento con ellos’.” (Génesis 19:4, 5.) Las Escrituras añaden que “los hombres de Sodoma eran malos, y eran pecadores en extremo contra Jehová” (Génesis 13:13).

Aquellos hombres “se encendieron violentamente en su lascivia unos para con otros, varones con varones” (Romanos 1:27). Habían “ido en pos de carne para uso contranatural” (Judas 7). En los países donde hay constantes campañas en pro de los derechos homosexuales, quizás haya quienes objeten a que se aplique el calificativo contranatural a la conducta homosexual. Pero ¿acaso no es Dios el árbitro supremo en lo que respecta al orden natural? Pues bien, él dio este mandato a su pueblo: “No debes acostarte con un varón igual a como te acuestas con una mujer. Es cosa detestable” (Levítico 18:22).

Somos responsables ante Dios

Dios puede darnos la fuerza y la ayuda que precisamos para atenernos a sus preceptos y así recibir su bendición (Salmo 46:1).


La Biblia es muy clara: Dios no acepta ni pasa por alto las relaciones homosexuales. Lo mismo ocurre con las personas que “aprueban a quienes las practican” (Romanos 1:32). Y el que se celebre un “matrimonio” no las convierte en algo decente. Dios requiere que “el matrimonio sea honorable entre todos”, lo que excluye las uniones homosexuales, que él encuentra detestables (Hebreos 13:4).
Con la ayuda divina es posible que las personas “se abstengan de la fornicación” —término que incluye los actos homosexuales— y sepan “tomar posesión de su propio vaso en santificación y honra” (1 Tesalonicenses 4:3, 4). Hay que reconocer que no siempre es fácil.

APRENDE A SOBRELLEVAR LA INJUSTIA


¿QUIÉN no ha sufrido algún tipo de injusticia en la vida? Aunque algunas injusticias sean fruto de la imaginación, otras son muy reales.

Ser víctimas de una injusticia nos causa dolor emocional y puede causarnos daño espiritual. Tal vez sintamos un fuerte deseo de corregir la situación. ¿Por qué? Una razón es que nuestro Creador, Jehová Dios, “con quien no hay injusticia”, nos ha dotado con un agudo sentido de la justicia (Deuteronomio 32:4; Génesis 1:26). Sin embargo, habrá ocasiones en las que no se satisfaga dicho sentido. Dijo un sabio: “Yo mismo regresé para poder ver todos los actos de opresión que se están haciendo bajo el sol, y, ¡mira!, las lágrimas de aquellos a quienes se oprimía, pero no tenían consolador; y de parte de sus opresores había poder, de modo que no tenían consolador” (Eclesiastés 4:1). ¿Cómo podemos, entonces, afrontar las injusticias?

¿Qué es realmente la injusticia?

La injusticia consiste en actuar de manera contraria a las normas de la equidad o la justicia. Pero ¿quién establece la norma de justicia para el hombre? Como es lógico, nuestro Creador, que es justo e inmutable, tiene todo el derecho a decidir lo que es justo y lo que es injusto. Desde su punto de vista, andar “en los estatutos mismos de vida” significa “no hacer injusticia” (Ezequiel 33:15). Por eso, cuando Jehová creó al primer hombre, le implantó una conciencia: una voz interior que le ayudaría a distinguir el bien del mal (Romanos 2:14, 15). Además, Jehová ha dejado escrito en su Palabra, la Biblia, qué es justo y qué no.

Ahora bien, ¿cómo deberíamos proceder si creemos que se nos ha tratado injustamente? Haríamos bien en analizar el asunto de manera objetiva para comprobar si realmente se cometió una injusticia. Considere, por ejemplo, la situación en la que se encontraba el profeta hebreo Jonás, a quien Jehová encomendó que advirtiera a los ninivitas del desastre que se avecinaba. En un principio, Jonás huyó sin cumplir su misión; pero finalmente fue a Nínive y proclamó su inminente destrucción. Al ver que los habitantes hicieron caso a su advertencia, Jehová decidió perdonarlos y preservar la ciudad. ¿Cómo se sintió el profeta? “A Jonás, [...] esto le desagradó sumamente, y llegó a estar enardecido de cólera.” (Jonás 4:1.) Pensó que Jehová estaba cometiendo una gran injusticia.

Es obvio que Dios, quien puede leer el corazón y “es amador de justicia y derecho”, no estaba equivocado (Salmo 33:5). Jonás no tuvo otra alternativa que admitir que la decisión de Jehová estaba en armonía con su justicia perfecta. Cuando creamos que se ha cometido una injusticia con nosotros, preguntémonos: “¿Verá Dios la situación de un modo diferente?”.

Cómo reaccionar ante las injusticias

La Biblia menciona múltiples ejemplos de personas que sufrieron injusticias. Podemos aprender mucho de ellas examinando cómo hicieron frente a sus dificultades. Analicemos el caso de José. Movidos por los celos, sus hermanos lo vendieron a unos mercaderes y llegó a ser esclavo en Egipto. Una vez allí, la esposa de su amo trató de seducirlo; como él la rechazó, lo acusó falsamente de haber intentado aprovecharse de ella. Aunque José acabó en prisión, su fe era más fuerte que los grilletes que sujetaban sus pies, y no permitió que la injusticia debilitara su espiritualidad ni su confianza en Jehová (Génesis 37:18-28; 39:4-20; Salmo 105:17-19).


Otra víctima de la injusticia fue Nabot, contra quien Jezabel, esposa del rey Acab de Israel, urdió un plan atroz. El rey se encaprichó con comprar el terreno que Nabot había heredado y que estaba junto al palacio; pero Jehová había prohibido a los israelitas vender a perpetuidad las herencias familiares, por lo que Nabot rechazó la oferta del rey (Levítico 25:23). Ante esto, la perversa reina buscó testigos falsos que acusaran a Nabot de blasfemia contra Dios y contra el rey. En consecuencia, Nabot y sus hijos fueron ejecutados. ¡Imagine cómo debió sentirse Nabot cuando la gente empezó a recoger piedras para lapidarlo! (1 Reyes 21:1-14; 2 Reyes 9:26.)

No obstante, lo anterior palidece ante las injusticias que se ejecutaron contra Jesucristo. El perjurio y un juicio ilegal llevaron a que se le sentenciara a muerte. Al gobernador romano que participó en el proceso le faltó valor para defender lo que sabía que era justo (Juan 18:38-40). Sin duda, en el caso de Jesucristo, Satanás perpetró la mayor de las injusticias jamás cometida.

¿Indican estos ejemplos que Jehová es indiferente a la injusticia? ¡De ningún modo! Lo que ocurre es que no consideró aquellos sucesos desde la simple óptica humana (Isaías 55:8, 9). Pensemos en José. Gracias a que fue vendido como esclavo, pudo salvar a su familia, pues se había convertido en el administrador de alimentos de Egipto antes de que el hambre azotara la región. Si Jehová no hubiera permitido aquella injusticia, José no habría ido a prisión, ni habría interpretado los sueños de dos presos, ni tampoco uno de ellos le habría hablado de él al Faraón. Así fue como José llegó a ser el administrador de alimentos (Génesis 40:1; 41:9-14; 45:4-8).

¿Y Nabot? Una vez más, trate de ver la situación desde el punto de vista de Jehová. Ya que Dios tiene el poder para resucitar a los muertos, para él era como si Nabot estuviera vivo, aunque su cuerpo yaciera inerte en el suelo (1 Reyes 21:19; Lucas 20:37, 38). Nabot debe esperar el tiempo en que Jehová lo traiga de nuevo a la vida, y, puesto que los muertos están inconscientes, será como si solo hubiera pasado un instante (Eclesiastés 9:5). Además, Jehová vengó a Nabot cuando juzgó a Acab y su casa (2 Reyes 9:21, 24, 26, 35, 36; 10:1-11; Juan 5:28, 29).

En cuanto a Jesús, es verdad que murió; sin embargo, Dios lo resucitó y lo exaltó a una posición que está “muy por encima de todo gobierno y autoridad y poder y señorío, y de todo nombre que se nombra” (Efesios 1:20, 21). La injusticia maquinada por Satanás contra Jesucristo no impediría que Dios recompensara a su Hijo por sus sufrimientos. Jesús confiaba en que Dios podría haber revertido instantáneamente la injusticia de su arresto ilegal si hubiera querido; pero también sabía que su Padre tiene un tiempo para cumplir las Escrituras y para corregir todas las injusticias.

Es cierto que Satanás y sus representantes cometieron injusticias con personas rectas, pero Jehová finalmente ajustó cuentas y corrigió la situación de manera definitiva, y así lo hará también en el futuro. Por lo tanto, ante una injusticia, esperemos a que llegue el momento en que Dios la repare (Deuteronomio 25:16; Romanos 12:17-19).

¿Por qué permite Jehová la injusticia?

Dios tal vez tenga razones para no corregir cierta situación. Puede que, como parte de nuestra formación cristiana, permita que soportemos una injusticia. Claro está, ‘con cosas malas Dios no somete a prueba a nadie’ (Santiago 1:13). Aun así, tal vez decida no intervenir en determinada situación, aunque sin dejar de sustentar a quien esté dispuesto a aprender de la prueba. “Después que ustedes hayan sufrido por un poco de tiempo —nosasegura la Biblia—, el Dios de toda bondad inmerecida [...] terminará él mismo el entrenamiento de ustedes; él los hará firmes, él los hará fuertes.” (1 Pedro 5:10.)

Además, el hecho de que Dios permita cierta injusticia da a los transgresores la oportunidad de arrepentirse. Tan solo unas semanas después de la ejecución de Jesús, algunos judíos que escucharon la amonestación de Pedro “se sintieron heridos en el corazón”. Aceptaron con entusiasmo la Palabra de Dios y se bautizaron (Hechos 2:36-42).

Por supuesto, no todos los que practican la injusticia se arrepentirán. Puede que algunos incluso se envalentonen y cometan actos de flagrante injusticia. Con todo, Proverbios 29:1 asegura: “Un hombre censurado repetidas veces, pero que hace dura su cerviz, de repente será quebrado, y eso sin curación”. No tenemos la menor duda: llegará el día en que Jehová tomará acción y exterminará a quienes persistan en su mala conducta (Eclesiastés 8:11-13).

Independientemente del tiempo que nos lleve recobrarnos de la injusticia, estamos seguros de que Jehová sabe cómo ayudarnos. Y está claro que corregirá toda injusticia que hayamos sufrido en este perverso sistema de cosas. Es más, nos ha prometido la recompensa final, a saber, vida eterna en un nuevo mundo en el que “la justicia habrá de morar” (2 Pedro 3:13)
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BRINDAR CONSUELO EN UNA PERDIDA

LÁZARO, que vivía en Betania, estaba muy enfermo. Sus hermanas, Marta y María, sabían que la situación era grave, así que mandaron mensajeros para avisar a su buen amigo Jesús. Por desgracia, la vida de Lázaro terminó apagándose. Tras el entierro, muchos amigos y vecinos fueron a darles el pésame a las dos hermanas (Juan 11:19). Finalmente, también llegó Jesús. ¿Qué hizo entonces? ¿Qué les dijo a sus queridas amigas? Examinemos su ejemplo, y así aprenderemos la mejor manera de consolar a quienes han perdido a un ser querido.

Para llegar, Jesús tuvo que cruzar el río Jordán, pasar por Jericó y recorrer un sinuoso camino que subía hasta Betania. En total, el viaje le tomó un par de días. Tan pronto como Marta se enteró de su llegada, fue a recibirlo a las afueras del pueblo. María lo supo después, y también corrió a su encuentro (Juan 10:40-42; 11:6, 17-20, 28, 29). Sin duda, tuvo que ser un gran consuelo para ambas ver allí a Jesús.

Mapa

1. SAMARIA; 2. PEREA; 3. Jerusalén; 4. Betania; 5. Jericó; 6. Río Jordán; 7. Mar Salado

De aquí extraemos la primera lección: que nuestra presencia es muy importante. Así lo demuestra el caso de Scott y Lydia, quienes perdieron en un accidente a su hijo de seis años, llamado Theo. Ellos explican: “Lo que más necesitábamos era tener cerca a nuestros familiares y amigos. Se levantaron en plena noche y fueron directamente al hospital”. Pero, en una situación así, ¿qué podían decirles para consolarlos? “No hacía falta que dijeran nada —asegura la pareja—. Lo importante es que estaban ahí.”

Pero volvamos al relato de Lázaro. La Biblia revela que, cuando Jesús vio a los presentes llorando, se conmovió tanto que “cedió a las lágrimas” (Juan 11:33-35, 38). Como vemos, no le parecía que llorar fuera cosa de mujeres. Le dolía ver sufrir a sus amigos y no le importaba expresar en público sus sentimientos. ¿Qué nos enseña esto? Que no hay por qué reprimir las lágrimas si se nos parte el corazón al ver a nuestros amigos llorando (Romanos 12:15). Por otro lado, tampoco hay por qué obligar a los dolientes a exteriorizar su dolor; algunos prefieren llorar en privado.

Escúcheles

Madre hablando con su hija

Es probable que, al llegar, Jesús ya tuviera pensadas algunas palabras de aliento para Marta y María. No obstante, al parecer dejó que ellas hablaran primero (Juan 11:20, 21, 32). Y cuando comenzó a hablar con Marta, le planteó una pregunta y escuchó atento su respuesta (Juan 11:25-27).

Y es que, al escuchar con interés a una persona, le demostramos que de verdad nos importa. Por tanto, es necesario prestar mucha atención a lo que nos diga el doliente. También conviene hacerle preguntas que le confirmen que nos interesamos por su bienestar. Ahora bien, si no desea hablar, no se le debe forzar. No hay que olvidar que puede estar agotado física y emocionalmente.

Asimismo, hay que tener en cuenta que, en estas situaciones, las personas a veces no pueden pensar con claridad, e incluso repiten las mismas frases una y otra vez. Quizás haya quienes sean muy francos al expresar sus emociones. Por ejemplo, tanto Marta como María le dijeron a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21, 32). ¿Cómo reaccionó Jesús? En lugar de darles un sermón sobre cómo deberían sentirse, las escuchó con paciencia y comprensión. Él sabía que el ser humano puede responder de formas inesperadas ante un fuerte golpe emocional.

Veamos otro punto. Cuando visitamos al familiar de un fallecido, puede ocurrir que no sepamos qué decir. Tal vez baste con preguntar: “¿Tienes ganas de hablar?”. Si la persona responde que sí, centrémonos en lo que nos cuente. Mirémosla mientras nos habla y esforcémonos por comprender sus sentimientos.

Por supuesto, hacer esto no será fácil. Lydia, mencionada antes, explica cómo se sentían ella y su esposo: “Había momentos en que nos daba por llorar delante de todos, y entonces nos hacía falta que alguien nos dijera algo positivo. Nuestros amigos hacían cuanto podían por entender lo que necesitábamos en cada momento”.

En esto, Jesús fue el ejemplo perfecto. Él sabía que cada persona sufre “su propia plaga y su propio dolor” (2 Crónicas 6:29). Por eso, no trató a las dos hermanas de Lázaro de igual manera. Marta quería hablar, así que siguió conversando con ella. Pero como María estaba llorando, no le habló mucho (Juan 11:20-28, 32-35). Esto nos enseña otra lección: hay que dejar que sea el doliente quien decida el rumbo que tomará la conversación. Pocas cosas le consolarán tanto como tener a su lado un oído amigo.

Hábleles

Cuando Marta y María dijeron: “Si hubieras estado aquí...”, Jesús no se ofendió ni les recriminó su actitud. Al contrario, confortó a Marta respondiéndole: “Tu hermano se levantará” (Juan 11:23). Esas cuatro palabras fueron suficientes para que ella recordara que había una esperanza.

Así pues, nunca subestimemos el valor de dedicarle a nuestro amigo unas bondadosas palabras de ánimo, por pocas que sean. También podemos escribirle una carta o una tarjeta; así, siempre que lo necesite, podrá volver a leerla y se sentirá mejor. Eso le ocurrió a una mujer llamada Kath. Nueve meses después de perder a su esposo, Bob, ella releyó todas las tarjetas que había recibido. “Me ayudaron más que la primera vez —asegura—. Fue entonces cuando me consolaron de verdad.”

¿Qué se puede escribir en estas tarjetas? Tal vez algún comentario positivo sobre el fallecido, o quizás algún recuerdo bonito. La propia Kath explica: “Las cosas que me contaban sobre Bob y su personalidad me hacían reír y llorar al mismo tiempo. Las anécdotas me recordaban los buenos tiempos que pasamos juntos y lo felices que fuimos. Además, muchas tarjetas citaban versículos bíblicos muy animadores. Las guardo con mucho cariño”.

Ayúdeles

Una familia ayudando a una viuda

Jesús ayudó a la familia de Lázaro de un modo extraordinario: resucitando a su amigo (Juan 11:43, 44). Claro, nosotros no podemos hacer milagros, pero hay otras cosas que sí están a nuestro alcance: llevar comida, ofrecer alojamiento a visitantes que vengan de lejos, lavar ropa, cuidar de los niños, hacer diligencias o proporcionar transporte. Gestos como estos son sencillos, pero se agradecen muchísimo.

Por supuesto, habrá momentos en que nuestro amigo necesite estar solo. Con todo, conviene que nos aseguremos de mantenernos en contacto. Cierta madre que perdió a un hijo explica: “El duelo no dura un período fijo de tiempo, no tiene una fecha límite”. En vista de esto, hay quienes señalan en el calendario días claves para su amigo, como el del fallecimiento del familiar o el de su aniversario de bodas. Así pueden ofrecerle su valiosa compañía en esos difíciles momentos (Proverbios 17:17).

¿De qué otra forma ayudó Jesús a sus amigos? Recordemos que él les había dicho a sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro está descansando, pero yo me voy allá para despertarlo del sueño” (Juan 11:11). Ya antes, Jesús había enseñado que los muertos van a resucitar. Esta misma esperanza consoló a Marta, pues cuando Jesús le preguntó si tenía fe en ella, Marta contestó que sí (Juan 11:24-27).

Y usted, ¿también tiene fe en que Jesús resucitará a quienes han fallecido? En tal caso, hábleles de ello a los amigos que han perdido a un ser querido. Así imitará a Jesús y se convertirá en una fuente de ayuda y consuelo para quien más lo necesita (1 Juan 3:18).

ERES COMO ELI O COMO ANA?



El primer libro de Samuel inicia con la fascinante historia de Ana y la dedicación de Samuel, quien fue el último de los jueces y el primer profeta que tuvo el pueblo de Israel, asimismo aparece la historia de Eli el Sumo Sacerdote y Juez de Israel que aguardaba en el templo en la ciudad de silo donde se resguardaba el arca del pacto. Eli era padre de dos hijos Ofni y Finees quienes hacían su servicio como sacerdotes en el templo, pero quienes se habían corrompido y apartado de Dios (1 Sam 2:12) no les importaba sus compromisos con Dios, (2:13-17; 28-29) cometían fornicación en medio del templo (2:22)

Como resultado de ello Dios le revelo a Eli que interrumpiría el servicio sacerdotal de Eli. (2: 30-36) y levantaría otro que lo reemplazara (3.11–14). Esta profecía se cumplió con la muerte de Ofni y Finees (4.11), la muerte de Elí (4.18), la matanza de los sacerdotes de Nob (1 S 22) y la despedida de Abiatar por Salomón (1 R 2.27).

I. Eli su vida y ministerio.

a.


Aspectos positivos de su vida.

i. Juzgo a Israel durante 40 años. 4:18

ii. Le aseguro la bendición de Dios a Ana madre de Samuel. 1:17

iii. Entreno y educo a Samuel el gran juez de Israel. 2:11

iv. Acepto humildemente la voluntad de Dios para su vida y la de sus hijos. 3:18


b. Aspectos Negativos en la vida de Eli.

i. Fallo en el cuidado de sus hijos.2:12Se apartaron de temor a Jehová, (eran impíos) “hijos de Belial”

No tenían conocimiento de las cosas del Señor-

ii. Honraba a sus hijos más que a Dios. 2:29

Es considerado idolatría, porque no le daba reverencia a Dios.

iii. Rehusó a enfrentar los hechos de acuerdo a la palabra de Dios.

Deuteronomio 21.18–21 y 17.12. En 3.13 Dios afirma claramente que Elí rehusó disciplinar a sus hijos; en lugar de eso, los malcriaba. Su déb

il advertencia en 2.23–25 no fue sustituto de la disciplina definida. Compárese 2.26 (Samuel) con Lucas 2.52. (2:52).

iv. Vio el arca del pacto como una reliquia para ser atesorada, en vez de verla como un símbolo de la presencia de Dios en Israel. 4:3Israel perdió cuatro mil hombres en la primera batalla y esto debió haberles mostrado que desagradaron a Dios. ¿Se arrepintieron y se volvieron a Dios en oración y confesión? ¡No! En vez de eso echaron mano a la superstición y llevaron el arca del pacto al campo de batalla. No podían llevarla con fe porque Dios no lo ordenó en su Palabra. Actuaban por impulsos y no por fe.

En lugar de reverenciar el arca como símbolo de la presencia de Dios, ¡la convirtieron en una reliquia religiosa!

Eli - Tenía la tendencia de reaccionar ante las situaciones pero no tomaba una acción decisiva.APLIC. Los hijos necesitan saber que las palabras y las acciones de sus padres van juntas.

3: 11-14 La persona que se somete al Señor y está

siempre dispuesta a escuchar, aprenderá la voluntad de Dios. Elí desobedeció al Señor y puso a su familia primero, por lo tanto Dios no le hablaba directamente.

Fue un mensaje de juicio para la casa de Elí y en el corazón de Samuel debe haber pesado mucho. Samuel quería a Elí y había aprendido mucho de él, pero él sabía que debía ser fiel al Señor a pesar de sus deseos personales.

II. Ofni y Finees su vida como hijos

a. No conocían a Dios. Estaban lejos de una relación con Dios. 2:12 (Rom. 3:23; 6:23; 1 Juan 5:11-12)

b. No les importaba el sacrificio a Dios. 2:17 (Jesús dijo “Este pueblo con sus labios me honra pero su corazón… (Isaías 29:13)

c.

Desobedecieron la corrección de su padre. 2:25

d. Por su desobediencia atrajeron el juicio de Dios sobre su pueblo. 4:1-4 y 10-11. Los filisteos estaban primero temerosos; luego determinados; incluso si el Dios de Israel estaba en el campamento, ¡iban a comportarse como soldados valientes! Puesto que Dios abandonó a su pueblo, los filisteos tuvieron una victoria fácil. El Salmo 78.56-61ss es una descripción vívida de esta tragedia. Israel debía haber sabido que la presencia de Dios entre ellos dependía de su obediencia a su Palabra. Ofni y Finees eran sacerdotes impíos; su presencia trajo juicio, no bendición. Y donde comenzó todo en el hogar de Eli.

Nuestras vida se vuelven oscuras y nuestros hogares sombríos cuando dejamos a un lado el temor de Dios.

e. Las consecuencias de una vida mal orientada. 4:16-20Elí, estaba ciego de noventa y ocho años de edad, estaba sentado junto al camino cuando llegó el mensajero a Silo con las malas noticias; pero este mensajero pasó de largo y anunció su mensaje en la ciudad. El clamor de la ciudad despertó la curiosidad de Elí, porque sin d
uda esperaba el cumplimiento de la profecía de Samuel (3.11–14; 2.34–35). Nótese cómo el mensajero da las cuatro malas noticias en orden de importancia: Israel huyó; mataron a muchos; los dos hijos de Elí habían muerto; y el arca había sido capturada por el enemigo. Ahora vemos aflicción tras aflicción: Elí cae en un estado de shock, se rompe el cuello y muere; y su nuera también pierde su vida al dar a luz un hijo.

El nombre «Icabod» significa «sin gloria» o «¿dónde está la gloria?» Cuando el pecado domina nuestra vida, aun las alegrías y placeres dados por Dios parecen vacíos.

Padres asumamos la responsabilidad de cuidar la vida espiritual de nuestros hijos, son la herencia que Dios nos ha entregado en nuestras manos, no lo podemos hacer solos necesitamos la gracia de Dios y su poder inagotable para lograrlo y convertirnos en padres y

madres ejemplares.

Hijos no quebranten la dignidad de sus padres, hónrelos, respétenlos y esto atraerá larga vida sobre ustedes les ayudara a que les vaya bien por la vida y la

bendición de Dios este sobre ustedes.

Eli descuido su familia y no atendió el llamado de Dios, Sus hijos se alejaron de Dios y no

quisieron escuchar a su padre cuando les corrigio.


(Muchos hoy se niegan a recibir en sus vidas el amor de Dios a través de Jesucristo, aun cuando se dan cuenta que lo necesitan, aun cuando sabe que sus vidas están vacias, ¿quieres seguir viviendo una vida vacia y sin sentido?

Leamos … San Juan 3:16-19) Dios te ama y quiere darte vida eterna, es tu decisión si rechazas o aceptas la oferta de Dios

1 Juan 5:11-12 La vida eterna esta en Jesucristo, si tienes a Cristo tienes Vida, ¿quieres entregar tu vida al Señor y confiar en él para salvación?

MODELO BIBLICO PARA LOS PADRES


En nuestros días se escribe mucho acerca de la paternidad, de las relaciones de pareja y de muchas cosas más que tienen muy buenas intenciones para ayudarnos a ser mejores padres y mejores esposos o esposas, en la biblia encontramos algunos consejos que deseo compartir con ustedes específicamente del capítulo 6 y versículo 4 del libros de efesios en el nuevo testamento, solo deseo que esto sea sencillo y práctico para poder aplicarlo a nuestras vidas pues la palabra es para los simples y sencillos de corazón, quiera Dios usarlo para su edificación.

Texto Clave: Efesios 6:4

1. Los Padres Deben educar a sus hijos evitando la violencia represiva. (4ª)

a. El sentido aquí está relacionado con el padre. (vosotros padres…) no es el sentido plural de padre y madre sino que se dirige específicamente al hombre, veamos algunas razones para este argumento.

b. El padre como cabeza de familia tiene una responsabilidad especial en cuanto a la educación de sus hijos, especialmente en la cultura de los días de Pablo era el hombre encargado de la disciplina y el castigo hacia los hijos especialmente los varones y la madre tenía la misma obligación en caso que el padre no estuviera presente, y como madre su apoyo más importante era la educación de sus hijos.

c. La autoridad de los padres es para el bien de los hijos y no para la satisfacción egoísta de los padres: “no provoquéis a ira”, en los tiempos de Pablo ya fueran hogares paganos, cristianos o judíos. La mayoría de estos padres al gobernar su hogar lo hacían con extrema rigidez y autoridad dominante. Muy pocas veces se consideraban los deseos y el bienestar de la esposa y los hijos, realmente era una cultura muy excluyente.

d. Pablo mostrando la voluntad de Dios aclara que la autoridad de un padre cristiano no debe dar lugar a exigencias irrazonables que podrían despertar enojo, amargura y deseos de venganza en sus hijos como también en su esposa. -La ley romana concedía a los padres el derecho de vida o muerte sobre los hijos.-En la ética cristiana se nos enseña que los padres en su trato con sus hijos deben cuidarse de ser ásperos y rígidos al grado que los hagan arder en ira. En nuestros días se da mucho el abuso físico y verbal, (avergonzarlos, regañarlos o castigarlos frente a los demás)-Cuando los padres son irrazonablemente estrictos, los hijos llegan a pensar que no es posible agradarlos y por lo tanto ya no siguen intentándolo.

-Si quieres que tus hijos confíen en ti, obedezcan y estén orgullosos de sus padres le recomiendo que no mire lo negativo solamente, anímelo por lo bueno que hace, abrácelo, dele un beso, sóbele la cabeza, exprésele su amor, pero cuidado si es adolescente o adulto no lo haga frente a los demás. Como hijos necesitamos estos alagos.

e. Un hijo que se siente feliz se le hará más fácil obedecer y honrar.

f. Un trato inconsistente y cruel confunde a los hijos, causa problemas emocionales y despiertos resentimientos.

-Las consecuencias son lamentables especialmente hacia la unidad familiar y la iglesia.

2. Los Padres deben educar a sus hijos siguiendo las instrucciones de la Biblia. (4b).

a. Disciplina: Se refiere a instrucción y corrección, tiene que ver con la enseñanza verbal o formación que le da el padre al hijo continuamente.-No se refiere a castigo. - La palabra “criadlos” tiene que ver con la formación, (ejemplo y prácticas en el hogar) Es orar por ellos, hablarles de Cristo, etc. Prov. 22:15; 13:24

-Cuando fue la última vez que usted leyó la biblia, oro con su hijo(a) no quiero que se sienta mal solo quiero animarle para que estas prácticas las haga parte en la construcción de una relación mucho más cercana con sus hijos.

b. Amonestación: implica corregir (reprender) y advertir, que cosas no le gusta que su hijo haga, dígaselo a él y también enséñele cual sería la consecuencia. Y la amonestación tiene que ver con repetir una y otra vez hasta que el niño o la niña aprenda.

-No le conceda todo lo que desea…

Sussanah Wesley: Madre de 17 hijos entre ellos John y Charles Wesley escribió: El padre que se cuida de someter la voluntariedad en su hijo, trabaja junto con Dios en la renovación y salvación de un alma, el padre que le concede sus caprichos hace la obra del diablo, hace impráctica la religión, inalcanzable la salvación y pone todo de su parte para condenar a su hijo para siempre en cuerpo y alma.

Entonces diríamos que:

i. Debemos ser humildes, aun cuando pensemos que lo sabemos todo siempre habrá algo nuevo por aprender. (aprended) Mt. 11:29-30

ii. Debemos corregirlos aun cuando sintamos heridos nuestro corazón. (Heb 12:5-11 “después da fruto” 11)

iii. Debemos aprender a ser tiernos con nuestros hijos aun cuando sean rebeldes. 1 Tes 2:7 “tiernos como la nodriza..”

Quiere acercarse a su hijo y decirle algo, búsquelo.

Algunas recomendaciones finales:

  1. Tenga reuniones para escuchar a sus hijos e hijas, un buen tiempo para ellos es cuando oramos y leemos la biblia, no lo hagamos con el propósito de querer darles sermones sino de escucharles a ellos que aprenden de la lectura bíblica.
  2. Conozca las características de cada uno de sus hijos. Cada ser humano es diferente.
  3. Motívelos a desarrollar sus habilidades y destrezas o dones que el Señor les ha dado.
  4. Haga acuerdos con su pareja para la crianza de sus hijos.
  5. Establezca reglas razonables para su hogar y logre que se cumplan.
  6. Sea un amigo de sus hijos.
  7. Motive a toda su familia para que asistan juntos a la Iglesia.
  8. Ore permanentemente por sus hijos.