REFLEXIONES




Desde niñas vamos siendo formadas para postergarnos a nosotras mismas y proteger o sostener a los demás. El principio de amar y servir es maravilloso porque Dios mismo es lo que nos pide hacer y no solo a las mujeres sino a los hombres también, pero no sé porque razón este principio tan noble, para el hombre según la sociedad en que vivimos es una opción pero sin embargo para nosotras las mujeres es una obligación. Las dos palabras comienzan con “o” y terminan con “n” pero son tan diferentes una de la otra en concepto y realidad.
Yo misma soy producto de esta formación y conociendo y amando a Dios acepto en mi corazón que como mujer y como cristiana es lo que debe de ser mi testimonio de vida pero también a medida que conocía y experimentaba el amor del Señor descubría que para Él hombres y mujeres son iguales y que de los dos espera el mismo testimonio de vida. Después de plantear esta realidad me gustaría enfocar un punto muy importante para nosotras como mujeres y es que si bien tenemos muchas obligaciones tenemos una no menos importante: buscar tiempo para estar a solas con nuestro Dios y también con nosotras mismas.
Cada amanecer nos levantamos (en muchos casos nos “lanza-mos” de la cama ¡como bólidos!) para vivir un día sin estrenar, nos colocamos nuestra vestidura de madres, empleadas del hogar, choferes a toda maquina, esposas que cooperan con la economía del hogar, etc. y en medio de tantos papeles que nos toca vivir, y todos casi al mismo tiempo. ¿Dónde hemos dejado el tiempo para estar con nuestro Padre Celestial?
Dónde queda aquella joven ilusionada con metas y aspiraciones propias?, y esa vida interior propia, aparte de ser esposas y madres es la que no debemos dejar morir y nadie más que a
nosotras mismas nos compete oxigenarla, desempolvarla y volver a la vida!
Creo firmemente que cada una de nosotras tenemos un talento, una ilusión propia que Dios siembra en nuestro interior y que cuando no desarrollamos esta aspiración vamos muriendo poco a poco cada día y es a detener este funeral que yo la estoy invitando hoy.
Todo ser humano en la faz de la tierra tiene deberes y tiene derechos, y por la gracia de Dios nosotras también estamos incluídas! Y uno de esos derechos es a tener nuestro propio espacio para orar, descansar, leer, escribir, crear, soñar y tener hasta nuestro propio proyecto de vida aparte de nuestro proyecto de familia sin que este choque o afecte nuestros deberes de esposas y madres. Todo lo contrario, cuando aprendemos a vernos por dentro y descubrimos la riqueza interior que Dios ha puesto en nosotras descubriremos
el talento o la gracia interior que Él ha depositado en nosotras.
Estoy convencida de que si un ser humano, en este caso, la mujer, no descubre, alimenta y desarrolla una vida interior propia no podrá ser plenamente feliz porque ese interior agonizante, ese talento sin desarrollar, ese espacio clausurado poco apoco la minaran y ese tóxico que genera la amargura contaminara su acción de amar, servir y de dar.
Hoy Xochitl le ha permitido vivir y disfrutar a Xochitl, la joven a quien le gustaba escribir desde niña, dando lugar a una escritora observativa y más madura conservando la sencillez de aquel joven corazón. Esta gracia que el Señor le regaló de poder expresarse a través de la palabra escrita ha revitalizado su vida de madre, hermana, amiga y de hija de Dios.
Mujer solo has un alto en tu agitado vivir, invítate a ti misma a un “té espiritual”contigo misma y poco a poco verás los lindos resultados por apartar un espacio para buscar el rostro de tu Creador, los anhelos de tu corazón y la realización de metas que te permitan vivir plenamente sin alterar el proyecto familiar.
Claro que se puede! Cierro este espacio con un pensamiento que una amiga me dio escrito en un papelito y que me ha ayudado tanto para buscar esa vida interior en mi. ”No permitas que nadie te quite el canto de tus labios. Pablo el Apóstol demostró que si tienes un canto, tu canto puede propiciar tu salida de la cárcel”
Piensalo!

LA FE: UNA REALIDAD


Nada hay tan peligroso como dudar de Dios. Quien duda de Dios tenderá naturalmente a desconfiar de Dios. Y si no puede confiar en Dios, ¿en quién podrá depositar su esperanza?

Ese es el riesgo o la ambivalencia de la fe. Quien la tiene, vive, vive de ella y con ella. Por contraste, si la pierde, la atrofia o la contamina, en esa medida prepara y adelanta su propia muerte. El hombre no puede vivir sin amor, pero para amar es indispensable y previo creer. Uno aprende a am

ar cuando se sabe amado primero. Dios nos amó primero.

No solemos tomar conciencia de los bienes que se nos regalan junto con la fe y que, obviamente, se pierden cuando ella se extingue o desvirtúa. La fe, en efecto, nos da la certeza de nuestra propia identidad y valer: Soy hijo de Dios, soy miembro de la iglesia de Cristo, soy templo del Espíritu Santo, soy persona en la iglesia y en el mundo. Por mí, por todos, ha muerto Cristo; yo valgo la sangre de un Dios; yo participo del sacerdocio y de la realeza de Cristo acorde a lo que expresan las Escrituras. Todos los cristianos somos la luz del mundo y la sal de la tierra. Yo participo de la naturaleza divina. Nuestro espíritu es creación de Dios, espíritu inmortal; y hasta nuestros cuerpos son obra también del Creador divino.

Nuestra fe nos da también una luz, una óptica para penetrar los misterios de la existencia y percibir en su trama dolorosa y con frecuenci

a incomprensible, una sabia intencionalidad y pedagogía de amor. Con esa luz se nos regala fuerzas, energías más que humanas para superar los más formidables obstáculos, sin detenernos siquiera ante el riesgo o el temor de la muerte, porque aun y sobre todo en la muerte, la fe descubre el camino que lleva a la plena posesión de la vida.

Creer es descansar, apoyarse con todo el ser e ilimitada confianza en Jesucristo, en su palabra, en su corazón, en la realidad que él es el Camino, la Verdad y la Vida del hombre. Nuestra fe es virtualmente todopoderosa siempre, y finalmente victoriosa. Es la “fe que vence al mundo”. Quienes la poseemos, la cultivamos y la ponemos en práctica, y con ello somos sobremanera dichosos e inagotablemente fecundos.

El justo vive de la fe. Si pierde la fe, muere. Todo el impresionante listado de valores que acompañan a la fe se vuelve en contra nuestra cuando dudamos y desconfiamos de Dios.

Recordemos: por la duda empezó el pecado. La primera pareja humana aceptó jugar con la duda y desconfianza en Dios. Hasta antes de escuc

har el susurro hipócrita del sembrador de cizaña, del envidioso, mentiroso por naturaleza, Adán y Eva vivían en la fe ingenua que caracteriza a los niños: mi padre me quiere, y quiere mi bien. Todo lo que él hace lo hace por mí y por mi bien. Esta fue precisamente la convicción fundamental que Satanás procuró destrozar, sabiendo que sobre ella está construido todo lo demás. Si uno duda y desconfía de quien, por definición es el más llamado a amarlo a uno ya no habrá quien sea merecedor de confianza.

Y si nadie es digno de crédito, si de nadie se puede esperar nada que sea gratuito y favorable a nosotros, la única conducta congruente será considerar a todo el mundo como enemigo potencial y dedicarnos fríamente a salvaguardar nuestros propios intereses. Todo quiebre en la fe y confianza en Dios repercute de inmediato en la fe y confianza en el hombre. La guerra, la violencia y el odio homicida son la trágica documentación de un naufragio de la fe en Dios. Cuando Caín dudó de que Dios le amaba, su primera reacción fue matar a su hermano.

Diversas son las razones o circunstancias capaces de inducir un debilitamiento de la fe o una duda corrosiva de ella. Puede ser la deficiente o nula formación recibida, o la negligencia en complementar y perfeccionar la que se r

ecibió. El mal ejemplo de los testigos de la fe contribuye, por cierto, a desorientar a los creyentes que se miran en ellos. Muchos de ellos, “predicadores”, han dejado tras de sí almas totalmente desprovistas de fe alguna en Dios y en Cristo.

La propaganda, insidiosa y persistente de quienes se interesan en divulgar que la iglesia de Cristo es una “creación” de los norteamericanos, quienes llegan a los países a “enriquecerse” predicando y a “dogmatizar el gobierno de su país” sin dejar que los naturales puedan tomar el control del “negocio”, no deja de cobrar víctimas en los menos fuertes o menos hábiles en discernir. El espectáculo de las injusticias que claman al cielo, la brutalidad de la guerra y el terrorismo, la tremenda desigualdad social entre los menos y los más, favorecen la duda sobre la bondad, el poder y aun la existencia de Dios.

El misterio del dolor, sobre todo cuando asume formas en extremo crueles y

absurdas, se clava como espina porfiada en el corazón del hombre y le hace gemir de miedo y angustia, hasta preguntar: ¿Dónde estás. Señor, y si estás ahí, por qué no respondes?” A la propaganda atea y corrosiva, hábilmente disfrazada de humanismo y hasta de teología, se debe responder con una inalterable fidelidad a Dios y fe en Cristo como Salvador.

En la pesadilla de los problemas humanos inherentes a la vida, a la pesadilla de la violencia descubriremos siempre, como raíz, el olvido y desprecio a Dios: así cada injusticia, cada desprecio, cada día nos urgirá a respetar y hacer respetar, como sagrada, toda vida humana rescatada por la sangre de Cristo.

Por medio de las Escrituras podemos entender que tres simples miradas pueden ayudar al diario ejercicio y perfeccionamiento de nues

tra fe.

La primera se vuelve hacia el pasado. Todo lo que ocurrió, y en especial lo más doloroso e incomprensible, se nos aparece hoy en una nueva perspectiva. Ahora, como cristianos, más serenos, más maduros espiritualmente, descubrimos que Dios tenía la razón; que él es sabio y bueno, y todo lo hace bien. Es decir, pensando en nosotros quiere nuestro provecho y que logremos la vida eterna. Mirar el pasado desde esta perspectiva nos ayudará mucho a creer en la bondad y sabiduría de Dios.

Lo mismo ocurre cuando miramos el presente, si es que lo hacemos con objetividad y ecuanimidad (justicia). Nos faltan cosas; no nos res

ultan nuestros planes; pero las que tenemos y disfrutamos, y las que sí resultan bien superan en mucho a las anteriores. Cuando nuestra fe se ejercita en valorizar rectamente el presente, culmina siempre en un “gracias a Dios”.

¿Y el futuro? La fe nuestra se debe ejercitar atreviéndose, imaginando. Esto es en el sentido de lo que sabemos que es Dios para nosotros.

Un cristiano hace con gusto tareas que para otros parecen imposibles, pone en ellas cuanto está de su parte; y el resto se lo deja a Dios.

Hay que darle a Dios un espacio, un tiempo, una oportunidad. Si él nos invita a caminar sobre el agua de las dificultades, caminemos y no dudemos. Pocas cosas ofenden tanto a Dios como que se desconfíe de él. “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14.31). La primera verdad, el primer grito de nuestra fe, es y debe ser: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20.28).

MAS VALE SOLO, QUE MAL ACOMPAÑADO


“Mejor solo que mal acompañado” es una frase usada con frecuencia, por quienes, luego de iniciar una relación, se desilusionan de su pareja. Lo más preocupante es que esto suele suceder tanto antes como después del matrimonio; y digo preocupante porque las consecuencias a nivel emocional y espiritual de un sentimiento de esta índole, después de haber contraído un vínculo tan fuerte como el matrimonio, podrían ser devastadoras.

Cuando una persona que ya se ha unido a otras, experimenta estos sentimientos, deberá buscar ayuda con el fin de encontrar una solución acorde a su situación. Sin embargo, justo para evitar una amarga experiencia que lleve a tales sentimientos, se debe entonces dimensionar la trascendental importancia que tiene el noviazgo, como etapa para llegar a conocer, a profundidad, a la persona que hemos elegido para compartir, entre otras cosas, tiempo, cariños y experiencias.

Aún, aquellas parejas que no están pensando en el matrimonio al establecer una relación sentimental, deben buscar este objetivo, tanto por el bienestar actual de ambos como porque eventualmente la relación podría llevar al matrimonio.

Las razones por las que hombres y mujeres buscan establecer vínculos afectivos románticos son variadas, como también son las características o atributos que buscan en una posible pareja. Tratar de establecer cuáles razones son las correctas o el tipo de características “recomendables” sería obviar la individualidad y complejidad del ser humano. Sin embargo, lo que si podemos hacer es tratar de establecer algunas de las motivaciones, patrones y elementos que pueden resultar en dinámicas y vínculos poco saludables en el desarrollo de las relaciones románticas.

Naranjas completas
Entre algunas de las motivaciones poco saludables para el establecimiento de relaciones románticas, se encuentran la búsqueda de alguien que nos haga feliz, que nos “complete” porque en cierta forma nos sentimos incompletos y no hemos podido encontrar la felicidad en nosotros mismos. Sin embargo, la felicidad y la plenitud tienen que ver con nuestra realización personal.

Cuando se le da a alguien, por más buena persona que sea, la responsabilidad de hacernos felices, estamos destinados a la desilusión. La plenitud como personas es responsabilidad nuestra, debemos procurar una sana autoestima, la madurez emocional y espiritual a través de valores y principios bien definidos, así como también, en lo posible, el desarrollo de habilidades y conocimiento que nos permita el sostenimiento personal. Depender de otra persona en cualquiera de estos ámbitos es dejar ir de nuestras manos nuestro bienestar personal.

Este tipo de actitud hacia las relaciones crea codependencias que en última instancia terminarán siendo fuente de dolor, sufrimiento e inclusive de depresión. Es usual escuchar a mujeres y hombres decir que tal o cual persona no “me llena”, “no me hace feliz” o bien “no es mi media naranja”. Ante todo, y sin tener que depender de si tenemos o no una pareja, debemos procurar ser “naranjas completas”, que se preocupan por alcanzar una alta autoestima, madurez emocional y espiritual y el sostenimiento propio. De esta forma, las relaciones interpersonales, ya sean románticas o no, se convierten en una forma de compartir nuestra propia plenitud con otros, sin que busquemos en ellas lo que debemos hurgar en nuestro interior.

Si bien es cierto, podemos buscar en una relación romántica la compatibilidad y entendimiento, es definitivamente erróneo buscar ser completados por alguien más, como se dijo anteriormente, por más buena o “perfecta” que esa persona sea o parezca. Así también, la propia búsqueda de la plenitud, nos facilitará descubrir en los otros, si ponemos la suficiente atención, esa misma plenitud; y esto nos lleva al otro punto importante de tocar, cuando hablamos de relaciones románticas, esto es, la búsqueda de la persona ideal.

Buscando otra naranja completa
Entre otras cosas, es posible que por razones culturales, de historia de vida, o bien emocionales, busquemos características poco sanas en las personas con las que deseamos establecer una relación romántica. “A mí me gustan los hombre de verdad”, podría decir la mujer que busca al macho estereotipado, fuerte, controlador, sobreprotector, experimentado…, este es el concepto que por generaciones una cultura patriarcal nos ha hecho creer que es un “hombre de verdad”, o bien buscan al eterno conquistador, que con sus palabras dulces y “embaucadoras” despiertan sueños que se vuelven pesadillas con el pasar del tiempo. De la misma forma, un hombre podría considerar como posible compañera sentimental únicamente a aquellas mujeres con poco criterio, sumisas y fáciles de controlar. La búsqueda de estos estereotipos, o bien de otras características que se derivan de la inseguridad, baja autoestima, problemas emocionales no resueltos, arraigos culturales que desdeñan los valores esenciales del respeto, la honestidad, la equidad y la tolerancia, etc., con seguridad conducen a relaciones problemáticas que terminan desgastando a ambos miembros de la pareja.

Por lo anterior, es esencial buscar en el otro esa plenitud que hemos identificado a través de procurar alcanzar nuestro propio desarrollo integral. Algunas de las características que podrían servir como señales de alerta en la escogencia de pareja podrían ser:

•Baja autoestima, la que se puede manifestar en una constante necesidad de halago y reafirmación, celos, necesidad de controlar e imponer el propio criterio u opinión.

•Poca valoración del ser humano, expresado en actitudes de menosprecio hacia otros, especialmente de personas en condiciones de vulnerabilidad.

•Carácter explosivo, poco control de las emociones, especialmente cambios abruptos de estado de ánimo, como períodos de ira luego de una hilaridad excesiva.

•Desdeño de valores y principios universales como son: la fidelidad, el respeto, la tolerancia, la colaboración y la equidad.

•El ensimismamiento excesivo, dificultad para compartir con otros los propios sentimientos y una tendencia a mantener en secreto aspectos de la historia de vida o experiencias personales pasadas.

•Tendencia hacia una continua demanda del otro en términos de tiempo, atención y cuidado.

•Inmadurez emocional en relación a la etapa de vida por la que se transita.

Si reconocemos al menos una de estas características en la persona con la que tenemos o pensamos tener una relación sentimental, es importante reflexionar sobre las consecuencias que continuar, o iniciar, esta relación podría traernos en el mediano y largo plazo, nunca es demasiado pronto para evitar involucrarse en una relación dañina; y si ya se está involucrado en una relación poco saludable, es recomendable que busque ayuda y alternativas a seguir.

Así las cosas, al gusto hay que añadirle inteligencia, la atracción física, el deslumbramiento pasajero o bien el “amor a primera vista” como elementos únicos en la escogencia de pareja, aún en una relación de noviazgo, podrían tener consecuencias lamentables en términos de nuestro propio bienestar y construcción de nuestro proyecto de vida.

Las relaciones interpersonales, y en especial las relaciones sentimentales deben tener como premisa que su dinámica impulse aún más nuestro desarrollo y bienestar integral. Esto nos lleva a plantearnos cuales deberían ser las características de una relación de noviazgo saludable.

Dos naranjas completas rodando juntas
Esta frase bien puede describir, a manera de analogía, las relaciones que podrían llegar a ser constructivas. Dos personas plenas compartiendo con miras al crecimiento personal, son el principio de una relación que bien podría deparar mucha satisfacción y plenitud a ambos miembros de la pareja. Algunas de las características que bien describen una relación de noviazgo saludable son:

•Una excelente comunicación. Ambos miembros se sienten en libertad de expresar sus sentimientos, aspiraciones y expectativas sin ningún temor. No se hacen presuposiciones sobre las actitudes, reacciones o formas de expresarse del otro, hay una tendencia a aclarar las dudas e inquietudes que pueden surgir en el trato diario y en temas o asuntos de mayor trascendencia.

•La relación está caracterizada por la libertad de acción. No se limita o restringe la actividad del otro, por ejemplo, interacción con familiares y amigos, práctica de deportes u otras actividades de interés o esparcimiento que no necesariamente se realiza en conjunto con el otro.

•Se comparten valores y principios similares como guía de la actitud con que se enfrenta la vida.

•Los proyectos de vida de ambos no son diametralmente opuestos, hay al menos algunos puntos de coincidencia sobre los cuales se podría eventualmente construir un proyecto de vida conjunto.

•La relación está mediada por los valores fundamentales de: la fidelidad, el respeto, la consideración, la tolerancia y la equidad, entre otros.

Si usted es una persona que ha decidido estar mejor sola o solo que mal acompañado, ¡felicidades! Usted está bien ubicado en el camino de la realización personal y del establecimiento de relaciones sentimentales sanas.

COMO INFLUYE LA RELIGION EN LOS MEDICOS



Un estudio concluye que los médicos ateos o agnósticos tienen más probabilidades de tomar decisiones que aceleren el fin de la vida de un paciente terminal que los médicos profundamente religiosos.


La fe religiosa de un médico tiene una "fuerte influencia" en las decisiones que toma con sus pacientes terminales, revela una investigación.
Los médicos más religiosos discuten menos las opciones de tratamiento paliativo con sus pacientes.

Los médicos ateos o agnósticos - dice el estudio publicado en Journal of Medical Ethics (Revista de Ética Médica) - tienen más probabilidades de tomar decisiones que aceleren el fin de la vida de un paciente terminal que los médicos profundamente religiosos.

Y es menos probable que éstos últimos discutan con sus pacientes muy graves las opciones de tratamientos paliativos, descubrió la investigación llevada a cabo por la Universidad de Londres.

Los expertos afirman que estos resultados son "preocupantes" y revelan que es necesario poner más atención en cómo las creencias religiosas influyen en el cuidado médico.

Los investigadores llevaron a cabo una encuesta con más de 8.500 médicos en el Reino Unido, de los cuales respondieron unos 4.000.

Aunque los entrevistados practicaban una amplia gama de especialidades, la encuesta se centró en particular en los que estaban involucrados en la toma de decisiones de fin de vida, por ejemplo, en cuidados paliativos y con ancianos.

Se preguntó a los médicos sobre el tratamiento aplicado a su último paciente fallecido, si habían ofrecido una sedación profunda continua - o sedación terminal - hasta la muerte y si habían discutido con su paciente decisiones que, a su juicio, podrían acortar la vida.

También se les preguntó sobre sus creencias religiosas, origen étnico y su opinión sobre eutanasia y muerte asistida.

Aunque en el Reino Unido es ilegal suministrar medicamentos con la intención deliberada de poner fin a la vida de una persona, los médicos pueden administrar morfina y otros fármacos para aliviar el dolor o sufrimiento, pero este procedimiento -llamado sedación profunda terminal - puede tener un efecto para acortar la vida.

El Consejo Médico General (GMC, por sus siglas en inglés) - que regula la profesión en ese país - recomienda que las discusiones con el paciente terminal sobre su cuidado paliativo, que incluye la alimentación por sonda, hidratación y resucitación (los cuales pueden causar sufrimiento innecesario), deben iniciarse lo más temprano posible.

El GMC establece que aunque los médicos deben partir sobre la base de que la vida debe ser prolongada, esto no debe perseguirse a cualquier precio.

Comunicación con el paciente

Los resultados mostraron que los médicos que se calificaron a sí mismos como "muy o extremadamente no religiosos" mostraron 40% más probabilidades de practicar la sedación que los médicos religiosos.

Por otro lado, los que se describieron como "muy o extremadamente religiosos" mostraron menos probabilidades de haber discutido con sus pacientes las decisiones sobre su tratamiento paliativo.

Más de 12% de los médicos encuestados se describieron como "muy o extremadamente religiosos", pero sólo uno de cada cinco se descubrió como "muy o extremadamente no religioso".

Se encontró que los médicos dedicados al cuidado de ancianos tenían más probabilidades de ser hindúes o musulmanes, y los médicos dedicados al cuidado paliativo mostraron más probabilidades de ser cristianos, blancos y de describirse como "religiosos".

Pero en general, los médicos de raza blanca, que representaban el mayor grupo étnico de la encuesta, mostraron menos probabilidades de descubrirse con fuertes creencias religiosas.

Como señala el doctor Clive Seale, quien dirigió el estudio, las actitudes que muestra la encuesta reflejan el apoyo que existe actualmente para la legislación sobre eutanasia y muerte asistida ya que los especialistas dedicados al cuidado paliativo y los que tienen una fuerte fe religiosa se muestran más opuestos a ella.

Los médicos de origen asiático y de raza blanca se muestran menos opuestos a esa legislación que los médicos de otros grupos étnicos.

"Es necesario que haya un mayor reconocimiento sobre la relación entre los valores de los médicos y las decisiones que toman en la clínica" expresa el autor.

Preocupante

El profesor Mayur Lakhani, presidente del Consejo Nacional para el Cuidado Paliativo, afirma que estos resultados son "preocupantes".

"El entrenamiento básico para el cuidado paliativo debe ser obligatorio para asegurarnos de que hay una coherencia en la toma de decisiones, basadas en la mejor práctica y la evidencia actual", dice el experto.

"Las decisiones deben tomarse conjuntamente con las personas que están cerca de la muerte y sus seres cercanos".

Por su parte, la doctora Ann McPherson de la organización Dignity in Dying (Dignidad al Morir) afirma que aunque este estudio demuestra que todavía "hay mucho por hacer" para que los médicos tomen en cuenta los deseos de sus pacientes.

"El hecho de que por sus creencias religiosas algunos médicos no discutan con sus pacientes las posibles opciones para el fin de la vida es profundamente preocupante", señala la experta.

"Aunque tienen derecho de sus propias creencias, los médicos no deberían dejar que estás se interpongan en las decisiones para ofrecer un tratamiento paliativo centrado en el paciente", expresa.

NO TE DETENGAS


¿Cuántas veces tus fuerzas han decaído? No te detengas ¡Prosigue! Cuando Dios te llamó, te dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). El enemigo quiere que miremos atrás, pero la iglesia de Cristo no va a retroceder. Tenemos que estar dispuestos a todo, esperando en Cristo, porque Él es nuestra fe y nuestra fortaleza. Hay que proseguir al blanco, hacia adelante. No te puedes quedar a mitad del camino, porque es más lo que has avanzado que lo que te falta para llegar. Dios va a completar y a honrar tus sueños. No le permitas a nadie que detenga tu paso. ¡No dejes que ninguna situación te haga volver atrás!

“Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores” (1 Timoteo 6:11-15).

La fe no es abstracta. La fe hace y acciona, pero no lo hace sola sino a través de nosotros. Hoy la gente tiene que probarle a Dios que le cree, accionando. Aunque se levante el enemigo como río, nada te debe detener. La fe es reconocer que Dios está con nosotros como poderoso gigante.

Das marcha atrás con palabras y acciones así que ¡NO LO HAGAS! Dios te llamó a ganar almas. No des marcha atrás.

LA VIDA QUE NACE DE LA MUERTE

LOS ATRIBUTOS DE DIOS


Dios se nos revela no sólo a través de sus nombres sino también en sus atributos, es decir, las perfecciones del divino ser. Se acostumbra a distinguir entre los atributos comunicables y los incomunicables. Existen vestigios de los primeros en las criaturas humanas pero no de los segundos.

LOS ATRIBUTOS INCOMUNICABLES

Su énfasis está en la absoluta distinción que existe entre la criatura y el Creador. Tales atributos son:

La independencia o existencia propia de Dios Esto significa que la razón de la existencia de Dios se encuentra en Dios mismo, y que a diferencia del hombre, no depende de nada aparte de sí mismo. Dios es independiente en su Ser, en sus acciones y virtudes, y hace que todas las criaturas dependan de El. Esta idea se halla expresada en el nombre de Jehová y en los pasajes siguientes: Sal. 33:11; 115:3; Isaías ,40:18s; Dan. 4:35; Juan 5:26; Rom. 11:33-36; Hechos 17:25; Apoc. 4:11.

La inmutabilidad de Dios Las Escrituras nos enseñan que Dios no cambia. Tanto en su divino ser como en sus atributos, en sus propósitos y promesas, Dios permanece siempre el mismo, (Núm.23:19; Sal. 33:11; 102:27; Mal. 3:6; Heb. 6:17, Santiago 1:17) Esto no significa en ningún modo que en Dios no existe el movimiento. La Biblia nos habla de su ida y venida y de que se esconde y se revela. Nos dice también que se arrepiente, pero es evidente que esto es sólo una forma humana de referirse a Dios, Éxodo 32:14; Jonás 3:10; y más bien indica un cambio en la relación del hombre para con Dios.

La infinidad de Dios Con esto decimos que Dios no está sujeto a limitación alguna. Podemos hablar de su infinidad en diversos sentidos. Con relación a su Ser, podemos llamarla su perfección absoluta. En otras palabras, Dios no está limitado en su conocimiento y sabiduría, su bondad y amor, su justicia y santidad, (Job 11:7-10; Sal. 145:3). Con respecto al tiempo, la llamamos Su eternidad. Mientras que en la Escritura tal noción nos es dada en forma de una duración ilimitada, Sal. 90:2; 102:12, en realidad significa que Dios está por encima del tiempo, y que por lo tanto no está sujeto a sus limitaciones. Para Dios sólo existe un eterno presente, y no hay pasado ni futuro. Con relación al espacio, Su infinidad recibe el nombre de inmensidad. Dios está presente en todas partes, mora en todas sus criaturas, llena cada punto del espacio, pero no está limitado en ningún modo por el espacio (1 Reyes 8:27; Sal. 139:7-10; Isaías 66:11; Jer. 23:23, 24; Hechos 17: 27-28)

La simplicidad de Dios Al hablar de la simplicidad de Dios queremos decir que Dios no está compuesto de diferentes partes, tales como el cuerpo y el alma en el hombre, y que por esta misma razón, Dios no se halla sujeto a división alguna. Las tres personas de la Divinidad no son tantas partes de las que se compone la esencia divina. Todo el ser de Dios pertenece a cada una de las tres Personas Por tal motivo afirmamos que Dios y sus atributos son un todo y que El es vida, luz, amor, justicia, verdad, etc.


LOS ATRIBUTOS COMUNICABLES

Estos son los atributos de los cuales existe alguna semejanza en el hombre. Debemos notar, sin embargo, que lo que vemos en el hombre es una semejanza finita (limitada) e imperfecta de aquello que en Dios es infinito (ilimitado) y perfecto.

El conocimiento de Dios Llamamos así a aquella perfección divina por la cual Dios, a su manera, se conoce a sí mismo y a todas las cosas actuales y posibles. Dios tiene de por sí este conocimiento propio y no lo obtiene de nada ni nadie exterior. Este conocimiento es completo y está siempre presente en su mente. Puesto que tal conocimiento lo abarca todo, ha recibido el nombre de omnisciencia. Dios conoce todas las cosas pasadas, presentes, futuras y no tan sólo aquellas que tienen una existencia real sino también las que Son meramente posibles, (1 Reyes 8:29; Sal. 139:1-16; Isa. 46: 10; Ezeq. 11:5; Hechos
15:18; Juan 21:17; Hebreos 4:13.)


La sabiduría de Dios La sabiduría es un aspecto del conocimiento de Dios. Es el atributo divino que se manifiesta en la selección de dignos fines y en la selección de los mejores medios para la realización de tales fines. El propósito final y al cual Dios hace que todas las cosas se subordinen es su propia gloria. (Rom. 11:33; 1 Cor 2:7; Efesios 1:6, 12, 14; Cl. 1:16.)


la bondad de Dios Dios es bueno, esto es, santo a la perfección en su modo de Ser. Sin embargo, esta no es la clase de bondad a la que nos referimos aquí. Esta bondad a la que hacemos referencia es aquella bondad que se revela en hacer el bien a otros. Es el atributo o perfección divina que lo impulsa a obrar con bondad y generosidad para con todas sus criaturas. La Biblia habla de ello repetidamente. (Sal. 36:6: 104:21; 145:8, 9,16; Mateo 5:45; Hechos 14:17)

El amor de Dios Se ha llamado a este atributo el atributo más importante de Dios pero es dudoso de que sea más importante que cualquier otro. En virtud del tal, Dios se deleita en sus propias perfecciones y también en el hombre, como reflejo de su imagen. Podemos considerarlo desde diferentes puntos de vista. El amor inmerecido de Dios que se revela en el perdón de los pecados recibe el nombre de gracia, (Efesios 16:7; 2:7-9; Tito 2:11) El amor que se revela en aliviar la miseria de aquellos que sufren las consecuencias del pecado, lo llamamos su misericordia o tierna compasión, (Lucas 1:54.72, 78; Rom. 15:8; 9:16, 18; Efesios 2:4) Cuando este amor tiene paciencia con el pecador que no escucha las instrucciones y avisos divinos, lo llamamos su longanimidad o paciencia, (Rom. 2:4; 9:22; 1 Pedro 3:20; 2 Pedro 3:15)

La santidad de Dios La santidad de Dios es ante todo aquella perfección divina por la cual Dios es absolutamente distinto de todas sus criaturas, y elevado muy por encima de ellas en infinita majestad. (Éxodo 15:11, Isaías 57:15) En segundo lugar denota también que Dios es libre de cualquier impureza moral o pecado, y que por tanto es moralmente perfecto. En la presencia de un Dios santo, el hombre siente su pecado muy profundamente, (Job 34:10; Isaías 6:5; Habacuc 1:13)

La justicia de Dios La justicia de Dios es aquel atributo divino por el cual Dios se mantiene santo en frente de cualquier violación de su santidad. En virtud de ello, Dios mantiene su gobierno moral en el mundo e impone al hombre una ley justa, recompensando la obediencia Y. castigando la desobediencia, (Sal. 99:4; Isaías 33:22; Rom. 1:32) La justicia de Dios que se manifiesta en dar recompensas recibe el nombre de justicia remunerativa; la que se revela al ejecutar su castigo se llama justicia retributiva. La primera es una expresión de su amor y la segunda de su ira.

La veracidad de Dios Este atributo denota que Dios es verdadero en su mismo Ser, en su revelación y en las relaciones para con su pueblo. Dios es verdadero en contraste con los ídolos, conoce las cosas tal como son, y es fiel en el cumplimiento de sus promesas. Esta última característica recibe también el nombre de fidelidad de Dios, (Núm. 23:19; 1Cor 1:9; Tim. 2: 13; Heb. 10:23)

La soberanía de Dios Este atributo puede ser considerado desde dos puntos de vista, su soberana voluntad y su soberano poder. La voluntad de Dios, según las Escrituras, es la causa final de todas las cosas. (Efesios 1:11; Apoc. 4:11) De acuerdo con Deut. 29:29 ha sido costumbre distinguir entre la voluntad secreta de Dios y la voluntad revelada. La primera ha sido llamada la voluntad del decreto divino, está escondida en Dios mismo y sólo puede ser conocida a través de sus efectos. La segunda es la voluntad de sus preceptos y nos ha sido revelada en la ley y en el evangelio. La voluntad de Dios es absolutamente libre en su relación con sus criaturas, (Job 11:10; 33:13; Sal. 115:3; Prov. 21:1; Mateo 20:15; Rom. 9:15-18; Apoc. 4:11) Aun las acciones pecaminosas del hombre están bajo el control de su soberana voluntad, (Génesis 50: 20; Hechos 2:23) Al poder de ejecutar su voluntad se le ha llamado omnipotencia. Decir que Dios es omnipotente, no significa que Dios puede hacer cualquier cosa. 
La Biblia nos enseña que hay ciertas cosas que aun Dios mismo no puede hacer. Dios no puede mentir, pecar, ni negarse a sí mismo. (Núm. 23:19; 1 Sam. 15: 29; 2 Tim. 2:13; Heb. 6:18; Santiago 1:13, 1'7). Significa en cambio, que Dios puede, por el mero ejercicio de su voluntad, realizar cualquier cosa que El ha decidido llevar a cabo, y que si El lo quisiera, podría aun hacer más que esto, (Gen. 18:14; Jer. 32:27, Zac. 8:6; Mateo 3:9; 26 :53)

Textos para aprender de memoria Los Atributos incomunicables de Dios

1. Independencia. Juan 5:26. «Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo.»

2. Inmutabilidad. Mal. 3:6. «Porque yo Jehová no me mudo; y así vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.» Santiago 1:17. «Toda buena dádiva y todo bien perfecto es de 10 alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.»


3. Eternidad. Salmo 90:2. «Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.» Sal. 102:27. «Mas tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.» 

4. Omnipresencia. Sal. 139:7-10. « ¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿y dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.» Jer. 23:23-24. « ¿Soy yo Dios de poco acá, dice Jehová, y no Dios de mucho allá? ¿Ocultaras alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No hincho yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?


Los atributos comunicables


1. Omnisciencia. Juan 21:17. «y dísele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo.» Heb. 4: 13. «y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas... y abiertas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.» 

2. Sabiduría. Sal. 104:24. « ¡Cuán muchas son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría.» Dan. 2:20-21. «Sea bendito el nombre de Dios de siglo hasta siglo: porque suya es la sabiduría y la fortaleza... Da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.»


3. Bondad. Sal. 86:5. «Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.» Sal. 118:29. «Alabad a Jehová porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.»

4. Amor. Juan 3:16. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» 1 Juan 4:8. «El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor.»

5. Gracia. Nehemías 9:17 «Tú, empero, eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo para la ira, y de mucha misericordia.» Rom. 3:24, «Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús».

6. Misericordia. Rom. 9:18. «De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece.» Efesios 2:4-5, «Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo».

7. Longanimidad o paciencia. Núm. 14:18. «Jehová, tardo de ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión.» Rom. 2:4, «O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento».

8. Santidad. Éxodo 15: 11, « ¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿quién como tú, magnífico en santidad, terrible en loores, hacedor de maravillas? Isaías 6:3. «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria».


9. Justicia y juicio. Salmo 89:14. «Justicia y juicio son el asiento de tu trono». Salmo 145:17, «Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras». 1 Pedro 1:17, «y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad er. temor todo el tiempo de vuestra peregrinación.» 

10. Veracidad y fidelidad. Núm. 23:19. «Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: él dijo ¿y no hará?; habló, ¿y no lo ejecutará?» 2 Tim. 2:13. «Si fuéramos infieles, él permanece fiel: no se puede negar a sí mismo.»


11. Soberanía. Efesios 1:11. «En el digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad.» Apoc. 4:11, «Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas.»

12. Voluntad secreta y revelada. Deut. 29:29. «Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por. siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.»

13. Omnipotencia. Job 42:2. « Yo conozco que todo lo puedes.» Mateo 19:26. «Para con Dios todo es posible.» Lucas 1:37. «Porque ninguna cosa es imposible para Dios.»