MENTIRAS QUE ROBAN, VERDADES QUE SANAN


  • Nuestra vida esta rodeada de mentiras y verdad. Cuales predominan más en nuestra vida? Desde niños personas significativas han dicho de nosotros mentiras y verdades, Lo que somos y como operamos se determina por que es lo que estamos creyendo.
  • Muchas personas funcionan en la vida como producto de mentiras que les han robado la bendición de su vida. La Biblia esta llena de verdades que redimen. Efesios 2:10 dice: “ Somos hechura suya creados en Cristo Jesús para buenas obras las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Necesitamos permitir que la verdad de Dios sea la que nos rescate de los pozos de mentiras donde hemos estado por muchos años. Muchos han estado en el pozo de la depresión, el suicidio o las adicciones sexuales por las mentiras que el mismo infierno ha vertido sobre ellos.
  • MENTIRAS QUE ROBAN
  • En la siguiente lista de creencias, ponga un círculo a aquellas que ocurren como verdad durante su charla de identidad.

1. No necesito a nadie.
2. No puedo confiar en alguien.
3. Si yo no estoy en control, algo malo ocurrirá.
4. Soy una víctima.
5. Soy un caso especial.
6. Soy superior a otros.
7. Si soy vulnerable, seré lastimado.
8. Si dejo que otros vean mi vulnerabilidad, ellos me despreciarán.
9. Soy una persona mala.
10. Soy un fracaso en la vida.
11. Soy estúpido.
12. Soy inútil.

13. Soy imperfecto en alguna manera.
14. No puedo rivalizar sin drogas, alcohol, sexo y/o comida.
15. Tengo que ser necesitado.
16. Las reglas no son aplicables para mí.
17. Las personas son prescindibles y están ahí solo para ayudarme.
18. Las personas me demuestran que me quieren dejándome tener mi propia manera.
19. Soy inferior a otros.
20. No importa lo qué haga, no creo que me lastimaré.
21. Todos se vuelven contra mí.
22. Mi valía está basada en lo bien que yo me desempeño
23. Si dejo que las personas me conozcan, a ellos no les gustaré.
24. Dios realmente no me quiere tanto como El ama a otras perso
nas.
25. Dios realmente no está ahí cuando yo lo necesito.
26. La vida debería ser más justa de lo que es.
27. No puedo confiar en las personas con autoridad.
28. No merezco ser feliz.
29. No nunca puedo cambiar, así que ¿para qué tratar?
30. El cambio es malo.
31. Pedir ayuda es una señal de debilidad.
32. No debería necesitar a otras personas.
33. Dios y yo podemos sanarnos y eso es todo lo que necesito.
34. Si yo soy perfecto, las personas me aceptarán.
35. Nunca seré exitoso.
36. Estoy completamente solo.
37. No me merezco buenas cosas.
38. Soy responsable del dolor de otros.
39. Cuando cosas malas ocurren, es mi culpa.
40. Mis necesidades no son tan importantes como las de otros.

41. Soy una desilusión para mi familia, para Dios etc.
42. Cualquier cosa que haga, no seré lo suficientemente bueno.
43. Si me pongo bien, todos me dejarán.
44. Si me voy, todo se vendrá abajo.
45. Siempre estaré solo.

  • Cuales de estas mentiras te han robado la bendición de verse victorioso en la vida? En Juan 10:10 Jesús dijo: “ El ladrón vino para matar, hurtar y destruir, más yo he venido para que tengan vida. Necesitamos en la vida detenernos y no permitir que Satanás nos siga roban la calma, la victoria y la felicidad. Recordemos que Jesús para que vivamos abundantemente y son Sus verdades que sanan o que nos levantará.
  • Las Verdades que Sanan
  • ¿Quien Soy en Cristo? Mi posición en Cristo.
  • He sido trasformado del dominio de la oscuridad al el reino de la luz (Col. 1: 13).

• He muerto, y mi vida ahora está escondida con Cristo en Dios (Col 3:3).
• Aunque antes estaba lejos de Dios, he sido acercado por la sangre de Cristo (Efesios 2: 13).

• He sido comprado con un precio (1ª Cor. 6: 20) y le pertenezco a El (1ª Cor. 3: 23).
• Soy una nueva criatura (2ª Cor. 5: 17).
• No he recibido un espíritu de esclavitud que me conlleve al miedo sino un espíritu de adopción como hijos de Dios (Rom. 8: 15).
• He sido hecho vivo con Cristo y resucitado con El y sentado con El en lugares celestiales (Efesios 2: 5 – 6).

  • ¿Y el pecado?

• He muerto con Cristo y soy libre del poder del pecado (Rom. 6: 7 – 8).
• He sido crucificado con Cristo. Ya no soy yo el que vive sino Cristo vive en mí. La vida que vivo en el cuerpo, la vivo por la fe en Jesús (Galatas. 2: 20).
• Estoy muerto al pecado pero vivo para Cristo Jesús (Rom. 6: 11).
• El pecado ya no tiene dominio sobre mí, porque no estoy bajo la ley sino bajo la gracia (Rom. 6: 14).
• Cristo me rescató de la maldición de la ley (Galatas. 3: 13).
• He crucificado la carne en Cristo Jesús. Ya no tiene autoridad sobre mí (Galatas. 5: 24).

  • Mis palabras versus la Justicia de Cristo

• He sido salvado a través de la fe, no como consecuencia de obras (Efesios 2: 8-9).
• Ninguna obra que haga puede justificarme ante Dios (Rom. 3: 20).
• Estoy revestido con la Justicia de Dios en Cristo (Galatas. 3: 27).
• Soy elegido de Dios y soy santo y amado (Col. 3: 12).
• Soy perfecto en Cristo y estoy siendo hecho santo por él (Heb. 10: 14).

  • Cristo en mí

• Soy el templo de Dios; el espíritu de Dios vive en mí (1ª Cor. 3: 16).
• Tengo la mente de Cristo (1ª Cor. 2: 16).
• Tengo dones espirituales, dados a mí por el Espíritu Santo (1ª Cor. 12: 7).
• En El, he sido hecho completo (Colosenses 2:10).

  • Cuando las pruebas vienen en mi camino

• Tengo la victoria a través de mi Señor Jesús (1ª Cor. 15: 57).
• Nada puede separarme del amor de Dios (Rom. 8: 38 – 39).
• Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo (1ª Jn. 4: 4).
• Dios está conmigo (Rom. 8: 31).
• Sé que mi trabajo no es vano en el Señor (1ª Cor. 15: 58).
• Dios siempre provee una vía de escape en la mitad de mi tentación, así que puedo soportarlo (1ª Cor. 10: 13).

  • Si vale la pena en la vida intercambiar las mentiras que nos han robado por las verdades que nos han sanado.
  • Determine hoy permitir que la Verdad te libere de cualquier depresión, ansiedad, baja autoestima o cualquier adicción y Vive solo para Dios.

FORTALECE TU VOLUNTAD Y SE VALIENTE


Dios nos ha dotado de un cuerpo, alma y espíritu. El alma está compuesta por la mente, las emociones y la voluntad. La mente se alimenta de las ideas, el conocimiento para desarrollar la inteligencia. Las emociones pueden ser positivas o negativas, desde una simple sorpresa hasta la ira, de felicidad o de odio, miedo o valentía. En tanto que la voluntad juega un papel sumamente importante, su participación determinará nuestro éxito o nuestro fracaso en la vida.

Fortalecer la voluntad requiere de determinación, perseverancia, no darse por vencido. Exigirse a si mismo aquello que se ha propuesto realizar. El levantarse a cierta hora por la mañana, o cumplir una meta, realizar una carrera profesional, leer un libro completo. Seguir rigurosamente un régimen alimenticio. Retirarse de determinadas compañías que no edifican. Proponerse a incorporar nuevo vocabulario a su léxico. Cambiar de hábitos. Realizar ejercicio. Etc.

Cuando la mente, las emociones y la voluntad trabajan juntas, forman un equipo poderoso. Ya que la mente sugiere, la emoción anima y la voluntad empuja. Si la mente sugiere estudiar con ahínco, la emoción acelera la adrenalina, en tanto que la voluntad se encarga de impulsar los motores. Caso contrario; la mente sugiere estudiar, la emoción dice ¡!si!! pero la voluntad contesta “mañana”. La voluntad no fortalecida puede ser lo suficientemente persuasiva para retirarte de tu propósito.

No en balde la Palabra de Dios nos demanda fortalecer la voluntad, porque será la que nos ayude a vencer en los momentos de debilidad.

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, nos da claro ejemplo de la urgente necesidad de perseverar en el ejercicio del músculo de la voluntad.
Una vez desarrollado se verá fortalecido, lo cual producirá sintomáticamente valentía al saberse “equipado”.

Eclesiastes. 2.2. Fortalece tu voluntad y sé valiente, para no acobardarte cuando llegue la calamidad.

LA FLOR DE LA HONESTIDAD


Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en un Reino lejano, un Príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado Rey, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe, pero pensaba que su hija no estaría a la altura del desafío. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración.

Sin poder creerlo le preguntó: "¿Hija mía, qué vas a hacer allá?

Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza, sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura".

Y la hija respondió: "No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Todo parece indicar que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca de mi amado Príncipe. Esto me hará feliz"

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el Príncipe anunció el desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla, aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses, será escogida por mí, esposa y futura Reina".

La propuesta del Príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, además de las costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, pero cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado.

Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del Príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas, tamaños y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa.

Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el Príncipe explicó: "Ésta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en mi Esposa y Reina: La flor de la honestidad, todas las semillas que entregué eran estériles".

Maravilloso relato, ¿no?. En tiempos donde lo importante parecen ser los resultados, los logros, el éxito, lo visible, cultivar el valor de la honestidad parece un valor perdido, el cual casi hemos olvidado, somos capaces de inventar los más variados argumentos para excusarnos, por no decir me equivoqué, para ser humildes y reconocer que otros tienen la razón, o para decir no sé acerca de esto.

Opinamos sobre todo, juzgamos a todos... La "viveza", hoy en día comparada con la habilidad, se ha convertido en un valor, encubriendo la mentira, el engaño, la falta de honestidad para con nosotros mismos y los demás. La verdad, la sinceridad, la humildad... no son virtudes exacerbadas en las comiquitas para niños, ni en las publicidades para adultos.

Nuestra sociedad ha confundido el significado de la palabra ÉXITO.

Si he terminado mi día siendo leal a mí mismo, sin traicionar mis creencias, mis sentimientos y apegándome a los principios expuestos por el Dios al cual digo servir, para quedar bien u obtener resultados... ése ha sido un día de éxito. Puedes hacer de este, un día exitoso... De ti depende."

1 Timoteo 2:2
Vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.

1 Corintios 7:35
Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor.

LIBRE AL FIN

En sus 245 páginas, Larry Huch comparte con usted la forma en que una maldición familiar le acosó hasta que buscó la sanidad de Jesucristo.
Cuando contempla su historia familiar o la de su esposa, ¿encuentra en ella un esquema de sufrimiento constante? ¿Existe un hilo común de enfermedades o de circunstancias que van de generación en generación? Si es así, este libro es para usted. Depresión, ira, maltrato, inseguridad, drogas, alcohol, comidas, ... Son incontables las formas en que lo pueden afectar las iniquidades de los padres, dañinos esquemas que se han ido pasando, consciente o inconscientemente, a lo largo
de las generaciones.
¡Pero usted se puede librar de ellas!
En este revolucionario libro, el pastor Larry Huch revela poderosas verdades tomadas de las Escrituras, para mostrarle como puede romper las maldiciones generacionales y comenzar a recibir las bendiciones de Dios en todos los aspectos de su vida. El autor
"Libre Al Fin tiene un mensaje para esta generación: un mensaje que Larry Huch ha experimentado en su propia vida. Jesucristo nos puede liberar de toda maldición generacional que nos haya mantenido cautivos. Usted puede ser libre y, en lu
gar de maldiciones, puede tener bendiciones. Entonces las bendiciones pueden pasar a toda su familia e incluso más allá a las generaciones futuras".

Capítulos

Parte I: Identificación Y Compresión De Las Maldiciones
1.- Recibir Vida Nueva
2.- Las Maldiciones Generacionales
3.- ¿De
Dónde Salió Eso?
4.- De Tal Palo Tal Astilla, Nunca Más
5.- Quitar La Carga Y Destruir El Yugo
6.- La Maldición Sobre Una Nación
7.- La Inversión De Una Maldición Nacional
8.- La Sangre De Jesús Tiene Más Poder Del Que Usted Cree

Cuando contempla su historia familiar o la de su esposa, encuentra en ella un esquema de sufrimiento constante? Existe un hilo comun de enfermedades o de circunstancias que van de generacion en generacion? Si asi es, este libro es para usted.

Depresion, ira, maltrato, inseguridad, drogas, alcohol, comida... Son incontables las formas en que lo pueden afectar las "iniquidades de los padres", daninos esquemas que se han ido pasando, consciente e inconscientemente, a lo largo de las generaciones

10 MALDICIONES QUE BLOQUEAN LA BENDICION


Larry Huch, fundador y pastor principal de DFW New Beginnings en Irving, Texas, condensa en un innovador libro, las 10 Maldiciones que bloquean la maldición. Una obra en la que el autor comparte su experiencia personal con una vida de enojo, drogadicción, crimen y violencia.

Desde muy temprana edad Larry se inmiscuyo en el mundo de las drogas, consumiendo y traficando con ellas, para financiar su vicio. En la introducción del libro relatan que “él guardaba en su casa el dinero en efectivo en una caja junto con grandes cantidades de cocaína y heroína”. Un día en la sala de su casa, debido a una sobredosis por poco pierde la vida. “Antes de la sobredosis, yo hubiera pensado que era un ateo.
Mas cuando me estaba muriendo, no pude hacer otra cosa que clamar a Dios desde lo profundo de mi alma y deje, ‘Dios, por favor, no permitas que muera sin encontrar la felicidad’. En ese momento, supe que iba a vivir y que había sido salvo por la Gracia de ese Dios desconocido”, recordó el autor.
Luego de esa mala experiencia con el abuso de las drogas, Larry comenzó a buscar una experiencia autentica con Dios. Se mudó a Flagstaff, Arizona, y por invitación de un amigo llego a la iglesia, en donde tuvo un segundo encuentro Dios. Al poco tiempo su deseo de usar drogas comenzó a desaparecer. “Me sentí tan profundamente feliz y completo que ya no necesitaba, ni quería las drogas”, manifestó. Hoy en día Larry Huch desde su iglesia en Texas, ministra a más de cinco mil personas, incluyendo pastores que asisten a su conferencia Anual de Liderazgo Mundial. Y junto con su esposa Tiz, han sido pioneros de siete iglesias en los Estados Unidos y Autralia.
En su primer libro titulado “Libre al fin”, Larry narra su testimonio completo, y en su más reciente publicación, el autor muestra cómo rompió esas maldiciones, y, revela cómo el lector puede revolucionar su vida, si decide liberar la bendición. Según Larry, la maldición de la palabra expresa, el legalismo, la falta de perdón y la idolatría, son sólo algunas de las 10 Maldiciones que bloquean la bendición. Y en su libro, además de describir detalladamente la forma en que el lector puede identificar las señales de una maldición, revela la guía para ponerles fin, y poder de una vez por todas, darle marcha atrás a las maldiciones que bloquean sus bendiciones.¿Sufre usted de depresión, disfunción familiar, infelicidad conyugal u otros problemas y no puede superarlos? En las páginas de este innovador libro, 10 Maldiciones que Bloquean la Bendición, Larry Huch comparte su experiencia personal con una vida de enojo, drogadicción, crimen y violencia. Él muestra cómo rompió esas maldiciones, y, revela cómo usted puede. Usted no tiene que batallar más. Decídase a revolucionar su vida. ¡Usted puede darle marcha atrás a las maldiciones que bloquean sus bendiciones! ¡Sea libre hoy!

SANA TUS ALAS ROTAS

Hay diferencias en el diseño del hombre y de la mujer y estas señalan la perfección de Dios creando dos personas con características específicas, a fin de que cada parte sea complemento de la otra.

Por muchos años había creído que los varones, por el simple hecho de ser varones, tenían una extensa lista de prerrogativas tales como ser autoridad sobre la mujer, gozar de más inteligencia, más capacidad para hacer negocios, merecedores de los mejores puestos y salarios en las oficinas y mucho más.

Sin embargo, a medida que he ido madurando, sobre todo, al ir aprendiendo en la escuela de la vida de Dios, me he dado cuenta de que realmente hay hombres muy inteligentes, con muchas capacidades según su área de trabajo, excelentes líderes y que muchos merecen los salarios que devengan. Pero… también he descubierto una verdad paralela: las mujeres también poseen una inteligencia admirable, indiscutibles capacidades y son excelentes líderes, porque han sido creadas a la imagen de Dios.

El relato de la creación del Génesis (Gn 1) no deja lugar a dudas sobre la igualdad fundamental entre el varón y la mujer: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra; y sojuzgada, y señoread….» Al varón y la mujer les fue dada, por la imagen de Dios, igual dignidad, jerarquía y visión.

Hay diferencias en el diseño del hombre y de la mujer, mas estas no establecen jerarquía o superioridad de uno sobre el otro, sino señalan la perfección de Dios creando dos personas con características específicas, a fin de que cada parte sea complemento de la otra. Sin embargo en este artículo no se pretende discutir este tema, ya analizado por teólogos y biblistas, sino analizar el sufrimiento de la mujer resultante de un mundo pecaminoso y proponer la participación de ella en cambios que agraden a Dios.

Lo increíble es que en nuestra cultura latinoamericana la mayoría de las mujeres sufren simplemente por su género. He descubierto en el seno mismo de la iglesia, en hogares de cristianos, incluso en familias de pastores, que algunas mujeres son tratadas como ciudadanos de segunda clase, lo que conlleva un profundo sufrimiento. Muchas son rechazadas desde el vientre materno sólo por su género. En cierta oportunidad una mujer me relató que su esposo la había abandonado porque ella le había dado cuatro hijas; él siempre había querido tener un varón y como no lo consiguió, se marchó… a pesar de que son los hombres que determinan el género del bebé.

Cuando he compartido en diferentes lugares con grupos de mujeres, he descubierto con dolor que aproximadamente 80% de ellas han sufrido desdén desde temprana edad, e incluso abusos físicos, verbales, violaciones, y diferentes tipos de maltrato (muchas veces por sus propios padres o por familiares). Han llevado pesadas cargas que no han dejado florecer su verdadera identidad y honor dado por Dios. Han luchado para hacer su contribución singular en la sociedad pero han sufrido el desgaste de una lucha que nunca parece terminar. En toda Latinoamérica se puede observar esta triste realidad en el rostro de la mayoría de las mujeres. Rostros que denuncian su profundo dolor.

Las niñas que han sufrido se convierten en muchachas que son conquistadas por un «galán». En ese tiempo la mujer se siente atraída, pues el conquistador le despierta la conciencia de que ella es especial, porque desde que la conoció le ha ofrecido protección y atención, y ha producido en ella la oportunidad de soñar con una vida diferente, llena de esperanza, de ilusiones… Y como una niña inocente, con el firme deseo de realizar su sueño de casarse y formar su propio hogar (para escapar de una vida difícil y miserable) cree en el conquistador… Entran al matrimonio con traumas no resueltos, los cuales posiblemente, por no recibir la ayuda necesaria, nunca resolverán. Muy pronto el tiempo de conquista llega a su fin, y lastimosamente, el «cuento de hadas» se acaba y se repite la cruda realidad. El maltrato aceptado y los roles ya establecidos como «normales» por una sociedad machista, comienzan a darse de manera natural sin que nadie se inmute por ello.

Muchas creen que al contraer matrimonio van a liberarse de todo el sufrimiento y con el afán de liberarse de este estilo de vida, aceptan con sencillez la nueva vida que se les ofrece. Empero, no siempre obtienen una felicidad integral, pues, lamentablemente, muchas han sido formadas para hacer que otros sean felices y ellas simplemente sean el medio de esa felicidad. Todavía me estremece el comentario que en una ocasión me hizo una señora: «Yo soy el trapito que limpia el vidrio para que otros vean.»

El menosprecio a la mujer se manifiesta hasta en el humorismo, el cual revela el predominante concepto patético de nuestra sociedad, según el cual la mujer fue creada para ser utilizada por el hombre. Esto se aleja diametralmente del diseño original de Dios, donde se promulga el compañerismo y no el señorío del uno sobre la otra. No existe ninguna evidencia bíblica de que la creación de la mujer haya sido defectuosa ni de que el propósito de nuestra creación haya sido para que fuésemos usadas por el varón y aun descartadas por él. El pecado ha pervertido el plan de Dios.

El maltrato se presenta en cualquiera de sus facetas: físico, emocional, sexual, amenazas, intimidación, el arma del silencio, despotismo, presión financiera, violencia contra la propiedad, aislamiento, humillación, abandono, etcétera. Y como si esto no fuera suficiente, la mayoría son víctimas de infidelidad conyugal. La mujer se llega a acondicionar de tal forma al sistema machista que llega al extremo de creer que la infidelidad es normal y en medio de un caso de infidelidad se dicen unas a las otras: «Yo creo que es un desliz, perdónalo por esta vez, ¿quién no lo ha hecho?». Decían las abuelas de una generación anterior a la mía, con el fin de tolerar el adulterio de los varones: «Los hombres son de la calle y las mujeres de su casa», «De la puerta hacia fuera, los hombres son libres de hacer lo que se les plazca».

Muchas hemos sido enseñadas en ese contexto. Y para añadir dolor sobre dolor, hay algunas que erradamente son moldeadas a que se consideren culpables de la infidelidad de sus parejas. Las causas supuestas de dicha culpabilidad son incontables: Aumento de peso, falta de una atención «como se merece», falta de habilidad culinaria, y menor formación académica, (lo cual establece un abismo entre ambos), etcétera. Sin embargo he visto a chicas muy lindas, profesionales y formadas en el seno de buenas familias, engañadas por sus esposos. Pareciera que eso es lo normal y las mujeres han aceptado este hecho social de generación en generación, y lo han tolerado por considerarlo inevitable o que su deber es sufrir.

Hay otro elemento en esa realidad de menosprecio que vive la mujer: debemos dar todo por poco o muchas veces por nada. Aunque una mujer se haya esforzado para alcanzar una carrera universitaria, se le requiere o casi se le obliga a que se niegue a sí misma el uso y desarrollo de sus capacidades cuando se casa, y en ese nuevo estatus, dirigida por la idiosincrasia de la sociedad, debe dedicarse exclusivamente al rol de ama de casa. Mujeres de una generación no muy lejana a la mía, comentan que sus padres les decían… «¡No! ¿Para qué vas a ir a la universidad? Estudia algo corto, como secretariado o algo que simplemente te sirva para defenderte; el que una mujer estudie una carrera larga es una pérdida de tiempo y de dinero.» Esta visión del desarrollo de una mujer me parece muy miope sin dejar de señalar que injusta, ya que a ambos, varón y mujer, Dios les dio dones, talentos y deseos de realizarse en diferentes áreas de la vida.

Es sorprendente la cantidad de limitaciones impuestas que las mujeres sufren. Para muchos hombres las mujeres no tienen aspiraciones, ni inteligencia para ejercer distintas profesiones (ingeniería, arquitectura, medicina o cualquier otra en la que deseen desarrollarse). Estoy convencida de que las mujeres son altamente competentes para desenvolverse laboralmente en el área que deseen y la historia lo ha comprobado.

Me pregunto cuántos esposos han consultado a sus esposas cuáles son sus sueños de realización personal, y si ya los conoce, ¿cuánto han cooperado para que la verdadera identidad de su esposa salga a luz, sea quien ella es y se desarrolle para lo que fue formada por Dios? En general, la realidad de nuestra Latinoamérica muestra que el esposo ignora los anhelos del corazón de su esposa, espera desarrollarse y triunfar él y ya sea consciente o inconscientemente, espera que su esposa entierre sus más profundos sueños y lo ayude a alcanzar sus metas. En muchos casos no es ni para desarrollarse él a expensas de ella, sino porque él no aprueba dirigido por sus prejuicios el progreso de ella.

Gracias a Dios muchas mujeres han disfrutado del fruto de su esfuerzo de acompañar y apoyar a sus esposos en el progreso exitoso de las capacidades de ellos. Pero existe una mayoría de mujeres abandonadas por sus esposos después de que ellos alcanzan sus metas. Estas mujeres no gozan del fruto de su esfuerzo a pesar de que lo entregaron todo: se quedó en casa, se negó a sí misma cosas que le habría gustado tener o hacer para desarrollarse como persona, trató de ahorrar hasta el último centavo para que su esposo estudiara o lograra sus sueños, pero el día menos pensado, ese varón, por el cual se sacrificó para tener un futuro mejor y una vida más cómoda para los hijos, se marcha.

Ante esta realidad de la mayoría de las mujeres quiero compartir algunas verdades que nos ayudarán a romper los viejos esquemas y a participar en la obra de Dios de redimir y restaurar vidas.

De la mujer nace vida para dar vida: Ser mujer es un privilegio que Dios concedió a cada una de nosotras. Debemos estar agradecidas por tanta misericordia y gracia, aceptando que él, tiene un propósito especial para nosotras, el dar vida y crear calidad de vida. Con la ayuda de él podemos contribuir a la vida verdadera de otras personas y disfrutar de vida en abundancia.

La mujer es coheredera de la gracia de la vida: En 1ª de Pedro 3.7 se ordena a los maridos que den honor a la mujer como a coheredera de la gracia de la vida. En otras palabras, Dios sitúa a la mujer claramente en un lugar de honor, donde él siempre ha querido que esté. Sin embargo, las primeras personas que necesitan cambiar para operar cambios significativos en nuestra cultura, somos nosotras mismas. El cambio debe partir de nuestra propia aceptación, en la que reconozcamos que somos creación especial de Dios y coherederas de la gracia de la vida; a fin de aprender a valorarnos, a cultivar nuestras fortalezas y a reducir nuestras debilidades.

La mujer es digna de recibir honor por parte del varón: En el mismo versículo Pedro demanda honor para la mujer. Es una orden de Dios. Y añade una advertencia: las oraciones de aquel esposo que no dé honor a la mujer serán estorbadas. La cláusula final de este versículo sugiere un vínculo estrecho entre la intimidad de un varón con Dios y la dignidad ese varón dé a la mujer. Oremos porque los varones adultos moldeen sus creencias y conductas de acuerdo a esta verdad, y puedan formar nuevas generaciones de varones con creencias y conductas que dignifiquen a la mujer, pues de esta forma tendrán una vida que crece legítimamente en la intimidad con Dios.

Dios ha dotado a la mujer para que produzca gozo y alegría, tanto emocional como espiritual: Ella es como el termostato del hogar. Imagine un momento conmigo: usted se levanta cantando, toda su familia se torna feliz y así se irán a sus diferentes actividades. Pero… si usted amanece enojada, el ambiente se torna hostil. Nuestra presencia en el hogar tiene trascendencia física, emocional, intelectual, social y espiritual en cada uno de sus miembros, es una gran responsabilidad y capacidad que como mujeres tenemos, necesitamos aprovecharla con sabiduría.

La mujer es el corazón de su hogar: Unimos a la familia, consolamos, escuchamos al hijo (a) o esposo cuando están cargados, acudimos en auxilio sin importar la dificultad. Dios nos ha hecho expertas en relaciones humanas, y sensibles a las necesidades y realidades de otros. ¿Acaso no es cierto que Dios ha puesto características de su corazón en nosotras para sentir, amar y cuidar como él lo hace? Siempre me he preguntado qué pasaría si se sacaran las mujeres de todos los hogares. Yo me atrevo a especular que nos enfrentaríamos a una situación caótica en la mayoría de ellos.

Dios creó al varón y a la mujer para que se complementaran, y si Dios quiso que el varón fuera la cabeza del hogar y la mujer el corazón, fue para que la fusión entre varón y mujer resultara perfecta. Tanto el uno como el otro son vitales. Sin duda el varón también siente y se conmueve y la mujer también reflexiona y decide con excelencia, pero cada uno tiene sus características y capacidades distintivas para hacer su parte en forma especial.

La mujer debe desarrollar al máximo sus potencialidades (dones y talentos que Dios le ha dado) para que resulte en una excelente esposa, madre, profesional y ama de casa. Es justamente cuando la mujer se desarrolla integralmente que su contribución, tanto a su familia como a la sociedad, llega a máximizarse. La mujer descrita en Proverbios 31.10–31 es tal mujer. Observe como se sale de los moldes tradicionales de su época y de la nuestra. Compra, vende, negocia, administra su casa, se viste hermosa es excelente esposa —corona para su marido—, excelente madre —sus hijos la llaman bienaventurada— y mucho más. Hoy, en la mayoría de nuestras iglesias, esta mujer tan completa no sería bien recibida, porque despertaría el celo de competencia y actitudes de censura. Hoy, la mujer virtuosa deseada por muchos y que muchas predicaciones fomentan es la mujer pasiva, que se deja utilizar, y no la mujer emprendedora de Proverbios 31, cuya libertad de usar su gran capacidad le ha sido robada.

Cuando algunos predicadores exponen el tema se atreven a decir que «con dificultad se encuentran mujeres virtuosas en esta época». Y tal vez sea cierto, pero… ¿no será así porque los maridos realmente no están dispuestos a que su esposa sea como la mujer de Proverbios 31 y las han estorbado? La mayoría de las mujeres sanas tienen ese espíritu emprendedor, han tenido aspiraciones y deseos de hacer grandes cosas; pero han sido limitadas por sus propios padres, esposos, la iglesia y la sociedad. Han pretendido volar, pero no pueden, ¡porque sus alas les han sido cortadas! Mujeres necesitamos creer, descubrir y cultivar este propósito de Dios claramente descrito en este pasaje para nuestras vidas. Y necesitamos la valentía para no dejar que nos sigan cortando las alas a fin de poder extenderlas y aprender a volar.

¡Y pensar que la mujer misma, en muchos casos, participa en la perpetuación de los esquemas machistas! Sí, porque, cuando es madre, es la persona que educa a sus hijos e hijas y lamentablemente, sigue enseñando dentro de la tradición. Por lo tanto, no sólo se sigue sosteniendo una sociedad machista, sino que también se sigue dejando a la sociedad una herencia de mujeres sin la preparación para discernir las características de la identidad dada por Dios y los planes que él tiene para ellas. Los hijos se forman con hechos y palabras y las madres mismas se han encargado de comunicarles día a día que las mujeres son inferiores a los varones. 

Reproduzca en su mente esta pequeña escena: «Hija, sírvele a tu hermano de cenar.», Y a lo mejor el hermanito está simplemente viendo la televisión. Esto es sólo un pequeño ejemplo, y probablemente usted se estará riendo al recordar cuántas escenas de estas se han repetido a diario en su casa. Aclaro bien, no estoy diciendo que no sirvamos con amor a otros. ¡Por supuesto que debemos hacerlo! En Cristo tenemos esa gran capacidad para amar y servir. Pero si se enseñara desde el principio del servicio mutuo, se haría una contribución valiosa a fin de romper el mito de que la mujer es inferior y al servicio del varón. Y con muchos cambios como este podemos redescubrir e implementar los valores cristianos que han sido vedados por el mundo y que nos ayudarán a tener una vida para la gloria de Dios y el bien de nuestras familias.

Los animo a estar conscientes de que la mujer fue concebida en el mismo corazón de Dios a fin de lograr grandes cosas, las cuales ni siquiera podemos imaginar; pues el Señor, en su infinita gracia, se complació al hacernos partícipes activas en su reino. Pero, como ya he dicho, debemos creer en esa gracia divina para con nosotras, aprender a amarnos y a valorarnos como personas especiales y capaces de hacer el bien en Cristo. De esa manera seremos realmente libres para realizar con éxito las grandes responsabilidades que nuestro Señor nos ha delegado como mujeres. Debemos y podemos educar con amor a nuestro mundo. Con la ayuda de Dios, podemos cortar la cadena de opresión y violencia de la cual la mujer ha sido víctima y hacer una diferencia sustancial. Depende de nosotras y de la gracia del Señor el ser exitosas en esta empresa.

Mujer, mi propósito es despertar tu conciencia de que está en tus manos mejorar tu vida. Dios te ama y en él puedes ser libre internamente para lograr, junto a tu familia, los sueños que ha guardado tan íntimamente. Si desarrollas todo tu potencial habrá satisfacción en su familia.. Aquellos a quienes amas se gozarán por ti y tu por ellos.

¡Adelante, mujer, descubre y vive según la identidad que Dios te ha dado! , ¡sana tus alas y levanta el vuelo!

LOS HOMBRES NO LLORAN


Se ha dicho que los hombres no lloran, ya sea porque así nos enseñaron en casa, o bien por la cultura machista en la que hemos crecido. Pero permítame narrarle algunas historias...

Lloran por sus hijos Recientemente, al terminar un seminario, un mayor de la Infantería de Marina del país donde me compartió: «Mi papá era militar; nunca lo había visto llorar, hasta aquel día en el que, siendo yo un adolescente, le anuncié que me iría de casa. Fue tan impactante para mí… Él lloraba desconsoladamente, no podía comprender cómo su hijo se marcharía de casa antes de tiempo».El sufrimiento y angustia. Sin duda una situación así produce un intenso dolor que no halla otra forma de expresarse más que con lágri
mas. En secreto o en público, todos los padres hemos llorado alguna vez, ya sea al nacer nuestro primer hijo, al verlo graduarse de preescolar, o bien, en la sala de espera de algún hospital, mientras oramos a Dios para que nuestro hijo salga de la crisis en la que se encuentra. No necesariamente todos los padres lloran por lo mismo, pero lo cierto es que a todos, en algún momento, nos toca llorar por nuestros hijos. Me encontraba con un matrimonio joven que recién habían perdido a su hijo de dos años. Ambos lloraban copiosamente, sus preguntas no encotraban respuesta: «¿Por qué, si lo amábamos tanto?, ¿por qué nos ocurre esto a nosotros?» De repente, el caballero se voltea hacia su esposa y, con la ternura más sublime que he visto, le asegura: «No es tu culpa ni tampoco mía... No es tu culpa mi amor». Se viven momentos que nunca se olvidan y este es uno de ellos. El sufrimiento, la angustia, las preguntas sin respuestas, y el amor por la dama que ha sido amiga, esposa, y compañera de lucha. Sin duda una situación así produce un intenso dolor que no halla otra forma de expresarse más que con lágrimas.

Lloran por amor Es frecuente oír en nuestra familia que los hombres no lloran por amor, pero la realidad es que sí lo hacemos. Definitivamente los hombres sí lloran por amor. Lloran porque aquella mujer amada, después de años de insistencia, al fin corresponde su amor; o porque, aun amándola, ella decide alejarse. Se llora cuando pasan los años y, a pesar de nuestros errores, el amor sigue latiendo en el corazón, y bajo una circunstancia difícil es fácil darse cuenta del calibre de mujer que se tiene al lado. También se llora cuando el amor de la vida parte para siempre.


Lloran por sus errores Conversaba con un matrimonio producto de un error —según lo afirmó él—. La razón de la crisis de este matrimonio, el segundo para este caballero, era que seguía amando a su ex esposa y a los hijos fruto de aquel primer matrimonio. Pocas veces he visto a un hombre entrado en años llorar de esta manera. Él es alto, robusto, emprendedor, profesional y empresario, pero ahora ll
oraba como un niño arrepentido. Entre lágrimas y balbuceos, confesaba: «Lo nuestro no tenía por qué haber ocurrido, usted lo sabe». Pero la historia estaba contada, lloraba con remordimiento su error, y no podía devolver el tiempo. 

Su sentido de responsabilidad le indicaba que tenía que aceptar las consecuencias: la distancia de sus hijos, la pérdida del calor del hogar que tanto le había costado construir, y los abrazos y la cercanía de la mujer de su juventud. No importa lo exitoso que un hombre haya sido, en muchos momentos de la vida llorará sus errores, y en silencio sentirá la culpa que le carcome el alma mientras se pregunta: «¿Qué hice?» Esta escena la he visto repetirse tantas veces que me pregunto por qué no llorar más frecuentemente, llorar lágrimas que nos permitan devolvernos en el camino simplemente para decir lo siento, aunque pensemos que es muy tarde.

Lloran por sus pérdidas Leí la historia de un esposo que había perdido a su esposa luego de cincuenta y cuatro años de matrimonio. Su hijo, quien cuenta la historia, comentó que su padre casi no lloró en el momento del funeral pero que, al transcurrir las horas, pidió a sus hijos que le llevaran de nuevo al cementerio. Al llegar, se lanzó sobre la lápida y comenzó a recordar los momentos que pasaron juntos: el día que ella lo abrazó cuando él perdió el trabajo; la angustia que vivieron juntos cuando alguno de sus hijos se enfermaba; las ocasiones que le pidió perdón por algún error cometido. «De repente, todos llorábamos tratando de consolarlo», —relata el hijo.
Al cabo de unos minutos, el hombre secó sus lágrimas y pidió: «No lloren hijos, no lloren, porque no ha sido un mal día… no fue ella la que tuvo que pasar este momento amargo de tener que despedirme, me tocó a mí. No lloren hijos, porque no ha sido un mal día». Cada vez que leo o cuento esta historia me conmuevo, porque al final de la carrera, cuando el ser amado ha partido, todos lloraremos porque la posibilidad de estar juntos se ha ido, y solo quedará el recuerdo del tiempo compartido.

Lloran por la pena que los mata Terminaba una conferencia en la que hablaba del perdón. La audiencia la formaba un grupo de ejecutivos de venta de una prestigiosa compañía, y sin que lo solicitara, al final, un joven
se puso de pié y llorando descontrolado se dirigió a sus compañeros y contó: «Hace varios años mi papá y yo nos peleamos y dejamos de hablarnos. Él no ha conocido a mis hijas y estoy seguro de que en el fondo quiere hacerlo. Ninguno de los dos nos hemos dado la oportunidad de acercarnos, pero cuando salga de aquí voy a llamarlo y le preguntaré si quiere conocer a sus nietas. Estoy seguro de que este fin de semana iré a su casa con mi familia para que conozca a mis hijas». 

Este caballero no sintió vergüenza de llorar frente a sus compañeros, porque a pesar de las bromas pesadas que nos damos entre los hombres, jugando de machos, en el fondo todos deseamos una oportunidad como esta para llorar nuestras penas, y sacar lo que nos está matando por dentro. Aunque se haya crecido en una cultura machista, los hombres sí pueden llorar, y nada tiene que ver esto con nuestra hombría, y sí tiene que ver con ser seres humanos dotados por Dios con la sensibilidad de llorar nuestras alegrías y nuestros dolores. 

En público o en secreto, los hombres... sí lloran.