70 AÑOS DE ISRAEL

Sorprendente el Discurso del Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu, con toda la gloria a YAHWEH
El Sr. Nethanyahu dijo:
"Sólo hace 70 años los judíos fueron llevados al matadero como ovejas.

Hace 60 años no teníamos país ni ejército.
Apenas unas horas después de su creación, siete países árabes declararon la guerra a nuestro pequeño Estado judío.
Éramos sólo 650 judíos contra el resto del mundo árabe, sin ningún Ejército de Defensa de Israel (FDI).
Ninguna fuerza aérea poderosa, sólo personas valientes.
Líbano, Siria, Irak, Jordania, Egipto, Libia, Arabia Saudita, todos nos atacaron al mismo tiempo.
El país que las Naciones Unidas nos dio fue 65% desierto. El país estaba en la nada!
Hace 35 años hemos luchado contra los tres ejércitos más poderosos en el Oriente Medio, y nosotros los barrimos, sí... en seis días.
Hemos luchado en contra de diversas coaliciones de países árabes, que tenían ejércitos modernos y muchas armas soviéticas, y siempre los hemos derrotado!
Hoy tenemos:
*Un país
*Un ejército
*Una potente fuerza aérea
*Un Estado cuya economía exporta millones de dólares
*Intel - Microsoft - IBM desarrolla productos para todo el mundo.
*Nuestros médicos reciben premios por investigación médica.
*Tenemos numerosos premios Nobel en todas las áreas.

Hemos hecho florecer el desierto, vendemos naranjas, flores y vegetales a todo el mundo.
Israel ha enviado sus propios satélites al espacio! Tres satélites al mismo tiempo!

Estamos orgullosos de estar en el mismo rango que: los Estados Unidos, que tiene 250 millones de habitantes.
Rusia, que tiene 200 millones de habitantes, China que tiene 1.300 millones de habitantes.
Europa (Francia, Gran Bretaña, Alemania), con 350 millones de habitantes.
Esos son los únicos países en el mundo que envían objetos al espacio! Israel es ahora parte de la familia de las potencias nucleares, con Estados Unidos, Rusia, China, India, Francia y Gran Bretaña.

Nunca lo hemos admitido oficialmente, (pero todo el mundo lo sabe): sólo hace 60 años, nos llevaron, avergonzados y desesperados al sacrificio!
Tenemos recientes las ruinas humeantes de Europa y ganamos nuestras guerras aquí con menos que nada. Hemos construido nuestro pequeño "Imperio" de la nada.
¿Quién es Hamas para querer asustarnos, para amedrentarnos? Ustedes nos hacen reír!
La Pascua se celebró; no olvidemos de qué se trata.
Hemos sobrevivido al Faraón.
Sobrevivimos a los griegos.
Hemos sobrevivido a los romanos.
Hemos sobrevivido a la inquisición de España y a los pogroms en Rusia.
Hemos sobrevivido a Hitler.
Hemos sobrevivido a los alemanes.
Hemos sobrevivido al Holocausto.
Hemos sobrevivido a los ejércitos de siete países árabes.
Hemos sobrevivido a Saddam.
Seguiremos sobreviviendo también a los enemigos de hoy.

Piense en cualquier otro momento de la historia humana! Pensar en ello: para nosotros, el pueblo judío, la situación nunca ha sido mejor! Vamos a afrontar el mundo.
Recordemos: todas las naciones o culturas que alguna vez trataron de destruirnos, hoy ya no existen y todavía vivimos!
Egipto?
Los griegos?
Alejandro de Macedonia?
Los romanos? ¿Alguien habla latín en estos días? 
Y el Tercer Reich?

Y mírennos:
La Nación de la Biblia,
los esclavos de Egipto,
todavía estamos aquí.

Y hablamos el mismo idioma! Antes y ahora! Los árabes no lo saben todavía, pero aprenderán que hay un Dios! ....mientras mantengamos nuestra identidad, estaremos por siempre!
Así que les pedimos perdón por no preocuparnos.
Por no llorar.
Por no tener miedo.
Las cosas están bien aquí.
Podrían ser ciertamente mejor.

Sin embargo: no crean en los medios de comunicación, ya que no dicen que las fiestas siguen teniendo lugar, la gente sigue viviendo, la gente sigue saliendo, la gente sale para ver a sus amigos.
Sí, nuestra moral es baja. Por qué? Sólo porque lloramos a nuestros muertos, mientras que otros se regocijan en la sangre derramada. Es por eso que vamos a ganar al final.
Él nunca duerme o nunca dormirá... el guardián de Israel...HaShem, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

MOLDES

Creo que es una constante en muchos de nosotros ir en busca, cada día, de la voluntad de Dios. Necesitamos el manual, la receta, la respuesta concreta sobre aquello que “no aparece” en la biblia. Para cada decisión en la que no queremos equivocarnos le pedimos al Señor que nos llegue una conformación firmada por escribano de qué debemos hacer!

¿Por qué se nos hace tan difícil conocer la voluntad de Dios?

La lectura de Romanos 12:2 nos ayuda a conocer el origen del problema
 
“ No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.”  NVI

“ No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”  RV

Estas dos versiones nos muestran las maneras en que nuestra mente y entendimiento son el obstáculo a vencer para llegar a comprobar su voluntad: nos “amoldamos” y “conformamos”.

Conformarse es quedarse con menos. Es darse por satisfecho con algo o mucho menos de la totalidad. Es una actitud mediocre.

Lo cierto es que es una realidad bastante cotidiana en nuestra vida cristiana. El Señor ya nos lo dio todo y nosotros vamos pidiendo “más de Ti”, mientras que sostenemos aun en nuestras manos nuestros intereses, nuestros sueños y deseos. Nunca nos queremos despojar de ellos, y terminamos conformándonos con las cosas que el mundo tiene para ofrecernos. Y esto siempre tiene gusto a poco. Las personas deambulan por toda clase de “nuevas satisfacciones” que siempre caducan; todo tiene fecha de vencimiento.

En cambio, el Reino… es eterno!!!!! Como podemos conformarnos con apenas esta vida y este mundo cuando tenemos la opción de la eternidad?
Y aun formando parte del Reino de Dios, nos conformamos con mirarlo de lejos sin llegar a contemplarlo, viviendo una tibia vida que se parece más a la del buen vecino que a la de Cristo.

Amoldarse es tomar la forma de algo, es caber en un molde para que el resultado sea el de ser “igual a” .En definitiva, determina qué somos.

Hay  moldes en los que estamos deseosos de entrar porque su forma nos resulta atrayente. Y hay moldes de muchos tipos que podemos adoptar: podemos parecernos demasiado al resto del mundo en tendencias, ideas, formas de vivir; o  podemos incluso tomar moldes “menos mundanos”. A veces la ley que ha sido despojada de su sentido, suele ser lo que determina los límites de lo que debemos hacer o no y nos resulta un cómodo molde que deja en paz a nuestra conciencia (aunque no a nuestro espíritu).

En cambio, si nos animamos a romper los moldes, a despojarnos de nosotros mismos y de aquello a lo que nos hemos aferrado y nos ponemos en las manos del alfarero vamos a llegar, por fin, a conocer su voluntad.

Es un desafío de transformación de nuestra mente. Toda la estructura de pensamiento debe ser cambiada. Todo nuestro propio acervo de conocimiento forjado durante el desarrollo de nuestra vida,  echado por tierra. Es renunciar, pero para ganar.

Es un desafío, no para mediocres y conformistas, sino para soñadores que anhelan las cosas “grandes y misteriosas” que Dios tiene.

Es un desafío, no para los que quieren pasar desapercibidos, sino para los rebeldes que quieren romper los moldes alborotando los cánones de la sociedad actual.

Es el desafío de los seguidores de Cristo.

LA PASIÓN SEGÚN LA MEDICINA


¿POR QUÉ MURIÓ JESÚS EN LA CRUZ?

Una persona no es consciente de la necesidad de la insulina, hasta que sabe que es diabético y lo que la insulina hace con los niveles de azúcar en su sangre y de lo que lo libra en el largo plazo.
Lo mismo ocurre en la vida de todo ser humano. Jamás será consciente de la necesidad de Jesús en su vida, hasta que comprende su enfermedad, su cura, el precio de la misma y que aún falta la segunda parte de la actuación del guion de Jesús que aún no se ha cumplido y que será en los tiempos finales.
Yo necesito a Jesús, porque mi enfermedad es el pecado. El Dios justo me juzgará y como pecador seré condenado a muerte y a muerte eterna, no porque él sea malo, sino porque es justo. Pero existe la cura y es tan cara que Dios decidió hacerla gratis. Y no tiene qué ver con mis obras, sino con las obras de Cristo. ¿De qué estoy hablando?
Dios es el Creador. No es posible que la nada haya creado algo. Que el desorden haya producido orden. Que lo imperfecto hay producido lo perfecto. Una explosión destruye, nunca ordena.
Todo lo que conocemos que ha sido creado, como los productos Apple, y que se caracterizan por ser innovadores, minimalistas y excelentes, tienen un diseñador. Nadie creería que poco a poco se fueron formando. Todo lo que existe en esta tierra tiene un diseño, tiene un diseñador y ese diseñador y creador, es Dios.
Dios no sólo creó los cielos, la tierra y el universo. Dios estableció las reglas del juego para su creación. Y como él es santo – esa esencia de pureza total que nos separa de nosotros –, exige a sus criaturas ser santas. Su santidad nos muestra cómo debemos ser y su santidad nos condena por cómo no hemos sido, y todos somos pecadores.”
El justo castigo de Dios es verdadero. Pero no podía existir el injusto perdón de Dios. Si Dios nos hubiera perdonado así por así nuestros pecados, habría negado su santidad. Jesús en la cruz, fue el sacrificio por nuestros pecados, la justicia que viene de Dios. El justo murió por los injustos. La justicia de Dios sí existe y esta está en Jesús. Su muerte, es nuestra vida.
Dios puede justificar a través de la muerte de Jesús en la cruz, de los pecados a todo el que cree y se arrepiente de sus pecados. Habiendo usted sido declarado convicto de pecado, por medio de Jesús, lo hace libre para vivir para él. Porque Jesús murió, pago con su muerte, el castigo por nuestros pecados. Él es nuestra expiación, ese sacrificio que paga nuestra deuda con Dios. Él es nuestra propiciación, ese sacrificio que aplaca la ira de Dios por el pecado.
¿Qué es un convicto? Es el acusado a quien se la probado legalmente su delito. Ninguno de nosotros tiene escapatoria y vamos a rendir cuentas cuando venga el fin, ante Jesucristo que juzgará a todos. Y en el reino de Dios, no existe dinero o recurso alguno que tuerza la justicia, como suele hacerse en la tierra. Sin importar su apellido o sus cuentas bancarias, usted y yo, seremos juzgados por Dios y recibiremos lo que es justo.
Pero hoy, Dios sigue siendo el abogado ante Dios de todo aquel que cree y se arrepiente de sus pecados. Aquel que cree que Jesús es el Verbo que en el principio ya existía, que estaba con Dios y que era Dios. Y que este Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Para ser el único que fuera tentado en todo, pero sin pecado. Y así, el justo moriría por los injustos en la cruz. Y los redimiría, pagaría el precio por la libertad de la esclavitud del pecado y nos daría vida eterna.
Esta es la justicia de Dios en Jesús. No por obras, sino por gracia – un favor inmerecido, algo que usted no merece, no por sus méritos –. No por sus obras, pero sí por la obra de Cristo en la cruz.
¿Qué debo hacer para recibir el perdón de pecados? Reconocer que soy un pecador y que seré juzgado. Reconocer que Dios es santo y no hay pecado en él y su justicia es la que me condenará. Reconocer que Jesús es el hijo de Dios y que, por amor, vino al mundo a entregar su vida para reconciliarnos con el Padre.
Reconocer que mis caminos, muchas veces no son los caminos que el Dios santo exige y que mis caminos, aunque parecieran rectos, son de muerte. Que cuando reconozco mi pecaminosidad y el camino por el que debo andar, cae una tristeza en nuestras vidas producto del Espíritu Santo que nos convence de pecado, para que nos arrepintamos.
Cuando creemos y nos arrepentimos de nuestros pecados, le damos un giro de 180 grados a nuestra vida. No comenzando por las buenas obras, porque ya somos convictos de pecado y eso nada nuestro lo borra. Sino comenzando con la fe en el sacrificio de Jesús y entonces, una vez declarados justos, vivimos en los caminos de justicia para lo que Dios nos creó.
Sus caminos de justicia, son paz para mí y para los que me rodean. Y si un día peco, abogado tengo ante el Padre, a Jesucristo el justo. Me arrepiento, pido perdón y vivo cada día negándome a mí mismo, tomando mi cruz y siguiéndole.
Este camino de la paz con Dios, no viene por mis obras, viene por la obra de Cristo en la cruz. Nuestra reconciliación con Dios, la vida verdadera y la paz duradera. La promesa de vida eterna, que cambió no a 11 discípulos, sino que sigue transformando la vida de millones, por la fe en Jesucristo.
Así como el diabético atesora la insulina por lo que sabe que es y hace. Yo atesoro a Jesús por lo que sé que es y hace. Jesús es el Dios que dejó la gloria y se vistió de carne y huesos. Y por amor, murió por mí en la cruz, para aplacar la ira de Dios, reconciliarme con el Padre y darme promesa de vida eterna. ¿Cómo no amar y vivir para el que me ha amado así? Y usted ¿Qué piensa?, ¿Qué hará?
“Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios. Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado. Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús.” La Biblia en Romanos 3:19-26

¿POR QUÉ NECESITO A JESÚS?

Una persona no es consciente de la necesidad de la insulina, hasta que sabe que es diabético y lo que la insulina hace con los niveles de azúcar en su sangre y de lo que lo libra en el largo plazo.

Lo mismo ocurre en la vida de todo ser humano. Jamás será consciente de la necesidad de Jesús en su vida, hasta que comprende su enfermedad, su cura, el precio de la misma y que aún falta la segunda parte de la actuación del guión de Jesús que aún no se ha cumplido y que será en los tiempos finales.

Así como el diabético reconoce su enfermedad cuando después de varias mediciones de los niveles de glucosa en su sangre, estos están por encima de lo normal. Yo reconozco mi enfermedad. Existen enfermedades hereditarias. Un padre o una madre pasa la misma a su hijo.

Desde nuestros padres originales, cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios y escogieron su propio camino como si fuera más alto que el camino del Creador, nos pasaron a la humanidad una enfermedad, el pecado y la tendencia innegable de la naturaleza del ser humano hacia el mal. Lo que se conoce como la naturaleza pecaminosa.

A un bebé no se le enseña a ser egoísta, este ya lo trae en su naturaleza pecaminosa. Por eso, la primera palabra que aprende a pronunciar es papi o mami y la segunda o de las primeras: mío…

Matar a alguien es pecado, también lo es la envidia. Solemos llamar pecado a lo que impresiona y errores a los pecados más profundos y ocultos del corazón. Todos somos pecadores. Adán y Eva cuando desobedecieron a Dios y comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, sus ojos fueron abiertos y experimentaron lo que todos seguimos experimentando en lo más profundo de nuestro corazón cada vez que pecamos: vergüenza, miedo y consecuencias.

Hace poco hablaba con alguien no cristiano. Me contaba que enamoraba a todo tipo de mujeres, pero que ya no pasaba de ahí. Su explicación: cada vez que tengo relaciones sexuales con una mujer que no es mi esposa, la paso bien durante el acto sexual, pero luego me siento más vacío que antes.

Por algo es que la Biblia llama a los deseos que van contra la voluntad de Dios, los deseos engañosos. Porque prometen placer y traen dolor. Prometen alegría y traen depresión. Prometen victoria y traen división. Yo necesito a Jesús porque soy un pecador. Todos lo somos.

¿Es usted un pecador?, ¿Manifiesta en usted las obras de la naturaleza pecaminosa que heredó de sus padres y al final desde Adán y Eva? Lea esta porción de la escritura que está en Gálatas capítulo 5 y versículos 19 al 21 y examínese: “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; 20 idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos 21 y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

No tiene que haber practicado todas las obras de la naturaleza, con una que se haya manifestado en su vida usted está descalificado delante de Dios. Al igual que yo, es un pecador. Pecado es no llegar al nivel que Dios exige. Es fallar el blanco que Dios ha establecido como estándar para sus hijos, santidad total.

Pablo, un judío y ciudadano romano de los tiempos de Jesús, persiguió a la iglesia. Hasta que Jesús mismo ya resucitado se le presentó y lo comisionó. Pasó tres días ciego. Alguien oró por él y recobró la vista. Y entonces cumplió su misión de proclamar el nombre de Jesús – que significa salvación – a los no gentiles – todo no judío –. El que antes perseguía a la iglesia de Cristo, ahora proclamaba el mensaje de salvación, que antes perseguía.

El apóstol Pablo escribió 13 de los 27 libros del Nuevo Testamento – la segunda parte de la Biblia, el nuevo pacto, que comienza con la narración del nacimiento de Jesús, su vida, muerte y cómo todos sus discípulos y las generaciones siguientes predicaron a Jesús como el Salvador y constituyeron la iglesia de Dios, donde Jesús es la cabeza y ellos el cuerpo –. Esto sin tomar en cuenta el libro de Hebreos, que algunos creen, que también fue escrito por él.

Así que este hombre, judío y ciudadano romano, Pablo, creía que estaba en la verdad y negaba a Jesús como el Cristo o Mesías – ambos títulos significan ungido, Cristo en griego y Mesías en hebreo. El ungido para salvar a Israel de sus pecados). No sólo no creía, perseguía a sus discípulos. También pensaba que guardar la ley de Dios – sus mandamientos, ordenanzas y preceptos – era el camino a la salvación. Y es que por las buenas obras nadie es salvo – El que es pecador, por mil y una obras que haga, seguirá siendo un pecador que hace buenas obras –. Luego de ser confrontado por Jesús, comprende la verdad. Por el primer Adán fuimos constituidos pecadores, el segundo Adán es nuestra esperanza de justificación.

Vea lo que este hombre escribió sobre Jesús –el segundo Adán – en el libro de Romanos capítulo 5 y versículos del 12 al 21: “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. Antes de promulgarse la ley, ya existía el pecado en el mundo. Es cierto que el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley; sin embargo, desde Adán hasta Moisés la muerte reinó, incluso sobre los que no pecaron quebrantando un mandato, como lo hizo Adán, quien es figura de aquel que había de venir. Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues, si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos! Tampoco se puede comparar la dádiva de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la justificación tiene que ver con una multitud de transgresiones. Pues, si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo. Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque, así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos. En lo que atañe a la ley, esta intervino para que aumentara la transgresión. Pero, allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.”

Yo necesito a Jesús porque soy un pecador. Y el Dios santo que estableció sus mandamientos para todos los seres humanos lo hizo porque no hay pecado en él y eso demanda de sus criaturas. Esos mandamientos no existen para evitarnos vivir sino para evitarnos sufrir en lo individual y en lo colectivo. Y a la vez para que al darle honra y gloria al obedecerles cosechemos la paz de Dios sobre nuestras vidas. Pero los hemos quebrantado y el Dios justo que no tolera castigará a todo pecador con muerte y muerte eterna. Pero Dios no se complace en la muerte del malvado, sino más bien quiere que este se arrepienta de su conducta y viva.

Es más, los mandamientos de Dios son los derechos y la protección de los derechos esenciales de toda la humanidad. No matarás, es el derecho a la vida. No robarás, el derecho a la propiedad privada. No cometerás adulterio, el derecho a la santidad del matrimonio. No codiciarás, el derecho a la prosperidad desigual. No dirás falso testimonio, el derecho a la reputación. Honra a padre y a madre, el derecho al orden y respeto en la sociedad por los mayores. No tengas otros dioses además de mí, el mandamiento que más quebrantamos cuando hacemos de nuestra carrera profesional o de cualquier cosa nuestro dios. Le damos nuestras fuerzas y la gloria que merece Dios a otras cosas, eso es idolatría.

Yo necesito a Jesús, porque mi enfermedad es el pecado. El Dios justo me juzgará y como pecador seré condenado a muerte y a muerte eterna, no porque él sea malo, sino porque es justo. Pero existe la cura y es tan cara que Dios decidió hacerla gratis. Y no tiene qué ver con mis obras, sino con las obras de Cristo. Esta está en Jesús y será el tema de la siguiente publicación.

LA MUJER TIENE DERECHOS DESDE LA ANTIGÜEDAD

El orden divino existía antes de la creación del ser humano. La rebelión contra Dios originó el egoísmo humano y el caos global. Aún así Dios tenía prevista la solución para el pecado.


No podemos negar que la vida nos da reveladoras y suficientes evidencias que señalan nuestra indolencia al tener que enfrentar situaciones que requieren ‘un extra’ de nuestra parte. Coincidiremos que eso ocurre cuando tenemos más poder para ‘dar la talla’. Como esa tendencia no es nada nueva bajo el sol, ahora veremos el ejemplo que nos deja el pueblo antiguo de Israel con su trato hacia la mujer. Cada vez que eran bendecidos por Dios los israelitas volvían a rebelarse contra Él. Lo hicieron así a lo largo de su historia. Por esa razón las Escrituras los exhibe como a contumaces.  



La Ley de Dios dada a Israel por medio de Moisés había llegado para mostrar hasta dónde puede llegar la maldad del ser humano caído en pecado. Bajo la ley divina la mujer israelita era protegida de las vejaciones que eran muy comunes en los países vecinos. De hecho, la mujer hebrea gozaba del respeto de sus contemporáneos que destacaban a la mujer virtuosa. 


Aun teniendo una ley perfecta y sanciones justas para quienes la transgrediesen, el pueblo se inclinaba a la idolatría y a excesos de todo tipo. Sabiendo perfectamente que Dios detesta todo tipo de explotación y abuso, condena la violación y la prostitución y castiga el adulterio con la muerte para ambos adúlteros, igualmente desafiaron a Dios pervirtiendo la ley. Por esa costumbre tan arraigada, el profeta Isaías les hace llegar una clara advertencia: “¡Ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres y para privar de su derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas y robar a los huérfanos! ¿Y qué haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para que os ayude cuando llegue de lejos el desastre?” 

Queda pues evidenciado, que las discriminaciones sufridas por la mujer no eran causadas por un dios cruel o por normas sociales injustas, sino por gente pervertida. Dios no distingue entre hombre pecador y mujer pecadora; esta es una verdad bíblica que nadie puede negar: “porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. 

Para Dios no hay ningún ‘problema de género’, ya que ambos - varón y mujer - sin excepción ni categorías pecan por igual. También es innegable que todo cambia con el paso del tiempo. No siendo inmunes a él los humanos mutamos nuestras culturas. Pero esos cambios no provienen del Dios creador y sustentador de la vida, que es inmutables sino de agentes terrenales en el poder temporal. Ellos trastornan la verdad con mentiras impuestas y pregonadas cual logros de ‘igualdad y progreso’. La Ley de Dios para la nación de Israel tenía multitud de beneficios espirituales, morales y físicos; tantos que si todo el pueblo, hombres y mujeres por igual, las ponían en práctica hubiesen estado liderando a otras naciones de la tierra: “Acontecerá que si oyes atentamente la voz de Jehová, tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová, tu Dios, te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, si escuchas la voz de Jehová, tu Dios.” 

Sería injusto que Dios exigiese a sus criaturas tener una conducta imposible de ejercer. Por eso escuchar la voz de Jehová, oír la voz de Dios, no era un imposible para los israelitas. Entre las instrucciones dadas por Dios a su pueblo estaban estos derechos de la mujer: 

1. Libertad individual. La esposa, con la plena confianza del esposo y cabeza de la familia, era un individuo con derechos propios; no un apéndice del hombre. Si lo deseaba, podía llevar a cabo tareas como inspeccionar un terreno, comprarlo o plantar en él una viña; montar su propio negocio textil si era buena hilando y tejiendo. Las israelitas disponían de amplia libertad en comparación con las mujeres de otras naciones. Algunos ejemplos: Ana cultivaba una relación personal con Dios; oró a Dios y le hizo un voto en secreto si recibía respuesta a su pedido.  Cierta mujer de la ciudad de Sunem iba a menudo a consultar al profeta Eliseo. Débora y Hulda aconsejaban a hombres y mujeres de parte de Dios; incluso iban sacerdotes y hombres prominentes a consultarlas.  

2. Educación. Al ser parte del Pacto legitimado las mujeres podían estar presentes durante la lectura de las leyes; esto les daba muchas oportunidades de aprender. Se preparaban para la adoración pública, el “servicio organizado” en el tabernáculo y en coros mixtos. Los hijos varones eran educados por su madre hasta que eran adultos.  

3. Comercio. No eran pocas las mujeres que llevaban sus propios negocios.  

4. Respeto. El primero de los ‘Diez Mandamientos’ que contiene una promesa gratificadora es: “Honra a tu padre y a tu madre”, así, a los dos por igual. Y el sabio rey Salomón dijo en uno de sus proverbios: “Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la ley de tu madre”. En la Ley se destaca el trato a dar a las personas del sexo opuesto, i.e. el respeto que el esposo debía tener respecto de los límites físicos y biológicos de su esposa. 

5. Protección. Jehová se describe a sí mismo como “padre de huérfanos de padre y juez de viudas”, haciéndose responsable de proteger a quienes carecían de un padre o un esposo. El milagro con la viuda de un sacerdote lo revela: la liberó de la opresión de un acreedor injusto, para que sobreviviese conservando su dignidad. Otro ejemplo: las cinco hijas de Zelofehad, jefe de familia que murió sin dejar un descendiente varón. Ellas solicitaron “una posesión” en la Tierra Prometida. Jehová les concedió más de lo que habían pedido. Ordenó a Moisés: “Debes darles la posesión de una herencia en medio de los hermanos de su padre, y tienes que hacer que la herencia de su padre pase a ellas”. De allí en más, las mujeres israelitas pudieron recibir una herencia de sus padres y dejársela a sus descendientes. 

Los justos reclamos de las mujeres y los desvalidos de la tierra, lejos de generar rechazo de parte de Dios, nos permite ver su misericordia en acción. Él se pone de parte de todas y de todos los discriminados que reclaman justicia, y los trata como bienaventurados. Les asegura ser parte de Su reino, consolarlos, saciarlos y tener una gran recompensa en el cielo. 

En días en que la mujer es utilizada con fines económicos y políticos, y es apoyada usando medios vergonzosos que humillan su dignidad, seguiremos con este tema en la que es central con sus justos reclamos, siempre a la luz de la Biblia. Hasta entonces, si el Señor lo permite.