ORANDO PARA TOMAR DECISIONES

Cada día tomamos decisiones. Desde cosas pequeñas como qué desayunar o qué ponernos a cosas más grandes como si aceptar un trabajo o no o mudarnos.

Hay decisiones que son fáciles de tomar, que están muy claras, y otras que… no tanto. ¿Qué hacemos entonces cuando debemos tomar una decisión que, de una manera u otra, nos afecta y no sabemos qué hacer?

Oramos.

El problema es que, a veces, estamos tan confundidas, que ni siquiera sabemos cómo orar.

Así que hoy te dejo 10 maneras de orar basadas en la Escritura para pedir a Dios que te dirija, guíe tus pasos y te ayude a tomar una decisión correcta.

1. Dile a Dios que confías en Él con todo tu corazón y que no quieres descansar en tu propia prudencia. Comprométete a reconocerle en todos tus caminos y déjale saber que confías en que Él enderezará tus veredas (Proverbios 3:5-6)

2. Clama la promesa de Dios en el Salmo 32:8 de que te hará entender, te enseñará el camino por el que debes andar y fijará Sus ojos sobre ti para poder guiarte.

3.  Pídele a Dios que te muestre tus errores y aquellas cosas que entorpecen que tomes una decisión conforme a Su voluntad. Pídele que te ayude a ver cuál es Su opinión en cuanto al asunto sobre el que tienes que decidir y que no te cierres a ver solamente qué es lo que opinas Tú (Proverbios 16:2)

4. Hazle saber a Dios que, simplemente, quieres para ti lo mismo que Él quiere para tu vida y que te ayude a comprender Sus tiempos y Su voluntad (Juan 5:30)

5. Repite las palabras del salmista: “Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por dónde ande, porque a ti he elevado mi alma” (Salmo 143:8)

6. Déjale saber a Dios que estás pidiendo Su guía, buscando Su voluntad, y llamando a la puerta del cielo. Clama Su promesa de dar al que pide, revelar al que busca y abrir al que llama (Mateo 7:7-8)

7. Pídele a Dios que forme en ti un espíritu humilde y de mansedumbre. Recuérdale Su promesa de encaminar a los humildes y enseñar el camino a los mansos (Salmo 25:9)

8. Ora las palabras del salmista: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad y enséñame, porque Tú eres el Dios de mi salvación; en Ti he esperado todo el día” (Salmo 25:4-5)

9. Alaba a Dios por ser tu roca y tu castillo, tu refugio y fortaleza. Clama Su promesa de guiarte y encaminarte (Salmo 31:3)

10. Pídele a Dios que enseñe Su camino y que te ayude a caminar en Su verdad. Ruega para que afirme tu corazón en cada paso que des y puedas conducirte con temor de Él (Salmo 86:11)


Y después de que hayas orado…escucha. Dios quiere guiarte. Dios quiere que conozcas Su voluntad para tu vida. Pero también quiere que puedas detenerte a escuchar Su voz y a obedecer lo que Él tiene para ti aunque no coincida exactamente con lo que tenías pensado.

LA RESURRECCIÓN COMO BASE DE NUESTRA FÉ

La resurrección de Jesús es la prueba más importante de la veracidad de la fe cristiana. La resurrección apoya la inspiración divina y la confiabilidad de las Escrituras, y no a la inversa. He visto personas que han caído en una crisis de fe al descubrir una dificultad que las Escrituras no puedan explicar. La lista de dificultades que los críticos pueden inventar es bastante larga. Aunque la mayoría de ellas se puede resolver aplicando paciente y objetivamente la ley de la no contradicción, o simplemente recurriendo al uso de la ley del sentido común, nuestra fe no se puede poner en pausa hasta que dichos problemas sean resueltos. El cristianismo creció porque los apóstoles predicaron que Cristo había sido levantado de entre los muertos, en cumplimiento de lo dicho por los profetas hebreos. Su muerte satisfizo las demandas de justicia cuando se rompe la Ley de Dios, y la vida perfecta de Jesús lo calificó para ser el Cordero de Dios, el sacrificio sin mancha ni mácula. Los evangelios del Nuevo Testamento y las cartas de Pablo no se escribirían por casi dos décadas, sin embargo, la iglesia creció rápida y dramáticamente durante ese lapso de tiempo. El núcleo central de su mensaje fue la veracidad de la resurrección. Aunque defender la autoridad de las Escrituras que es una tarea noble y necesaria, no debemos ir más allá de lo que las mismas Escrituras dicen acerca del contenido de la presentación central del evangelio.
Son muchas las historias que he escuchado acerca de cómo la resurrección salvó la fe de la gente. A los diecinueve años, el Dr. George Wood luchaba con el dilema de querer creer que su fe era racional, pero teniendo dificultades para hallar las bases que necesitaba. Fue cuando oyó una clase sobre las bases históricas de la resurrección que pudo encontrar una base sólida. “Entonces vine a entender que podía confiar en la voz de Jesús porque, según la historia, Él había sido levantado de entre los muertos”.  Hoy es el líder de las Asambleas de Dios, una agrupación de unas trescientas mil iglesias, presente en más de doscientos países.
Los historiadores nunca habrían puesto en duda la confiabilidad de los evangelios si a estos se les hubiera aplicado consistentemente los mismos estándares que se les aplicaron a otros textos antiguos. La razón principal por la que se niega la confiabilidad de los evangelios es el rechazo a cualquier hipótesis sobrenatural, en particular, la resurrección de Jesús. Necesitan creer que los discípulos se encontraban tan confundidos por lo que había pasado que comenzaron a esparcir fábulas delirantes por toda la primera iglesia. Sin embargo, si Jesús en verdad se levantó de entre los muertos, Él realmente representó la presencia de Dios en la tierra, y los relatos de los discípulos fueron certeros.
Comprender esto implica varias cosas. Primero, Jesús habría profetizado su muerte y resurrección, por lo que habría preparado a sus discípulos para transmitir verazmente sus enseñanzas a las futuras generaciones. Además, los autores y recopiladores de las Escrituras en el futuro habrían sido guiados por el Espíritu Santo, para garantizar que la información fuera preservada fielmente. Difícilmente nos podemos imaginar a Dios observando pasivamente desde el cielo, mientras el mensaje de Jesús se corrompe poco a poco. Particularmente cuando el mismo Jesús prometió a los apóstoles que el Espíritu Santo les recordaría todas sus enseñanzas, y que Él les mostraría todo lo demás que ellos necesitaran entender (Jn. 14:26).
 Jesús les encargó a sus discípulos difundir su mensaje a todas las naciones, y Él prometió que estaría con ellos hasta el final (Mt. 28:18-20). Por lo tanto, podemos tener la seguridad de que ellos transmitieron su mensaje fielmente y lo repitieron continuamente durante décadas.
También prepararon a futuros líderes para transmitir la información a las futuras generaciones. Y esos líderes transmitieron la misma tradición a la siguiente generación. Éste proceso se siguió repitiendo mucho después de que los evangelios fueran transcritos y copiados a lo largo del mundo conocido. Clemente, sucesor de Pedro en Roma, escribió: “Los apóstoles recibieron el evangelio del Señor Jesucristo, y Jesucristo fue enviado por Dios. Cristo, por lo tanto, es y viene de Dios, y los apóstoles son y vienen de Cristo. Ambos eventos, entonces, ocurrieron por la voluntad de Dios. Recibiendo sus instrucciones y llenos de confianza en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y confirmados en la fe por la palabra de Dios, salieron con la convicción total en el Espíritu Santo, predicando las buenas nuevas de que el advenimiento del reino de Dios está por llegar. Predicaron en la ciudad y en el campo; y nombraron a sus primeros conversos, probándolos en el Espíritu, como obispos y diáconos de los futuros creyentes”.
Una acusación frecuente de los escépticos es que los cristianos creen en la resurrección solo porque la Biblia dice que ocurrió. Si tal afirmación fuese cierta, la lógica debería fluir como sigue a continuación:
La Biblia es la Palabra de Dios.
La Biblia dice que Jesús fue levantado de entre los muertos.
Por lo tanto, Jesús fue levantado de entre los muertos, porque la Biblia lo dice.
Tal argumentación sería un razonamiento circular, y lógicamente inválido.
En realidad, el argumento no comienza ni termina con la afirmación de que la Biblia es cierta. El argumento dice:
Según la historia, Jesús fue crucificado y levantado de entre los muertos.
Su resurrección validó su identidad como Hijo de Dios.
Los escritos del Nuevo Testamento son históricamente fiables y son testimonio de estos hechos.
Por lo tanto ambos, la historia y las Escrituras, confirman que Jesucristo de Nazaret fue levantado de entre los muertos, tres días después de ser crucificado.
Este es un argumento lineal y no circular. La premisa inicial es que Jesús existió y que su crucifixión por parte el líder romano Poncio Pilatos forma parte de los registros históricos. Por lo tanto, su resurrección es la mejor explicación para los hechos históricos que aún los más escépticos reconocen cómo verdaderos. Los escritos del Nuevo Testamento son documentos históricos confiables y apoyan la hipótesis de que la crucifixión y la resurrección fueron acontecimientos reales. Estos también explican que este último evento sobrenatural confirma la identidad de Jesús como el Hijo de Dios. La conclusión, por lo tanto, fluye desde un hecho histórico, no de una aseveración al azar proveniente de un libro religioso, como a los escépticos les gusta retratarlo.
El director del departamento de filosofía de la Universidad Liberty, Gary Habermas, ilustra el significado de esta diferencia en sus charlas sobre la veracidad de la resurrección. Levanta una Biblia en alto y dice: “Si esta Biblia es la palabra infalible de Dios, Jesús fue levantado de entre los muertos. Si esta Biblia no es infalible, pero aún es confiable, Jesús todavía fue levantado de entre los muertos”.
Esta es una verdad vital a la cual debemos aferrarnos al enfrentarnos al bombardeo de los escépticos sobre los creyentes de Jesús en la sociedad contemporánea.
Históricamente, la resurrección es la hipótesis que mejor explica todos los hechos, pero esto no nos explica por completo su significado. Al escudriñar las Escrituras, obtenemos una sabiduría valiosa sobre lo que realmente significa.
“Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para anunciar el evangelio de Dios, que por medio de sus profetas ya había prometido en las sagradas Escrituras. Este evangelio habla de su Hijo, que según la naturaleza humana era descendiente de David, pero que según el Espíritu de santidad fue designado con poder Hijo de Dios por la resurrección. Él es Jesucristo nuestro Señor” (Ro. 1:1-4).
La resurrección puso en evidencia que Jesús era, ciertamente, el Hijo de Dios. Con tantas personas afirmando hablar en nombre de Dios, o aun ser el Mesías, necesitamos urgentemente que la certeza de la identidad de Cristo sea confirmada por Dios.
Este hecho me recuerda la importancia de verificar la identidad. Nuestra identidad se debe establecer más allá de nuestro propio testimonio. No llegamos a un aeropuerto esperando ser admitidos en un área de seguridad sin que antes se confirme quienes somos. La resurrección confirmó quien es Él. En un mundo donde abundan los robos de identidades y los engaños, podemos poner nuestra confianza en Jesucristo. Porque Jesús fue levantado de entre los muertos, podemos confiar en que sus Palabras fueron reales y dignas de confianza.

CARACTERÍSTICAS DE UN FUTURO ESPOSO

Creo que antes de casarse y, desde jóvenes, todas imaginamos cómo será nuestro esposo y anotamos mentalmente características que nos gustaría que tuvieran: que sea alto, que sea bajo, que sea rubio, que sea moreno, que tenga sentido del humor, que tenga una carrera, que tenga una profesión… la lista puede ser interminable.

Ahora bien, a la hora de escoger un esposo, siendo que el matrimonio es algo para toda la vida, ¿en qué deberíamos fijarnos? ¿Por qué cosas deberíamos orar? ¿Qué características deberíamos buscar?

Para muchas de nosotras, es obvio que las características físicas o emocionales no son lo que dan estabilidad a un matrimonio. Y creo que es bueno que las que ya estamos casadas ayudemos a las que no lo están, a las mujeres solteras a nuestro alrededor, ¡a nuestras hijas! a orar de manera efectiva por su futuro esposo y a buscarlas en los hombres que conocen antes de considerarlo un “candidato”.

¿Cuáles serían algunas de esas características?

1. Es creyente

Básico. Nos ahorraríamos una cantidad de problemas enormes si tomáramos la decisión de no considerar a ningún hombre que no sea creyente… aunque sea guapísimo, simpatiquísimo, te trate como una reina y te haga sentir mariposas en el estómago cada vez que lo ves. Las mariposas no sustentan un matrimonio. No a largo plazo.

2 Corintios 6:14

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

La iglesia de Corinto tenía un grave problema espiritual: los creyentes se casaban con personas inconversas y estas relaciones estaban influenciando negativamente en la iglesia. En lugar de ser los creyentes los que influenciaran positivamente a sus cónyuges que no conocían a Cristo, eran los cónyuges inconversos los que tiraban de los creyentes hacia el mundo.


La idea de no unirse en yugo desigual está basada en Deuteronomio 22:9 “No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo,  tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña” y se refiere al problema que surge de unir dos cosas que no deberían unirse.


2. Tiene sus prioridades en orden

Dios. Familia. Servicio/Ministerio. Todo lo demás. Este debe ser el orden de las prioridades de cualquier creyente. ¿A qué da prioridad a su vida? ¿Es un creyente comprometido que tiene una relación con Dios, está involucrado en el ministerio, asiste a una iglesia…? ¿O tiene como prioridad su trabajo, sus amigos…? ¿O pone el ministerio en la iglesia por delante de su familia?


3. Busca a Dios a la hora de tomar decisiones

Proverbios 3:5-8

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.

¿Es un hombre sabio en su propia opinión? ¿O es un hombre que toma decisiones basadas en la voluntad de Dios y en Su Palabra? Una vez que se casen, vas a agradecer tener un esposo que tome decisiones buenas y sabias que tengan a Dios y Sus principios en cuenta. Un esposo que sea temeroso de Dios y quiera honrarle y agradarle con su vida y la de su familia.


4. Es un hombre íntegro y honesto

1 Reyes 9:4-5

Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel.

¿Es un hombre que elige hacer lo correcto aun cuando no le están viendo? ¿O le gustan los “atajos”, las salidas fáciles y los negocios turbios? ¿Es un hombre honesto que prima la verdad sobre la conveniencia? Que sea de esos en los que “lo que ves es lo que hay”, sin doblez, sin intenciones ocultas.


5.  Es lento para la ira

Proverbios 15:18

El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.

No hay nada más desagradable que una persona iracunda. No se puede vivir tranquilo con alguien que se enfada por cualquier cosa o que no sabes en qué momento vas a decir o a hacer algo que le haga enojar. Y menos aún si se pone violento. Si es una persona que tiende al enojo, a la ira, al enfado y que no hace el más mínimo esfuerzo por cambiar, difícilmente lo hará una vez que estén casados.


6. Da valor a la fidelidad y a la pureza

Proverbios 5:18-20

Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, Y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, Y abrazarás el seno de la extraña?

¿Es un hombre que respeta a las mujeres? ¿Que cuida cómo se comporta, qué dice y qué hace con las mujeres a su alrededor? ¿Da importancia a la pureza no solo de acciones sino también de mente y corazón? ¿Es un hombre que tiene la fidelidad a su esposa como timón? Si tienes duda en alguna de estas respuestas, sigue orando. 


7. Es responsable y tiene ética de trabajo

Proverbios 6:10-11

Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.

Ay la flojera, ¡qué mala compañera es! Es importante que busques un hombre que quiera trabajar, que tenga ética de trabajo y que no quiera eludir su responsabilidad con su familia. 


8. Sabe reconocer sus faltas y es humilde

Peleas dentro del matrimonio va a haber muchas. Sobre todo al principio, cuando todavía hay que ajustar dos personas distintas, dos formas distintas de hacer las cosas, dos gustos diferentes… ¿Es un hombre que nunca, bajo ningún concepto, da su brazo a torcer o que no admite cuándo se equivoca o, peor aún, que no sabe pedir perdón? ¿O es un hombre humilde que es capaz de reconocer sus errores y dar gracia cuando otros los cometen?



Proverbios 16:18

Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu.

CETRO DE INIQUIDAD

"No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad". Salmo 125:3
"Me cansé de ser bueno". Esa fue la explicación que aquel hombre dio al ser descubierto en flagrante delito. La noticia corrió como una bomba por toda la fábrica, porque era considerado un empleado modelo entre los quinientos trabajadores de la empresa. El versículo de hoy explica eso. La actitud de los impíos es tan grosera, tan descarada e impune, que el justo corre el peligro de "extender la mano a la iniquidad".

El salmista habla del "cetro de los impíos". ¿Por qué el cetro? Los reyes usan el cetro' como símbolo de su realeza, poder y soberanía. En este mundo de pecado, los impíos de algún modo gobiernan y ejercen poder. Se consideran reyes. Sienten que están por encima de la ley
. La burlan o la compran. Sobornan conciencias, condenan al inocente y "explican" sus actos de maldad.

Dios promete que esta situación "no permanecerá". Tú entiendes el sentido de permanencia cuando miras hacia los montes. Los montes son permanentes y parecen eternos. Las nubes pasan y los árboles nacen, crecen y mueren, las generaciones se siguen unas a otras, pero los montes permanecen en el mismo lugar.
"El cetro de los impíos" no será como los montes. Una persona sin Dios y sin escrúpulos, puede conseguir dinero, fama, poder y honra, pero todo es como las nubes. Hoy es, y mañana no es.
El mal parece vencer al bien. Hoy y mañana tal vez, pero siempre hay un pasado mañana, en que la justicia prevalecerá. Esto no es solamente una promesa, es una realidad. Si tú miras la historia en retrospectiva, verás a reyes, naciones e imperios que se consideraban indestructibles, derrumbarse un día, de manera tal que hoy apenas quedan rastros.
Por tanto, continúa luchando y enalteciendo los valores en tus actitudes diarias. No temas que te consideren un soñador o un idealista. No tengas envidia de la "prosperidad" de los hombres sin Dios.
Sé justo. Busca diariamente fuerzas en Jesús. No permitas que la injusticia de los hombres traiga amargura a tu corazón. Valoriza las cosas simples, que duran para siempre, porque "No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad".

CONFÍO EN DIOS

Una de las pruebas que podemos esperar encontrar en nuestro recorrido con Dios es la prueba de la confianza. Muchas veces le decimos a Dios: “¿Qué está pasando en mi vida? ¿Qué estás haciendo? ¿Qué está sucediendo? No lo entiendo”. En ocasiones las cosas que nos suceden parecen llevarnos en dirección exactamente opuesta a lo que sentimos que Dios nos ha revelado. 
Aquí es donde muchos se dan por vencido, fracasan y buscan un camino que parece ser más rápido y más fácil para ellos. Si usted está ahora en un punto en el que nada en su vida tiene sentido, siga confiando en Dios. Una de las lecciones que he aprendido a través de los años es la siguiente: No existe tal cosa como confiar en Dios sin recibir respuestas. Mientras Dios nos esté capacitando para confiar, siempre nos encontraremos ante cosas que simplemente no entendemos. 
He aprendido que cuando el cielo está en silencio, debo mantenerme ocupada haciendo aquello que Dios me pidió que hiciera y simplemente seguir confiando en Él. Dios hace que todas las piezas de nuestras vidas trabajen conjuntamente para cumplir sus propósitos, aun cuando no vemos la provisión del mañana. Pero recordemos que las respuestas del mañana por lo general no llegan sino hasta mañana.
Debemos determinar confiar en Dios aun cuando no entendamos lo que está pasando en nuestras vidas. Medite en la Palabra de Dios para usted: “Porque nosotros [los cristianos] somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza [en lo que somos] en la carne” (Filipenses 3:3). “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en Él, este lleva mucho [abundante] fruto; porque separados de mí [de esa unión vital] nada podéis hacer” (Juan 15:5).

LA MUJER ASERTIVA Y EMOTIVA

Las mujeres que son agresivas, con frecuencia, tienen retos en sus relaciones; algunas veces, son mal entendidas; y que el grado de asertividad de una mujer puede variar de ligeramente agresiva a dominante y controladora. Pareciera que si una mujer no es callada o pasiva, entonces, se le etiqueta como dominante. Yo lo defino así: Una mujer asertiva dirá lo que piensa porque sabe que su aporte es importante y valioso. Una mujer agresiva dirá lo que piensa porque quiere efectuar el cambio y quiere ser parte del proceso. Una mujer dominante dirá lo que piensa porque cree que solamente sus puntos de vista son correctos y quiere controlar el resultado de la situación. El rango entre asertiva y dominante es muy amplio y variado, una mujer agresiva no puede ser agrupada en una misma categoría.
Los hombres podrían sentirse irrespetados al tratar con una mujer agresiva y podrían no estar dispuestos o ser capaces de interactuar con ella. Estos hombres podrían sentirse incómodos al tratar con las mujeres por las siguientes razones:
  • Pueden haber sido lastimados o constantemente ignorados por las mujeres.
  • Pueden haber tenido una madre o una figura de autoridad que era dominante o insensible a ellos.
  • Pueden haber tenido una novia que se aprovechó de ellos.
En respuesta al dolor y las heridas algunos hombres toman la decisión de no dejar nunca que una mujer obtenga ventajas de nuevo. La lista de razones es infinita, pero el resultado es que ellos están agotados de lidiar con mujeres agresivas y tienden a devaluar y a descontar a la mujer agresiva en una relación. Si un esposo tiene esta tendencia, él necesita descubrir el dolor del pasado que causó esta actitud y estar dispuesto a lidiar con ello para poder tener un compañerismo sano con su esposa.
Otra razón por la que muchos hombres se sienten incómodos al relacionarse con las mujeres es que las mujeres reaccionan a las situaciones de manera tan diferente a los hombres. Por ejemplo: las mujeres, muchas veces, se expresan más emotivamente que los hombres. Podemos alterarnos emocionalmente por diferentes situaciones y, algunas veces, hasta lloramos. El “factor del llanto” muchas veces hace a los hombres sentirse incómodos y hasta incapaces de lidiar con nosotras. Su naturaleza es hacerse cargo de las situaciones de manera lógica, pero cuando las mujeres se involucran en la discusión, es posible que las cosas cambien drásticamente por el elemento de las emociones.  Para algunos hombres, las emociones son ilógicas y retrasan las cosas; por lo tanto, concluyen que demanda mucha energía involucrar a las mujeres en sus discusiones. Es más, los hombres pueden sentirse confundidos y hasta enojados cuando piensan que ellos son la causa de nuestras lágrimas. El resultado es que algunos hombres han decidido excluir a las mujeres en lugar de aceptarlas y aprender a apreciar su contribución.
Las emociones pueden ser impredecibles e intensas. Los hombres y las mujeres podrían llorar por situaciones similares, pero seamos sinceros: las mujeres lloran por cosas por las que un hombre jamás se le hubiera ocurrido. No hay vergüenza en el llanto. Llorar es una forma de sacar nuestras emociones y es una liberación sana de las emociones. Llorar no hace a las mujeres raras o más débiles que los hombres.
En respuesta a esta percepción, algunas mujeres han aprendido a tragarse sus lágrimas, ya sea en el matrimonio, en una amistad o, sencillamente, en una reunión. Se siente como si las lágrimas fueran ineficientes y atrasan las cosas cuando uno está tratando de obtener una solución. Hasta avergüenza, ya que llorar en una válvula de alivio para uno, ¡nadie más recibe ayuda de sus lágrimas! Y pueden llevar a discusiones emocionales porque las lágrimas son emotivas. Además, uno se siente tan vulnerable cuando llora, y las lágrimas provocan desarreglo, arruinan el maquillaje y dan dolor de cabeza. Entonces, ¿por qué hacerlo?
Es porque, a veces, su corazón se abre repentinamente y sus ojos se llenan con un líquido que no puede contenerse. Como mujeres, es importante que aprendamos a manejar nuestras emociones para que no interfieran con la comunicación. Pero también se necesita un lugar de libertad para poder llorar en una conversación sin descarrilarse.
Puede poner nervioso y más que sensible a su esposo cuando respondemos a algo que él ha dicho o hecho, llorando. 
Algunas mujeres se han aprovechado de su esposo cuando lloran para detener una conversación cuando se vuelve muy difícil o incómoda para ellas. Este comportamiento no es comunicación justa o sincera, es manipuladora. Podría traer una suspensión temporal de la discusión, pero no alberga patrones sanos de comunicación. La manipulación siempre crea barreras.
Por otro lado, hay mujeres que necesitan ser animadas a darse cuenta que llorar no es una enfermedad terminal que deba evitarse a toda costa, sino que ellas pueden continuar con la conversación a pesar de estar llorando. Es difícil, provoca desarreglo, es emotivo y toma un poquito más de tiempo revisar las cosas, pero una conversación no tiene que terminar solo debido a las emociones y las lágrimas.
En lugar de apreciar y respetar la singularidad de nuestros géneros diferentes, muchos han menospreciado o denigrado las diferencias. Los juicios y los malos entendidos en relación a las diferencias de género solamente sirven para llevar más dolor y confusión a los matrimonios.  Creo que esta es una de las razones por las que el movimiento feminista tocó una fibra tan sensible en nuestro país. Surgió de una sensación de que las mujeres estaban siendo tratadas por los hombres de manera injusta, y el movimiento empezó para cambiar esa perspectiva. Aunque pudo haber empezado con intenciones nobles, se ha desintegrado en un movimiento contra los hombres y contra la familia. En el movimiento feminista, las necesidades y deseos de las mujeres se han vuelto más importantes que aquellos de los hombres o los niños. Al elevar a la mujer, las feministas han denigrado a los hombres y su singularidad; al decir que somos iguales, ellas dicen que no tenemos necesidad del hombre. Estas mujeres han eliminado las cualidades únicas que cada género aporta a la relación con el fin de hacernos iguales.
Debido a que el feminismo ha definido tanto quién debería ser una mujer y cómo debería verse, es difícil descubrir lo que significa ser femenina. Hay una gran diferencia entre ser una feminista y ser femenina. El feminismo no reconoce la feminidad en lo absoluto. De hecho, cuando hago una búsqueda de la palabra feminidad, ¿adivinen qué sale primero? ¡Feminismo! No feminidad. Debido a que hemos aprendido feminismo en lugar de feminidad, tenemos una generación de mujeres que no saben cómo ser fuertes, asertivas y, aun así, ser femeninas. El movimiento feminista nos enseñó a ser fuertes y capaces al tratar de pensar y actuar como hombres. Yo diría que, aun en su mejor día, un afeminado no puede pensar como una mujer, y en su mejor momento una mujer masculina no puede pensar como hombre. Estamos formados de manera completamente diferente.  Si usted no teme mirar la situación sinceramente, es fácil identificar las diferencias entre los hombres y las mujeres. Ambos son únicos y maravillosos, y deben ser respetados por sus fortalezas y diferencias.
En el intento de hacer a los hombres y a las mujeres iguales desde todo punto de vista, hemos perdido la capacidad de ver el regalo que es la feminidad, para ambos, tanto mujeres como hombres. El género femenino es un género dado por Dios con diferencias físicas, emocionales y hasta intelectuales únicas a las del género masculino. Cualquiera debería darse cuenta que hay diferencias mucho más profundas que las distinciones anatómicas. Estas diferencias son las que han sido malentendidas y que nos han llevado a una relación adversa con los hombres en lugar de a una sociedad con ellos, donde cada uno de nosotros use sus fortalezas para ayudar a otros. Ambos géneros necesitan ser valorados y estimados para poder crear matrimonios y familias exitosas y sanas. Necesitamos aceptar que no nos parecemos en nada, sino que somos hechos para complementarnos mutuamente, no para ser como la otra persona. Al comprender que somos diferentes, podemos celebrarnos mutuamente y tener compasión recíproca. Cuando entendemos que los hombres no están equivocados, que fuimos diseñadas para ser diferentes y que hay una buena razón por la que no somos iguales, eso nos coloca en un estado de asociación en lugar de que seamos adversarios.

UNA COBERTURA DE HONRA

En los tiempos de Jesús, una de las cosas más importantes para el hombre era el honor de su nombre. Es por esto que, en otras palabras, en Mateo 5:21-22 Jesús dice: Si, con tus palabras, intentas quitarle la honra a una persona en la sociedad, por coraje, es como si le hubieses matado.
En realidad, no hay nada malo en enojarse; hasta el mismo Jesús, en un momento dado, tuvo coraje. Lo que sí es malo son las palabras que se utilizan para hablarles a los demás cuando se está bajo coraje, y la intensión de esas palabras. La gente, cuando habla bajo coraje, tiende a utilizar palabras para herir, para deshonrar a la persona con la cual se tiene el coraje; y esto es lo que Jesús condena, diciendo que es lo mismo que cometer homicidio.
Hoy día, se insulta a la gente de manera muy rápida. Incluso hay cristianos que utilizan las palabras para dañar el testimonio o la honra de otros. Lo triste es que dicen ser cristianos, que viven una vida en pureza y conforme a la palabra de Dios, predicando santidad, y son los primeros que hacen todo lo contrario a lo que Cristo hizo.
En lo secular, si usted oye las noticias, escuchará algunos reporteros que, livianamente, utilizan palabras para juzgar. Piense cuántas veces la gente es juzgada antes de tener un juicio en la prensa, y por la prensa. La sociedad ha llegado a un punto donde su mente está tan corrompida que no se da cuenta que solo con palabras puede destrozar a cualquiera, quitándole su honra. No saben que el destrozar a alguien de esta manera les es contado como homicidio.
Pero más allá de deshonrar a un enemigo o un simple desconocido, piensa en tus hijos, en tu esposa, en la gente que amas. ¿Qué palabras usas hacia ellos en un momento de coraje? Las palabras que usas en un momento de coraje, si no tienes cuidado, destruyen la autoestima de aquellos que están a tu alrededor; tanto así que, en Mateo 5:22, Jesús dice que el que diga fatuo a su hermano terminará en el infierno.
La palabra infierno en el original, era una ilustración de un lugar sucio, donde se quemaba la basura. Lo que implica Jesús con esta palabra es que, una persona que intenta deshonrar a alguien con sus palabras, lo que tiene es una mente sucia y depravada. Es triste, porque esto es lo que se ve todos los días en la sociedad de hoy. En los círculos cristianos, eso es lo que se vive a diario; y el Señor dice que debería de ser lo contrario.
En 1 Corintios 12, el Señor utiliza a Pablo para enseñar y demostrar cómo debe ser el trato entre los cristianos, cómo se deben cuidar los unos a los otros.
“Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” 1 Corintios 12:22-26
Pablo, en estos versículos, lo que está diciendo es que, aquellos más delicados, débiles, y con menos decoro entre el cuerpo de Cristo, deben ser cuidados y protegidos mucho más que otros. Pero, en estos tiempos, lamentablemente, la gente tiende a pisotear y deshonrar a los más débiles. Piense en esto: Normalmente, si hay una parte del cuerpo que está al descubierto, ¿se cubre y se protege, o no? Por alguna razón u otra, se piensa: Si otro recibe honra, yo pierdo la parte que es mía y sería más fácil descubrir los problemas que otros tienen, porque de esa forma yo resaltaría.
Hoy entiende que debes tener cuidado con tus palabras. No llegues al punto de enojarte, menospreciar a aquellos que están a tu alrededor y, con tus palabras, deshonrar y dañar su testimonio, hasta el punto donde degrades el honor de la gente en la calle. El trabajo de un cristiano no es descubrir, sino cubrir, guardar, proteger, darle decoro a los más débiles, sabiendo que, si ellos reciben honra, Dios también te honrará a ti. Y, si alguien te ha deshonrado o acusado porque no han visto grandeza en ti, recuerda que la Biblia dice que Dios le va a dar más honor a aquellos que el mundo ha menospreciado (1 Cor. 12:28). A aquellos que la gente ha deshonrado, Dios les va a cubrir con más honra.
Todo aquel que ha hablado mal de ti, todo aquel que no te ha cubierto, todo aquel que te ha traicionado, todo aquel que ha usado su boca para deshonrarte tendrá que ver cómo el Dios Todopoderoso te utiliza a ti, te pone en gloria y te pone delante del mundo, porque eso es lo que le va a dar honra al Dios Todopoderoso.