CARACTERÍSTICAS DE UN FUTURO ESPOSO

Creo que antes de casarse y, desde jóvenes, todas imaginamos cómo será nuestro esposo y anotamos mentalmente características que nos gustaría que tuvieran: que sea alto, que sea bajo, que sea rubio, que sea moreno, que tenga sentido del humor, que tenga una carrera, que tenga una profesión… la lista puede ser interminable.

Ahora bien, a la hora de escoger un esposo, siendo que el matrimonio es algo para toda la vida, ¿en qué deberíamos fijarnos? ¿Por qué cosas deberíamos orar? ¿Qué características deberíamos buscar?

Para muchas de nosotras, es obvio que las características físicas o emocionales no son lo que dan estabilidad a un matrimonio. Y creo que es bueno que las que ya estamos casadas ayudemos a las que no lo están, a las mujeres solteras a nuestro alrededor, ¡a nuestras hijas! a orar de manera efectiva por su futuro esposo y a buscarlas en los hombres que conocen antes de considerarlo un “candidato”.

¿Cuáles serían algunas de esas características?

1. Es creyente

Básico. Nos ahorraríamos una cantidad de problemas enormes si tomáramos la decisión de no considerar a ningún hombre que no sea creyente… aunque sea guapísimo, simpatiquísimo, te trate como una reina y te haga sentir mariposas en el estómago cada vez que lo ves. Las mariposas no sustentan un matrimonio. No a largo plazo.

2 Corintios 6:14

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

La iglesia de Corinto tenía un grave problema espiritual: los creyentes se casaban con personas inconversas y estas relaciones estaban influenciando negativamente en la iglesia. En lugar de ser los creyentes los que influenciaran positivamente a sus cónyuges que no conocían a Cristo, eran los cónyuges inconversos los que tiraban de los creyentes hacia el mundo.


La idea de no unirse en yugo desigual está basada en Deuteronomio 22:9 “No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo,  tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña” y se refiere al problema que surge de unir dos cosas que no deberían unirse.


2. Tiene sus prioridades en orden

Dios. Familia. Servicio/Ministerio. Todo lo demás. Este debe ser el orden de las prioridades de cualquier creyente. ¿A qué da prioridad a su vida? ¿Es un creyente comprometido que tiene una relación con Dios, está involucrado en el ministerio, asiste a una iglesia…? ¿O tiene como prioridad su trabajo, sus amigos…? ¿O pone el ministerio en la iglesia por delante de su familia?


3. Busca a Dios a la hora de tomar decisiones

Proverbios 3:5-8

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.

¿Es un hombre sabio en su propia opinión? ¿O es un hombre que toma decisiones basadas en la voluntad de Dios y en Su Palabra? Una vez que se casen, vas a agradecer tener un esposo que tome decisiones buenas y sabias que tengan a Dios y Sus principios en cuenta. Un esposo que sea temeroso de Dios y quiera honrarle y agradarle con su vida y la de su familia.


4. Es un hombre íntegro y honesto

1 Reyes 9:4-5

Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel.

¿Es un hombre que elige hacer lo correcto aun cuando no le están viendo? ¿O le gustan los “atajos”, las salidas fáciles y los negocios turbios? ¿Es un hombre honesto que prima la verdad sobre la conveniencia? Que sea de esos en los que “lo que ves es lo que hay”, sin doblez, sin intenciones ocultas.


5.  Es lento para la ira

Proverbios 15:18

El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.

No hay nada más desagradable que una persona iracunda. No se puede vivir tranquilo con alguien que se enfada por cualquier cosa o que no sabes en qué momento vas a decir o a hacer algo que le haga enojar. Y menos aún si se pone violento. Si es una persona que tiende al enojo, a la ira, al enfado y que no hace el más mínimo esfuerzo por cambiar, difícilmente lo hará una vez que estén casados.


6. Da valor a la fidelidad y a la pureza

Proverbios 5:18-20

Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, Y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, Y abrazarás el seno de la extraña?

¿Es un hombre que respeta a las mujeres? ¿Que cuida cómo se comporta, qué dice y qué hace con las mujeres a su alrededor? ¿Da importancia a la pureza no solo de acciones sino también de mente y corazón? ¿Es un hombre que tiene la fidelidad a su esposa como timón? Si tienes duda en alguna de estas respuestas, sigue orando. 


7. Es responsable y tiene ética de trabajo

Proverbios 6:10-11

Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.

Ay la flojera, ¡qué mala compañera es! Es importante que busques un hombre que quiera trabajar, que tenga ética de trabajo y que no quiera eludir su responsabilidad con su familia. 


8. Sabe reconocer sus faltas y es humilde

Peleas dentro del matrimonio va a haber muchas. Sobre todo al principio, cuando todavía hay que ajustar dos personas distintas, dos formas distintas de hacer las cosas, dos gustos diferentes… ¿Es un hombre que nunca, bajo ningún concepto, da su brazo a torcer o que no admite cuándo se equivoca o, peor aún, que no sabe pedir perdón? ¿O es un hombre humilde que es capaz de reconocer sus errores y dar gracia cuando otros los cometen?



Proverbios 16:18

Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu.

CETRO DE INIQUIDAD

"No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad". Salmo 125:3
"Me cansé de ser bueno". Esa fue la explicación que aquel hombre dio al ser descubierto en flagrante delito. La noticia corrió como una bomba por toda la fábrica, porque era considerado un empleado modelo entre los quinientos trabajadores de la empresa. El versículo de hoy explica eso. La actitud de los impíos es tan grosera, tan descarada e impune, que el justo corre el peligro de "extender la mano a la iniquidad".

El salmista habla del "cetro de los impíos". ¿Por qué el cetro? Los reyes usan el cetro' como símbolo de su realeza, poder y soberanía. En este mundo de pecado, los impíos de algún modo gobiernan y ejercen poder. Se consideran reyes. Sienten que están por encima de la ley
. La burlan o la compran. Sobornan conciencias, condenan al inocente y "explican" sus actos de maldad.

Dios promete que esta situación "no permanecerá". Tú entiendes el sentido de permanencia cuando miras hacia los montes. Los montes son permanentes y parecen eternos. Las nubes pasan y los árboles nacen, crecen y mueren, las generaciones se siguen unas a otras, pero los montes permanecen en el mismo lugar.
"El cetro de los impíos" no será como los montes. Una persona sin Dios y sin escrúpulos, puede conseguir dinero, fama, poder y honra, pero todo es como las nubes. Hoy es, y mañana no es.
El mal parece vencer al bien. Hoy y mañana tal vez, pero siempre hay un pasado mañana, en que la justicia prevalecerá. Esto no es solamente una promesa, es una realidad. Si tú miras la historia en retrospectiva, verás a reyes, naciones e imperios que se consideraban indestructibles, derrumbarse un día, de manera tal que hoy apenas quedan rastros.
Por tanto, continúa luchando y enalteciendo los valores en tus actitudes diarias. No temas que te consideren un soñador o un idealista. No tengas envidia de la "prosperidad" de los hombres sin Dios.
Sé justo. Busca diariamente fuerzas en Jesús. No permitas que la injusticia de los hombres traiga amargura a tu corazón. Valoriza las cosas simples, que duran para siempre, porque "No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad".

CONFÍO EN DIOS

Una de las pruebas que podemos esperar encontrar en nuestro recorrido con Dios es la prueba de la confianza. Muchas veces le decimos a Dios: “¿Qué está pasando en mi vida? ¿Qué estás haciendo? ¿Qué está sucediendo? No lo entiendo”. En ocasiones las cosas que nos suceden parecen llevarnos en dirección exactamente opuesta a lo que sentimos que Dios nos ha revelado. 
Aquí es donde muchos se dan por vencido, fracasan y buscan un camino que parece ser más rápido y más fácil para ellos. Si usted está ahora en un punto en el que nada en su vida tiene sentido, siga confiando en Dios. Una de las lecciones que he aprendido a través de los años es la siguiente: No existe tal cosa como confiar en Dios sin recibir respuestas. Mientras Dios nos esté capacitando para confiar, siempre nos encontraremos ante cosas que simplemente no entendemos. 
He aprendido que cuando el cielo está en silencio, debo mantenerme ocupada haciendo aquello que Dios me pidió que hiciera y simplemente seguir confiando en Él. Dios hace que todas las piezas de nuestras vidas trabajen conjuntamente para cumplir sus propósitos, aun cuando no vemos la provisión del mañana. Pero recordemos que las respuestas del mañana por lo general no llegan sino hasta mañana.
Debemos determinar confiar en Dios aun cuando no entendamos lo que está pasando en nuestras vidas. Medite en la Palabra de Dios para usted: “Porque nosotros [los cristianos] somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza [en lo que somos] en la carne” (Filipenses 3:3). “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en Él, este lleva mucho [abundante] fruto; porque separados de mí [de esa unión vital] nada podéis hacer” (Juan 15:5).

LA MUJER ASERTIVA Y EMOTIVA

Las mujeres que son agresivas, con frecuencia, tienen retos en sus relaciones; algunas veces, son mal entendidas; y que el grado de asertividad de una mujer puede variar de ligeramente agresiva a dominante y controladora. Pareciera que si una mujer no es callada o pasiva, entonces, se le etiqueta como dominante. Yo lo defino así: Una mujer asertiva dirá lo que piensa porque sabe que su aporte es importante y valioso. Una mujer agresiva dirá lo que piensa porque quiere efectuar el cambio y quiere ser parte del proceso. Una mujer dominante dirá lo que piensa porque cree que solamente sus puntos de vista son correctos y quiere controlar el resultado de la situación. El rango entre asertiva y dominante es muy amplio y variado, una mujer agresiva no puede ser agrupada en una misma categoría.
Los hombres podrían sentirse irrespetados al tratar con una mujer agresiva y podrían no estar dispuestos o ser capaces de interactuar con ella. Estos hombres podrían sentirse incómodos al tratar con las mujeres por las siguientes razones:
  • Pueden haber sido lastimados o constantemente ignorados por las mujeres.
  • Pueden haber tenido una madre o una figura de autoridad que era dominante o insensible a ellos.
  • Pueden haber tenido una novia que se aprovechó de ellos.
En respuesta al dolor y las heridas algunos hombres toman la decisión de no dejar nunca que una mujer obtenga ventajas de nuevo. La lista de razones es infinita, pero el resultado es que ellos están agotados de lidiar con mujeres agresivas y tienden a devaluar y a descontar a la mujer agresiva en una relación. Si un esposo tiene esta tendencia, él necesita descubrir el dolor del pasado que causó esta actitud y estar dispuesto a lidiar con ello para poder tener un compañerismo sano con su esposa.
Otra razón por la que muchos hombres se sienten incómodos al relacionarse con las mujeres es que las mujeres reaccionan a las situaciones de manera tan diferente a los hombres. Por ejemplo: las mujeres, muchas veces, se expresan más emotivamente que los hombres. Podemos alterarnos emocionalmente por diferentes situaciones y, algunas veces, hasta lloramos. El “factor del llanto” muchas veces hace a los hombres sentirse incómodos y hasta incapaces de lidiar con nosotras. Su naturaleza es hacerse cargo de las situaciones de manera lógica, pero cuando las mujeres se involucran en la discusión, es posible que las cosas cambien drásticamente por el elemento de las emociones.  Para algunos hombres, las emociones son ilógicas y retrasan las cosas; por lo tanto, concluyen que demanda mucha energía involucrar a las mujeres en sus discusiones. Es más, los hombres pueden sentirse confundidos y hasta enojados cuando piensan que ellos son la causa de nuestras lágrimas. El resultado es que algunos hombres han decidido excluir a las mujeres en lugar de aceptarlas y aprender a apreciar su contribución.
Las emociones pueden ser impredecibles e intensas. Los hombres y las mujeres podrían llorar por situaciones similares, pero seamos sinceros: las mujeres lloran por cosas por las que un hombre jamás se le hubiera ocurrido. No hay vergüenza en el llanto. Llorar es una forma de sacar nuestras emociones y es una liberación sana de las emociones. Llorar no hace a las mujeres raras o más débiles que los hombres.
En respuesta a esta percepción, algunas mujeres han aprendido a tragarse sus lágrimas, ya sea en el matrimonio, en una amistad o, sencillamente, en una reunión. Se siente como si las lágrimas fueran ineficientes y atrasan las cosas cuando uno está tratando de obtener una solución. Hasta avergüenza, ya que llorar en una válvula de alivio para uno, ¡nadie más recibe ayuda de sus lágrimas! Y pueden llevar a discusiones emocionales porque las lágrimas son emotivas. Además, uno se siente tan vulnerable cuando llora, y las lágrimas provocan desarreglo, arruinan el maquillaje y dan dolor de cabeza. Entonces, ¿por qué hacerlo?
Es porque, a veces, su corazón se abre repentinamente y sus ojos se llenan con un líquido que no puede contenerse. Como mujeres, es importante que aprendamos a manejar nuestras emociones para que no interfieran con la comunicación. Pero también se necesita un lugar de libertad para poder llorar en una conversación sin descarrilarse.
Puede poner nervioso y más que sensible a su esposo cuando respondemos a algo que él ha dicho o hecho, llorando. 
Algunas mujeres se han aprovechado de su esposo cuando lloran para detener una conversación cuando se vuelve muy difícil o incómoda para ellas. Este comportamiento no es comunicación justa o sincera, es manipuladora. Podría traer una suspensión temporal de la discusión, pero no alberga patrones sanos de comunicación. La manipulación siempre crea barreras.
Por otro lado, hay mujeres que necesitan ser animadas a darse cuenta que llorar no es una enfermedad terminal que deba evitarse a toda costa, sino que ellas pueden continuar con la conversación a pesar de estar llorando. Es difícil, provoca desarreglo, es emotivo y toma un poquito más de tiempo revisar las cosas, pero una conversación no tiene que terminar solo debido a las emociones y las lágrimas.
En lugar de apreciar y respetar la singularidad de nuestros géneros diferentes, muchos han menospreciado o denigrado las diferencias. Los juicios y los malos entendidos en relación a las diferencias de género solamente sirven para llevar más dolor y confusión a los matrimonios.  Creo que esta es una de las razones por las que el movimiento feminista tocó una fibra tan sensible en nuestro país. Surgió de una sensación de que las mujeres estaban siendo tratadas por los hombres de manera injusta, y el movimiento empezó para cambiar esa perspectiva. Aunque pudo haber empezado con intenciones nobles, se ha desintegrado en un movimiento contra los hombres y contra la familia. En el movimiento feminista, las necesidades y deseos de las mujeres se han vuelto más importantes que aquellos de los hombres o los niños. Al elevar a la mujer, las feministas han denigrado a los hombres y su singularidad; al decir que somos iguales, ellas dicen que no tenemos necesidad del hombre. Estas mujeres han eliminado las cualidades únicas que cada género aporta a la relación con el fin de hacernos iguales.
Debido a que el feminismo ha definido tanto quién debería ser una mujer y cómo debería verse, es difícil descubrir lo que significa ser femenina. Hay una gran diferencia entre ser una feminista y ser femenina. El feminismo no reconoce la feminidad en lo absoluto. De hecho, cuando hago una búsqueda de la palabra feminidad, ¿adivinen qué sale primero? ¡Feminismo! No feminidad. Debido a que hemos aprendido feminismo en lugar de feminidad, tenemos una generación de mujeres que no saben cómo ser fuertes, asertivas y, aun así, ser femeninas. El movimiento feminista nos enseñó a ser fuertes y capaces al tratar de pensar y actuar como hombres. Yo diría que, aun en su mejor día, un afeminado no puede pensar como una mujer, y en su mejor momento una mujer masculina no puede pensar como hombre. Estamos formados de manera completamente diferente.  Si usted no teme mirar la situación sinceramente, es fácil identificar las diferencias entre los hombres y las mujeres. Ambos son únicos y maravillosos, y deben ser respetados por sus fortalezas y diferencias.
En el intento de hacer a los hombres y a las mujeres iguales desde todo punto de vista, hemos perdido la capacidad de ver el regalo que es la feminidad, para ambos, tanto mujeres como hombres. El género femenino es un género dado por Dios con diferencias físicas, emocionales y hasta intelectuales únicas a las del género masculino. Cualquiera debería darse cuenta que hay diferencias mucho más profundas que las distinciones anatómicas. Estas diferencias son las que han sido malentendidas y que nos han llevado a una relación adversa con los hombres en lugar de a una sociedad con ellos, donde cada uno de nosotros use sus fortalezas para ayudar a otros. Ambos géneros necesitan ser valorados y estimados para poder crear matrimonios y familias exitosas y sanas. Necesitamos aceptar que no nos parecemos en nada, sino que somos hechos para complementarnos mutuamente, no para ser como la otra persona. Al comprender que somos diferentes, podemos celebrarnos mutuamente y tener compasión recíproca. Cuando entendemos que los hombres no están equivocados, que fuimos diseñadas para ser diferentes y que hay una buena razón por la que no somos iguales, eso nos coloca en un estado de asociación en lugar de que seamos adversarios.

UNA COBERTURA DE HONRA

En los tiempos de Jesús, una de las cosas más importantes para el hombre era el honor de su nombre. Es por esto que, en otras palabras, en Mateo 5:21-22 Jesús dice: Si, con tus palabras, intentas quitarle la honra a una persona en la sociedad, por coraje, es como si le hubieses matado.
En realidad, no hay nada malo en enojarse; hasta el mismo Jesús, en un momento dado, tuvo coraje. Lo que sí es malo son las palabras que se utilizan para hablarles a los demás cuando se está bajo coraje, y la intensión de esas palabras. La gente, cuando habla bajo coraje, tiende a utilizar palabras para herir, para deshonrar a la persona con la cual se tiene el coraje; y esto es lo que Jesús condena, diciendo que es lo mismo que cometer homicidio.
Hoy día, se insulta a la gente de manera muy rápida. Incluso hay cristianos que utilizan las palabras para dañar el testimonio o la honra de otros. Lo triste es que dicen ser cristianos, que viven una vida en pureza y conforme a la palabra de Dios, predicando santidad, y son los primeros que hacen todo lo contrario a lo que Cristo hizo.
En lo secular, si usted oye las noticias, escuchará algunos reporteros que, livianamente, utilizan palabras para juzgar. Piense cuántas veces la gente es juzgada antes de tener un juicio en la prensa, y por la prensa. La sociedad ha llegado a un punto donde su mente está tan corrompida que no se da cuenta que solo con palabras puede destrozar a cualquiera, quitándole su honra. No saben que el destrozar a alguien de esta manera les es contado como homicidio.
Pero más allá de deshonrar a un enemigo o un simple desconocido, piensa en tus hijos, en tu esposa, en la gente que amas. ¿Qué palabras usas hacia ellos en un momento de coraje? Las palabras que usas en un momento de coraje, si no tienes cuidado, destruyen la autoestima de aquellos que están a tu alrededor; tanto así que, en Mateo 5:22, Jesús dice que el que diga fatuo a su hermano terminará en el infierno.
La palabra infierno en el original, era una ilustración de un lugar sucio, donde se quemaba la basura. Lo que implica Jesús con esta palabra es que, una persona que intenta deshonrar a alguien con sus palabras, lo que tiene es una mente sucia y depravada. Es triste, porque esto es lo que se ve todos los días en la sociedad de hoy. En los círculos cristianos, eso es lo que se vive a diario; y el Señor dice que debería de ser lo contrario.
En 1 Corintios 12, el Señor utiliza a Pablo para enseñar y demostrar cómo debe ser el trato entre los cristianos, cómo se deben cuidar los unos a los otros.
“Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” 1 Corintios 12:22-26
Pablo, en estos versículos, lo que está diciendo es que, aquellos más delicados, débiles, y con menos decoro entre el cuerpo de Cristo, deben ser cuidados y protegidos mucho más que otros. Pero, en estos tiempos, lamentablemente, la gente tiende a pisotear y deshonrar a los más débiles. Piense en esto: Normalmente, si hay una parte del cuerpo que está al descubierto, ¿se cubre y se protege, o no? Por alguna razón u otra, se piensa: Si otro recibe honra, yo pierdo la parte que es mía y sería más fácil descubrir los problemas que otros tienen, porque de esa forma yo resaltaría.
Hoy entiende que debes tener cuidado con tus palabras. No llegues al punto de enojarte, menospreciar a aquellos que están a tu alrededor y, con tus palabras, deshonrar y dañar su testimonio, hasta el punto donde degrades el honor de la gente en la calle. El trabajo de un cristiano no es descubrir, sino cubrir, guardar, proteger, darle decoro a los más débiles, sabiendo que, si ellos reciben honra, Dios también te honrará a ti. Y, si alguien te ha deshonrado o acusado porque no han visto grandeza en ti, recuerda que la Biblia dice que Dios le va a dar más honor a aquellos que el mundo ha menospreciado (1 Cor. 12:28). A aquellos que la gente ha deshonrado, Dios les va a cubrir con más honra.
Todo aquel que ha hablado mal de ti, todo aquel que no te ha cubierto, todo aquel que te ha traicionado, todo aquel que ha usado su boca para deshonrarte tendrá que ver cómo el Dios Todopoderoso te utiliza a ti, te pone en gloria y te pone delante del mundo, porque eso es lo que le va a dar honra al Dios Todopoderoso. 

EL VERDADERO DESCANSO

¿Cuándo fue la última vez que descansó? No me refiero a la última vez que logró irse a la cama antes de la medianoche. Me refiero al descanso verdadero.

Vivimos en una cultura que no favorece el descanso. Incluso en la iglesia, podemos comprometernos a hacer más cosas de las que podemos manejar, porque aceptamos hacer demasiadas cosas. Después de todo, es más fácil decirle que no a una fiesta del vecindario que a un estudio bíblico. Si algo suena espiritual, es fácil pensar que debemos hacer fila detrás de todos los demás y tomar un boleto. Pero ocuparse en las cosas de Dios y conocer a Dios son dos cosas muy diferentes. Y con frecuencia no están en armonía.

Un día Jesús le habló directamente al cansancio extremo de una multitud: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso” (Mt.11:28). Él no hablaba de la clase de cansancio que tanto usted como yo sentimos al final de un buen día de trabajo, cuando lo único que queremos es hundirnos en una silla y no movernos hasta Navidad. No, Jesús les hablaba a aquellos que estaban desgastados tratando de actuar bien para complacer a Dios y ganarse la salvación. Recuerde que esto fue antes de la crucifixión y la resurrección, así que si usted era un judío temeroso de Dios, todavía se levantaba en las mañanas con la carga de 613 leyes sobre sus hombros. Nosotros conocemos los “10 grandes”, los mandamientos que Dios le dio a Moisés en el Monte Sinaí; pero los judíos debían seguir 603 leyes adicionales. Súmele además la realidad de que los líderes religiosos de aquellos días no aliviaban la carga de la gente. Jesús habló directamente de eso: “Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés. Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan. Aplastan a la gente bajo el peso de exigencias religiosas insoportables y jamás mueven un dedo para aligerar la carga” (Mt. 23:2-4).

Jesús le ama, y eso resume todo. No hay un si condicional al final de ella. Es tan simple como eso. Jesús nos ama tal y como somos ahora. A pesar de las incontables sombras de luz y oscuridad que habitan en nuestro interior, Dios nos ama por completo. Es difícil de creer, ¿verdad? Pero ese tipo de amor solo existe en Dios, y es difícil de entender cuando estamos corriendo de una actividad a la otra.

Ese tipo de amor nos llama a descansar —descansar de verdad— en la presencia del Único que nos creó, que nos conoce y que nos ama.

El descanso verdadero proviene de conocer la gracia de nuestra salvación en Jesús. No tenemos que hacer nada para ganárnosla.

Tome unos minutos para meditar en estas Escrituras:

“Luego dijo Jesús: ‘Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso.  Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma.  Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana’” (Mateo 11:28-30).

“Que mi alma descanse nuevamente,  porque el Señor  ha sido bueno conmigo.
Me rescató de la muerte,  quitó las lágrimas de mis ojos,  y libró a mis pies de tropezar” (Salmo 116:7-8).

“El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar;  me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre” (Salmo 23:1-3).

PRINCIPIOS DE LA LEY DE LA SIEMBRA Y LA COSECHA

Existen tres principios básicos que gobiernan la ley de la siembra y la cosecha:

1. El resultado de la ley es multiplicativo. Aunque parezca lógico, no deseo asumir que todos tenemos claridad respecto a este punto. El resultado multiplicativo de esta ley está demarcado en el hecho de que una persona siembra una semilla, pero como cosecha no se obtiene otra semilla, sino que el resultado de dicha siembra será un árbol, una planta o un arbusto que tiene muchos frutos y muchas semillas dentro de esos frutos. La Biblia dice:

“Porque siembran viento, y recogerán tempestades...” (Oseas 8:7).

Todo agricultor conoce este principio. Es más, vive por la operación de este principio. Es de allí de donde proviene su utilidad.

2. El proceso tiene un orden lógico. Es muy simple, nadie puede pretender obtener una cosecha sin haber sembrado antes. Si volvemos al caso del agricultor, es imposible que él pretenda recoger una cosecha si algún tiempo atrás no sembró su campo. Esto parece muy lógico y claro, pero usted se asombraría de la cantidad de gente que he encontrado que espera obtener cosechas sin haber sembrado. Más adelante lo explicaré en detalle.

3. El tipo o género de la cosecha está determinado por el tipo o género de semilla. Es factible que a usted le parezca muy elemental lo que le estoy compartiendo en este capítulo, pero se sorprendería al saber la cantidad de personas que no tienen claro este principio y su operación.

En el ámbito natural, es muy lógico llegar a la conclusión de que si se siembra una semilla de naranja, se va a tener como cosecha un árbol que va a producir muchas naranjas y dentro de cada naranja tendremos muchas semillas de naranja. Sin embargo, muchas personas se olvidan de que en lo espiritual sucede exactamente lo mismo; por ejemplo, hay personas que siembran semillas de chisme y creen que no van a tener como cosecha mucho chisme (subrayo la palabra “mucho” porque recuerde que el resultado de la ley de la siembra y la cosecha es multiplicativo). Entendemos, pues, que en el ámbito espiritual va a suceder lo mismo que en el ámbito natural: de cualquier tipo de semilla que usted siembre, recogerá una cosecha multiplicada del mismo género. Veamos lo que dice la Biblia respecto a este principio:

“Y dijo Dios: ‘Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den fruto sobre la tierra según su género, con su semilla en él’. Y fue así. Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles que dan fruto con su semilla en él, según su género. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1:11-12).

Sobre la ley de la siembra y la cosecha, debo informarle que hay elementos que deben estar presentes para la actividad normal de esta ley. Veamos:

El sembrador. Se requiere de una persona que inicie el proceso, alguien que esté dispuesto a dar algo que posee y sembrarlo con el propósito de obtener fruto a cambio de su siembra.

El terreno. Este es el lugar en el cual vamos a depositar la semilla. Para obtener una buena cosecha necesitamos escoger un lugar adecuado para sembrar nuestra semilla pues nadie siembra en el desierto esperando tener una gran cosecha a cambio.

Abono. Son los nutrientes que le voy a echar a la tierra para enriquecerla, para que, así, produzca una mejor cosecha.
Estación o el clima. Debo sembrar en el tiempo correcto del año para que la semilla germine. Si siembro en el invierno, posiblemente la semilla se va a quemar y no dará fruto.

Semilla. Es aquello que voy a sembrar. En este punto hay que tener en cuenta que la calidad de la semilla determina la calidad de la cosecha, lo que quiere decir que usted puede sembrar buenas o malas semillas y eso determinará la calidad de la cosecha.

Para este momento, algunas personas podrán preguntarse: “¿No es este un libro sobre finanzas? ¿Por qué toda esa explicación sobre la agricultura?” Recuerde: la ley de la siembra y la cosecha es una ley espiritual, así que está presente en todo lo que usted hace. Es más, quiero dejarle saber que por eso llamo a esta “la ley más poderosa del universo”, pues TODO lo que usted hace, dice y piensa es una semilla, así que usted obtendrá una cosecha multiplicada del mismo género. Si tenemos claro lo expuesto anteriormente, entonces sabremos que esta ley también está activa sobre el área financiera. El problema es que muchas personas no lo sabían. Déjeme explicarle cómo opera esta ley en sus finanzas.

Algunas personas dicen que el tema de la administración del dinero es muy espiritual. Yo también lo creo, pero más que espiritual, considero que el dinero solo muestra la condición del corazón de la persona que lo administra. Esto quiere decir que el dinero es como los explosivos: usted los puede utilizar para construir represas, excavar minas, en el proceso de construcción de carreteras o también los puede utilizar en las guerras o en el terrorismo para asesinar personas.

De la misma manera, puede usar el dinero para alimentar niños, educarlos, ayudar a los necesitados, construir hospitales, apoyar iglesias, pero a la vez ese mismo dinero se podría utilizar para financiar guerras, producir narcóticos, para el pago de adicciones o cualquier cosa incorrecta. El dinero no es bueno, ni malo en sí mismo; solo muestra lo que hay en el corazón de la persona que lo posee. La Biblia nunca dice que el dinero sea malo, sino que nos habla de lo que causa en el hombre que lo ama y lo busca con codicia:

“Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores” (1 Timoteo 6:10).

Jesús también dijo:

“Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:21).

De nuevo, el tema no es el dinero, sino la posición que le podemos dar en nuestra vida. Jesús dijo que en el lugar en el que nosotros tengamos nuestro tesoro, es decir, nuestros intereses, sueños y anhelos, allí también pondremos nuestro corazón, es decir, nuestro esfuerzo, trabajo y pensamientos.