A PESAR DEL CAOS

Para vivir una vida sin límites, son necesarios la preparación, los recursos y la dirección. Para nosotros, como creyentes, nuestra dirección es la persona del Espíritu Santo.
En Josué 3, el pueblo de Israel, bajo la dirección de Josué, se disponía a cruzar el Jordán. Para esto, el pueblo fue instruido a seguir el arca del pacto –que representa la presencia de Dios, y que sería llevada por los sacerdotes levitas– para que supieran por dónde pasar, ya que el pueblo nunca había andado por aquel camino.
De la misma manera, tú necesitas que Dios te dirija para poder llegar al lugar correcto. Hay situaciones ante las cuales tu preparación académica no será suficiente; es necesario que aprendas a recibir dirección divina. Puede que el lugar en que caminas te parezca conocido, pero, cuando entras en la dimensión de vivir sin límites, de romper esquemas, de establecer nuevos récords, necesitas dirección, porque no hay manera de que puedas prepararte para esto. Solo la dirección de Dios te puede guiar.
Si no sabes cómo llegar a aquellos lugares que siempre has soñado, no hay problema, siempre y cuando tengas quién te dirija. Cuando comienzas a escuchar la voz del Espíritu, entonces comienzas a caminar por lugares que nunca habías ido.
Hay una misión y un propósito para tu vida. Por lo tanto, Dios tiene planes; y dice la palabra, en Jeremías 29:11, que sus planes son de bien y no de mal, para darte el fin que tú esperas.
Si te dispones a atravesar un camino desconocido, confía en la dirección de Dios.
A pesar del caos que pueda haber en tu vida, la misión sigue en pie, el propósito sigue en pie, y el plan de Dios para tu vida nadie lo puede cancelar.

CUIDA CON QUIEN TE RELACIONAS

La única relación impuesta en tu vida es la de tu familia: Tu padre, tu madre, tus hermanos, tus tíos, primos; estos no los puedes escoger. Y lo que te corresponde hacer con estas relaciones impuestas es cumplir con ellas delante de Dios, en la medida en que tú puedas.
La mayoría de las personas piensa que su futuro es determinado por las relaciones que han sido impuestas sobre su vida. Muchos dicen: Por lo que mi padre hizo…, o: Por lo que mi madre no hizo…; sin darse cuenta que, ante los ojos de Dios, esas relaciones no son las que determinan tu futuro, sino aquellas en las cuales tú decides entrar.
Jonathan no escogió ser hijo de Saúl, pero sí escogió ser amigo de David. Cuando Dios desecha a Saúl como rey de Israel, por sucesión, le correspondía el reinado a Jonathan, pero Dios escoge a David, de otra familia. Y, en vez de justificar su posición como rey basado en su relación con Saúl, decide hacer pacto con David, asegurando así que su hijo tenga herencia que no le correspondía. Porque a Mefi-boset no le correspondía absolutamente nada, desde el día en que Dios dijo que el rey era David.
Ahora, el nieto de Saúl recibe herencia, no por Saúl, sino por la decisión de Jonathan de escoger correctamente cuál era su amigo. Ahí es donde mucha gente comete el error.
Tu vida está limitada, no por tu familia que fue impuesta sobre ti, pero sí por todas las relaciones que tú has decidido tener en tu vida. Por eso es que hay un momento en tu vida donde tú vas a tener que escoger a quién le vas a ser fiel.
Cuando Josué se dispone a repartir la tierra, Caleb reclama que él no fue de aquellos que hicieron desfallecer el corazón del pueblo. Caleb dice: Entramos doce, y diez decidieron hacer desfallecer el corazón del pueblo, pero yo decidí seguir a Dios. La lealtad de Caleb fue seguir a Dios. Se conectó con Josué, y negó a los demás.
Quizás caminas con gente con la que nunca debiste caminar; y tiene que haber un día donde tú decidas si vas a seguir a la mayoría, o si vas a seguir lo que Dios quiere que tú hagas. Esto te va a costar relaciones. A Caleb le costó diez amigos. Quedaron tan solo él y Josué, pero, a la larga, los únicos que entraron fueron Josué y Caleb.
Para que tu vida no quede a la suerte, ni en manos de nadie, te toca a ti decidir, escoger cuáles son las asociaciones que vas a tener, los amigos que vas a tener, las conexiones. No a todo el que entra contigo a ver la tierra prometida le debes lealtad. Si no sigue a Dios, si no hace lo que tiene que hacer, si no vive de la forma correcta, si va por mal camino, entonces hay algo que no está bien.
Para vivir la vida ilimitada que Dios tiene para ti, tienes que entender que cada decisión de relación en la que vayas a entrar en tu vida, es vital para tu futuro y el de tus generaciones. No puedes conectarte con cualquiera, por mejor que parezca.
Tiene que llegar un día en que digas: Hasta aquí; voy a seguir a Dios. Te va a costar amistades, pero que no te cueste la tierra prometida. Te va a costar relaciones, pero que no te cueste lo que Dios te ha dicho que te va a dar.

TOMA LA VARA DE AUTORIDAD

Moisés, se encuentra  en conflicto por el lugar donde se encuentra y para donde Dios lo quiere llevar.   Regresar a Egipto significaba regresar a su pasado, pero para Dios significaba llevarlo al lugar donde siempre debió estar.
La primera excusa que dice Moisés a Dios es, no me van a creer.   Esto sucede a muchos cristianos que Dios les llama, y se preocupan por lo que van a pensar de ellos.   La prueba más grande de que Dios te ha llamado, es tu propia vida, tu propia experiencia.  Moisés, un hombre libertado de Egipto, guardado de la muerte y bendecido, era la mayor prueba de su llamado a hacer algo grande.   Hay quienes creen que Dios no ha estado en las experiencias de sus vidas, y toman estas experiencias como la descualificación del llamado, de lo nuevo que Dios tiene para ellos.
No hay tal cosa como un pastor perfecto, humanamente hablando, como tampoco ninguno de los hombres o mujeres en la biblia.  Lo grande de esto es que Dios se encargó de que tú y yo supiéramos de sus vidas.  Conocemos, problemas familiares, sus pecados, fracasos, frustraciones, sabemos de los que nunca se pudieron levantar, pero hoy celebramos aquellos que se levantaron y vencieron.
Es importante entender que tu vida es la prueba más grande al llamado que Dios te ha dado.  El pecado que cometiste y te has levantado; el fracaso familiar o en los negocios, el problema que te llevó a la cárcel; las dificultades y los errores que todos conocen y tú mismo conoces, hoy tienes que verlos como la evidencia divina de que Dios tiene algo más grande para ti.
No te descalifiques por el pasado.  El llamado sigue vigente; mi Dios no se cansa.  El está esperando a que despiertes y creas que todo lo que ha hecho es porque quiere que vivas una vida sin límites.  No hace falta que la gente crea en ti, lo importante es entender que Dios cree en ti a pesar de tu pasado.
Dios le dice a Moisés, la vara que tienes en la mano, tírala al suelo.  La vara se convierte en culebra y Moisés comienza a huirle.  Dios le dice, cógela por la cola y cuando lo hizo, se convirtió en vara de nuevo.  Hay dos detalles de las varas en la biblia.  Las varas son símbolo de aliento y apoyo.  En la vara se escribía la historia de la persona; sus fracasos y sus éxitos, pero la costumbre es que comenzaban escribiendo primero Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob y luego escribían su historia.
Moisés caminó con su vara por 40 años pensando lo que fue y lo que podía ser.  Dios le dice suelta la vara y cógela por la cola.  Cuando Moisés coge la vara nuevamente, es diferente porque no es lo mismo ver tu historia desde tu presente a tu pasado, porque te lleva a pensar lo que fuiste y pudiste haber sido.  Si miras la vara, tu historia desde el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob te darás cuenta que tú siempre has estado dentro del plan de Dios.  Esto es muy diferente porque no piensas en lo que fuiste o pudiste haber sido, sino en lo que Dios te llamó hacer.
Atrévete a tomar tu vida, no lo que fuiste sino en lo que Dios te llamó hacer.  Toma  la vara de autoridad y párate frente al mar de tus  imposibles y dile a ese mar que se abra y que nada ni nadie te va hacer volver al lugar de donde Dios te quiso sacar.

10 MENTIRAS QUE LA IGLESIA LES DICE A LAS MUJERES

El Evangelio nunca fue escrito con el propósito de restringir a la mujer en la búsqueda de Dios o en prevenirla a que cumpliera su destino divino. En este poderoso libro usted aprenderá cómo los estigmas culturales, el orgullo masculino y la malinterpretación de la Biblia han paralizado a las mujeres que tienen un llamado de parte de Dios


INCOMODIDAD POR DIOS

Debes saber que cuando decidas hacer algo para Dios, te vas a posicionar en situaciones incomodas. Muchos piensan que tener una relación con Dios no es costoso. Pero, servir a Dios requiere salir de la comodidad.
Jesús, en el comienzo de su ministerio, llamó a los discípulos a seguirle y luego otros quisieron hacerlo.
En Lucas 9:57-58 dice que,  - Yendo por el camino, uno le dijo: —Señor, te seguiré a dondequiera que vayas.  Jesús le dijo: —Las zorras tienen guaridas y las aves de los cielos nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.
No todo el mundo está dispuesto a pagar el costo de las inconveniencias, que son necesarias, para seguir a Cristo.  La verdadera  vida de un cristiano no siempre será conveniente, llegara el momento donde se te  exija cosas difíciles. Se presentara el momento donde debes escoger ser de aquellos que come de los panes y los peces multiplicados por Jesús; o ser uno de los discípulos, que les dé de comer a otros.
Los discípulos fueron los que claramente vieron el milagro de como se multiplico aquel alimento. No te conformes con ser de los que reciben de la multiplicación; bendice a otros con lo que Dios ha multiplicado en tus manos.
Muchos desean entrar a este nuevo nivel con Dios, pero no son capaces de romper con aquellas cosas, que sin darse cuenta, limitan la oportunidad más poderosa que pueden tener en sus vidas.
No seas de aquellos que se conforman con recibir una palabra poderosa.  Si quieres tener una experiencia sobrenatural y de madurez en tu relación con Dios debes hacer cambios.
 Cuando hagas esos cambios, debes saber que el camino, no será un camino de comodidad.

QUITATE DEL CAMINO

Romanos 4 nos habla acerca de cómo vivir una vida de fe, por encima de nuestras circunstancias, usando como ejemplo al padre de la fe: Abraham. Abraham no se debilitó en la fe; no consideró el estado de su cuerpo ni la esterilidad de su esposa, Sarah, sino que creyó a la promesa de Dios, por encima de estas cosas.
En Génesis 22, Dios le pide a Abraham que le entregue a su hijo, el hijo de la promesa, aquel que se había tardado 25 años en manifestarse. Y Abraham se encaminó para entregar a Dios lo que pidió. Ese es el grado de fe al que debemos llegar como creyentes, para poder vivir y experimentar de Dios aquello que solo un pequeño grupo de personas experimenta.
Cuando vas a la casa de Dios, te expones a la palabra y Dios comienza a levantar expectativas en ti, comienzas a esperar cosas nuevas, te das cuenta que hay nuevos niveles para ti, que hay paz, que se puede cambiar. La palabra de Dios llega a tu vida, y tus sentidos comienzan a despertar. Sueños comienzan a levantarse en tu corazón, y te das cuenta que lo que estás viviendo no es el final.
Pero, mientras vas madurando en el Señor, te das cuenta que hay un próximo nivel, más allá de la mera expectativa producida por una palabra: El nivel de las promesas de Dios. Es entonces que comienzas a creer en las promesas de Dios sobre tu vida. El detalle está en que la promesa de Dios se hace real, cuando tu vida está en las peores circunstancias.
Dios le da una palabra a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, a la tierra que te mostraré; y se despierta expectativa en Abraham, y sale Abraham, sin saber a dónde, todo porque oyó una palabra. Ahora, llegó un momento en que se encontró con Melquisedec, quien le dice: Dios te va bendecir, por encima de lo que has pensado; si crees que lo que tienes hoy, es todo lo que Dios te va a dar, prepárate, porque viene algo más grande para tu vida. Pero ahora, Abraham dice: ¿Cómo va a ser esto, si no tengo hijo? Es entonces que Dios le promete un hijo.
En adelante, Abraham no caminaría por una palabra, sino por una promesa. Ahora no estaría pendiente a la tierra, a tener más posesiones, porque ya tenía todo esto; Abraham estaría pendiente a la promesa. Veinticinco años esperando una promesa. Todo lo que hacía era basado en una promesa de Dios y, mientras más se complicaba su vida, más cercano estaba el cumplimiento de la promesa.
La promesa de Dios no se cumple en tus mejores circunstancias. La palabra de Dios se cumple en todo tiempo en tu vida; la palabra de Dios te saca de donde tú estás para mostrarte el nuevo futuro que Dios tiene para ti, pero, cuando tú comienzas a caminar en ese futuro, te das cuenta que Dios tiene cosas más grandes para tu vida, y tu vida se comienza a complicar, y no hay congruencia con lo que Dios te está diciendo que va a hacer y lo que estás viviendo; ya no es una palabra lo que te sostiene, ahora es una promesa.
Dios te lo prometió, y se va a cumplir. Cuando peor se ven las cosas, es cuando más cerca está el cumplimiento de la promesa de Dios, porque la promesa de Dios solo puede cumplirse, cuando tú no puedes hacer nada para cumplir la promesa de Dios, porque no fuiste tú quien prometió, sino que fue Dios quien prometió que lo iba a hacer en tu vida y, cuando ya tú dices: No hay más nada que pueda hacer, solo me queda creer; prepárate, porque la promesa está más cerca de cumplirse de lo que tú jamás habías pensado.
Si hoy dices: Ya no hay más nada que yo pueda hacer; entonces dale gloria a Dios, porque ahora te puedes quitar del camino, y dejar que Dios haga lo que él dijo que él iba a hacer en tu vida.

ALIENTO

En Éxodo 3, se nos narra el momento del llamamiento de Moisés. Dios envió a Moisés delante del Faraón, para liberar al pueblo de Israel de la opresión de Egipto y para llevarles a la tierra prometida.
Pero a Moisés le preocupaba que ni Faraón ni el pueblo de Israel creyesen que había sido enviado por Dios. Entonces, en el capítulo 4, Dios le dice que arrojara la vara que tenía en la mano, y esta se convirtió en culebra. Entonces, Dios le dijo que la tomara, y así lo hizo, y se volvió vara en su mano. Y Dios le dijo: Por esto, creerán.
Más adelante, en ese mismo capítulo, en el verso 18, Moisés dice: Iré ahora, y volveré a mis hermanos. Definitivamente, podemos notar el cambio, la transición de pensamientos que hubo en la mente de Moisés. Al comienzo del capítulo, el problema que Moisés tenía es que la gente no iba a creer. Más adelante, Moisés establece que iría, esta vez, con la confianza de que le creerían.
Debemos recordar, además, que Moisés había salido años atrás de Egipto, huyendo de Faraón, quien procuraba matarle. Pero Dios le dijo: Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.
De la misma manera, aquello que procuraba acabar contigo, desapareció. Aquello que  procuraba terminar con tu vida, ya no está. Hoy te vas a poder enfrentar al futuro y al destino que Dios tiene para ti. No tienes que seguir huyendo, no tienes que seguir corriendo porque, por causa de lo que Dios ha hecho en tu vida, aquello que procuraba tu muerte, ya no está.
Ahora bien, Dios no ha pasado tanto trabajo para mantenerte con vida, para que te quedes en el lugar donde está y no completes el propósito de Dios para ti. Prepárate, porque Dios te va a llevar al lugar donde la promesa se va a cumplir, aunque te sientas incómodo. Eso es parte de experimentar una vida sin límites.