CUANDO GENTE DE DIOS HACE COSAS QUE NO SON DE DIOS

Beth Moore escribe con una pasión alimentada por las advertencias bíblicas sobre los planes seductores de Satanás. 

Estas páginas reflejan la preocupación de una maestra con un corazón quebrantado por las innumerables cartas que recibe de cristianos que están experimentando atormentadores ciclos de derrota en las manos del maligno y que andan cojeando por el camino hacia la restauración.

Asimismo, la autora examina por qué seguidores devotos de Cristo en verdad pueden y, algunas veces, caen en las trampas de Satanás. O que ella descubrió fue un número de denominadores comunes entre aquellos que habían caído víctimas de la seducción.

Con avisos extremos que envía a los cristianos a protegerse ellos mismo contra los ataques de Satanás, Beth Moore escribe: Nosotros, la Iglesia de Jesucristo, tenemos la apremiante necesidad de desarrollar su corazón y mente ante temas como éstos. Cuando gente de Dios hace cosas que no son de Dios es una guía hacia la verdadera restauración y el arrepentimiento.

CONOCIENDO A JESUS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

LA MASONERIA: MAS ALLA DE LA LUZ

Un ex-masón revela la realidad oculta acerca de este grupo peligroso

Muchos Cristianos creen que la Masonería es una buena organización cristiana. Pero mientras que Bill Schnoebelen trabajaba para alcanzar el grado 32 él aprendió los hechos horribles que los Masones de niveles inferiores nunca escuchan. Ahora, él es un cristiano nacido de nuevo y revela todo.
Aprenda hechos cómo estos:
  • Para ser Masón, ¡primero debe hacer un juramento que es realmente una negación a Jesucristo!
  • ¡El padre de la Masonería moderna dijo que “Lucifer es Dios”!
Esta historia fascinante e informativa le dará una vista inusual en el mundo de la Masonería de uno que era Masón, y le preparará a usted para mostrar a otros porqué es imposible ser un buen Cristiano y un buen Masón al mismo tiempo.

UN CAMINO HACIA LAS ALTURAS

En las Escrituras, las alturas de los montes se refieren a un lugar donde habita la presencia de Dios. 
Cuando Moisés tenía la necesidad de comunicarse con Jehová sin interrupciones, subía al monte. Allí Dios le hablaba directamente y se establecía una comunicación muy personal. Aunque sabemos que Dios habita en todo lugar, fijar nuestra mirada en las alturas nos ayuda a cancelar las distracciones que tenemos a nuestro alrededor y concentrar en Él toda nuestra atención. Así como escalar una montaña requiere esfuerzo físico, el camino hacia Dios requiere un esfuerzo mental y espiritual. Es mediante ese esfuerzo que encontraremos los pasos a seguir para desarrollar una vida que nos brinde la felicidad que anhelamos. Todos buscamos alcanzar la felicidad, de una manera u otra. Lamentablemente, algunos la buscan por un camino contrario al que nos señala el Maestro. Dios te ciñe de poder para cambiar una actitud de derrota en una de total victoria. Te ha dado el poder para cambiar la adversidad y la prueba en una extraordinaria oportunidad para ver su gloria. 
Él hace perfecto tu camino, no porque el mismo sea sin pruebas, no porque sea sin obstáculos, sino porque en cada obstáculo te extiende su mano fuerte para ayudarte a sobrepasarlo. Tienes que aspirar, como cristiano, a caminar en el gozo que te da el Señor en toda situación, no importa cuál sea. En aquellas que son favorables a tu vida, da gracias. Las que te llegan cargadas de adversidad y aflicción, enfréntalas con la determinación y la confianza de que Él está a tu lado y te ayuda. Cuando entiendes en tu alma y en tu corazón que el Señor es quien pelea por ti, su paz te lleva por encima de toda circunstancia. Su incomparable amor llena tu ser y comienzas a ver la vida de otra manera. 
Entonces la felicidad y el gozo no dependen de las situaciones que tengas a tu alrededor, sino de cuán consistente seas en mantener tu mirada en las alturas y en mantenerte en el camino correcto; el que Él te muestra. Cuando lees en las escrituras las demandas de Jesús sobre cómo debes vivir en relación con tus semejantes, te parece que es un camino demasiado difícil de seguir. Tal parece que sus exigencias de vida son demasiado altas para poder cumplirlas. Mas su llamado a practicar la misericordia y amar aún a nuestros enemigos debe entenderse en el contexto de caminar hacia una superación continua, no por tus propias fuerzas, sino por la transformación que te da su Espíritu Santo al venir a morar en tu vida cuando aceptas al Señor como tu único y suficiente salvador.  
Este es el camino del cristiano esforzado: un camino hacia la cumbre, un camino a las alturas, en ocasiones con vientos favorables y en ocasiones con vientos contrarios, pero siempre ascendente. En ocasiones es a paso rápido y en ocasiones a paso lento, pero siempre caminando. En la subida podrías fatigarte, pero también sabes que no te faltará su ayuda, su cobertura y su favor. Cuando te llenas de esa fe que te convence de que en las alturas te espera su indescriptible presencia, esa es la motivación más grande para no detenerte en medio del camino. En su presencia, la felicidad se hace realidad, no importa las circunstancias. Dios te ha dotado con las herramientas necesarias para ser feliz. Todo lo encontramos en su Palabra. 
Escudríñala y con ella podrás llegar a las alturas. Una vez allí, disfrutarás de la hermosura de su santidad, llenándote de poder hasta sentirte firme.

LA BATALLA POR TU MENTE

Nunca está de más insistir con la verdad: algunas de las batallas más importantes de la guerra espiritual tienen lugar dentro de tu cabeza. Pero como ya hemos dicho, el diablo y sus demonios no pueden leer tu mente o hacer que pienses de cierta manera sobre ningún tema. El único poder del diablo es tentar. Satanás y sus asistentes son maestros en “sugerirle” el mal a tu mente.

Cuando esto sucede, tu respuesta debe ser rechazar inmediatamente la idea. Un buen ejemplo de esto en la vida de Jesús sucedió cuando preguntó a sus discípulos lo que el mundo decía de Él. Los discípulos informaron que algunas personas suponían que Jesús era Juan el Bautista, resucitado de entre los muertos; otros pensaban que podría ser Elías, y otros decían que era Jeremías o uno de los profetas (Mateo 16:14). 

Entonces Jesús enfocó con mayor claridad el tema para ellos. Continuó preguntándoles: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?” (v. 15). Ahí está: la pregunta central acerca de Jesús. Todo lo que hicieron los discípulos con Jesús, incluyendo el tiempo personal que pasaron con Él, así como los milagros que presenciaban dondequiera que iban con Él, tuvo el propósito de traerlos a este punto fundamental. Este es momento crucial para cualquier persona cuando realmente responde a la pregunta de Jesús: “Pero tú ¿quién dices que soy yo?”. 

Pedro, el más franco de los discípulos, dio justo en el clavo cuando respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v. 16). Con esas sencillas palabras, el pescador convertido en discípulo pronunció una de las declaraciones más profundas de la historia humana. Al reconocer que Jesús era el Cristo, Pedro estaba diciendo: “Jesús, tú eres el Mesías; tú eres el que hemos estado observando y esperando todos estos años, todas nuestras esperanzas y sueños están cubiertos en ti”. Fue uno de los momentos culminantes de la Escritura cuando Jesús le respondió a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (vv. 17-18). 

Pero luego, solo cinco versículos más adelante, después de que Pedro hubo llevado aparte a Jesús y protestado por haber dicho que iría a la cruz (vv. 21-22), Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (v. 23). 

Un momento. ¿Qué pasó? ¿De repente Pedro negó su discipulado y fue poseído por Satanás? Por el contrario, él estaba tratando de proteger a Jesús del terrible futuro que este se había profetizado. El pensamiento de Pedro, sin embargo, vino directamente de los abismos del infierno, y Jesús lo reconoció como tal. Era el mismo pensamiento engañador con que Satanás había instigado a Jesús durante su tentación en el desierto (Mateo 4:1-11): a saber, que de un modo u otro Jesús podía alcanzar los objetivos de Dios sin sufrir el dolor de la cruz. Jesús había rechazado ese pensamiento cuando Satanás se lo propuso antes, y lo rechazaba ahora cuando salía de la boca de uno de sus amigos más íntimos. 

Es por eso que Jesús reprendió a Pedro con tanta firmeza. Cuando el diablo planta en tu mente un pensamiento que tú sabes que es contrario a la voluntad de Dios, no tengas miedo de reprender ese pensamiento o su fuente. Por ejemplo, si tu mente de repente parece saturada con pensamientos de suicidio, drogas ilícitas, sexo fuera del matrimonio, con involucrarte en actividades de ocultismo, con prácticas de negocios deshonestos, o cualquier otro pensamiento que sabes que va en contra de la Palabra de Dios, rechaza inmediatamente esas ideas como del diablo mismo. Habla en voz alta si quieres: “Satanás, apártate de mí. No tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres”.
Es el viejo síndrome del elefante rosa: cuando alguien te dice que no pienses en elefantes rosas, aunque nunca has visto tal animal, tu mente intenta desesperadamente hacer aparecer la imagen. La única manera en que puedes no pensar en algo es cambiar de tema. El Dr. David Seamands, escritor y orador, sugiere parpadear mucho. Eso quiebra tu concentración. Pasarse la mano por la frente o mover la cabeza a menudo también ayuda, aunque puedas sentirte algo tonto al hacerlo permanentemente en tu oficina, en la escuela o el hogar. 

El punto importante a entender es que no se puede simplemente dejar de pensar en lo malo; tú tienes que “cambiar de canal”. Incluso después de haber rechazado los pensamientos semillas de Satanás, es necesario reemplazar los pensamientos negativos con buenos pensamientos. De eso hablaba el apóstol Pablo cuando dijo: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

LA PROSPERIDAD QUE VIENE DE DIOS

Cuando hablamos de prosperidad, no hablamos tan solo de dinero. El dinero es parte de la prosperidad, pero no lo es todo. Prosperidad son los resultados obtenidos por la obediencia a Dios y vivir una vida justa bajo los principios espirituales y morales de Dios. Cualquier persona puede obtener dinero de forma inmoral. Eso no es prosperidad. Se puede tener dinero robando, pero eso no es prosperidad. Se puede tener dinero engañando a otros. Eso no es prosperidad. 
Se puede tener dinero, y perder tu familia haciendo cosas erróneas, pero eso no es prosperidad. Prosperidad es cuando progresas, obteniendo resultados basados en tu relación con Dios. Por tu obediencia a Dios, él sí te prospera financieramente. Por obedecer los principios espirituales de la palabra de Dios, por ser una persona moral, por mantenerte firme, por perseverar, hay unos resultados en tu vida, y una de ellas puede ser también el dinero, y eso sí es prosperidad. Prosperidad es el grupo de resultados que obtienes en tu vida por obedecer a Dios y vivir una vida justa delante de él, basada en los principios morales y espirituales. 
Tú no quieres dinero de drogas, tú no quieres dinero de la perdición, tú no quieres dinero del mundo, porque ese dinero acarrea unas cosas que nosotros, que tenemos conciencia, no estamos dispuestos a sacrificar. La biblia dice que la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella. La persona que distribuye drogas, podrá tener todo el dinero del mundo, pero sabe que, naturalmente, tiene dos finales: 1. Cárcel, o 2. Muerte. 
Ninguno va a ir a otro lugar, a no ser que le entregue su vida al Señor, y Dios pueda cambiar el curso de su vida, pero, si esa es la manera en que ha decidido obtener dinero, eso no es prosperidad. Prosperidad es un conglomerado entre la familia, la salud, las finanzas, todo lo que Dios te ha dado, como resultado de tu obediencia a Dios y de vivir una vida justa, basada en principios espirituales y morales de la palabra de Dios, porque es esto lo que te permite disfrutar lo que tienes, vivir una vida de satisfacción y paz, porque sabes que lo que obtienes lo has obtenido de Dios.

DISTRACCIONES Y ENGAÑOS

La publicidad domina nuestro mundo. Estamos esclavizadas al culto de la próxima novedad. A nuestro alrededor, oímos que no podemos estar satisfechas, a menos que tengamos tal producto o tal servicio.

Y con demasiada frecuencia, en vez de solo pensar en esos mensajes, cautivan nuestro interés. La publicidad trata de hacernos sentir insatisfechas con nuestras vidas para que compremos algo que alivie nuestro descontento y llene esa necesidad que acabamos de identificar. 

Este proceso es una parte importante del consumismo, y puede nublar nuestro discernimiento espiritual. Nuestra cul tura, así como nuestros padres, esposos, amigos y jefes, nos envían el mensaje de que nunca estaremos a la altura de sus expectativas, a menos que hagamos esto o lo otro, o que no po dremos obtener la aprobación de ciertas personas si no hacemos lo que quieren (a la perfección). Estos mensajes distorsionan nuestra percepción de la realidad. Las distracciones y los engaños son como lentes gruesos que distorsionan la manera en que vemos a Dios, los problemas, las oportunidades, las emociones y las personas. Algunas mujeres solo necesitan un ajuste pequeño para ver claramente; otras tie nen problemas más serios. Si un amigo o un miembro de la familia sufriera alguna de estas enfermedades, esperaríamos, por supuesto, que consultara a un médico y recibiera la ayuda necesaria. 

De hecho, nos alarmaríamos si no tomara los pasos necesarios para recuperar su visión. Es tan importante para su salud y su felicidad, que cuestionaríamos su cordura si dejara de buscar un tratamiento. Pero, en el mundo espiritual, muchas nos contentamos con una visión borrosa de nuestras emociones, lo cual hace que deambulemos en medio de la con fusión y no disfrutemos de nuestras relaciones más cercanas como deberíamos. Nos conformamos con solo pasar el día, en lugar de disfrutar todo lo que Dios tiene para nosotras. Jesús dijo que si no tenemos entendimiento espiritual, nues tras vidas estarán en tinieblas. ¿A qué se asemeja tal oscuridad? A desesperación, ira, deseos seductores, envidia, desesperanza y agotamiento. Básicamente, lo opuesto al fruto del Espíritu. Juan escribió en su Evangelio: “La luz vino al mundo, y los hombres [y las mujeres] amaron más las tinieblas que la luz” (Jn. 3:19). Esta acusación incluye a las personas perdidas, y hasta los que creen en Cristo se sienten a veces más cómodos escondiéndose en la oscuridad que enfrentándose a la luz de la verdad. Esto se debe a la naturaleza humana. Exponerse da miedo y nos amenaza hasta lo profundo del alma. 

Algunas de las mujeres más valientes que conozco han estado dispuestas a examinarse en profundidad y a enfrentar los hechos de su vida, algunos de los cuales son magníficos y gloriosos; otros son píl doras amargas, difíciles de tragar. Sería más fácil decir: “Esas cosas no me molestan”, “No son verdad” o “Es culpa de alguien más, no mía”. Sin embargo, Jesús siempre invitó a las personas a ser completamente sinceras. De alguna manera, entendieron que Él no los condenaba, sino que los amaba y les ofrecía perdón, restauración y sanidad. 

Contestar preguntas profundas acerca de nuestras ideas puede llevarnos a más libertad, alegría y amor del que nunca imaginamos. Por ejemplo, ¿vemos a Dios como es realmente o hemos creado una imagen de Él buena pero distante, in diferente, débil, inofensiva y equivocada? Cuando leemos las Escrituras, encontramos en Cristo una mezcla de cualidades que no encontramos en ninguna otra persona de la historia. Él es soberanamente poderoso, creó la vasta expansión del universo con una palabra, pero es tierno como una madre que cuida a sus hijos. En Las crónicas de Narnia, C. S. Lewis describe a Aslan, el león noble que representa a Cristo, como un ser bueno y a la vez, aterrador. A menudo, aparece justo en el último minuto, cuando los niños están en problemas; otras veces, desaparece sin dejar rastro. Sin embargo, en cada momento de la historia, siempre sabe lo que sucede y trabaja en sus propósitos grandio sos y misteriosos. La Biblia dice que, además de ser poderoso y bueno, Dios está contigo en cada momento del día. 

¿Tu percepción borrosa hace que te sientas sola? Cuando nos sentimos solas o aban donadas, es fácil encogernos de miedo o atacar llenas de ira. Pero cuando los ojos de nuestro corazón nos dicen que Dios es Emanuel (Dios con nosotros), nos sentimos protegidas, seguras, tranquilas y amadas. Por eso, somos responsables ante Él de tomar buenas decisiones, de confiar en su bondad y fortaleza incluso en los momentos más difíciles, y de pensar y hacer lo correcto. ¿Cómo vivirías si estuvieras completamente convencida de que Dios está contigo en cada momento? Imagina cómo sería tu vida. Probablemente dejarías de murmurar, no te debilitarías de miedo, no estallarías de ira ni te sentirías abrumada por el sufrimiento. En su presencia, te deleitarías mucho más en su amor, confiarías totalmente en su fortaleza y seguirías su sabia dirección con mucho más entusiasmo hacia donde quiere lle varte. Aceptarías su gracia para tus emociones heridas. Los ojos de la fe nos ayudan a encontrar el camino hacia los pies de Jesús para disfrutar de su amor y escuchar sus ense ñanzas. Igual que los hombres y las mujeres que lo siguieron, nos damos cuenta de que su perspectiva sobre las prioridades es opuesta al modo en que el mundo ve las cosas. 

Él enseñó que la manera de alcanzar la grandeza es servir a los demás. El ca mino hacia arriba es hacia abajo, lo interno es más importante que lo externo, y los “hermanos más pequeños” son la principal prioridad de Dios. Estoy segura de que con frecuencia, las personas se alejaban de Jesús sin entender lo que había dicho. Un tema recurrente en sus enseñanzas era que la verdadera realización que deseamos no surge al llenar nuestras vidas de posesiones, posiciones y popula ridad; sino al dedicarle nuestras vidas a Él y a su causa de forma desinteresada. Les dijo a sus seguidores: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt. 16:24-25). Los ojos de la fe nos permiten atesorar lo que Dios atesora y seguir sus caminos, aun cuando las personas que nos rodean siguen un rumbo diferente. Solo aquellos con entendimiento espiritual están dispuestos a perder su vida para encontrar verdadero significado y alegría. En vez de reaccionar ante los disgustos con quejas, podemos buscar la mano de Dios, que trabaja tras bambalinas con tenacidad, y cultivar una actitud de agradecimiento. 

En lugar de ceder ante las exigencias de los demás para evitar el dolor del conflicto, podemos decir lo que opinamos con valor y diplomacia. En vez de elegir el camino fácil y tentador de murmurar sobre una amiga, podemos con tener nuestra lengua y proponer la oración como mejor opción. Los ojos de la fe no siempre nos conducen por la senda más fácil, pero identifican el camino que le agrada a Dios y, en Él, encontramos verdadera alegría y paz.