CARTA YOUSEF NADARKHANI


El sitio web de la organización cristiana Puertas Abiertas dio a conocer una carta firmada por el pastor iraní Yousef Nadarkhani, la cual la redactó en enero de 2011 pocos meses después de recibir la pena de muerte por no renegar de su fe en Cristo.
El pastor iraní, ha estado encarcelado desde 2009 y está a la espera del fallo definitivo.

En la carta Nadarkhani, habla de cómo dar los frutos en la vida, por seguir el Evangelio y transmitir la Palabra de salvación.
“Mucha gente admira a Jesús como un único modelo a seguir para las generaciones, a muchos les gustaría imitarlo. Jesús vino no sólo para ser admirado, nos dio un modelo perfecto a seguir “, escribió.
Nadarkhani afirma su creencia en la Biblia, citando versos de ella e instando a los lectores a soportar las mismas pruebas. “Tenemos que dar un paso de fe a pesar de las dificultades con el fin de experimentar el poder de Dios. Pero debemos recordar que todo debe hacerse de acuerdo a la Palabra de Dios”, dice su carta.
La historia de Yousef Nadarkhani, ha generado protestas en todo el mundo, varias autoridades internacionales han protestado en contra del Gobierno de Irán para que liberaren al pastor, pero hasta ahora nada se ha hecho.
En una reunión con los diputados brasileños, el embajador de Irán en Brasil, había dicho que las acusaciones contra Nadarkhani no estaban relacionadas con su fe, pero si otros delitos presuntamente habían sido cometidos por él. En cuanto a ACLJ (Centro Americano para la Ley y la Justicia), este explicó que los crímenes fueron “inventados” para desviar la atención internacional sobre el caso.
Esta es la carta escrita por Yousef Nadarkhani:
“Gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”
Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12:1-2.
Cuando uno entiende la revelación de la verdad, esa persona va a estar dispuesta a compartirla con otras personas y las generaciones futuras. Estamos muy agradecidos por aquellos que en el pasado lucharon por la Verdad, que nos permitieron tener acceso a esta revelación gloriosa de Jesucristo. Estos creyentes a comprendieron la riqueza y belleza de la revelación, y estaban dispuestos a luchar con el fin de transmitir el fruto de la revelación.
¿Cómo podemos dar frutos similares a la vida eterna? Depende de lo que hacemos. En primer lugar tenemos que cerrar nuestros oídos a la voz de la oscuridad, como está escrito en el primer salmo: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”, Salmo 1:1.
La segunda cosa es abrir nuestros oídos a la voz del Espíritu que habla a través de la Palabra de Dios, como está escrito: Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Salmo 1:2.
El fruto de la comunión con el Señor por medio de Su Palabra es el dador de vida que garantiza la estabilidad de la vida y el impacto en las vidas de otras personas que dan su fruto para siempre, como dice la Escritura: Él es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. Salmo 01:3.
“Un salto de fe”
Mucha gente admira a Jesús como un único modelo a seguir para las generaciones, a muchos les gustaría imitarlo. Jesús vino no sólo para ser admirado, nos dio un modelo perfecto a seguir. Si quieres ser como Él, debemos dar un paso en la fe, al igual que Pedro. Cuando Pedro vio caminar a su Señor en el mar embravecido, pidió ir al encuentro de Jesús sobre el agua. Entonces Jesús le dijo: “Ven.”
Todos optaron por seguir al Señor y de alguna manera han escuchado: “¡Ven!” Una orden que implica un paso de fe. Como es evidente en las Escrituras, no podemos ver la fe. La fe, la Biblia define: “La fe es la sustancia de las cosas esperadas, la evidencia de las cosas que no se ve”.
Tenemos que dar un paso de fe “a pesar de las dificultades”, “a fin de experimentar el poder de Dios. Pero debemos recordar que todo debe hacerse de acuerdo a la Palabra de Dios. Pedro, no experimentó la capacidad de caminar sobre el agua debido a que simplemente decidió abandonar el barco, pero a causa de la Palabra del Señor. La Palabra de Dios nos dice que “nos metemos en problemas” y desgracia a causa de su nombre.
Nuestra fe, no es genuina si pasamos por alto estas palabras, sino se manifiesta en los sufrimientos nuestro Señor. Cualquier persona que hace caso omiso de ellas se sentirá avergonzado de ese día.
Recuerde que a menudo el paso de la fe, nos enfrenta a algunas dificultades. Como la Palabra guió a los israelitas fuera de Egipto y se puso delante un obstáculo llamado Mar Rojo. Estas dificultades entre las promesas de Dios y su cumplimiento, sirven para cuestionar y fortalecer nuestra fe.
Los creyentes deben aceptar estos desafíos como parte de su viaje espiritual. El Hijo en el Calvario fue impugnado, el camino más difícil, está escrito en las Escrituras: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”, Hebreos 5:7-8.
El grito de “¡Elí, Elí, ¿lama sabactani?” Es suficiente para expresar los sufrimientos de nuestro Señor en el Calvario. Detrás de esta petición de ayuda, podemos identificar la gran fe que le llevó a aceptar la voluntad del Padre, Sí, Él sabía que Dios no permitiría que “el Santo sufriera descomposición,” y que en tres días, se levantaría de entre los muertos. Además del poder de la muerte, el Señor vio el poder de la resurrección victoriosa.
No necesito escribir nada sobre la base de la fe. Recuerde que independiente de los tiempos buenos o malos, sólo tres cosas permanecen: la fe, la esperanza y amor. Es importante para los cristianos asegurarse de qué tipo de fe, esperanza y amor está siguiendo. Sólo lo que recibimos de acuerdo con la Palabra permanece para siempre. Quiero animarles a vivir una vocación digna de la Santa Palabra.
Vamos hermanos, ustedes que son herederos de la gloria de Cristo, sean ejemplos para otros con el fin de ser un testimonio del poder de Cristo para el mundo.
Les pido que vivir de acuerdo a la Palabra de Dios, con el fin de rechazar las acciones que generan dudas de oscuridad en sus corazones. La verdadera victoria elimina las dudas, porque viene del oír la Palabra de Dios con fe.
Sólo una iglesia basada en las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo con la ayuda y la protección de la Palabra de Dios que no podrá destruir el devorador.
“Demos un testimonio santo”
Su hermano en Cristo,
Yousef Nadarkhani

Traducido y adaptado por NoticiaCristiana.com de Góspel Prime

FIESTAS JUDIAS EN LA BIBLIA


Colosenses 2:16. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17. todo lo cual es sombra de lo que ha de venir;


La Primera: la Pascua (Pésaj ) Celebrada el 14 de Nisán (cerca de nuestro inicio de abril) en memoria de la liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto. Su importancia era tal que los romanos solían liberar un preso en esa fecha, de acuerdo a la voluntad del pueblo. Lev. 23:5, Proféticamente Simboliza la muerte de Cristo, el es nuestra pascua 5:7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

La Segunda: A continuación de la Pascua, y en asociación con ella, tenía lugar la Fiesta de los Panes sin levadura durante siete días. Iniciaba 15 de Nisán (abril) Lev. 23:6-8 representa la Sepultura de Cristo, así como esos panes eran amargos y duros, Cristo sufrió un momento de amargura y dolor al morir Lucas 22:42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Tercera: De las Primicias el pueblo ofrecía a Dios las primicias de las cosechas Lev. 23:9-11 Representa la Resurrección de Cristo, el primero en resucitar, las primicias 1 Cor. 15:20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.

Cuarta: Pentecostés (shabuot) que tenía lugar cincuenta días después de Pascua, cerca del final de mayo (la palabra griega pentecostés significa “cincuenta”). Se conmemoraba en ella la entrega de la Ley a Moisés, así como la siega del grano del que se ofrecían en el Templo dos de los llamados "panes de agua". Lev. 23: 15-22 Representa la Venida del Espíritu Santo así como en el día de Pentecostés. Hechos 1 y 2.

Quinta: De las Trompetas: Esta fiesta introduce las tres fiestas del otoño que hacen alusión a los tiempos del fin y simbolizan el comienzo del reino de Dios. Lev. 23:24, 1 Tes. 4:16-17; 1 Cor. 15:51-52.

Sexta: A continuación nos encontramos con el Día de la Expiación (Yom Kippur) que, en realidad, consistía más en un ayuno que en una fiesta. Era el único día, como ya vimos, en que el Sumo sacerdote podía entrar en el Santísimo para ofrecer incienso y rociar la sangre de los sacrificios. Tras realizar estos actos, se soltaba un macho cabrío al desierto que llevaba, simbólicamente, la culpa de la nación, y se sacaban fuera de la ciudad los restos de los animales sacrificados en holocaustos. Durante el día se ayunaba y oraba de manera especialmente solemne. Lev. 23:27-32, profetiza la Segunda Venida de Cristo.

Séptima: Cinco días después tenía lugar la fiesta de los Tabernáculos o Cabañas (Sukkot), cercana a nuestro primero de octubre. Se conmemoraba con ella la protección de Dios sobre Israel mientras vagó por el desierto a la salida de Egipto y servía asimismo para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas durante el año. Durante esta festividad, era costumbre que la gente viviera en cabañas improvisadas, y situadas a no más de una jornada de sábado de Jerusalén, en recuerdo de la experiencia pasada de Israel. Los dos actos religiosos principales eran el derramamiento de una libación de agua, realizada por un sacerdote usando una jarra de oro con agua del Estanque de Siloé, y la iluminación del Templo mediante cuatro enormes lámparas que se situaban en el patio de las mujeres. Lev. 23:33-44 Representa el Reino Milenial donde habitaremos con Cristo.

ESTRELLAS Y COMETAS


Hay personas Estrella y hay personas Cometa.

Los Cometa pasan. Apenas son recordados por las fechas que pasan y vuelven.

Los Estrella, en cambio, permanecen.

Hay mucha gente Cometa. Pasa por nuestra vida apenas por instantes; no cautiva a nadie, y nadie la cautiva. Es gente sin amigos, que pasa por la vida sin iluminar, sin calentar, sin marcar presencia.

Así son muchos artistas. Brillan apenas por instantes en los escenarios de la vida.

Y con la misma rapidez que aparecen, desaparecen.
Así son muchos reyes y reinas: de naciones, de clubes deportivos o concursos de belleza. También entran los hombres y mujeres que se enamoran y se dejan enamorar con la mayor facilidad.

Así son las personas que viven en una misma familia y pasan al lado de otro sin ser presencia, sin existir.

Lo importante es ser Estrella. Hacer sentir nuestra presencia, ser luz, calor, vida. Los amigos son
Estrella. Los años pueden pasar, pueden surgir distancias, pero en nuestros corazones quedan sus marcas.

Ser Cometa no es ser amigo, es ser compañero por instantes, explotar sentimientos, aprovecharse de las personas y de las situaciones.

Es hacer creer y hacer dudar al mismo tiempo.
La soledad es el resultado de una vida Cometa.
Nadie permanece, todos pasan.
Y nosotros también pasamos por los otros.

Es necesario crear un mundo de personas Estrella, verlas y sentirlas todos los días, contar con ellas siempre, ver su luz y sentir su calor. Así son los Amigos: estrellas en nuestras vidas.

Se puede contar con los amigos. Ellos son refugio en los instantes de tensión, luz en los momentos oscuros, pan en los períodos de debilidad, seguridad en los pasajes de desánimo.

Al mirar a las personas Cometa es bueno no sentirnos como ellas, ni desear el agarrarnos de su cola. Al mirar a los Cometa, es bueno sentirse Estrella, dejar por sentada nuestra existencia, nuestra constante presencia, vivir y construir una historia personal.

Es bueno sentir que somos luz para muchos amigos y que ellos nos han iluminado a su vez. Es bueno sentir que somos calor para muchos corazones y que esos corazones nos arroparon cuando el frío nos castigó.

Ser Estrella en este mundo pasajero, en este mundo lleno de personas Cometa, es un desafío, pero por encima de todo, una recompensa.
Ser Estrella es nacer, vivir, y no existir apenas.

Lucas 8:16
Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz.

Juan 1:5
La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Juan 8:12
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo;el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

¿QUE EDAD TIENE TU ALMA?


Cuando hace unos días escuchaba la canción ‘I won´t give up’ de Jason Mraz , mi cabeza no pudo evitar detenerse y volver repetidamente sobre una de las frases de la primera estrofa: ‘How old is your soul?’ [i] (¿Cuántos años tiene tu alma?) Y parece a simple vista una pregunta sin sentido. Para muchos, de hecho, el alma ni siquiera existe. Para otros, es un ente tan eterno, tal ligado a lo divino, que no tiene ni siquiera sentido preguntarse por su edad. Simplemente, es eterna, indisoluble, imposible de destruir, aunque su destino pueda ser bien distinto en unos y otros casos. Pero, ¿preguntarse por su edad? ¿Qué sentido tiene?

Sin embargo, la pregunta, aunque no exenta de profundidad, no está formulada en este caso en términos eternos. Simple pero directa, habla al corazón del afligido: has andado mucho hasta llegar aquí, has venido de tan lejos, hay recorrido en tus ojos, cansancio… ¿Cuántos años tiene tu alma? Tantos como una estrella en el cielo, aparentemente, con todo lo que de bello y desgarradoramente viejo tiene la metáfora.

Me pregunto cuántos tiene mi alma, la tuya... Porque cuando pasamos por ciertas situaciones de nuestra vida, los años físicos y los que envejecen al alma no van al mismo ritmo, a la misma velocidad . Se produce una asincronía entre esas facciones de nuestro ser. Aparentemente tenemos los mismos años, nuestro cuerpo no se ha marchitado tanto, o al menos no es tan visible… aparentamos ser jóvenes y vitales. Pero nuestra alma se ha hecho mayor, muy mayor, y está cansada, desgastada… quizá no abatida, pero sí agotada, puede que no vencida, pero sí necesitada de abrazo y sosiego.

Nuestros ojos lo dicen. También nuestras palabras, que a veces ser arrastran en vez de fluir. Porque nuestras fuerzas en la prueba son renovadas una y otra vez, más allá de nuestras posibilidades físicas, pero el cansancio no es en balde. Lo notamos, lo sentimos, no podemos hacer como que no existe. Maduramos, crecemos… nuestra alma lo hace, y no hubiéramos elegido, probablemente, esos ritmos de maduración ni las razones que nos llevaron a ella, pero son los que el Señor permitió y aún en ellos, lejos de marchitarnos o desaparecer del todo, crecemos con mayor vigor si cabe, porque estamos más cerca de Él aunque Él nunca se separó de nosotros. En esos tiempos nuestra alma se hace vieja en energías, pero se renueva porque tiene hambre y sed del Dios vivo, el único que puede saciarla, el único que puede hacerla retomar el vuelo como las águilas y andar sin fatigarse.

Nuestra alma, en nuestro recorrido por este mundo, por estos tiempos de dolor, de desierto, de sequedad, ha envejecido . Es como si nuestros ojos ya hubieran visto muchas cosas. Demasiadas cosas. Han llorado demasiado, se han enrojecido, hinchado… Quizá durante un tiempo dijimos a alguien, como en la canción, “No pienso abandonar”. E hicimos bien. Mientras pudimos, seguimos porque consideramos que algo o alguien merecía la pena.

Siempre merece la pena. Merece el desgaste y el envejecimiento. No es inútil. Es una decisión honrosa y habla de la gracia con la que fuimos sanados. Pero desgasta y nuestra alma se envejece.

A veces, como la canción dice, hasta las estrellas se queman, y caen, y tienen que aprender. Y también merece la pena . Sigue mereciendo la pena. En ocasiones fuimos nosotros quienes no quisimos claudicar ni renunciar por algo o alguien valioso. Pero luego la vida, el Señor en definitiva, porque nada escapa a Su acción, y lo bueno y lo malo Él lo permite, nos llevó a otros lugares, a otros objetivos y metas, a otras personas o circunstancias y también, por qué no, a lugares de descanso. Porque cuando uno escucha canciones como estas y hace la correspondiente reflexión, puede encontrarse en ambos lados de la cuestión: diciéndole a alguien “No me voy a rendir”, “No te voy a dejar”, o bien sintiéndose tan envejecido y tan mayor como una estrella, necesitando que alguien se lo diga. “No voy a rendirme por ti”.

¿Podemos sentirnos así de mayores, de viejos, incluso, y aún así renovados? Me lo he preguntado detenidamente y creo firmemente que sí , que en esa renovación milagrosa de nuestras fuerzas que el Señor promete y que es parte de Su protección (no tanto que nuestras pruebas desaparecen sin más, que no suele ocurrir), podemos saber con convicción que hemos envejecido en el camino, y mucho. Pero sigue mereciendo la pena. No es masoquismo. Es el proceso indeseado, antinatural pero a la vez realista y esperable de aprendizaje en esta vida, en el que el sufrimiento tiene un papel que no es menor ni inútil. Tiene sentido y aunque parece mermarnos, en realidad nos hace más fuertes, más a la imagen de Cristo, que sufrió el mayor de los padecimientos no cediendo a rendirse por nosotros.

Me lo pregunté a mí misma varias veces. Llevo muchos días haciéndolo, no voy a engañarles. No sé cuántos años tiene mi alma. Pero sé que sigo adelante y mientras lo hago porque Sus fuerzas se han multiplicado en mí, sea por las antiguas razones que la llevaron a desgastarse o por nuevos retos ante mis ojos, vuelvo a mirar arriba, como dice Jason Mraz y sé que Alguien sobrenatural y todopoderoso dice por mí, ante mi alma envejecida “No me voy a rendir, no te voy a dejar, no te desampararé”.

Envejecemos, pero no morimos en estos momentos. Cuando hacemos el compromiso del que habla la canción, nos desgastamos por el camino, envejecemos, sí, dejamos parte de nosotros, de nuestra frescura, de nuestra vitalidad y juventud. Estas cosas no pasan por nuestra vida sin dejar huella ni cicatrices. Pero merece la pena.

Alguien me dice “No te voy a dejar… No me rendiré”. Yo pienso en otros que me importan y me recuerdo que merece la pena dejar envejecer el alma por esto.

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro,
para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
que estamos atribulados en todo, mas no angustiados;
en apuros, mas no desesperados;
perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;
(…)
Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros
un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven;
pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
(2ª Corintios 4)

HISTORIA DE UNA MUJER

Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que allá adentro le decía:

"Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Pero recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal....."

La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal.

La voz misteriosa habló nuevamente. " Tienes solo ocho minutos "

Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró.....Recordó, entonces, que el niño quedó adentro y la puerta estaba cerrada para siempre.
La riqueza duró poco y la desesperación... para el resto de su vida!

Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 80 años para vivir en
este mundo, y una voz siempre nos advierte: "Y No te olvides de lo principal!"

Y lo principal son los valore, la familia, los amigos,nuestros hijos, la vida. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal siempre se queda a un lado.

Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial " Los tesoros del alma!".
Que jamás nos olvidemos que la vida en este mundo, pasa rápido y que la muerte llega inesperadamente.

Y que cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las lamentaciones

Ahora ....piensa por un momento que es lo principal en tu vida......

"Que cosa extraña es el hombre: Nacer no pide, Vivir no sabe, Morir no quiere"

ELIGE LO MEJOR


”... Una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose , dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile pues que me ayude.
Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Lucas 10:38 al 42


Si hay algo que no podemos dejar de reconocer en Marta es su predisposición de recibir y servir al maestro, sin embargo, ella se equivocó en la manera de ejercer estos actos. Quizás podamos identificarnos a nosotros mismos en Marta, su s actitudes, sus errores.

JESUS ESTABA HABLANDO. Para personas tan ocupadas como nosotros a quienes no nos alcanzan las horas del día para nuestros quehaceres, el acto de escuchar es una pérdida de tiempo. Vivimos acosados por el minutero que nos pisa los talones.
Y esencialmente si alguien está hablando, una escucha atenta significa dejar de hacer aquello que nos ocupa y concentrarnos en el mensaje que se nos está comunicando.
Me imagino la cantidad de veces que diariamente el Señor nos habla… pero no dejamos lo que tenemos entre manos para ejercer esta escucha activa. Quizás en este momento le estamos pidiendo a Dios que actúe frente a una situación y pensamos que Él no nos contesta, pero, quizás, no nos hemos detenido a escuchar su voz.

MARTA RECLAMA A JESUS. Marta mira a María y lejos de comparar y darse cuenta de lo que estaba perdiendo, se enoja con María y le reclama a Jesús (no a María) que le ordene que la ayude. Ella no se dio cuenta de lo que debía hacer, ni preguntó a Jesús que es lo que debía hacer. ¿Cuántas veces le imponemos al Señor nuestra voluntad y le reclamamos aquello que nosotros pensamos debe ser? Estamos convencidos de nuestros propios planes. Ya hemos trazado nuestras metas, nuestros sueños y reclamamos a Dios que se adapte a ellos.

MARTA ESTABA AFANADA Y TURBADA. Es imposible que la mayoría de nosotros no podamos identificarnos con esta actitud. La preocupación es parte de nuestras vidas, y me atrevo a confirmar que aquello que nos turba, nos afana y preocupa no son verdaderamente problemas mayores; porque ante la desesperación nos resulta más fácil dejar en manos de Dios aquello que nos excede en capacidad. Pero aquellas pequeñeces que llenan nuestro día, no las entregamos tan fácilmente a sus manos, prefiriendo ocuparnos de ellas, nosotros mismos. La vida se nos llena de preocupaciones. Tenemos tanto trabajo en nuestra casa que no nos damos cuent a de que Jesús está en ella, sentado en la mesa de la cocina, esperando un encuentro.

“UNA SOLA COSA ES NECESARIA” . Ante tantas preocupaciones, tanto trabajo por delante, ¿Jesús dice que tan sólo una cosa es necesaria? Suena a locura, no? Sin embargo, es así. Lo necesario es lo vital, lo que resulta imprescindible, aquello de lo que dependemos para vivir. Cuando ponemos en perspectiva lo necesario, todo lo demás queda reducido a pequeñeces que suenan hasta ridículas.

Y , ¿Qué es lo necesario?... ¿No es acaso su voz?, ¿no es acaso su Palabra?, ¿no es acaso su voluntad?, ¿No es acaso Él?

ESCOGER LA BUENA PARTE QUE NO NOS SERÁ QUITADA. Su Palabra, su voz, su amor, su paz, sus enseñanzas, su sostén, sus promesas no nos serán quitadas cuando elijamos escucharlo y seguirlo día a día. Arrodillarnos y maravillarnos en contemplación de todo aquello que Él nos ha preparado.

EL CONTENTAMIENTO SURGE DE LA GRATITUD


Cuando le preguntaron al capitán Eddie Rickenbacker qué había aprendido durante los veintiún días a la deriva en una balsa salvavidas cuando estuvo perdido junto con sus compañeros en el océano Pacífico, respondió: “La lección más grande que aprendí con esa experiencia es que si tenemos toda el agua fresca que queremos y todos los alimentos que queremos, no deberíamos quejarnos de nada”.

Aun así, muchas personas con abundancia de agua y alimentos, excelentes casas e incluso extraordinarias cuentas bancarias se quejan y nunca parecen estar satisfechas. Insólitamente, muchos de estos individuos negativos son cristianos que tienen el Espíritu Santo en su corazón, las promesas de la Biblia para descansar en su fe, la esperanza segura del cielo y la promesa de la venida del Señor para recompensar a sus hijos.

Aunque Pablo nunca se contentó con sus logros espirituales, había aprendido el secreto del contentamiento en la vida diaria. Y pensando que sería provechoso para Timoteo, su hijo en la fe, le escribió: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Ti. 6:6­8).

El contentamiento surge de la gratitud

El contentamiento viene de ser agradecidos por lo que tenemos, en vez de desear lo que no tenemos. El Rev. Martin Blok, de Tucson, Arizona, cuenta que hace varios años viajaba por el norte de Michigan y subió en su automóvil a un hombre de cabello blanco que caminaba a lo largo de la carretera. Los dos viajeros apenas habían hablado cuando descubrieron que ambos eran predicadores. En esos días, el pastor de aquella zona norte del país estaba celebrando reuniones de evangelización en una escuela rural, donde había estado predicando durante tres semanas. La remuneración que había recibido por su labor hasta ese momento era dos dólares, pero estaba satisfecho. La noche anterior, lo único que había tenido para cenar con su familia fue pan y leche. Al principio, sus hijos se quejaron, pero él les recordó que debían ser agradecidos: “Dios sólo nos ha prometido pan y agua, y nosotros tenemos pan y leche”, les dijo.

El pastor que conducía el automóvil ese día nunca ha olvidado la lección de contentamiento dada por un anciano evangelista que tenía muy poco, pero estaba muy agradecido. Por el contrario, en esta tierra nunca ha habido una generación de cristianos que tenga tanto y agradezca tan poco como los estadounidenses de hoy día. Los ángeles que nos observan deben extrañarse de nuestra ligereza para quejarnos, en vista de las privaciones y persecuciones de creyentes de siglos pasados o de territorios comunistas. Lo que más me preocupa de esta comparación es pensar que la mayoría de los cristianos de hoy podría sucumbir ante una persecución. Si somos tan susceptibles en la abundancia, ¿cómo seríamos en la opresión? Pablo dijo que había aprendido a contentarse en todo tiempo y en toda circunstancia. ¿Cómo podía hacer eso?

Por el poder de Jesucristo. Este es el contexto del conocido versículo que dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Aunque generalmente relacionamos este victorioso pasaje con el logro de alguna tarea difícil, en realidad se refiere a estar contentos en toda situación. Los dos versículos previos lo manifiestan claramente: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Fil. 4:11­12). Si nos rendimos completamente a Cristo, podremos contentarnos cuando otros se quejan.

La declaración de contentamiento de Pablo no era una vanagloria hueca. Él vivía una vida de contentamiento en las circunstancias más difíciles. Cuando él y Silas estaban en la cárcel con sus pies atados en cepos, tras ser azotados, oraban y cantaban alabanzas. No es ninguna sorpresa que oraran (la mayoría de nosotros ora cuando está en problemas); pero el sonido de cánticos de alabanza no se escuchaba habitualmente a la medianoche en la prisión de Filipos. Aquellos himnos conmovieron tanto a los otros prisioneros que, cuando Dios respondió las oraciones de Pablo y Silas con un terremoto que estremeció las puertas de la cárcel, todos se quedaron para escuchar lo que estos dos siervos de Dios tenían para decirles.

Las condiciones no eran para nada ideales en aquella prisión. El futuro era incierto, y el presente era doloroso. Con sus espaladas magulladas y sangrantes debido al reciente azote y sus pies inmovilizados en cepos, cabe preguntarnos ¡cómo podían estar contentos y jubilosos! Sin duda, la respuesta es que conocían el secreto del contentamiento. Se fijaban en aquello que tenían, no en aquello de lo que carecían. Estaban vivos y eran creyentes en Cristo. Sus pecados habían sido perdonados, y si aquella había de ser su última noche, mañana sería mejor, pues estarían en el cielo. No estaban solos, pues el Señor estaba con ellos. La noche era oscura, pero Cristo era la luz que los alumbraba. Al evaluar sus posesiones, vieron que era suficiente para regocijarse y cantar alabanzas a Dios (Hch. 16:25).

Puede que tú también te encuentres en una situación angustiosa. Estás cansado de los problemas y abatido por lo que te ha sucedido últimamente. Tu dolor emocional es tan real como cualquier dolor físico que alguna vez hayas sentido. ¿Cómo puedes estar contento en esta situación? No es fácil.

A veces las cosas están tan mal, que lo único que podemos hacer es orar y esperar un terremoto. Pero mientras estamos esperando que la tierra tiemble y las puertas de nuestra prisión se abran, podemos dar gracias por las bendiciones de Dios en nuestra vida. Al hacer esto, el contentamiento comenzará a tomar el control de nuestras emociones