OJOS QUE NO VEN

Cuando nos miramos en nuestro propio espejo, si somos honestos, hemos de reconocer que, ciertamente, tenemos dos ojos en la cara, pero que no siempre nos sirven para ver lo que tenemos delante de nosotros. 

En esa complejidad con la que hemos sido creados, pero sobre todo en nuestra infinita tendencia a complicar las cosas (eso es, sin duda, cosa nuestra), la cuestión de ver es mucho más que que nos funcionen los ojos. 

Vemos muchas cosas de las que ni siquiera somos conscientes, porque a nivel puramente nervioso no podemos atender a todos los estímulos que pasan por delante de nuestra vista. Están, y nuestros ojos las captan, pero no las retenemos porque nuestra atención consciente no se ha fijado en ellas. ¿Quedarnos con todo lo que nuestros ojos ven? 

Eso nos volvería locos, simplemente. Más bien atendemos selectivamente a aquellos elementos que resultan más relevantes y es por ello que lo que percibimos alrededor nuestro no es una fotografía de la realidad, que captaría visualmente todos los detalles, sino que es lo que llamamos en psicología una “representación” de la realidad. Es decir, una composición simplificada que nos hacemos en nuestra mente usando algunos elementos que hemos captado con nuestros sentidos, pero que quedan, en la comparación, muy lejos de ser lo que la realidad nos muestra. 

Ésta es siempre mucho más compleja que lo que nosotros percibimos en el mejor de los casos. Ahora bien, cuestiones orgánicas y neurológicas aparte, más allá de lo que nuestro sistema nervioso es capaz de captar y procesar, hay otros elementos implicados. Nuestra atención suele centrarse en aquello que más nos motiva o nos interesa, dejando de lado aquellas cosas que, a nuestro criterio, más o menos de forma consciente o inconsciente, nos resultan irrelevantes. Y tanto es así que podemos tener delante cuestiones importantísimas, pero que no veremos (u oiremos, que no percibiremos, en definitiva) a no ser que despierten un interés en nosotros o que procuremos, con diligencia, ver o escuchar. 

De ahí la tan contundente llamada, no solo de profetas como Isaías o Ezequiel , sino del propio Señor Jesús cuando decía “El que tenga oídos para oír, oiga”, refiriéndose a Sus cosas. Era una llamada clara no tanto a una reacción orgánica para percibir, sino a una actitud espiritual para atender a lo realmente importante, que eran las cosas del Reino. Esta ceguera y sordera selectivas, cuando se producen de forma consciente, se llaman rebeldía. 

El Señor decía sobre Su pueblo, tal cual recoge Ezequiel 3:27, “El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga, porque casa rebelde son”. En otras ocasiones, aunque no estamos exentos de responsabilidad, esas cegueras y sorderas tienen más que ver con nuestra torpeza, con nuestra mente limitada, con no estar del todo alineados con lo importante, con haber dejado que la inercia de la vida nos lleve hacia delante, simplemente, pero sin captar tanto de lo que alrededor nuestro se mueve y que nos habla, constantemente, de Dios y de Su obra con nosotros. Faltaría la inclinación espiritual necesaria para poder captar lo esencial a los ojos de Dios: Sus cosas, Su mensaje para nosotros. Al no estar en la sintonía suficiente nos perdemos bendiciones y también la capacidad de percibirlas. No lo hacemos quizá de forma consciente, pero sucede y somos responsables de ello. Quizá tiene que ver con esos pecados que nos son ocultos, como el mismo David decía. Pero estamos perdiendo riqueza, veámoslo como lo veamos. La cuestión es que, dicho de una forma simplona, quizá, pero gráfica, estamos como expresa Philip Yancey, rodeados de maná por todas partes, pero muriendo de hambre porque no lo vemos. 

Dios nos habla constantemente. Nos hace llegar de Su amor y Su mensaje en cada respirar, en cada peligro de que somos librados, a través de cada persona que se acerca a nosotros para ayudarnos… todas y cada una de las situaciones que suceden alrededor nuestro están regidas por la mano de un Dios que lo controla todo y que no se cansa de hacernos bien. Y aunque el mal cohabita en este mundo con todo ello, aunque nuestro alrededor esté gobernado por el Príncipe de este mundo, hay un Dios soberano que sigue manifestándose a cada paso que damos. 

Las cosas no son todo lo malas que podrían ser porque Su gracia tiene a bien seguir manifestándose hacia este mundo que le rechaza y también hacia nosotros, que aunque le hemos conocido, a menudo vivimos como habiéndole incorporado a nuestra vida como un objeto decorativo más, pero que no resulta en vidas renovadas de forma significativa. No ver lo que aún funciona, no ser agradecidos con el maná que recibimos cada día, no ser capaces de poder reconocer que “hasta aquí nos ayudó el Señor”, tiene más que ver con nuestra ceguera y sordera que con la supuesta realidad de un Dios callado o que no tiene nada que decirnos. Quizá, simplemente no le oímos siquiera (no solo no le escuchamos). 

A esa dureza puede llegar nuestro ser: no solo no escucharle, sino ser incapaces hasta del acto involuntario en sí que puede ser a menudo oír. Dios, aún en el día de hoy, sigue sin estar callado. ¿Nos hemos acostumbrado demasiado quizá a tomarle simplemente como un ruido de fondo, como a algo o alguien que sabemos que está ahí y a quien damos simplemente por supuesto? A veces grita, terrible, y nos obliga a escuchar a pesar de nuestra rebeldía. Otras veces, habla alto y claro, pero en nuestra torpeza, lo dejamos pasar porque Su voz ya no nos impacta. 

Quizá Su voz es a veces un susurro que nos tendremos que predisponer a poder escuchar. Pero no podemos conformarnos con ser ojos que no ven, o corazón que no siente. Viviremos, si así fuera, una realidad empobrecida, bien diferente a la que el Señor nos proporciona y que está, en Su misericordia, tantas veces al alcance de nuestros sentidos.

ATANDO AL HOMBRE FUERTE

29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.”  Mateo 12:29   
21 Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. 22 Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín.”  Lucas 11:21   
Nosotros debemos conocer aquellas cosas que Jesús hizo énfasis en que eran primero.  Si has estudiado la palabra, sabes que hubo varios momentos en que Jesús utilizó la palabra primero.  El orden es importante en nuestra vida.  Tú tienes que saber qué va primero, qué va segundo, y qué va tercero.  Y lo contrario al orden es caos.  En cualquier área de tu vida en la que tengas caos, ya sea en el garaje de tu casa, en el baúl de tu auto, en el cuarto al que nadie puede entrar, en tu salud, en tu matrimonio, en la relación con tus hijos; cualquier área de tu vida que tenga caos, no es complicado resolverlo; lo que necesitas es hacer lo contrario al caos, que es orden.   
Jesús dijo, en Mateo 6:33-34: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia.  Ahora, otra ocasión en que Jesús hace referencia a algo que debe ser primero, fue hablando acerca del hombre fuerte, enseñando que, una de las cosas que tenemos que hacer primero es atar al hombre fuerte.  Estos versos están cargados de mucha revelación de parte de nuestro Señor Jesucristo, e iban dirigidos específicamente a combatir religiosidad.   
Lo primero que Jesús establece, y la razón por la cual comienza a hablar al hombre fuerte, es porque se estaba cuestionando el poder que tenía Jesús para sanar a los enfermos; se le estaba adjudicando que no hacía aquellas cosas en nombre de Dios, sino en nombre de Belcebú.  Es entonces que Jesús comienza a establecer este principio del hombre fuerte, diciendo que primero era necesario atar al hombre fuerte, para que entonces hubiera manifestaciones sobrenaturales.   
Los que servimos a Dios, tenemos acceso al poder sobrenatural de Dios.  En la Biblia, vemos a un hombre que estaba ciego, y que Jesús lo sana.  Ese es uno de los incidentes que crea murmuración entre aquellos fariseos, escribas, religiosos, que no estaban de acuerdo con nada, pero sí estaban de acuerdo en que había algo diferente operando en la vida de aquel hombre.  Y, como ellos no podían entender aquello, lo identificaron atribuyéndole poder a Belcebú.  Entonces, Cristo comienza a hablar y a enseñar, explicando lo que tenemos que hacer en nuestra vida, para que comience a suceder lo sobrenatural.  Porque uno de los trabajos que nuestro Señor Jesucristo hizo en la cruz del Calvario es precisamente que nos dio libre acceso al nivel espiritual, a lo sobrenatural de él.   
La gente comenzó a murmurar, dándole más poder al enemigo, que al poder de Dios.  Y en el día de hoy, una de las cosas que la iglesia tiene que entender es que Cristo venció al enemigo en la cruz del Calvario.  El enemigo no tiene poder sobre tu vida.   
Jesús lo que estaba explicando primeramente era quién tenía la autoridad, y por qué él tenía la autoridad, y cómo había obtenido la autoridad.  Y estas son las cosas que es necesario que tú entiendas: El poder sobrenatural de Dios, la autoridad que Dios te ha dado a ti también para atar al hombre fuerte, la autoridad para echar fuera demonios, para echar fuera la enfermedad, para echar fuera los problemas matrimoniales, los problemas de las drogas, los problemas financieros, porque ciertamente Dios te ha dado poder sobre las tinieblas, y esta escritura te enseña lo primero que tienes que hacer; te enseña el orden de aquellas cosas que necesitas para que puedas entender la autoridad, ejercer la autoridad, y explicar cómo has obtenido la autoridad.   
Muchos, en algún momento, nos encontramos en un lugar, y sentimos en nuestro corazón que hay una persona que necesita una oración, una palabra de Dios, pero nos detenemos porque comenzamos a cuestionarnos.  Pero hoy tú necesitas desatar ese poder en tu vida.   
Cuando seguimos leyendo, vemos que, cuando se ata al hombre fuerte, tenemos acceso a todo.  En tu tiempo de oración, si oras por sanidad sobre tu cuerpo, cuando tú atas al hombre fuerte, tú tienes acceso a la sanidad de Dios.  Si tú oras por las finanzas, atando al hombre fuerte, el poder financiero de Dios se desata sobre tu vida.  Si tienes alguna situación familiar, tú tienes que atar al hombre fuerte, para liberar el poder sobrenatural de restauración divina sobre tu familia.   
Ahora, el principio es muy sencillo.  Si hay enfermedad en tu vida, la enfermedad no es de Dios; la sanidad es de Dios; si hay problemas de escasez en tu vida, la escasez no es de Dios; la abundancia es de Dios; si hay problemas en tu familia, los problemas familiares, los desacuerdos, las peleas, no son de Dios; cuando hay paz, prosperidad, felicidad, eso es de Dios.  En cualquier territorio que el enemigo haya ocupado en tu vida, lo primero que tú tienes que hacer es atarle.   
Hay territorios en nuestra vida que son ocupados por pensamientos incorrectos, por cosas que no le pertenecen a Dios; y tenemos que aprender a disfrutar de todas las bendiciones que Dios tiene para nosotros.  Dios te quiere sano, Dios quiere suplir todas tus necesidades, conforme a sus riquezas en gloria.   
No te quedes pensando en lo bueno que sería si tu cónyuge y tú pudieran ser felices; ustedes pueden ser felices.  No te quedes pensando en lo bueno que sería si Dios verdaderamente pudiera sanarte; Dios puede sanarte.  No te quedes pensando en lo bueno que sería si pudieras salir de tus problemas financieros de una vez y por todas; Dios tiene el poder para suplir todo, y para que tú puedas vivir en abundancia.  Dios te da el poder para hacer las riquezas.  Entiende que Cristo nos enseñó cómo hacerlo, y que, lo primero que tú tienes que hacer, es atar al hombre fuerte. 

EL CORAZÓN DE DIOS

“Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.

Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
Mateo 27: 45-46


Puede ser que muchas veces hayamos leído esos versículos. De hecho son muy conocidos porque pertenecen al relato acerca de la muerte de Jesús. Tremendo momento. Profundo momento. Eterno momento. El Hijo del mismo y Único Dios había descendido sobre la tierra y estaba derramando su propia vida, para dar más vida! A los perdidos, a los cautivos, a los nacidos muertos en delitos y pecados.
De esta manera, tomaría a sus escogidos consigo para la Eternidad, a los pasados, los presentes y los futuros. Tras esa frase desgarradora, nos estaba llevando a Su Morada Celestial.
Es un momento que trasciende todo entendimiento y estoy segura que nuestro pensamiento humano limitado, no puede comprender el significado completo de tal acto de Amor, entrega y generosidad.
Sin embargo, diariamente vivimos nuestras actuales preocupaciones tan activas y presentes, que perdemos de vista el propósito eterno, y sentimos muchas veces, como si  ese Dios único y soberano “no pudiera” comprender como nuestro humano corazón es dolido por la pruebas, las luchas y el trajinar diario por este mundo perdido…
Incluso, he llegado a escuchar algunas personas que, cuando leen los versículos arriba mencionados, se preguntan “qué habrá sentido Cristo en su corazón en ese momento para gritar tal frase!...” La Biblia no nos ha dejado con la intriga, y es a través de un Salmo profético, escrito muchos años antes, en que el sentimiento profundo y detallado del marco espiritual y emocional ha quedado plasmado:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?,

¿por qué no vienes a salvarme?, ¿por qué no atiendes a mis lamentos?
Dios mío, día y noche te llamo, y no respondes; ¡no hay descanso para mí!
Pero tú eres santo; tú reinas, alabado por Israel.
Nuestros padres confiaron en ti; confiaron, y tú los libertaste;
te pidieron ayuda, y les diste libertad; confiaron en ti, y no los defraudaste.
Pero yo no soy un hombre, sino un gusano; ¡soy el hazmerreír de la gente!
Los que me ven, se burlan de mí; me hacen muecas, mueven la cabeza
y dicen: «Éste confiaba en el Señor; pues que el Señor lo libre.
Ya que tanto lo quiere, que lo salve.»
Mis enemigos me han rodeado como toros, como bravos toros de Basán;
rugen como leones feroces, abren la boca y se lanzan contra mí.
Soy como agua que se derrama; mis huesos están dislocados.
Mi corazón es como cera que se derrite dentro de mí.
Tengo la boca seca como una teja; tengo la lengua pegada al paladar.
¡Me has hundido hasta el polvo de la muerte!
Como perros, una banda de malvados me ha rodeado por completo;
me han desgarrado las manos y los pies.
¡Puedo contarme los huesos! Mis enemigos no me quitan la vista de encima;
se han repartido mi ropa entre sí, y sobre ella echan suertes.
Pero tú, Señor, que eres mi fuerza, ¡no te alejes!, ¡ven pronto en mi ayuda!
Salmos 22: 1-8 y 12-19


¿Has leído con detenimiento tales palabras? En ellas puedes leer el corazón de Jesús en la cruz. Dejando su vida, para ir al profundo abismo de la muerte y vencerla! Para que seamos uno en Él así como Él es uno en el Padre.
Si no lo sabías, ahora conoces el corazón de Jesús en el preciso instante en que estaba pagando el precio por nuestras vidas. En el preciso momento en que nos estaba tomando consigo mismo para llevarnos a la Eternidad de Vida con Él.
De manera que, nuestras cargas actuales, nuestras pruebas y luchas, nuestras enfermedades, son más que conocidas para Él, simplemente porque las llevó encima. Las vivenció.
Descansa en el Señor, simplemente ora al Padre Eterno porque conoce tu situación profundamente. Y no sólo la conoce, la vivió y la venció, sino que también Su obra permanece hasta hoy, y Su acción no se ha detenido y sea el tiempo que debas transitarla, recuerda que Él permanece fiel, para siempre!

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” 1 Pedro 5:7

ERES IMPORTANTE

Usted fue creado a imagen y semejanza de Dios. Así como lo oye: creado. Usted no es un montón de barro inteligente o un mono usando pantalones. Dios lo creo a usted. Él lo confeccionó en el vientre de su madre, de forma formidable y maravillosa. Usted no es un accidente. Además de toda la creación, Dios creó a los humanos, hombres y mujeres, para que fueran como Él. Y a su imagen y semejanza, poseemos un don que no le fue dado a ningún animal: la conciencia. Tenemos libre albedrío. No somos como robots o títeres.
Al igual que Dios, tenemos personalidad, sentido del humor. Podemos reír y cantar, amar y crear, soñar y destruir. Tenemos sentimientos que pueden ser heridos. Cuando las cosas no salen como queremos, nos ponemos tristes, al igual que Dios. Esto tal vez le sorprenda, pero Dios no siempre obtiene lo que quiere, y ninguno de nosotros tampoco.
Jesús tocó las puertas de nuestros corazones, y debemos invitarlo a entrar para poder ser salvos. Él es un caballero, y por eso toca la puerta. Él no va a venir con un escuadrón de seis soldados de las fuerzas especiales a derribar la puerta. Él nos da la dignidad y la responsabilidad de tomar nuestras propias decisiones. También somos inmortales. La pregunta no es si vamos a vivir para siempre, sino dónde. Dentro de cuatrocientos años, y después de cuatro mil años, seguiremos existiendo, seguiremos estando vivos, y seguiremos siendo nosotros mismos.
También está el asunto de lo que Dios estuvo dispuesto a pagar para redimirnos y darnos esperanza cuando el pecado y la muerte dominaban nuestras vidas. El valor de algo proviene de lo que alguien está dispuesto a pagar para tenerlo. Y vaya que salimos caros. La Biblia dice que cuando estábamos muertos en nuestros pecados, Dios nos demostró su amor enviando a su hijo a morir por nosotros (Romanos 5:8). No fuimos comprados con una moneda corriente, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Jesús. Sus venas fueron abiertas, y fue colgado sobre dos pedazos de madera en la cima de una colina con la forma de una calavera. El hijo de Dios murió para pagar el precio por cada error que hemos cometido. El pecado es un crimen capital, así que Él murió para liberarnos.
Jamás en la historia se ha pagado un precio más alto por algo. Ningún Rolex, yate de lujo, penthouse, obra de arte o isla privada puede ser ni remotamente tan escandalosamente caro como el precio que pagó Jesús para garantizar nuestra liberación del cautiverio. Cuando se enfrentó a la idea de que seríamos separados de Él y de los planes que tenía para nuestras vidas, gustosamente se amarró a nuestra silla eléctrica y murió en nuestro lugar para hacernos libres. Somos valiosos, no solo por haber nacido, sino por la sangre que se derramó para que pudiéramos nacer de nuevo.
Y eso no es todo. Como hijos de Dios hemos sido encomendados al Espíritu Santo. El mismo Espíritu Santo que levantó a Jesús de entre los muertos, ahora vive en nuestros corazones y está listo y esperando para ser activado. La energía que circula a través de nosotros es tan superior, que puede ser medida en caballos de fuerza. El Espíritu Santo siempre está listo para aumentar la energía de nuestra alma como la energía que surge de la pieza brillante que se encuentra en el pecho de Iron Man, potenciando nuestros esfuerzos mientras nos elevamos para hacer lo que Dios quiere que hagamos.
Tenemos también los dones y los privilegios únicos que nos han sido dados. Hay capacidades espirituales y también destrezas, talentos y habilidades. Él ha hecho que nos apasionen ciertas cosas. Usted, por ejemplo, tiene conexiones específicas y oportunidades que yo no tengo. Hay gente con la que usted conversa a diario que un predicador podría conocer solo a través de un milagro. Pero para usted es tan sencillo como asistir a la segunda clase o ir a trabajar en el turno de la tarde. ¡Qué suerte!
¡Oh! Y además hemos sido designados para realizar la misión más grande que jamás ha sido emprendida en la historia del mundo: la Gran Comisión, la misión de ir a pescar. Las órdenes de nuestro Oficial al mando son bastante claras: debemos ir alrededor del mundo y predicar el evangelio a toda criatura. 

DE VÍCTIMA A DUEÑO DE TU VIDA

Dentro de la experiencia psicológica, Jesús conocía y estaba muy claro de cuán complejo puede ser asumir control sobre nuestras emociones. Pero a la vez, dominarlas es totalmente posible. A lo largo de mi vida, me he dado cuenta que las personas se sienten muy frustradas con la falsa idea de que las emociones les dominan y que no tienen ningún control sobre éstas.
Todos pasamos por situaciones en la vida que nos conducen a estar bajo los mantos de la tristeza y la inseguridad. No existe la persona que cuando llegan las experiencias de dolor, traición y pérdidas, no sienta desolación y angustia. Jesús, en su experiencia humana, también lo vivió.
Hay quienes, mostrando dificultad para excavar en lo interior, ponen barreras y encierran los asuntos emocionales en un baúl. Esos asuntos quedan encerrados, pero no resueltos. Existen las personas que lloran hacia adentro y no hacia afuera. Y mientras no se resuelvan para darle una conclusión saludable a las experiencias de dolor, quedarán ahí y saldrán de alguna manera. Lo complejo de esto es que pueden salir con una depresión, dado a que muchas depresiones son resultado de tristezas acumuladas que fueron reprimidas.
Las personas que logran superar las limitaciones psicológicas son más saludables, lindas, emprendedoras, inteligentes y, sobre todo, felices. Quien se aferra a la filosofía de que la vida es bella y que, por encima de las dificultades que se presenten, vale la pena vivirla, se convierten en agentes transformadores de su realidad y viven de manera plena.
Nuestro amado Señor Jesús, sin lugar a dudas, fue un luchador y combatiente de la tristeza. Psicológicamente hablando, todos los días se le presentaban situaciones complejas que eran para que viviera en una depresión constante. Era perseguido, criticado, tentado, traicionado y probado. Sin embargo, se proyectó en control de sus emociones y con una personalidad balanceada. Y no solo para Él, sino que también lo promovía en los demás.
Esto lo vemos claramente en el momento en que Jesús estaba próximo a morir y los discípulos estaban a punto de tener la gran pérdida de su Maestro. Jesús debió haber estado sufriendo dentro de sus procesos emocionales, porque iba a partir y sabía que se enfrentaría a un martirio físico y psicológico. Sin embargo, buscó producir alegría en un momento de tristeza. En medio de su oración, habla de felicidad. Él dijo: “…para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (Juan 17:13). ¿Cómo puede alguien hablar de alegría cuando está tan cerca de tal ejecución? ¿Cómo puede alguien hablar de placer emocional cuando se ha conspirado tan injustamente en su contra? Lo hizo así porque esta gran lección no solo era para los discípulos, sino también para ti y para mí. Por encima de cualquier situación, podemos abrazarnos esencialmente a la actitud de hablar de gozo.
Jesús sabía que después del proceso tan doloroso que estaba próximo a vivir, vendría una victoria que no tendría final. Él sabía lo que el Padre haría. Por eso, querido lector, si en estos momentos estás pasando una prueba y estás sufriendo, evalúa dentro de la tristeza, ¿qué es lo que no estás creyendo que Dios pueda hacer? Recuerda que nada es difícil para Dios y que no existe, ni existirá la montaña que no pueda ser movida con su poder.
Hay personas que utilizan la postura de “víctimas”. Cuando hacen esto están perpetuando la tristeza. La “postura de víctima” es una postura mental en la que la persona está teniendo un modo subjetivo de interpretar los sucesos insatisfactorios de su vida, de modo tal que siempre ella termina siendo la damnificada y los demás terminan siendo siempre los culpables que le han hecho daño.
Desde la perspectiva psiquiátrica, Jesús tenía todos los elementos para sentirse víctima. Sin embargo, nunca se reflejó a sí mismo como tal. El hombre que cargó sobre sí mismo el peso de las faltas de todo el mundo, se mostraba en control de sus emociones. De hecho, fue una persona bien valiente y esforzada, que es lo contrario a ser víctima. Personalmente, Jesús tenía convicciones e ideas muy distintas a las de la sociedad que le rodeaba. Él rompía los paradigmas de esa cultura y de ese momento histórico, y hablaba de lo que creía con mucha tenacidad.
También demostró que impulsaba a sus seguidores a no ser víctimas tampoco. Los que estaban en posiciones de poder le temían al mayor pacificador de todos los tiempos, precisamente porque impulsaba a la gente a transformarse en personas activas y siempre provocaba que la gente hablara de sus pensamientos. Queda claro, en todos los Evangelios, que Jesús enseñaba preguntando. Él estimulaba el autocontrol y la inteligencia para que pudieran liberarse. A quienes, precisamente, eran considerados como marginados, despreciados y víctimas de la sociedad, fue precisamente a quienes el Señor revolucionó más.
Jesús levantó a los caídos. Por eso, te invitamos a que si has estado asumiendo un rol de víctima, hoy decidas soltarlo. Nunca vemos al Maestro refiriéndose a las personas como: “víctima”, “pobrecito”, “qué mal te tratan”, “no te mereces esto”, ni ningún otro adjetivo como estos. Si hubiera sido así, solo hubiera logrado que se instalaran en posturas de resignación e indefensión. Jesús de Nazaret les decía: “Levántate”; “camina”; “sal adelante”; “¿qué tú quieres?”.
Jesús sabía que las personas que han adoptado el rol de víctimas, se han transformado en espectadores de su propia vida, en vez de ser los protagonistas. El Señor hizo a las personas protagonistas estelares de sus transformaciones. A tal grado, que a esas personas que empoderó las hizo famosas hasta el día de hoy, y son utilizadas en sermones, conferencias, congresos, películas y libros a través del mundo entero.
A este punto podemos preguntarnos: ¿qué es lo que lleva a una persona a querer asumir el rol de víctima? Hay muchas situaciones que pueden inducir a una persona a adoptar este patrón de comportamiento. Algunas son:
  • Criarse en un ambiente de constante compasión de forma excesiva.
  • Ser sobreprotegido durante sus primeros años de vida.
  • Aprender el papel de víctima de uno de sus padres.
  • No superar emocionalmente la etapa de niño.
  • No tener control sobre lo que le sucede.
Muchos de los que asumen el papel de víctima en forma constante, son aquellos que efectivamente fueron víctimas de algún tipo de abuso en algún momento de su existencia, siendo casi siempre en la niñez, y ese abuso fue emocional, físico o sexual. Aunque el tiempo haya transcurrido, ellos no saben cómo desempeñar otro rol, no han podido superar el pasado y han quedado atrapados en ese papel.
Por lo general, estas personas dan vueltas y vueltas en su mente y así alimentan más y más el pensamiento de que aquello que les está sucediendo es una injusticia o una tragedia. Muchas veces, esta batalla mental logra exteriorizarse, y así encontramos gente que gusta de pasar gran parte del día relatando sus penas y dramas personales.
El perfil psicológico de la persona que se arraiga al rol de víctima incluye sensaciones de pérdida de control, pasividad, impotencia, desconfianza, pesimismo, autoreproches, altos grados de culpabilidad y vergüenza, hasta llegar incluso a estados depresivos que la mantienen aún más aislada del mundo. Esas personas buscan, todo el tiempo, compasión y lástima de otros. Tratan de conseguir que otros validen sus sentimientos y que le reafirmen que este “victimario” sí es una persona realmente muy mala. Luego, suelen manipular a otros, sobre todo a sus hijos. Todo esto las lleva a la soledad, porque las personas que están a su lado tienden a alejarse.
Quien se haya prolongado a sí mismo a ser una víctima psicológica es un profesional del sufrimiento, toma una actitud pasiva ante la vida y le cuesta adaptarse a las distintas circunstancias. Sigue un ciclo: sentirse herido, mortificarse, generar compasión y manipular a otros para que actúen en su defensa. El problema es que nunca llega a la raíz del conflicto para así poder eliminar aquello que le causa dolor o para ser capaz de cambiar su modo de reaccionar a lo que le sucede.
La buena noticia es que siempre se puede cambiar. Puede ser que, cuando niño, hayas sufrido por algún evento que estaba fuera de tu control, pero hoy en día, ya como adulto, no eres impotente. Toma consciencia de que eres protagonista de tu propia vida. Incluso puedes decidir cómo sentirte. Nadie más tiene el control sobre tu estado interno, tus pensamientos y sentimientos. Tú eres quien tiene el control. Esta fue la forma en que Jesús intervino con las personas. El Señor enalteció las capacidades del ser humano y promovió el derecho de que tomaran decisiones.
Las palabras que el Maestro pronunció en su transitar por la tierra tienen que ver con no dejarse abatir por el pesimismo y la desesperación. Él dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida(Juan 8:12); …todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá (Mateo 7:8 );“…no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes (Mateo 6:34, NVI); Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo (Juan 16:33, RVC);“…ustedes llorarán y se lamentarán por lo que va a sucederme, pero el mundo se alegrará. Ustedes se lamentarán, pero su dolor se convertirá de pronto en una alegría maravillosa (Juan 16:20, NTV).
Utiliza tu fe y tu voluntad para crear una nueva realidad para ti, una realidad llena de maravillas para disfrutar y por las cuales agradecer cada día. Jesús, teniendo constantemente enemigos al acecho, hablaba del poder de cambiar las circunstancias en su nombre. ¡Usa tú ese control que el Señor ha puesto en tus manos, para cambiar tus estados anímicos y ser feliz! Es una decisión. 

VIOLENCIA CONTRA LA MUJER


El 17 de diciembre se cumplirán 16 años desde que la ONU declaró el 25 de noviembre “Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer”. La fecha fue elegida en honor a las tres hermanas Mirabal, activistas políticas de la República Dominicana. Éstas fueron brutalmente asesinadas, por orden del gobernante dominicano Rafael Trujillo (1930-1961). 

Lejos de extinguirse, la violencia física, sexual, psicológica y económica contra las mujeres sigue afectando a familias y comunidades de todo el mundo. A la cabeza de este desastre se encuentra, según los informes de la ONU, la República Democrática del Congo, en donde se reportan más de 1.100 violaciones al mes. Se cree que más de 200.000 mujeres han sufrido la violencia sexual desde que se inició el conflicto armado. ¿Tenemos los cristianos algo que decir al respecto? 

Otro gran problema a nivel mundial, relacionado con la violencia hacia la mujer, es la trata de personas. Se calcula que entre 500.000 y 2.000.000 de personas son traficadas anualmente sufriendo violaciones, prostitución, mano de obra forzada, esclavismo o servidumbre. ¿Qué puede hacer la Iglesia frente a este desastre? 

En Estados Unidos, el costo de la violencia doméstica entre la pareja sobrepasa los 5,800 millones de dólares al año. Un estudio de 2004 en el Reino Unido estimó el total de los costos directos e indirectos de la violencia doméstica, incluidos el dolor y el sufrimiento, en 23,000 millones de libras esterlinas al año ó 440 libras por persona. 

¿Es importante hablar en nuestros círculos íntimos de esta catástrofe humana? En España, a fecha 2 de noviembre de 2015, desgraciadamente se han registrado 41 casos de víctimas mortales por violencia de género. De éstas, 25 son españolas y 16 extranjeras. La edad en la que se concentran la mayoría de los casos es entre los 21 y los 50 años. La Comunidad de Valencia es la que más casos presenta, seguida de Andalucía, Cataluña y Galicia. Esta triste realidad ha dejado, este año, un total de 39 menores huérfanos. El autor de El sanador herido, Henry J. M. Nowen, afirma que un distintivo de las próximas generaciones de jóvenes será la carencia de padres; es decir, no afirma que los jóvenes no tendrán padres biológicos sino que éstos, en general, dejarán de ser un modelo y una referencia para sus hijos. En la actualidad, 6.168 personas cumplen condena en las cárceles españolas a causa de la violencia de género. Entre los años 2007 y 2015 se han atendido en España más de 537.849 llamadas de auxilio por teléfono. 

¿De dónde procede todo este mal?   JESÚS COMO MODELO A SEGUIR Afirma Herbert Lockyer que “la mujer supera al hombre en su capacidad para soportar el maltrato, la tristeza, el dolor y la separación. A lo largo de la historia el hombre ha tratado a la mujer como muy inferior a causa del orgullo, la ignorancia o la perversión moral y como consecuencia la ha esclavizado y degradado”. Sin embargo, continúa diciendo el autor “con la venida de Cristo, surgió una nueva era para la mujer y dondequiera que él es exaltado, la mujer tiene su parte”. ¿Está aquí la solución? ¿Dejó Jesús de Nazaret un modelo digno de seguir? Personalmente creo que sí. Jesús juzga igual al hombre y a la mujer, sin hacer distinción; ¿hace esto la justicia actual? La teóloga Carmen Bernabé Ubieta habla del comportamiento ejemplar de Jesús enfatizando que Jesús rompe los tabúes de su época y mantiene una amistad profunda con Marta y María; y conversa públicamente con la samaritana, a pesar de la enemistad entre los judíos y los samaritanos; ¿dialogamos abiertamente con aquellas culturas y religiones que son opuestas a las nuestras? Basta leer los evangelios para darnos cuenta de que él no sólo no despreció nunca a ninguna mujer, fuera cual fuera la condición social de la misma sino que además luchó contra las injusticias de su tiempo en defensa de la mujer, exponiéndose ante las miradas machistas de los demás. Poco le importó que una prostituta le lavara los pies con perfume. No es de extrañar, entonces, que el maestro tuviera entre sus seguidores a un gran número de mujeres. 

Como bien afirma la teóloga Ana Cristina Villa Betancourt, Jesús muestra a través de su trato con la mujer cómo ésta reflexiona sobre la verdad con entusiasmo, también su capacidad para acoger, para presentir un peligro y anticipar una respuesta generosa o, entre otras más, su capacidad para responder y transmitir una información importante. En definitiva, Jesús no dignifica a la mujer porque entiende que ella ya es digna, al igual que el hombre, no por méritos propios sino por ser humana, es decir, por ser creación de Dios. Desde esta posición, Jesús plantea siempre una acción muy creativa, en general, en su trato con el ser humano y, en particular, en su trato hacia la mujer. Cuando un grupo de religiosos quiere apedrear a una mujer porque ésta ha adulterado, Jesús da un paso al frente y se coloca entre ellos y la mujer; no los amenaza, tampoco les grita ni les hace aspavientos. Se agacha y piensa, escribe en la arena (alguien dice que escribe los pecados de los que la acusaban) y les hace reflexionar a través del arte de la duda y del diálogo: “¿estáis vosotros libres de pecado?”. ¿Reaccionamos nosotros como Jesús? ¿Cuestionamos el origen de las acusaciones? ¿O nos dejamos llevar por una injusta tradición caiga quien caiga? El dolor producido por la muerte injusta de muchas mujeres ha generado odio y rencor entre muchas personas. Éstas, lejos de buscar aferrarse a un modelo que no repita los mismos errores que el machista, proponen un feminismo hembrista que luche contra los abusos del machismo. 

En este sentido, la conocida escritora feminista Doris Lessing afirma: “Estoy desconcertada por el desprecio automático en la confrontación con los hombres que ya se convirtió en parte de nuestra cultura”. ¿Se es más mujer por el hecho de humillar a los hombres? No. Tampoco los hombres son mejores o más hombres por degradar a la mujer. El psiquiatra Augusto Cury lo explica así: “somos una especie única e inteligente, sin embargo, desgraciadamente nos dividimos, discriminamos y excluimos”. 

Jesús dejó un modelo establecido sólo para valientes, fueran hombres o mujeres. En definitiva, un modelo para personas que no estaban dispuestas a abanderar cualquier moda o costumbre social impulsada por la frustración y el cáncer de la discriminación.

SI NO ES DE DIOS, DÉJALO IR

En Mateo 6, Jesús está hablando a la multitud, y le decía que los tesoros de la tierra son atacados por varios elementos: La polilla, el orín – o el moho – y los ladrones. El problema en Mateo capítulo 6 es que lo terrenal no perdura; su problema era de durabilidad.
Cuando vamos al Génesis, vemos que Dios resuelve los problemas de la tierra, y los resuelve con cosas materiales, pero con una diferencia: Esas cosas materiales que Dios creó sí tienen durabilidad. Todavía hoy hay peces, existen los mares, existe la tierra, existen los animales, existe el hombre, hay semillas, hay plantas.
En Génesis, Dios resolvió los problemas de la tierra con elementos materiales, pero con durabilidad. Pero el capítulo 6 del libro de Mateo se ha utilizado para exaltar la pobreza, para glorificar la falta de recursos, se ha utilizado como excusa para que no haya acumulación, para que no haya prosperidad en nuestra vida, para que no pidamos cosas materiales al Señor.
El mensaje del Señor va en contra de esos principios que han sido dañados, que han sido adulterados, y que han sido la razón por la cual hay tanta gente en las iglesias con mentalidad de pobreza. Una tercera parte de la Biblia está dedicada a hablar de las riquezas, está dedicada a hablar de las cosas que la gente define como terrenales, como que no sirven, como que no deben tener valor en nuestra vida. Una tercera parte de la Biblia habla acerca de tu dinero, de la prosperidad material.
Mateo no dice: Una casa es un tesoro terrenal, y un hogar es un tesoro en el cielo. La diferencia que nos hace la escritura entre un tesoro y el otro es acerca de la durabilidad. Y hay tesoros que tenemos en nuestra vida que, para determinar si son de Dios o no, la diferencia es su durabilidad. No lo que es, sino cuánto dura.
Mateo capítulo 6 nos está hablando de tesoros en la tierra, pero con características de cielo.
Independientemente de que hablemos de casa, carro, negocios, dinero; las cosas que tenemos en la tierra, sí, por definición, son materiales, porque ocupan espacio, pero lo importante es que tus tesoros no tengan características de tierra, sino que tengan características de cielo.
En la tierra, podemos tener tesoros, con características de cielo.
Y, ¿cuáles son esos tesoros? Esos tesoros son aquellos que tienen durabilidad, y que son creados como fue creado todo lo material que se creó en Génesis capítulo 1. Todo lo que se creó en Génesis 1 fue material, fue creado para la tierra, y tiene durabilidad, y esa durabilidad se debe a que no fue creado con instrumentos de hombre, sino que fue creado con la palabra de Dios.
Una cosas es tener una casa, y otra cosa es tener la casa que Dios te dio. Una cosa es tener un negocio, y otra cosa es tener el negocio que Dios te dio. Porque un negocio puede ser un tesoro en la tierra, como puede ser un tesoro en el cielo. Cuando es creado con la palabra de Dios, va a tener la durabilidad que te va a decir que ese negocio es un tesoro para el cielo, porque ese negocio es de Dios.
Ha llegado el tiempo en que la iglesia, la gente de Dios, pueda acumular riquezas, sin sentirse culpable. De seguro, por tus manos han pasado riquezas, y muchas no han perdurado porque no eran tesoros para el cielo, pero Dios te ha estado preparando para entregarte tesoros que van a tener durabilidad.
Deja de llorar aquello que ya no está en tu vida. La casa que perdiste, deja de llorarla; si no la tienes hoy, es porque no era de Dios, no tuvo durabilidad. El carro que el banco vino a quitarte, deja de llorarlo; trabajaste y lo compraste, lo alcanzaste, lo conseguiste como cualquier persona consigue en el mundo, pero tú tienes que aprender a asegurarte de que las cosas materiales, naturales, que recibas en este mundo, no vengan con características de tierra porque, cuando vienen con características de tierra, tienen fecha de expiración, no tienen durabilidad. Quizás te da mucho trabajo comprar una casa, y después no la tienes ni un mes, o un año, porque no viene con características de cielo. Cuando viene con características de cielo, viene con durabilidad, y viene apoyado por la palabra del Señor.
Lo que tú sostienes con la palabra del Señor tiene durabilidad.
Hay relaciones en tu vida que se han perdido, y ha sido porque no eran de Dios. De lo contrario, todavía estarían en tu vida, la polilla no se los hubiese comido, el moho no se los hubiese comido, y el ladrón no se los hubiese llevado. Si la polilla se lo comió, si el moho se lo comió, si el ladrón se lo llevó, no era de Dios, no tuvo durabilidad, no está apoyado por la palabra del Señor; déjalo ir.