CREER CUANDO TODOS LOS RECURSOS FALLAN


Creer cuando todos los recursos fracasan complace sumamente a Dios y es altamente aceptado por él. Jesús dijo a Tomás: "Has creído porque has visto, pero bienaventurados los que creen y no han visto" (Juan 20:29).
Bienaventurados los que creen cuando no hay evidencia de una respuesta a su oración. Bienaventurados aquéllos quienes confían más allá de la esperanza cuando todos los medios han fracasado. Alguien ha llegado a un lugar de desesperación, al final de la esperanza y al término de todo recurso. Un ser querido se enfrenta a la muerte y los médicos no dan esperanza. La muerte parece inevitable. La esperanza se ha ido.
Oró por el milagro pero éste no ha sucedido.
Es en este momento cuando los bastiones de Satanás se dirigen a atacar su mente con miedo, ira y preguntas abrumadoras como: "¿Dónde está tu Dios? Usted oró hasta que no le quedaron lágrimas, ayunó, permaneció en las promesas y confió". Pensamientos blasfemos se inyectan en su mente: "La oración falló, la fe falló.
No voy a abandonar a Dios pero no confiaré en él nunca más. ¡No vale la pena!" Inclusive preguntas sobre la existencia de Dios vienen a su mente.
Todo esto ha sido el dispositivo que Satanás ha empleado durante siglos. Algunos de los hombres y mujeres mas piadosos de todos los tiempos vivieron tales ataques demoníacos.
Para aquellos que pasan por el valle de sombra de muerte, oigan esta palabra: El llanto durará algunas oscuras y terribles noches, pero en medio de esa oscuridad pronto oirá el susurro del Padre: "Yo estoy contigo. En este momento no puedo decirte por qué, pero un día todo tendrá sentido. Verás que todo era parte de mi plan. No fue un accidente. No ha sido un fracaso de tu parte. Agárrate fuerte. Deja que te abrace en esta hora de dolor".
Amado, Dios nunca ha dejado de actuar en bondad y amor. Cuando todos los recursos fallan, su amor prevalece. Aférrese a su fe. Permanezca firme en su Palabra. No hay otra esperanza en este mundo.

David Wilkerson Q.E.P.D. (1931-2011)

Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos. Salmos 116:15

AMOR ASOMBROSO

LIBRE EN CRISTO, NO ESCLAVA


Este mensaje lleva "libertad" a cientos y miles de mujeres para que puedan ser fuertes y valientes, porque la fortaleza y la valentía no es solo cosa de hombres. Mujeres sin rumbo, sin sueños, sin propósitos, castigadas, engañadas, conformándose con migajas de amor.

Mujeres que tienen entre 30 o 40 años pero su cuerpo indica mucho más, con rostros tristes y desesperanzados.

Dios puso un espíritu fuerte en toda mujer.

En más de una ocasión ese espíritu se fue opacando y finalmente la cultura lo aplastó. Otras veces, no ha tenido la oportunidad de desarrollarse porque se escondió detrás de otras personas. Sin embargo cuando ese espíritu logra salir a la luz, alcanza grandes cosas en la vida. No existe un sector en especial que le sucede esto, en realidad mujeres de cualquier edad y clase social puede vivir esta experiencia.

Toda mujer en cualquier parte del mundo tiene derecho a ser libre para hablar y desempeñarse en lo que más le guste. No se trata de una imposibilidad económica, muchas veces la imposibilidad se la impone una, por el "que dirán" o porque simplemente piensan que no son capaces de lograr metas. Muchas mujeres sienten que solo están para servir o agradar a los demás. Hay que recordar que la mujer es un ser independiente que puede valerse por si misma sin tener que estar detrás de nadie y puede lograr lo que se proponga.

La mujer no nació para sufrir o ser castigada, como han enseñado antiguamente, la mujer nació para ser feliz.

APRENDER A AMAR


“El amor debería ser una realidad en nuestra existencia, no sólo un sueño o el tema de unos versos. Es un término que ha de cobrar vida. Y nunca es demasiado tarde para experimentar el amor por primera vez”.
Debemos aprender a amar, ya que muy pocas personas saben cómo hacerlo. Todo el mundo piensa que el amor es necesario, que la vida sin el carece de sentido. Pero son muy pocos los que verdaderamente saben cómo amar, y todo lo que hacen en nombre del amor no es amor sino cualquier otra cosa.
El amor muchas veces se funde con otros muchos conceptos: celos, cólera, odio, posesión, dominación, ego. Todos ellos venenos que destruyen el verdadero néctar: amar significa deshacerse de todas estas interferencias. Sólo entonces, en ese preciso momento, un amor de una calidad inédita florecerá a nuestro alrededor. A nadie le duele el amor, nunca.
Y si te parece que el amor te ha hecho daño, la que se siente dolida no es tu capacidad de amar, sino otra cosa. Si no te das cuenta de eso, seguirás caminando en círculos continuamente. Probablemente eso que denominas amor oculta en tu interior muchas cosas carentes de amor; la mente humana es muy astuta cuando se trata de engañar a los demás y también a sí misma. La mente pone etiquetas bonitas a cosas feas, intenta tapar tus heridas con flores. Esta es una de las primeras cuestiones en la que tienes que profundizar si quieres entender qué es el amor.
El “amor” tal como se utiliza habitualmente el término, no es amor; es deseo. Y el deseo sin duda te hará daño, porque desear a alguien como si fuera un objeto supone ofender a esa persona. Es un insulto, es violento. Si te diriges a otra persona con deseo, ¿durante cuánto tiempo podrás fingir que es amor? Superficialmente parecerá amor, pero rasca un poco y verás como debajo se oculta el mero deseo.
El deseo es un impulso animal. Contemplar a alguien con deseo supone insultarlo, humillarlo, reducir a la otra persona a una cosa, a un objeto. Nadie quiere ser utilizado; es lo peor que puedes hacerle a alguien. No hay nadie que sea una cosa, no hay nadie que sea un medio para alcanzar un fin.

Esta es la diferencia entre deseo y amor. El deseo utiliza a la otra persona para colmar sus apetitos. Te limitas a utilizar a la otra persona y cuando ya has terminado de utilizarla, la tiras. Ya no te sirve, ha cumplido su función. Este es el acto más inmoral que se comete en la existencia: utilizar a los demás como un medio. El amor es justo lo contrario: supone respetar a la otra persona como un fin en sí misma. Cuando se ama a otra persona como un fin en sí misma, no hay dolor; te sientes enriquecido a través de esa experiencia. El amor enriquece a todas las personas. En segundo lugar, el amor solo puede ser verdadero si tras él no se oculta el ego; de lo contrario, se convierte en un mecanismo del ego.
Es una forma sutil de dominar. Hay que ser muy consciente de ello, porque ese deseo de dominar está profundamente arraigado. Nunca se presenta desnudo, siempre se oculta bajo maravillosos ropajes, engalanado. Ahora hablemos de amor como no sabemos verlo la gran mayoria de nosotros... Y si el amor es lo que mantiene unido al cuerpo, es fundamental, como dice el texto, que el amor sea sincero. No alcanza con que simpaticemos con nuestros hermanos. Es necesario que verdaderamente los amemos.
Se necesita amor verdadero. Como el amor con el que Cristo nos ama a nosotros. De hecho, nuestro modelo de amor no es otro que el de Cristo, que hasta entregó su vida por nosotros. Pablo pasa entonces a describir el amor verdadero, y lo hace de una manera impecable.
En primer lugar, el amor no es solamente espiritual. El amor verdadero se refleja en nuestras actitudes. Pablo usa la palabra "diligente", es decir que el que ama se mueve por aquél a quien ama. El amor es activo. Amar es dejar que las demás personas entren en nuestro corazón, que vengan a vivir en nuestras vidas. Implica comprometerse con esa persona al punto de que pasa a ser importante para nosotros.
En segundo lugar, el amor verdadero implica desear el bien de los demás, y como es diligente, el que ama busca activamente el bien de los demás. Y esto es así no sólo para las personas que también nos aman a nosotros. Aún a nuestros enemigos, a los que nos odian o nos desean el mal, tenemos que desearles el bien. "Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan" (12:14). Y aún más, tenemos que ser también diligentes con ellos. Procurarles el bien, ayudarlos, porque el amor verdadero persigue el bien, va tras él, actúa. En tercer lugar, el amor verdadero nos lleva a ser humildes, reconociendo nuestros propios errores antes de cuestionar los errores de otros. Por eso, Pablo dice "vivan en paz con todos" (12:18). Porque el que se examina a sí mismo ignora los errores de los demás y los ama sin importar esos errores. Por eso, pagar con la misma moneda es señal de no habernos examinado a nosotros mismos. ¿Quiénes somos nosotros, seres falibles, para vengarnos de otros? ¡Como si fueramos perfectos! Sólo nos aproximamos a la perfección cuando amamos de verdad, y el amor verdadero excluye la venganza porque favorece la paz.
Y por último, el amor verdadero es empático. Pablo nos alienta a alegrarnos con los que están alegres y a llorar con los que lloran. Esto implica poder ponernos en el lugar de los demás, pero no solamente entendiendo con nuestra mente la situación que atraviesa cada uno, sino aún más, comprometiéndonos de corazón con su vivencia. Ser capaces de experimentar lo que la otra persona siente, hacer propio ese sentimiento para poder comprender verdaderamente en profundidad qué es lo que le pasa.
Eso es parte del amor verdadero.
Me sacude verdaderamente el último versículo del capítulo: "no te dejes vencer por el mal; al contrario, vence al mal con el bien". Es muy interesante que Pablo deje ahí de hablar en plural y hable en singular. Y es que está dirigiéndose en particular a cada persona que recibe ese mensaje. Eso pone en evidencia la importancia de esa afirmación. Y es que si el amor es contrario al mal, amar es vencer. Y así como el amor de Dios venció al pecado y a la muerte, nuestro amor puede vencer al mal.
Y quiero repetirlo: amar es vencer.
Me parecieron centrales los versículos del 9 al 12, que de algún modo resumen la esencia del amor verdadero. Espero que esta reflexión les haya significado tan reveladora como a mí, y que les haya sido de gran bendición. Nunca olviden que amar es vencer, y que por lo tanto el amor es lo único que puede cambiar el mundo.
Que el Dios de amor, que venció a la muerte y al pecado por medio de Cristo y de su Espíritu Santo, librándonos para siempre, los llene con su amor verdadero para que puedan vencer al mal con el bien. ¡AMÉN!
La visión que tiene la mujer acerca de la vida se extiende y reproduce en aquellos con quienes convive. Cuando hay un cambio positivo en la mujer, toda la familia recibe el impacto. Por eso es tan importante estar conscientes de nuestras actitudes.
Si vemos la vida con esperanza, nuestra familia completa heredará esa actitud.

DIOS ME SATISFACE CON LARGA VIDA


“Lo saciaré de larga vida”, Salmo 91: 16. La sexta promesa de los versículos finales del Salmo 91 se encuentra en el versículo 16. Dios no sólo dice que Él prolongará nuestra vida y nos dará muchos cumpleaños. ¡No! Él dice que nos saciará de larga vida. Hay personas que testificarían que celebrar muchos cumpleaños no es necesariamente una bendición. Pero Dios dice que Él nos dará muchos cumpleaños y a medida que lleguen esos cumpleaños, experimentaremos satisfacción.

Se ha dicho que hay un vacío con forma de Dios dentro de cada uno de nosotros. El hombre ha intentado llenar ese vacío con muchas cosas diferentes, pero nada satisfará el vacío hasta que sea lleno con Jesús. Él es la verdadera satisfacción a la cual Dios se refiere en su promesa.

Dios está haciendo la oferta. Si acudimos a Él, dejamos que Él llene el lugar vacío en el interior y le permitimos que nos ayude a cumplir el llamado que hay en nuestra vida, entonces nos dará una larga vida y nos satisfará mientras la vivimos. Solamente la persona insatisfecha puede apreciar realmente lo que significa encontrar satisfacción.

Es un hecho que Dios quiere que vivamos una vida satisfactoria, pero no pasemos por alto la promesa de una larga vida. El rey David fue el guerrero más valiente y atrevido de Israel, sin embargo, vivió una buena vejez: lleno de días, como a los autores del Antiguo Testamento les gustaba decir. Su vida estuvo llena de combate, situaciones de alto riesgo y pronósticos imposibles, no obstante, él no murió en batalla, sino que su cabeza quedó en paz en su vejez. Una larga vida es una estupenda promesa de protección.

Pablo nos hace saber en Efesios que estamos en un combate. No podemos seguir la corriente de lo que se siente bien y ganar esta batalla, porque el enemigo hará que el camino erróneo sea muy fácil de tomar.

Una vez, en una barca en el mar de Galilea, los discípulos clamaron, teniendo temor a ahogarse en la tormenta. Jesús, sin embargo, había dicho que debían pasar al otro lado. Si ellos hubieran pensado bien lo que Él había dicho, habrían sabido que la tormenta no les haría daño porque tenían la palabra de Él con respecto a una misión al otro lado del lago. De la misma manera, si se le ha prometido a usted una vida larga y satisfactoria, entonces usted sabe que atravesará las actuales circunstancias.

John Evans, un predicador galés, relató un incidente que le sucedió a un amigo durante la Guerra Civil poco después de haber recibido una comisión del capitán. Aunque muchos de los hombres en el ejército tenían poca consideración por la religión, estaba de moda que cada soldado llevase una Biblia.

Mientras seguía órdenes de quemar un fuerte, el capitán y sus hombres estaban bajo un pesado fuego del enemigo. Cuando el conflicto terminó, él descubrió que una bala de mosquete se había incrustado en su Biblia, la cual llevaba en su bolsillo. Si no hubiera sido por esa intervención, seguramente él habría muerto. Investigando más sobre el incidente, él entonces descubrió que la bala había llegado a detenerse en el versículo de Eclesiastés 11:9: “Alégrate, joven, en tu juventud… y anda en los caminos de tu corazón… pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios”. Este mensaje causó una profunda impresión en su mente, al igual que el modo en que fue dado. Como hombre no religioso, entendió que la Biblia literalmente había hecho algo más que sólo intentar salvar su alma. Como resultado, él dirigió inmediatamente su corazón hacia Dios y continuó siendo devoto en su caminar cristiano hasta una buena vejez. Él con frecuencia testificaba de cómo la Biblia aquel día se convirtió en la salvación de su cuerpo al igual que de su alma.

Dios no estaba interesado sólo en proteger la vida de ese hombre y alargarla; Él estaba más interesado en la fiel obediencia de él a medida que vivía esa vida. De la misma manera, Dios quiere que reclamemos la promesa de una larga vida, pero también quiere que utilicemos nuestra larga vida viviendo para Él. Hágase la pregunta: “¿Qué voy a hacer con mi larga vida?”.

Nada en este mundo es más confiable que las promesas de Dios, cuando las creemos, nos negamos a dudar, y hacemos de su Palabra nuestra autoridad final para cada área de la vida. Hay, sin embargo, algo único en este salmo. Se pueden encontrar promesas de protección en toda la Biblia, pero el Salmo 91 es el único lugar en la Palabra donde todas las promesas de protección están reunidas en una colección, formando un pacto escrito por medio del Espíritu Santo. ¡Qué poderoso es eso!

Yo creo que el Salmo 91 es un pacto: un contrato espiritual que Dios ha puesto a disposición de sus hijos. Se necesita con desesperación en estos tiempos difíciles. Hay algunos que sinceramente preguntan: “¿Cómo sabe que puede tomar un canto de los salmos y basar su vida en él?”. Jesús respondió esa pregunta. El valor de los salmos fue enfatizado cuando Él los citó como una fuente de verdad que debe cumplirse: Y les dijo: “Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24:44, énfasis añadido).

Cuando Jesús específicamente iguala los Salmos con la Ley de Moisés y los Profetas, vemos que es históricamente relevante, proféticamente sano y totalmente aplicable y confiable. En una época en que hay tantas incertidumbres por delante, es más que consolador entender que Dios no sólo sabe de antemano a lo que nos enfrentaremos, sino que también hace una total provisión para nosotros.

MI PASADO NO ES MI FUTURO


¿Está usted en Cristo? Entonces debe dejar ir lo antiguo. Se ha ido. Una nueva forma de vivir ha sido preparada para usted. Debe usar el don de la fe para ingresar en esta vida nueva. Deje ir su pasado, porque su pasado no es su futuro. Dios es el Señor de nuestro futuro. Él tiene planes para nosotros. Él siempre está planeando con antelación para que no tengamos que hacerlo nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es confiar en Él y aprender sus caminos. Sus sendas son más elevadas y más sabias, y Él nos dice claramente que olvidemos nuestro pasado.

Filipenses 3:13–14 nos instruye que olvidemos lo que está detrás. Nos exhorta a luchar por lo que está delante, alivianándonos de la carga de nuestro pasado. Esa es la única forma en que podemos tener la fuerza necesaria para perseverar hacia nuestra meta.

¿Cuántos corredores de maratón llevan mochilas? Si comienzan con una, pronto la arrojan para poder aliviar su peso y terminar la carrera. Los corredores de maratones compiten con la menor cantidad de artefactos y llevan sólo lo que es necesario para su viaje.

Nosotros también corremos una carrera. No es sólo una carrera física, sino también una espiritual. Eso es lo que hace que la carrera sea diferente. Proverbios 4:18 nos dice que el camino se vuelve más claro y distinto cuando lo caminamos: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. Siempre que avancemos, nuestra luz se incrementará. No podemos avanzar cuando miramos hacia atrás, así que debemos volvernos al Hijo y seguir su luz.

Con cada paso, abandonamos el reino de la oscuridad y viajamos con mayor profundidad hacia su luz, hasta que brille más que la luz del día. Algunos de ustedes están corriendo con mochilas llenas de piedras, porque intentan llevar su pasado al futuro. Otros de ustedes miran hacia atrás. Tal vez teman que su futuro sea como su pasado. Ahora es el momento de poner a descansar el pasado.

Cuando nos excusamos por nuestra conducta por nuestro pasado, decimos: “Me he ganado el derecho a ser de este modo por lo que me hicieron”. Esta actitud traiciona la presencia de la falta de perdón en nuestro corazón. El perdón es la propia base del evangelio. Sin perdón, no hay remisión del pecado. La falta de perdón nos mantendrá atados al pasado. “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.” —Lucas 6:37

La falta de perdón inevitablemente nos hace perder la visión de nuestra propia necesidad de perdón. Tenemos la promesa de Dios de que si perdonamos, seremos perdonados. Cuando no perdonamos, el peso de nuestros propios pecados vuelve a pesar sobre nosotros. El perdón de Dios es la propia fuerza que nos libera de nuestro pasado. Incluso, podemos liberar a los demás, porque “a quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20:23).

Pero recuerde: Al no perdonar a los demás, tampoco se nos perdona a nosotros. Algunos de nosotros hemos retenido el perdón como una forma de castigo cuando, al final, sólo nos estamos castigando a nosotros mismos. ¿Valdrá la pena?