AGAR. HAY DESIERTOS QUE NO ELEGIMOS


Mujer, quizá te has sentido como Agar…

usada, desplazada, o enviada al “desierto” de la vida sin haberlo escogido.


Agar no era la protagonista principal de la historia,

no era la esposa,

no era la promesa,

no era la preferida.


Pero era vista.


En medio del abandono, cuando nadie defendía su dolor y el futuro parecía incierto, Dios se le reveló como El Dios que ve. La vio con compasión.


Hay desiertos que no elegimos,

pero en esos desiertos aprendemos que la provisión no viene de las personas… viene de Dios.


Cuando Agar pensó que todo había terminado, Dios abrió un pozo.

Cuando creyó que su historia era un error, Dios le habló propósito.

Cuando se sintió invisible, Dios la llamó por su nombre.


Mujer, si hoy te sientes en el desierto:

Dios te ve.

Dios escucha tu llanto.

Él ya preparó un pozo.


Tu dolor no es el final.

Es el lugar donde conocerás al Dios que te ve. 


¿Qué nos enseña la historia de Agar?


Dios ve a los que otros ignoran.

Dios escucha el llanto en el desierto.

El rechazo humano no cancela el propósito de Dios.

Aun cuando las decisiones no fueron perfectas, Dios sigue siendo fiel.


Agar fue extranjera, sierva y desplazada… pero fue vista por Dios.


Génesis 16 y 21


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