TU FUTURO ES HOY


Me gusta esta frase: ¡El mayor regalo que usted puede darle a su familia y al mundo que lo rodea es estar saludable! En esta época se presta mucha atención a la apariencia: qué viste, cómo está su cabello, su maquillaje, el tipo de coche que conduce, la casa donde vive, incluso el tipo de ordenador que tiene. Pero usted puede parecer genial por fuera y estar completamente destrozado por dentro. Eso me pasaba a mí. Cada día me vestía e iba a trabajar y a la iglesia; pero por dentro, mi mente, emociones y actitudes eran un desastre.

La Biblia dice que Jesús vino para darnos salud integral: de espíritu, alma y cuerpo. Quiere sanar cada parte de nosotros, porque Él está “en” la plenitud. Quiere recuperar todo lo que habíamos perdido por el pecado, la ignorancia, los ataques del enemigo y el maltrato de otros. Preste atención: Dios es un Dios de restauración.

Durante años fui cristiana pero no sabía esto. No entendía que Dios se interesaba por mi mente, mis emociones, mis finanzas, mi vida social: cada parte de mí y mi vida entera. Mi actitud era: “Si sólo pudiera atravesar esto y sobrevivir hasta que me vaya al cielo....” Pero Jesús vino a salvar no sólo a los que estaban perdidos, sino también a lo que estaba perdido.

Quiero que usted entienda realmente esto: El reino de Dios no es meramente un viaje hacia el cielo. Consiste en que usted sepa quién es en Cristo y tenga la justicia de Dios, su paz y su alegría mientras transitamos este viaje aquí en la tierra.

El primer paso hacia la plenitud es simple: Sólo tenemos que ir a Jesús y entregarle nuestro corazón. Él nos toma tal como estamos y comienza a viajar hacia la plenitud con nosotros.

Aunque el principio es simple, el viaje no siempre es fácil. Me doy cuenta de que este mensaje sobre la plenitud no es para timoratos. En obediencia a Dios, usted deberá hacer cosas que no le apetece hacer, que resultan difíciles; y se sentirá tentado a poner excusas para no hacerlas. Pero cuando desobedecemos a Dios, estamos jugando con nuestro futuro.

La decisión que debe tomar es: ¿Voy a ser un jugador y apostar a que todo salga bien, o un inversionista que obedece a Dios, haciendo lo debido y cosechando las recompensas de salud y plenitud en mi vida?

Un jugador transige, haciendo cosas que sabe que no están bien y apostando a no sufrir las consecuencias. A veces, cuando tomamos malas decisiones, parece que nos salimos con la nuestra por un tiempo, y seguimos actuando así. Por ejemplo, el diablo le ayudará a vivir endeudado. Usted puede acumular gastos en una tarjeta de crédito y conseguir otra y seguir cargándola, y cuando esté al máximo obtener otra. Pero en algún momento tendrá que pagar.

Un inversor paga ahora el precio para poder tener luego maravillosos dividendos. Se sacrifica ahora para disfrutar más tarde una doble bendición. Es sabiduría divina hacer ahora lo que lo hará ser feliz más adelante.

Es fácil escuchar este mensaje y decir: “¡Sí!” porque sabemos que es correcto. Pero cuando llega el momento de aplicarlo sentimos la tentación de poner excusas y transigir. Recuerde, Dios nunca lo dejará ni lo abandonará, y le dará lo que necesite para que pueda hacer lo que tiene que hacer. Él nos ha dado el Espíritu Santo, que es nuestro consolador y fortalecedor, Él nos permite hacer lo que no podemos lograr por nosotros mismos. Filipenses 4:13 dice: “A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece” (DHH). Deje de poner la excusa: “¡No puedo!” Usted puede hacer todo lo que debe hacer en Cristo.

Si ha sido un jugador, le imploro desde el fondo de mi corazón que sea un inversionista. No viva la vida como si fuera una especie de juego, tirando los dados y esperando que caigan en buen lugar. No ceda más a las mentiras o excusas.

Haga lo correcto porque es lo correcto y glorifica a Dios. Si va a tomar decisiones correctas, invirtiendo su vida en Cristo, no hay diablo del infierno que pueda retener lo mejor que Dios tiene para usted. Y se encontrará yendo por buen camino hacia la sanidad y la plenitud de espíritu, alma y cuerpo

ESPERANDO EL AMOR

Si tengo seguridad en mí misma, en mi potencial y en lo que valgo como mujer, yo sé que tarde o temprano encontraré el amor que tanto estoy esperando.

No voy a precipitarme, seré paciente, esperaré por el amor correcto, esperaré a estar segura de que es él.

Confío en que Dios tiene alguien especial para mí.

¿Crees que tu corazón está preparado para recibir el amor? ¿Has perdonado? ¿Ya sacaste de ti todo el rencor que guardabas de aquella última relación que te dejó hecha pedazos?

Si todavía conservamostristes recuerdos, si aún no hemos podido sanar aquellas profundas heridas que dejaron nuestro corazón infectado de mentiras, engaños, celos, traiciones y maltratos… entonces nos será difícil recibir un compañero sentimental que nos llene de felicidad, que nos apoye en todo momento y nos ame de una forma incondicional.

Para recibir el amor del hombre que Dios tiene para ti, debes primero perdonarte a ti misma sin culparte, limpiar y renovar tu alma aceptándote y valorándote como un ser que es digno de amar y merece ser amado. Y si con ello mantienes la esperanza en que todo en tu vida mejorará, a pesar de las pruebas que enfrentes, al final habrá una recompensa para ti.

Mujeres que anhelamos ser amadas: debemos ser pacientes en la espera.

Dice un adagio muy popular que “la desesperación es parte del fracaso”… entonces, ¿por qué nos desesperamos? Dios tiene un plan perfecto con cada una de nosotras, él todo lo hace a su tiempo, él nos prepara para recibir un amor sin manchas, un amor verdadero, permitamos que sea él quien tenga el control de nuestra vida.

En nuestras relaciones, solemos ir de fracaso en fracaso, muchas veces por temor a la soledad, porque no concebimos unas semanas, unos meses, unos años sin tener a un hombre a nuestro lado. Y por eso tendemos a elegir mal…

Tú que quieres ser bendecida con un gran hombre, espera la promesa en el Todopoderoso, a él es quien debemos dejar que obre de manera perfecta en nuestra vida. Él sabe qué nos conviene y qué no, y lo más hermoso es que nos prepara para recibir a ese hombre que al igual que nosotras desea experimentar un amor sin condiciones, basado en la confianza, comprensión, en la unidad, en la comunicación y en los pequeños detalles que fortalecen y avivan toda buena relación.

A ti hermosa mujer que espera el amor, te invito a que descargues tus cargas y miedos en Dios, que sabrá prepararte, porque él desea que tanto tú como tu pareja disfruten un amor correspondido, donde la felicidad no sea una quimera, sino toda una realidad.

Cree en el amor, porque sí existe.
Y espera paciente en él.

NO OS UNAIS EN YUGO DESIGUAL

Quien profesa la fe cristiana tiene principios diferentes de quien no es cristiano. En ocasiones conocemos a hombres que nos pueden parecer compatibles, pero tarde o temprano nos daremos cuenta de que es un error unirnos a ellos.

Es difícil, pero debemos evitar unir nuestra vida a quien no comparte lo más importante para nosotras, seguir a Dios y serle fiel.


No os unáis en yugo desigual

Lo aprendemos rápido, lo memorizamos en segundos, pero ¿lo aplicamos? ¿Olvidamos estas palabras cuando ese chico bonito, que no es de la iglesia, nos dice lo mucho que le gustamos?, ¿o cuando nos dice cuan hermosa le parecemos?, ¿o cuando nos hace esos detalles que nos dejan enamoradas?

¿Somos capaces de decir que “no, no se debe, no me uniré en yugo desigual”?

Admiro y tengo un gran respeto por las valientes y hermosas mujeres que pese a sentir mariposas en el estómago al ver a un hombre, tomaron la sabia decisión de hacer cumplir la palabra que nos dice “No os unáis en yugo desigual”.

¿Por qué una mujer cristiana, no debe tener por pareja a un hombre que no lo sea, o tenga otra creencia?

Hay muchas razones que citaríamos aquí, pero la más sencilla y que encierra todo,

es esta: No puedo, no debo estar con alguien que no crea lo mismo que yo, no puedo compartir mi vida con alguien que no esté de acuerdo con lo que yo creo.

¿Por qué no debo?
Porque no irá a los mismos lugares que yo, no orará a mi lado, no respetará a Dios por lo tanto tampoco a mí, en sus reuniones yo no podré estar, con sus amigos yo no tendré mucho en común o de qué conversar… ¿y saben a qué trae todo esto? A dificultades que solo saldrán hiriéndonos.
A lo largo de la historia muchas mujeres ejemplares guardaron su vida y se la dedicaron a Dios. Y hoy día todavía hay muchas mujeres que siguen haciendo lo mismo.

¿Haremos nosotras eso? ¿Dedicaremos nuestra vida en cuerpo, alma y mente al servicio de Dios? Nos privaremos de tener una familia por el trabajo de la Obra de Cristo? Es hermoso servir a Dios, pero sé que muchas mujeres como yo, aparte de querer trabajar para Dios que es lo primordial en nuestras vidas, también queremos una familia, unos hijos, una casa y para todo esto, también queremos y necesitamos tener a nuestro esposo.

Pero, ¿por qué nos complicamos la vida fijándonos o enamorándonos de quien no debe ser?

Lo sé porque yo misma lo viví y lo digo con toda propiedad, equivocarse en este sentido duele mucho. Duele porque un día te das cuenta que eso que llamaste amor no lo es, o al menos esa persona ya no siente lo mismo que antes. Duele porque no es agradable descubrir que apostamos tanto y equivocadamente.

Ya no te dice:
Es que no me importa que seas cristiana, yo lo voy a ser algún día; no te preocupes” o “yo creo en tu Dios, pero me tienes que dar tiempo, todavía no es el momento” ni mucho menos “voy a acompañarte a tu iglesia y después salimos a comer”.

Descubres que son muchas las cosas las que te dijo que te hacían guardar la esperanza y llegaron a convencer de que todo cambiaría y sería mejor con el pasar del tiempo…pero todas esas cosas ya no las oirás, lee bien: NO LAS OIRÁS, ya ni siquiera te tratará de convencer, porque a su tiempo ya te supo convencer: ya te tiene de su lado, ya no te acompañará a la iglesia, es mas ahora te dirá “ya es hora de tu reunión, ¿no vas a ir? Yo voy a salir con unos amigos, llego mas tarde”, o“No quiero que hagas ese donativo, des ese diezmo o trabajes gratis para tu iglesia, que eso es algo de lo que debiéramos disfrutar los dos” y ya no seguirá molestándose en decirte que va a cambiar…

Ahora es cuando muestran lo que realmente son… te traicionan, hasta lo amoroso que eran se comienza a perder, y entonces te asombras de tener al lado a un hombre que no se parece en nada al que te conquistó. Cuando nos damos cuenta de ello sufrimos y lloramos largas horas, porque ahora no sabemos qué hacer… Y lo peor, estamos enamoradas, y eso ¿para qué?

Sí, ya pasamos de ser lo más importante en sus vidas, ya consiguió lo que quería, ya alcanzó eso que veía como inalcanzable, ya te volvió una mujer triste, cabizbaja, y hasta con poca autoestima, porque no hay nada que baje más la autoestima que no sentirte amada.

Esto duele, sí, duele hasta las entrañas….¿pero sabes qué duele mas? Acordarte que en tu Biblia dice:
No os unáis en yugo desigual”(2ª. Corintios 6:14).

Me dolió porque amé a quien nunca me amó y me dolió más porque le fallé a quien dije amar por sobre todas las cosas.

¿CUAL ES EL PECADO ORIGINAL?


ESTA no es una pregunta de valor puramente intelectual ni mucho menos. ¿Por qué decimos eso? Porque la desobediencia de Adán y Eva ha afecta

do a todas las generaciones posteriores hasta el día de hoy. La Biblia afirma: “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12). Pero ¿por qué tuvo consecuencias tan trágicas el simple hecho de tomar una fruta de un árbol y comerla?

Cuando Dios creó a Adán y Eva, los instaló en un hermoso jardín repleto de vegetales comestibles. De todos los árboles frutales solo había uno del que les prohibió comer: el “árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo”. Como poseían libre albedrío, tenían la opción de obedecer o desobedecer a Dios en este asunto. Sin embargo, él le advirtió a Adán: “En el día que comas [del árbol del conocimiento], positivamente morirás” (Génesis 1:29;2:17).

Una prohibición razonable

Tal prohibición no los obligaba a pasar privaciones, pues podían comer de todos los demás árboles del jardín (Génesis 2:16). Tampoco los privaba de su dignidad ni daba a entender que tuvieran malas tendencias. Si Dios hubiera prohibido cosas tan abominables como la bestialidad o el asesinato, se podría alegar que los seres humanos perfectos tenían inclinaciones perversas que debían refrenarse. La acción de comer, en cambio, era natural y correcta.

¿Eran las relaciones sexuales el fruto prohibido, como afirman algunos? No hay base en las Escrituras para tal idea. En primer lugar, cuando Dios decretó la prohibición, Adán estaba solo, y por lo visto siguió así por un tiempo (Génesis 2:23). En segundo lugar, Dios les dijo a Adán y Eva: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra” (Génesis 1:28). No es lógico pensar que les mandara así violar su ley y luego los sentenciara a muerte por hacerlo (1 Juan 4:8). Y por último, Eva comió del fruto primero y después le dio de este a su esposo (Génesis 3:6). Está claro que el fruto no podían ser las relaciones sexuales.


QUE LA DECEPCION NO TE GANE



¿QUIÉN no se ha sentido decepcionado alguna vez? Hasta nuestro Padre celestial, Jehová Dios, ha pasado por esa dolorosa experiencia. Por ejemplo, a

unque liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto y los bendijo abundantemente, la Biblia dice que ellos “vez tras vez ponían a Dios a prueba, y causaban dolor [...] al Santo de Israel” (Salmo 78:41). Aun así, Jehová nunca dejó de ser el “Dios feliz” (1 Timoteo 1
:11).
Por supuesto, son muchas las cosas que causan desilusión. ¿Qué podemos hacer para que no nos roben la felicidad? ¿Y qué aprendemos del modo de actuar de Dios ante las decepciones?

Situaciones que decepcionan

“El tiempo y el suceso imprevisto [nos] acaecen a todos”, afirma la Palabra de Dios (Eclesiastés 9:11). Sin previo a

viso, un delito, un accidente o una enferm

eden producir mucha angustia y decepción. La B

iblia también señala: “La expectación p

ospuesta enferma el corazón” (Proverbios


13:12). Esperar con anhelo algo bueno nos ll

ena de felicidad, pero si no se cumple pronto, tal

vez nos inunde un fuerte sentimiento de desilusió


n.

No somos un fracaso solo porque las cosas no nos salgan bien a la primera

También sufrimos cuando alguien nos decepciona, como cuando un noviazgo se romp

e, un matrimonio se trunca, un hijo se rebela, un com

pañero es desleal o un amigo es ingrato. Ya que vivimos entre personas imperfectas y en tiempos complicados, las probabilidades de sufrir una decepción son muy altas.

Nuestros propios fallos pueden ser otro motivo de decepción. Por ejemplo, tal vez nos sintamos inútiles por no aprobar un examen, por no conseguir un empleo o por no ganarnos el afecto de alguien. También podemos sentirnos decepcionados con nosotros mismos cuando alguien a quien amamos se debilita en sentido espiritual.

¿Qué podemos hacer para sobrellevar situaciones como estas? A fin de responder a esta pregunta, veamos el modo de actuar de Jehová ante las decepciones.

Concéntrese en la solución

Aunque Dios cuidó de la primera pareja humana, ellos fueron desagradecidos y se rebelaron (Génesis, capítulos 2, 3). Con el tiempo, su hijo Caín desarrolló una mala actitud y, desoyendo las advertencias divinas, asesinó a su hermano (Génesis 4:1-8). ¿Puede imaginarse lo decepcionado que se sintió Jehová?

Sin embargo, aquel desengaño no le robó a Dios su felicidad. ¿Por qué no? Porque se concentró en su propósito de llenar la Tierra de seres humanos perfectos y continuó trabajando para lograrlo (Juan 5:17). Con ese objetivo en mente, proporcionó el sacrificio de Cristo y estableció su Reino (Mateo 6:9, 10; Romanos 5:18, 19). Jehová no se concentró en el problema, sino en la solución.

La Palabra de Dios nos anima a concentrarnos en las cosas positivas, y no torturarnos pensando en lo que podría haber ocurrido o deberíamos haber hecho. En ella leemos: “Cuantas cosas sean verdaderas, cuantas sean de seria consideración, cuantas sean justas, cuantas sean castas, cuantas sean amables, cuantas sean de buena reputación, cualquier virtud que haya y cualquier cosa que haya digna de alabanza, continúen considerando estas cosas” (Filipenses 4:8).

Cómo ver las decepciones

La vida puede cambiar radicalmente por muchas razones. Por ejemplo, podríamos perder de repente a nuestro cónyuge, el empleo o los privilegios que tenemos en la congregación, así como la salud, la casa o los amigos. Ante un cambio de ese tipo, ¿qué podemos hacer?

A algunos les ha sido muy útil fijar prioridades.

La Palabra de Dios nos anima a concentrarnos en las cosas positivas, y no torturarnos pensando en lo que podría haber ocurrido

La mayoría de nosotros solemos exagerar los aspectos negativos cuando sufrimos una decepción. Por ejemplo, nuestros esfuerzos por criar un hijo, obtener un empleo o predicar las buenas nuevas en un campo extranjero tal vez no den los frutos esperados. Puede que pensemos: “Soy un total fracaso”. Pero tal como el decepcionante comienzo de la familia humana no hizo de Dios un fracasado, nosotros no somos un fracaso solo porque las cosas no nos salgan bien a la primera (Deuteronomio 32:4, 5).

También es fácil que nos amarguemos cuando los demás nos decepcionan. Pero Jehová no reacciona así. Sin duda, el rey David decepcionó a Dios cuando cometió adulterio y luego asesinó al esposo de la mujer. Pese a todo, Jehová vio la sinceridad del arrepentimiento de David y no dejó de considerarlo su siervo. Igualmente, el fiel rey Jehosafat cometió un error al aliarse con los enemigos de Dios. Debido a ello, el profeta de Dios le dijo: “Por esto hay indignación contra ti procedente de la persona de Jehová. No obstante, hay cosas buenas que se han hallado contigo” (2 Crónicas 19:2, 3). dios consideró que un solo error no convertía a Jehosafat en un traidor. De la misma manera, evitaremos perder nuestros amigos si no reaccionamos exageradamente cuando estos se equivocan. Puede que un amigo nos haya decepcionado alguna vez, pero no por eso deja de tener buenas cualidades (Colosenses 3:13).


Dios es feliz pese a los fallos humanos, pues sabe que su propósito se cumplirá sin falta


Las decepciones bien podrían considerarse como experiencias inevitables en el camino de la vida. Por ejemplo, quizás nos sintamos decepcionados con nosotros mismos cuando pecamos. Pese a esto, podemos reponernos si tomamos medidas concretas y seguimos adelante. Cuando el rey David se sintió sumamente decepcionado consigo mismo, oró a Jehová: “Se me gastaron los huesos por mi gemir todo el día. [...] Por fin te confesé mi pecado [...]. Y tú mismo perdonaste el error de mis pecados” (Salmo 32:3-5). Si nos damos cuenta de que no hemos hecho lo que Dios espera de nosotros, tenemos que pedirle perdón, hacer cambios y resolvernos a acatar los consejos divinos de ahora en adelante (1 Juan 2:1, 2).

Prepárese ahora para las decepciones futuras

No hay duda de que todos nos enfrentaremos a algún tipo de decepción en el futuro. ¿Cómo podemos estar preparados? Resultan muy interesantes los comentarios de Bruno, un cristiano de edad que sufrió una desilusión tan grande que le cambió la vida. Nos dice: “En mi caso, el factor más importante para hacer frente a la decepción fue que seguí haciendo lo mismo que hasta entonces para fortalecer mi espiritualidad. Además, había aprendido por qué permite Dios que este mundo tan cruel siga existiendo y había dedicado muchos años a desarrollar una relación íntima con Jehová. Y doy gracias por ello, porque saber que podía contar con Jehová me ayudó a sobrellevar la depresión”.

En cuanto al futuro, podemos estar seguros de lo siguiente: sea que nos decepcionemos a nosotros mismos o que sean otros los que nos decepcionen, Jehová nunca nos defraudará. De hecho, él mismo ha declarado que su nombre significa “Yo resultaré ser lo que resultaré ser” (Éxodo 3:14). Esto nos da la seguridad de que llegará a ser lo que haga falta para cumplir sus promesas. Ha prometido que mediante su Reino se llevará a cabo su voluntad, “como en el cielo, también sobre la tierra”. Por esta razón, el apóstol Pablo pudo escribir: “Estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni gobiernos, [...] ni ninguna otra creación podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús” (Mateo 6:10; Romanos 8:38, 39).

Por lo tanto, podemos esperar con confianza el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a través del profeta Isaías: “Voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón” (Isaías 65:17). ¡Qué maravilla saber que, dentro de poco tiempo, ya no nos angustiará el recuerdo de las decepciones sufridas!

LA SOLEDAD

EN LA sociedad actual hay muchas personas —de toda edad, raza, clase y religión— a las que abruma la soledad. ¿Le ha ocurrido esto al lector en algún momento, tal vez incluso este mismo día? Lo cierto es que todos necesitamos de vez en cuando a un compañero que nos escuche, nos tranquilice o comparta nuestros pensamientos y emociones más íntimos, alguien que nos comprenda y se interese por lo que llevamos dentro.

Mujer sola mirando por la ventana

Pero vivir sin compañía no es forzosamente negativo. Hay quienes pasan mucho tiempo así y no obstante disfrutan de lo que hacen. Otros, en cambio, no lo soportan. Examinemos varias definiciones delDiccionario Salamanca de la lengua española. He aquí el significado de soledad: “Tristeza que se siente por la ausencia, muerte o pérdida de una persona o cosa [...]. Ausencia voluntaria o involuntaria de compañía”. (Así pues, esta condición a veces se elige, y no siempre incomoda.) El término solotambién posee un sentido neutro: “Que no tiene compañía”, y otro negativo: “Que no tiene familia ni amigos, nadie que le ayude, proteja o consuele”. (Tal estado es angustioso y conviene remediarlo.) Así mismo, solitario es el que “gusta de estar en soledad o [el] que vive en soledad”.

1. Chica en una escuela nueva. 2. Anciana mirando una foto antigua

Los cambios, como ir a una nueva escuela o perder el cónyuge, suelen ocasionar soledad

La soledad indeseada suscita intensas emociones—a menudo dolorosas— de vacío, aislamiento o separación, lo que a su vez suele infundir temor y sentimientos de desamparo. ¿Ha experimentado usted tales sensaciones? ¿A qué pueden deberse?

A cada uno nos afectan de distinta manera los problemas y demás situaciones conflictivas. Por ejemplo, pudiéramos percibir que se nos rechaza por nuestra apariencia, raza o religión. O si nos mudamos a un nuevo entorno —escuela,empresa, vecindario, ciudad o país— tal vez tengamos que dejar atrás viejos amigos, lo que propiciará la soledad. La muerte de los padres o del cónyuge pudiera dejar a los seres queridos solos por años. Además, el paso del tiempo lleva a que el círculo de amistades y otras relaciones cambie, se reduzca o incluso desaparezca por completo.

Hombre solitario
NO ES fácil sobrellevar la soledad, pues entran en juego emociones muy intensas. ¿Cómo se pueden superar? ¿De qué forma lo logran algunos?

El matrimonio no es un antídoto infalible contra la soledad, ya que la incomprensión mutua o la incompatibilidad de caracteres crean tensiones que fomentan la inseguridad e incluso el aislamiento, sea en el caso de los esposos o los hijos. Pero además de la tristeza que produce la viudez, el divorcio o el aislamiento físico o emocional, hay otra soledad que puede ser muy negativa: la sensación de estar apartado de Dios por haberse enfriado la relación personal con él.

Cómo encaran la soledad

Aunque a Elena* le gusta estar sola cuando va a tomar ciertas decisiones, opina que la soledad a veces encierra peligro. De pequeña no tenía buena comunicación con su familia. Dado que no sabía cómo obtener su atención, se encerraba en su cuarto. “Me encontraba muy deprimida—explica— y llegué a padecer trastornos alimentarios. Me decía: ‘¿Por qué preocuparme por los problemas de mis padres cuando ellos no se preocupan por los míos?’. Estuve buscando el matrimonio como una salida y como una forma de llenar el vacío que sentía. Pero luego reaccioné y pensé: ‘¿Para qué voy a arruinarle la vida a otra persona? ¡Primero tengo que poner mis ideas en orden!’. Así que le oré a Dios derramando ante él mi angustia.

”Encontré en la Biblia palabras alentadoras, como las de Isaías 41:10: ‘No tengas miedo, porque estoy contigo. No mires por todos lados, porque soy tu Dios. Yo ciertamente te fortificaré. Yo [...] verdaderamente te ayudaré. Sí, [...] te mantendré firmemente asido con mi diestra de justicia’. Este pasaje me animó mucho porque me sentía sola y sin padre. Hoy leo la Biblia regularmente y hablo con mi Padre celestial. He aprendido a vencer la soledad.”

Mujer sentada sola

¿Cómo se afronta la soledad?

La tristeza por la muerte de un ser querido puede convertirse en soledad. Luisa, de 16 años, relata su difícil situación: “Mi padre falleció en circunstancias trágicas cuando yo tenía cinco años. Aunque recurrí a mi abuela en busca de consuelo, nunca percibí que me amara. Me faltó el cariño en la infancia, cuando más lo necesitaba. Así que, cuando tenía entre ocho y nueve años de edad, traté de quitarme la vida en tres ocasiones, convencida de que sería lo mejor para mi familia, ya que mi madre se las arreglaba a duras penas para alimentarnos a mis tres hermanas y a mí. He cambiado mucho. Ahora logro sonreír y sé expresarle a mi madre mis alegrías y tristezas. A veces me atacan los recuerdos, pero no como cuando intentaba suicidarme o dejaba de hablar a mis seres queridos. Tengo siempre presentes las palabras del salmista David: ‘Por amor a mis hermanos y mis compañeros ciertamente hablaré ahora: “Haya paz dentro de ti”’” (Salmo 122:8).

Marta lleva divorciada veintidós años, durante los cuales ha criado a un hijo. “Cuando creo que he fallado en algo—señala—, reaparecen los sentimientos de inutilidad y soledad.” ¿Cómo les hace frente? “He visto —prosigue—que lo mejor es hablar cuanto antes con Dios. Cuando le oro, sé que no estoy sola, pues él me comprende mejor que yo misma. También procuro interesarme de algún modo por los demás. Dispongo de un arma eficaz contra las emociones negativas: la evangelización de tiempo completo. Cuando hablo con mis vecinos acerca de las bendiciones del Reino de Dios y veo que no tienen esperanza alguna porque están convencidos de que sus problemas son irremediables, me doy cuenta de que tengo muy buenas razones para vivir y seguir en la lucha.”

Usted también puede lidiar con la soledad

Sea usted joven o mayor, soltero o casado, y sin importar si ha perdido a sus padres o a algún otro ser querido, o si sufre de un tipo distinto de soledad, existen formas de controlar sus sentimientos. A Jocabed, de 18 años, la abandonó su padre —al igual que a los otros cinco miembros de su familia— para irse al extranjero. Esta es su recomendación: “Hay que hablar. Es importante que nos expresemos, pues si no, nadie nos va a entender. Además, no se debe pensar demasiado en uno mismo. Conviene buscar el apoyo de personas maduras y no de jóvenes que pueden estar peor que nosotros”. Luisa, de quien ya hablamos antes, hace esta observación: “Si le oramos de corazón, Jehová nos ayuda a salir del callejón sin salida”. Por otro lado, Jorge explica cómo lucha contra la soledad tras haberse quedado viudo: “Hay que ser persistente. A mí me ayuda mucho interesarme por los demás. Si procuramos comprender los sentimientos de nuestros oyentes, podremos mantener conversaciones significativas y descubrir su belleza interior” (1 Pedro 3:8).

LA AUTORIDAD EN EL MATRIMONIO


EN MUCHOS países, las ceremonias nupciales incluyen el tradicional intercambio de votos en los que la novia promete respetar al novio. Sin embargo, numerosas mujeres se resisten ante la idea de que el hombre sea el cabeza del hogar. ¿Qué dice la Biblia


sobre el tema? Lo invitamos a comprobar que su postura es equilibrada y práctica.


El principio de autoridad como lo define Dios

La definición bíblica del principio de autoridad es, básicamente, la que se halla en Efesios 5:22-24, donde dice: “Que las esposas estén en sujeción a sus esposos como al Señor, porque el esposo es cabeza de su esposa como el Cristo también es cabeza de la congregación [...]. De hecho, como la congregación está en sujeción al Cristo, así también lo estén las esposas a sus esposos en todo”. Como “cabeza de su esposa”, el hombre tiene que dirigir a la familia, y la esposa ha de respetarlo y seguir su dirección (Efesios 5:33).

La autoridad del esposo queda limitada por su propia sujeción a Dios y a Cristo. En


otras palabras, no está autorizado a exigir

que su esposa quebrante las leyes divinas o que pase por alto su conciencia educada por la Biblia. Dentro de estos límites, sin

embargo, Dios le ha otorgado la responsabilidad de tomar las decisiones importantes de la familia (Romanos 7:2; 1 Corintios 11:3).

Cuando la autoridad se ejerce según el modelo de Cristo, ambos cónyuges experimentan felicidad y satisfacción

La Biblia pide a los esposos que ejerciten su autoridad sin egoísmo, anteponiendo la ventaja de su esposa a la suya propia. Efesios 5:25 dice: “Esposos, continúen amando a sus esposas, tal como el Cristo también amó a la congregación y se entregó por ella”. Por tanto, el esposo que sigue el excelso ejemplo de amor de Cristo no ejercerá su autoridad pensando solo en sí mismo.

Además, la Biblia le ordena que viva con su esposa “de acuerdo con conocimiento” (1 Pedro 3:7). Hacer esto implica más que ser consciente de las diferencias físicas y emocionales entre hombre y mujer: debe comprender las necesidades particulares de su esposa.

“Ella es tu socia”

¿Tendrá la mujer que ser completamente pasiva por el hecho de estar en sujeción? Para responder esta pregunta veamos el ejemplo de Sara, mencionada en la Biblia como modelo de obediencia a su esposo, Abrahán (1 Pedro 3:5, 6). Ella demostró su sumisión tanto en aspectos importantes como en aspectos triviales, que iban desde abandonar un cómodo hogar y llevar una vida nómada hasta preparar un banquete sin que se le avisara con antelación (Génesis 12:5-9; 18:6). No obstante, cuando surgió un asunto serio, expresó reiteradamente su punto de vista contrario al de él. Esto sucedió cuando ella quiso expulsar a Agar, la concubina de Abrahán, y a su primogénito, Ismael. En vez de reprender a Sara, Dios le dijo a Abrahán: “Escucha su voz”. Mientras tanto, Sara siguió sujeta a su esposo y dejó que él actuara en vez de intentar ella misma echar a la sierva y a su hijo (Génesis 21:8-14).

El ejemplo de Sara demuestra que en lugar de vivir eclipsada por el marido, la esposa ha de ser su “socia” y merece un sitio de honor (Malaquías 2:14). Como socia que es, aporta ideas valiosas en cuanto a las decisiones familiares y tiene cierto grado de autoridad para encargarse de muchos asuntos de la casa, incluidos algunos aspectos económicos. Claro está, como cabeza de la familia, el esposo tiene la responsabilidad de tomar la decisión final (Proverbios 31:10-31; 1 Timoteo 5:14).

Respeto por el Autor

Dios creó al hombre y a la mujer y los unió en sagrado matrimonio (Génesis 2:18-24). Además, a cada uno le marcó funciones particulares que le reportarían felicidad en sumo grado (Deuteronomio 24:5; Proverbios 5:18).

Como Autor del matrimonio, Dios tiene tanto el derecho como la capacidad de fijar las normas que estime convenientes. Los cónyuges que cumplen con sus funciones respectivas y siguen las normas divinas, no solo por su utilidad, sino por respeto a la autoridad de Dios, reciben su favor y su apoyo