SALOME


La historia de la hija de Herodías, mencionada en el Evangelio de Marcos y el Evangelio de Mateo, nos recuerda algo profundo:


No todas las decisiones que tomamos nacen de nuestro corazón… algunas nacen de las voces que permitimos que nos dirijan.


Salomé era joven. Tenía belleza, tenía atención, tenía una oportunidad. Pero en el momento crucial, no pidió desde su propósito… pidió desde la influencia equivocada. Y una decisión guiada por resentimiento ajeno dejó una marca irreversible.


Mujer, no todas las oportunidades que brillan vienen de Dios.

No todas las puertas abiertas conducen a bendición.

No toda voz cercana tiene la sabiduría que necesitas.


La vida te va a poner “en el centro del salón”, donde todos te miran, donde tienes poder para pedir, decidir y actuar. Y en ese instante, lo más importante no será la emoción del momento… sino la dirección de tu corazón.


Que tus decisiones no nazcan del orgullo, ni de la presión, ni del deseo de agradar a otros.

Que nazcan de convicción, de paz y de propósito.


Porque una mujer que aprende a discernir las voces que escucha, se convierte en una mujer que protege su destino. 


El nombre Salomé no viene del texto bíblico, sino de la tradición histórica y cultural que intentó darle identidad a un personaje que en los evangelios aparece de forma anónima.



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