DONDE ESTAS?


¿Y si la pregunta más peligrosa no es qué hiciste… sino dónde estás?


Después de desobedecer el mandato directo de Dios (Gn 3:11), Adán no corrió hacia Él, sino que se escondió. El pecado siempre produce eso: vergüenza, culpa y distancia. Nos ensucia el corazón, nos hace sentir indignos y nos empuja a huir de la presencia que antes era nuestro deleite.


Pero lo más impactante no es la caída del hombre, sino la voz de Dios buscándolo: “¿Dónde estás tú?”. No es la pregunta de un Dios desinformado, sino de un Padre interesado. No pregunta para obtener datos, sino para confrontar el alma. Esa pregunta atraviesa la excusa, desnuda la conciencia y revela cuánto hemos retrocedido.


Hoy, muchos creyentes siguen escondiéndose detrás de actividades, ministerios, apariencias o silencios espirituales. Pero la voz sigue sonando: ¿Dónde estás? ¿En qué punto del camino te apartaste? ¿En qué momento cambiaste obediencia por deseo propio?


Esa pregunta es gracia antes que juicio. Es oportunidad antes que sentencia. Es un llamado a salir de entre los árboles y volver al lugar de comunión.


No ignores la voz. No justifiques tu distancia. No maquilles tu condición.


Si te has alejado, hoy es el día de responder. Sal de tu escondite, reconoce tu pecado y vuelve a Dios. Él todavía te busca.


Deja de huir y vuelve ahora mismo a Su presencia.


0 comentarios: