Rut no fue famosa por “brillar”, sino por permanecer fiel cuando nadie la obligaba. Era extranjera, viuda y sin protección real, y aun así eligió la lealtad. Pudo volver a lo seguro, rehacer su vida lejos del dolor, pero se quedó al lado de Noemí por amor y por fe.
Esa decisión la llevó a trabajar duro, en silencio, recogiendo espigas como una mujer común… y ahí, en lo pequeño, Dios estaba escribiendo algo grande.
Rut enseña la fortaleza cotidiana: cumplir la palabra cuando ya no conviene, sostener a los tuyos cuando tú también estás rota, y seguir adelante sin resentimiento.
Su historia termina mostrando que la fidelidad humilde puede abrir puertas que el orgullo jamás abre: de Rut nace una línea que llega hasta David


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