Abraham y Sara modelan para nosotros una asociación bíblica entre los sexos. Vemos este patrón primero en el Jardín del Edén, donde Dios creó a la humanidad y los llamó a gobernar la tierra. Cuando Él formó a la humanidad, la Biblia dice que Él creo al hombre y a la mujer a su propia imagen (ver Génesis 1:26-27).
Esto quiere decir que el carácter divino de Dios y sus atributos no pueden ser vistos solo en un sexo; se necesita al hombre y a la mujer juntos para reflejar la naturaleza divina de Dios.
Cuando Dios creó las montañas, los árboles, las nubes y las aves, todo lo que hay en la naturaleza, Él siempre dijo: “Es bueno”. Pero cuando hizo al hombre, Él no dijo esto. Mire lo que Él declara en Génesis 2:18: “Y dijo Jehová Dios: ‘No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él’” (énfasis añadido).
Cuando Dios dijo que “no era bueno” sin la mujer, Él estaba dejando en claro que el hombre era incompleto sin su contraparte femenina. El hombre necesita a la mujer; la mujer necesita al hombre; la familia humana necesita al hombre y a la mujer; y Dios planea hacer su trabajo en la tierra con los dos sexos.
Los hombres machistas pueden ser tentados a pensar que Dios les dio permiso a los hombres para dominar a las mujeres cuando él llamó a Eva la “ayuda”. ¡Piense otra vez! La palabra hebrea usada para ayuda, ezer, es en realidad la misma palabra hebrea que describe a Dios catorce veces en el Antiguo Testamento. No implica inferioridad.
Luego de la caía en el Edén, Dios le dijo a la mujer en Génesis 3:16: “Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”.
Este pasaje no implica que las mujeres sean inferiores, o que fueron relegadas por Dios a una posición de sumisión. Más bien, nos muestra la realidad de la vida bajo la esclavitud del pecado. Dondequiera que el pecado gobierne, las mujeres van a sufrir el dolor de la dominación, el abuso y la opresión. Puede ver esta realidad en cualquier lugar del mundo, particularmente en países donde la influencia cristiana es mínima.
Las mujeres enfrentan un gran dolor, pero cuando Jesús vino no solamente pagó por nuestros pecados sino que también derrotó esta maldición. Es por esto que les digo a las mujeres en todo el mundo que la promesa del perdón de Cristo en Juan 3:16 anula el dolor de Génesis 3:16.
Y a causa de esta redención a través de Cristo, las mujeres hoy tienen la oportunidad de conocer a Dios y de participar con Él en su misión por salvar el mundo.

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