La serpiente fue tras Eva por una razón específica.
Eva aún no había sido creada cuando Dios dio la instrucción de no comer del fruto.
Quien escuchó la orden directamente de Dios fue Adán.
Eva recibió esa revelación a través de Adán, no a partir de una relación personal con el Creador.
El problema no una información insuficiente o deformada, sino falta de relación directa.
La serpiente siempre busca a quienes conocen a Dios sólo por lo que otros les dijeron acerca de él, pero nunca lo conocieron de manera íntima y personal.
Por eso la tentación comenzó con una pregunta:
"¿De verdad Dios dijo eso?"
Hasta hoy, nada ha cambiado. Muchas personas viven una fe heredada: de los padres, del pastor o de la tradición de la iglesia religiosa cristianista. Conocen frases sobre Dios, pero no entienden Su plan completo ni capitán Su voz con claridad.
Dios no tiene nietos espirituales; solo tiene hijos. Y cada generación necesita aprender a escuchar Su voz por sí misma, a buscarlo en oración, en Su Palabra y en una relación particular y sincera.
Porque una fe prestada se debilita en la duda, pero una fe nacida en la intimidad con Dios permanece firme aun cuando llegan las preguntas, las pruebas y la tentación.
Ojalá que nuestros hijos biológicos y espirituales algún día puedan decirle a Dios ya su Cristo: "Antes, yo solo te conocía de oídas; pero ahora mis ojos te ven" (Job 42:5).


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